domingo, 29 de diciembre de 2019

La Transacción del 78

Es conocido lo que Franco opinaba de la política y de la democracia; resumido, para la primera, en el  consejo que administraba a quien le parecía oportuno, incluídos sus propios ministros: usted haga como yo y no se meta en política. También es conocida su opinión sobre la democracia: ahora se habla de democracia. Nosotros, los españoles, ya la hemos conocido. Y no nos dio resultado. Cuando otros van hacia la democracia, nosotros ya estamos de vuelta. Estamos dispuestos a sentarnos en la meta y esperar a que los otros regresen también. Esto último, por sí sólo, ya demuestra el grado de desconexión con la realidad que, inevitablemente, afecta a todos los dictadores -y no sólo a ellos, también a todo aquél que detenta el poder político por un tiempo, aunque sea breve- que acaban considerándose los artífices de la realidad, en vez de sus meros administadores. En todo caso, en los tiempos del dictador -en el ahora a que se refiere la segunda cita- la democracia, pese a gozar de tan poca credibilidad en su ideario, era un sistema político tan universalmente opuesto a los sistemas totalitarios de orientación comunista -el denominado socialismo real- que el núcleo rector de la dictadura franquista acabó inventado una nueva variante de la democracia: la apellidada orgánica, con su plasmación formal inicial en la Ley de Cortes, de 1942 (seguramente se le ocurrió a Serrano Súñer, mientras esperaba con su cuñado el dictador en la meta y mientras una guerra mundial ponía en cuestión su propio modelo político, siendo, gracias a la Guerra Fría,  el español el único superviviente -junto con Portugal, para darse calorcillo geográfico- de ese modelo autoritario de derechas, tras ella). Es sabido que cualquier cosa que necesite de apellido para definirse generalmente hace olvidar un poco -o bastante- el propio nombre; así la democracia orgánica tenía de democracia prácticamente sólo el nombre, utilizado como mera apariencia formal y para su venta ante la comunidad internacional; la democracia orgánica prescindía tanto de los partidos políticos como del sufragio universal como modo de elección de los representantes políticos y, a cambio, interponía unos órganos (de ahí lo de orgánica) que la dictadura consideró naturales: familia, muncipio y sindicato, los tres fácilmente manipulables por el propio poder político en un régimen autoritario donde la separación de poderes, legislativo, ejecutivo y judicial era prácticamente inexistente.
Si hoy nos preguntamos, por ejemplo, el porqué de una actuación tan anómala -y tan poco democrática- de la Justicia en España, no tenemos más que retroceder 50 años: la tan ponderada Transición del 78 permitió que todo el entramado institucional y orgánico de la dictadura franquista perviviera entonces y haya pervivido hasta hoy -comenzando por la propia jefatura del Estado, cuyo titular Franco instauró, el actual es sólo sucesor del instaurado- con sus modos de actuación propios; sólo el cambio de denominación -la supresión del apellido- no convierte en demócrata -a secas- a todo un país y a sus instituciones de la noche a la mañana como quisieron hacernos creer; perder el apellido supone ignorar voluntariamente de dónde venimos, pero no por ello dejamos de ser lo que somos. Países bajo regímenes totalitarios de derechas como Alemania e Italia tuvieron que aplicarse más o menos radicales procesos de desnazificacion -o desfascistización- para intentar volver a la senda democrática; no era esperable que en España, donde ese proceso fué inexistente (ni siquiera en el transcurso de los cuarenta años posteriores), la democracia llegara a este país, si no fuera como otro santo advenimiento (o sea, de forma milagrosa).
En definitiva, creo que la Transición realmente sólo fué una transacción, en cualquiera de sus dos acepciones (una transa, que dirían en Argentina o México). Que veinte años no es nada, dice la letra del tango; pero cuarenta ya va siendo un tiempo razonable para conocernos (o reconocernos). Más vale tarde que nunca.

jueves, 26 de diciembre de 2019

La verdad y lo correcto

La verdad está sobrevalorada; todos sabemos que en muchas ocasiones es mejor mentir que decir la verdad: no se trata exactamente de mentiras piadosas -la piedad no es imprescindible- sino, simplemente, que mentir en esas ocasiones es lo correcto; estoy convencido de que  la verdad, en grandes dosis, acaba resultando tóxica.
Tales reflexiones -tan ajenas a la Navidad- vinieron a mí tras leer una entrevista a Hirokazu Kore-eda con motivo de su dirección de la película La verdad, que espero ver pronto dado su exotismo franco-japonés y teniendo en cuenta que está protagonizada por dos interesantes -a mí me lo parecen- actrices: Catherine Deneuve y Juliette Binoche. Sin desvelar nada trascendental sobre esa película -ya digo que no la he visto- tengo el presentimiento o suposición de que la verdad que surge violentamente tras años de una relación madre(exitosa)-hija(no tan exitosa)  -dentro de las relaciones paterno- filiales, las femeninas las veo especialmente complejas y cinematográficas- no es lo mejor que podría ocurrirles; finalmente seguro que no podrá considerarse una terapia psicológica de la que ambas se beneficien;  aún recuerdo con estremecimiento -me ocurre con las mayoría de las películas de Ingmar Bergman- la semejante Sonata de Otoño (1978), protagonizada por Ingrid Bergman y Liv Ullmann.
Será que incluso a una cierta edad -o quizá debido a ello- no veo que sea siempre necesario encarar la verdad, si es que este concepto ideal tiene existencia real; creo que cada uno debe administrase la dosis de verdad que pueda soportar, pero no más: la vida con anestesia, como las operaciones, he oído recientemente a alguien, mientras recomendaba beber (alcohol) no moderadamente, sino adecuadamente (o sea, mucho).
Además de que la mentira -correcta o incorrecta- es necesaria para la propia existencia de la verdad (como la oscuridad para que exista la luz); en todo caso, a cara descubierta la verdad es muy poco usual, ya dijo Oscar Wilde: Dad una careta al hombre y os dirá la verdad; aunque no siempre querrías oírla, salvo que también lleves careta, podría añadirse. Seguramente baste con recordar a Baltasar Gracián: Es tan difícil decir la verdad como ocultarla; vamos, que la verdad realmente necesaria se hará evidente por sí sola. Vale.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Perfeccionando el buenismo

Como cada año por estas fechas escucho el discurso del Jefe del Estado; es costumbre que mantengo desde que hacían lo propio los predecesores del actual: el dictador Franco y al que éste instauró como sucesor, Juan Carlos I, su padre. Las razones de esta costumbre han variado con el tiempo -lo que es normal, supongo- pero, ya digo, escucho anualmente la mezcla de perorata buenista con aditamentos circunstanciales  que suele constituir el núcleo de tales discursos; últimamente, todo sea dicho, por motivos de puro optimismo vital, es decir, por la misma razón por la que juego a la Lotería sabiendo -como sé- que tengo una abrumadora mayoría de posibilidades en contra de obtener un premio importante. Al menos antiguamente, sí existía la probabilidad de algún premio de consolación -de los que, de alguna manera, invitan a seguir jugando (soportando el tostón)- tales como una voz aflautada y un movimiento de brazo propios de personaje de guiñol del dictador o como la propensión a encasquillarse en palabras de difícil pronunciación de su antecesor en el cargo; actualmente ni eso, sólo me queda el deber autoimpuesto de escuchar los minutos de buenismo dirigido a los españoles desde el distante púlpito del poder político (y nada democrático, para ser exactos).
Por comentar -ya que estoy en ello- algunos detalles del contenido del discurso de ayer del actual Jefe del Estado, el rey Felipe VI -por orden de aparición en el texto- se me ocurre lo siguiente:

1º) Notable que el primer recuerdo para  las dificultades y desgracias de los españoles lo haya sido por causas naturales -inundaciones y riadas- y, por tanto, en gran medida inevitables, antes de mencionar en un totum revolutum (la nueva era tecnológica y digital, el rumbo de la Unión Europea, los movimientos migratorios, la desigualdad laboral entre hombres y mujeres o el cambio climático y la sostenibilidad) temas dispares y en el que, con ese mismo criterio, se notan numerosas ausencias. Y aún de las mencionadas, sin la menor indicación de formas o políticas para afrontarlas.

2º) Algo más concreto, a continuacion: la falta de empleo –sobre todo para nuestros jóvenes– y las dificultades económicas de muchas familias, especialmente aquellas que sufren una mayor vulnerabilidad, siguen siendo la principal preocupación en nuestro país. Del país, suya no, que nunca padeció ni esa falta de empleo ni dificultades económicas, evidentemente. Será por ello que tampoco indicó ninguna posible solución a estos problemas.

3º) El deterioro de la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones, y desde luego Cataluña, son otras serias preocupaciones que tenemos en España, pareciendo no entender que lo segundo es, en buena parte, consecuencia de lo primero: la confianza de muchos ciudadanos en las instituciones -especialmente en Cataluña- se ha visto deteriorada, precisamente,  por algo que puede considerarse prevaricación institucional (fundamentalmente injusta). El evidente manejo utilitario de las instituciones, ignorando de forma sistemática su teórico margen de independencia, no es la mejor forma de que la ciudadanía recupere la confianza en ellas.

Y ya mencionadas  todas las dificultades españolas, entró  a fondo el Jefe del Estado, en el núcleo buenista del discurso mencionando las armas para combatirlas: confianza firme en la bondad de los españoles, responsables, generosos, resistentes, unidos, maduros, rigurosos y fuertes (y seguramente olvido recordar alguna de las fortalezas españolas citadas en el discurso), a una muestra de los cuales (41) les ha concedido graciosamente la Orden del Mérito Civil en 2019. Normal que tengamos tantos mártires, santos y muchos otros en proceso de serlo.

Tenemos un gran potencial como país. Pensemos en grande. Avancemos con ambición. Todos juntos. Sabemos hacerlo y conocemos el camino...

Pues nada, solventados todos los problemas gracias a sus sabios consejos y a sus expertas directrices, ya puede ir el Jefe del Estado a tomarse esas vaciones -con destino desconocido, pero seguramente envidiable- para reponerse del agotador trabajo que ha sido la lectura del discurso de Navidad.

Progresismo, la alternativa racional

No es un imperativo ético ni algo producto de un buenismo de circunstancias sino, creo, la aplicación de una estricta racionalidad concatenada con el egoísmo como especie; me explicaré.
El progresismo se ha asociado históricamente a una postura política de izquierdas como opuesto al conservadurismo tradicionalmente de derechas; el progresismo lucha por la creación de un marco seguro -el Estado del bienestar- que garantice los derechos y libertades de cualquier ser humano así como la redistribución de la riqueza generada por la sociedad como forma práctica de hacer realidad esas garantías; es por ello que en el aspecto socio-económico se centra en garantizar que realmente sean las capacidades del individuo y no las condiciones al nacer las que determinen el límite de sus aspiraciones. Por lo tanto, el progresismo propone que sea el Estado el encargado de generar las condiciones para que las desigualdades sociales sean únicamente consecuencia del esfuerzo individual de cada persona en igualdad de oportunidades para el desarrollo de sus capacidades.
Porque lo contrario, el conservadurismo -el integral, el que no sólo pretende la inmovilidad socio-histórica sino también el mantenimiento de los privilegios de una minoría- es fundamentalmente contrario a nuestro progeso como especie al reservar las oportunidades de desarrollo -científico, artístico, etc.- a una minoría que no es la más indicada para ello, ya que, además de ser minoría -y, por tanto, las probabilidades de que algún perteneciente a ella disponga de capacidades personales por encima de la media disminuyen globalmente- todo su interés suele centrarse, exclusivamente, en mantener a su servicio a una mayoría de trabajadores cuanto más ignorantes mejor para sus intereses que son, precisamente, el enriquecimiento ilimitado como forma de alcanzar el poder de someter a esa mayoría; el capitalismo derivado de ese conservadurismo es un tóxico que impide -doblemente- el normal desarrollo de las potencialidades sociales y, en definitiva, el avance de la humanidad.
En resumen, el conservadurismo -y su aliado natural, el capitalismo- impiden avanzar a la especie humana al restringir la utilización y aprovechamiento de  los recursos intelectuales de la mayoría de los seres humanos; ciertamente es lo más justo permitir a cada uno el desarrollo de sus capacidades individuales pero, sobre todo, es lo necesario,  lo más eficiente y racional (lástima que el término progresismo  utilizado a menudo por muchos que, en realidad, entorpecen su aplicación práctica, al estar al servicio -generalmente de forma oculta- del conservadurismo más reaccionario y del capitalismo más depredador de los limitados recursos de la Tierra).

domingo, 22 de diciembre de 2019

¿Justicia o justicias?

Que la Justicia ha de ser universal para poder ser justicia parece evidente y ya es suficientemente complicado que ésta alcance sus fines -combatiendo contra el estatus social y/o económico de encausados poderosos para intentar hacer realidad la teórica igualdad de cualquiera ante ella- como que para, además, se permita la existencia de  justicias particulares en ciertos estamentos sociales tales como son la Iglesia católica o la milicia, con la existencia una justicia eclesiástica y de una justicia militar; ello se traduce en la incongruencia inicial -fundamentalmente injusta- que supone que ciertos actos o conductas sean o no punibles dependiendo de si la persona pertenece a la Iglesia, al Ejército o es un simple ciudadano; o lo que es lo mismo: la falta de la fundamental universalidad de la Justicia.
Esta situación deriva históricamente de la Edad Media, en cuya época una organización social -el feudalismo- marcaba directamente el papel de señores, siervos y hombres de Dios, en la cual, cada uno de ellos tenía y usaba de sus propias normas según sus exigibles responsabilidades particulares; esta situación finalizó -al menos en Europa- con la Revolución francesa y la creación de un Estado nuevo que implicó el paso de una monarquía absolutista a una república formada no por súbditos, sino por ciudadanos libres con iguales derechos y obligaciones, basados todos ellos en dos derechos fundamentales y universales: la libertad política y la igualdad ante la ley. Esta revolución, que concretaba la desaparición del Antiguo Régimen feudalista, fué implantándose progresivamente en toda Europa, de tal manera que también aquí, en España, tras un convulso siglo XIX -al igual que en Europa-, acabamos adoptando formalmente los principios inspiradores de la Revolución Francesa, de modo que incluso nuestro actual Código Civil (de 1889) no es más que una adaptación del Código Napoleónico (el Código Civil francés de 21 de Marzo de 1804) que, como es sabido, se encargó establecer de forma concreta y específica la igualdad jurídica para todos los ciudadanos, la individualidad de la propiedad, la libertad de trabajo, el principio de laicidad, la libertad de conciencia y la separación del Estado en tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial).
Sin embargo, en la propia Francia,  hubo de transcurrir un siglo más para que, en 1905, se promulgara la Ley de separación de las Iglesias  (las cuatro reconocidas oficialmente, en esa época en Francia: catolicismo, calvinismo, luteranismo y  judaísmo) y el estado, poniendo fin a la financiación por parte del estado de cualquier grupo religioso y declarando que todos los edificios religiosos serían propiedad del estado, aunque dejaría el usufructo y administración de tales edificios a disposición de organizaciones religiosas, siempre que las utilizaran con fines de culto.
Y, con todo, también en la Francia actual resulta noticia que, por primera vez, un miembro de la Iglesia pueda responder ante la justicia ordinaria por encubrimiento en el caso de un sacerdote que durante dos décadas abusó sexualmente de niños en Lyon. Sin olvidar que, por ejemplo, el Papa Francisco esta misma semana ha derogado aspectos de una Ley del Vaticano que permitía el secreto pontificio relativo a casos relacionados con delitos sexuales cometidos por sacerdotes.
Aún así, es evidente el retraso que nos atañe como país en éstos aspectos: no sólo conservamos vestigios feudales -una monarquía en la que su titular es irresponsable a efectos jurídicos- sino que también España es un Estado que financia a la Iglesia católica con fondos públicos procedentes de todos los ciudadanos, ya sean éstos católicos, ateos o pertenecientes a cualquier otra  religión. Donde se permite que la Iglesia católica no pague el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) por sus bienes inmobiliarios, lo que supone una cifra anual estimada de entre 600 y 3.ooo millones de euros. O donde el Estado permite que la Iglesia inmatricule -se adjudique la propiedad- de terrenos o edificios bajo sus particulares criterios y ejerciendo su propia autoridad. Y donde, por supuesto, la Iglesia católica dispone de su propio Derecho (canónico), Justicia (eclesiástica), jueces y tribunales.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Alipori

Alipori no es palabra de uso frecuente, actualmente se prefiere utilizar vengüenza ajena, pero ambas expresiones se refieren a lo mismo, a ese sentimiento que requiere básicamente de empatía y que podría constituir la prueba empírica definitiva para la confirmación de la existencia de las neuronas-espejo (neuronas cubelli), tales neuronas se supone que se encuentran en las partes más primitivas e internas del cerebro humano.
Se da frecuentemente el caso de que la vergüenza ajena no vaya acompañada de la vergüenza propia del que la genera en los demás y ello es así porque, si éste también la sintiera, seguramente pondría los medios para dejar de provocarla y la vergüenza ajena se extinguiría por falta de alimento; pero está visto que es un sentimiento universal -dado su primitivismo- y que aquellos se suelen provocarla también pueden experimentarla aunque, ya digo, raramente de forma coincidente. Así, resulta que uno de los líderes políticos recientes que más situaciones de verguenza ajena me ha producido -junto con Mariano Rajoy y Albert Rivera- como es Pablo Casado, también puede sentirla, y así lo ha declarado, para que sea de público conocimiento: Me da un poco de vergüenza ajena quien gobierna en España; (aunque sólo un poco; hay que mejorar esa empatía). Parece ser que recuerda -y ahora le aliporiza- que Pedro Sánchez declarara que no dormiría bien con ministros de Unidas Podemos en el gobierno y, sin embargo, ha pactado con ellos en vez de pactar con el PP y Ciudadanos, como Dios -y el Ibex35- manda;  se supone que le produce vergüenza ajena (?) el previsible insomnio de Pedro Sánchez, cuando la alternativa que proclama como una posesa Inés Arrimadas allí donde puede -un pacto constitucionalista, según ella, eso es lo que han votado los españoles- permitiría que los tres, PP, PSOE y Ciudadanos, durmieran a pierna suelta (otra cosa sería el sueño de la mayoría de los españoles) los tres juntos en una cama ancha (o redonda). Y con VOX al pie de la cama, vigilando.
Que, sin estar encantado con el actual presidente del gobierno, no quiero imaginar la cantidad de vengüenza ajena que a mí me podían producir las actuaciones de un  Pablo Casado en su lugar.

Negacionismo

Ha quedado la palabra negacionismo reservada a aquella actitud que niega hechos admitidos como ciertos -de la historia o de la actualidad-; la actitud que defiende que negar lo real es una opción: consideran los negacionistas que la realidad puede elegirse como si hubiera varias -incluso infinitas, en su particular ultrakantismo- para que cada cual escoja la que más convenga a su propio discurso, aunque, por ese sólo motivo, ese discurso limite su aceptación a otros negacionistas concurrentes (quede claro que no son negacionistas aquellos que cuestionan la historia o la realidad con datos y pruebas que contradigan versiones tendenciosas o manipuladas de ambas, lo que también es frecuente); los terraplanistas, como ejemplo canónico del ignorancismo, son negacionistas de la esfericidad de la Tierra, ¿por qué?, porque así lo desean, aunque hace tiempo que ni siquiera es necesario comprender los argumentos científicos de la redondez de la Tierra y baste con ver imágenes de nuestro planeta tomadas por satélites desde el espacio. 
De igual manera, los negacionistas del cambio climático niegan éste pese a la evidencia de tales cambios y los datos científicos que lo cuantifican y, caso de admitirlo, aducen que no es producido por la acción del ser humano sino debido a causas naturales, como ya ocurrió en el pasado; ignoran -voluntariamente eligen ignorarlo-  los datos científicos que muestran una estrecha correlación entre  la obtención de energía mediante el uso de combustibles fósiles y el calentamiento global del planeta en los dos últimos siglos.
Que, a nivel político, el negacionismo esté habitualmente instalado en la derecha tampoco es casualidad: el capitalismo salvaje, depredador y esquilmador de los recursos limitados del planeta, necesita distraernos de lo evidente y tranquilizar a las masas con un genérico no pasa nada para que todos caminemos sin preocupaciones por la senda que nos llevará al colapso como especie en un futuro no muy lejano, en pocas generaciones; no podremos, en éste caso, consolarnos con que no nos importe como aquél que previsoramente se vacunaba contra la infidelidad: virgencita que mi mujer no me engañe, y si me engaña que no me entere, y si me entero que no me importe, aunque que no nos importe es lo que podría deducirse de los resultados de la COP25: pese a que su conclusión más relevante ha sido recordar la urgencia de abordar el cambio climático, éste se ha prospuesto a 2020; será que resulta un año más fácil de recordar (*).
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(*) ...edito en Julio de 2020 ; a veces lo escrito resulta profético de forma totalmente ajena a la voluntad de quien lo escribió...

jueves, 5 de diciembre de 2019

Méritos

El Ministerio del Interior asegura que, al tratarse de un concurso de méritos, legalmente no se puede hacer nada para impedir que Andrés Gómez Gordo ocupe la jefatura de una comisaría de Madrid; ¿a que se debe tal inevitabilidad procedimental? y, sobre todo, ¿cuales son esos méritos? Pues, comenzando por lo segundo, el más meritorio -valga la redundancia- es su supuesta participación principal en la  elaboración del denominado informe PISA -denominado así, aunque una colección de tendenciosas notas de prensa difícilmente podría ser considerado un informe- mediante el cual, desde un medio de información de tan dudosa financiación e intenciones como OK Diario, se pretendía contener el auge de Podemos como fuerza política a principios de 2016. Recordemos que ese denominado informe, aparentemente elaborado por la denominada brigada patriótica—el grupo creado en el seno de la Policía Nacional en la etapa del ministro Jorge Fernández Díaz para, supuestamente, perseguir a adversarios políticos del PP—nunca tuvo ningún efecto judicial: la Audiencia Nacional rechazó de forma contundente la denuncia basada en él y presentada contra Podemos por una asociación política -instrumento necesario- denominada Unión Cívica Española-Partido por la Paz, Reconciliación y Progreso de España. Existen numerosos indicios de que Gómez Gordo participó tanto en la elaboración del informe PISA (puede que el ingenioso acrónimo e incluso la referencia a Pablo Iglesias Sociedad Anónima sean otros méritos suyos) como en  otras actividades de esa brigada patriótica cuando después de ser asesor -en excedencia como funcionario del Cuerpo Nacional de Policía-  de la entonces presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal y por cuya causa el comisario Andrés Gómez Gordo, es a día de hoy, un policía investigado en la Audiencia Nacional dentro del caso Villarejo. 
Tales son los méritos que han hecho que Gómez Gordo adelante a los cinco candidatos que estaban por delante de él para ocupar la plaza de comisario a la que opta, y motivo por la cual Fernando Grande-Marlaska, el titular en funciones del Ministerio del Interior -que el pasado mes de Abril dió por desmanteladas las cloacas del Estado- ve inevitable su nombramiento, aunque él mismo estudió hace meses suspender de funciones tanto a Gómez Gordo como al resto de agentes en activo imputados en el caso Villarejo y el juez Manuel García-Castellón le retiró el pasaporte y le prohibió salir de España a raíz de su declaración en dicho caso. 
Mérito, según el diccionario, es acción o conducta que hace a una persona digna de premio. Este es el país que habitamos: el país del mérito y la excelencia. Recordemos que José Manuel Villarejo Pérez posee la Cruz del Mérito Policial con distintivo blanco, con independencia de algún que otro detalle en su actividad empresarial, posterior a la de comisario, que ha ocasionado que actualmente esté acusado de organización criminal, cohecho y blanqueo de capitales; que, seguramente, estos méritos le hacen acreedor a otras cruces. Y a los españoles la obligación de costearlas todas; espero que no se nos exija, además, resignación y silencio.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Eterno retorno

No llegaron a encarcelarme por "La Patria nueva" porque el Diario de Barcelona es aquí una institución; me procesaron  tontamente y después sobreseyeron. A nuestro delirio de grandezas corresponde un delirio de persecuciones del Estado; sus agentes han dicho aquí que se sienten dispuestos a transigir con el anarquismo (en el mal sentido de la palabra) antes que con el catalanismo; y lo hacen: en todo ven separatismo, y ésta es la peor señal. Así lo ha perdido todo España, y así se perderá a sí misma. Se siente perseguida por sus propios movimientos de vida y no descansará sino en la muerte.

(Extracto de una carta de Joan Maragall a Miguel de Unamuno el 6 de Noviembre de 1902; Joan Maragall fué procesado por publicar el artículo La Patria nueva el 11 de Octubre de ese mismo año. Después de más de un siglo seguimos igual, si no peor. Se diría que España, a nivel histórico, se instaló en el eterno retorno el siglo XVI: hay temas fundamentales que se han tornado crónicos a base de ignorarlos, obviarlos o posponerlos o bien ignorando, obviando o posponiendo a los pocos que han tenido la osadía de intentar resolverlos).

lunes, 11 de noviembre de 2019

Monterroso y los pollos

Me veo de espectador asomado a un pequeño corral en el que pollos sin cabeza o bien corren alocados en círculo o bien chocan con las paredes ensangrentándolo todo; no, no es un sueño morboso y recurrente que relatar al psicólogo, es que contemplo a diario la política de éste país; tras unas elecciones, todos despertamos a la vez y comprobamos no solamente que el dinosaurio aún está allí -aquí- sino que se ha hecho más grande; para unos más lustroso y para otros más gordo y peligroso. Sin embargo, los pollos, que no ven al dinosaurio -sin cabeza es difícil- continúan con su macabro frenesí y, a veces, inevitablemente, acaban en la boca abierta del dinosaurio que no tiene que hacer nada más para alimentarse y seguir engordando.

Dos tazas

...esa es la ración que suele correspondernos cuando no queremos caldo. O sea, que para resolver la situación de bloqueo político en que vive España hace ya años, al presidente del gobierno en funciones -cargo al que llegó mediante una carambola que otros se encargaron de jugar- se le ocurrió -o le ocurrieron- la brillante idea de convocar unas nuevas elecciones que mejoraran su posición parlamentaria respecto a las elecciones generales del pasado mes de Abril, ya que en éstas el PSOE no había mejorado lo suficiente respecto a la de su llegada al gobierno: había pasado de 84 a 123 diputados ¿porqué no unas nuevas elecciones en la que su augures le prometían 150, casi, casi, como en el bipartidismo?, un cuento de la lechera pendiente de concrección, para conseguir lo cual, los medios a los que ha recurrido en este medio año largo el presidente del gobierno han sido variados, pero todos ellos enmarcados en una visión partidista y pensando muy poco -nada, si resultaban opuestos a esos intereses partidistas- en el bien común de los españoles y, lo que es más notable, profundamente equivocados para conseguir lo pretendido; si por una parte, en éste período, el presidente en funciones Sánchez apelaba a los partidos políticos de la derecha (PP y Ciudadanos) mientras se dedicaba a marear la perdiz en el paripé de unas negociaciones predestinadas al fracaso con Unidas Podemos, también -pretendiéndolo todo- utilizaba la exhumación de Franco poco antes de la campaña electoral como gesto para ganarse a la izquierda. Resultado de tan alambicado trile: el señor Sánchez ha perdido la bolita en su frenético tejemaneje; no sólo no ha hecho creíble el famoso relato mediante el cual se pretendía hacer recaer la responsabilidad del fracaso de un acuerdo de izquierdas con Unidas Podemos en estos últimos, sino que ha avivado y alimentado a la ultraderecha -una derivada perversa de la exhumación del dictador- que hoy constituye la tercera fuerza política en el Congreso y también ha hecho crecer de forma notable al PP, al que desplazó en el gobierno a causa de la corrupción de éste y, de paso, ha liquidado a la fuerza política que figuraba como una alternativa de nueva derecha, liberal y moderna, Ciudadanos, con la cual podría haber establecido un reedición del acuerdo de gobierno de hace sólo tres años y medio, como alternativa más agradable al establishment que la formación de un gobierno realmente de izquierdas con Unidas Podemos. Y no sólo esos han sido los errores de bulto de los estrategas -o asimilados- del PSOE; la instigación de la estrategia de eliminación de Unidas Podemos mediante el apoyo a una nueva fuerza política desgajada de ésta, Más País, proclive a un desbloqueo sin condiciones y al servicio del PSOE, también ha quedado en agua de borrajas por precipitada y sin fuerza real, con el agravante de que aún sin lograr crear una nueva fuerza política auxiliar con representación parlamentaria significativa, sí ha conseguido que en aquellos lugares en que Unidas Podemos y Vox luchaban por el tercer lugar -tras PSOE y PP- el escaño haya sido finalmente para Vox.
Peligrosísmos los aprendices de brujo y los experimentos que no sean con gaseosa. Mientras, los españoles con toda la problemática política -incluyendo el problema catalán, corregido y aumentado- pendiente de resolución pero, eso sí, ahítos de caldo.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Consejos vendo...

...y para mí no tengo, afirma el refrán popular; ahora Albert Rivera (Ciudadanos) se dedica a lanzar mensajes a Pablo Casado (PP) para que sea valiente y se comprometa, como él, a desbloquear España pactando con el PSOE y absteniéndose en la investidura de Pedro Sánchez en caso de que la derecha no sume una mayoría tras las próximas elecciones generales.
Antes de tratar de su valentía, conviene aclarar que no es que España esté bloqueada -y si lo estuviera no es porque los españoles en su conjunto no se hayan expresado con claridad en anteriores elecciones- es que no todas las formaciones políticas acaban de asumir que cuando no existen mayorías absolutas hay que establecer acuerdos entre dos o más de ellas para conformar una mayoría de gobierno, aún cuando esas mayorías de gobierno no sean tan asimétricas como han venido ocurriendo en estos últimos cuarenta años, donde los partidos nacionalistas otorgaban -en función de sus propios intereses- el plácet al PP o al PSOE alternativamente  siempre y cuando éstos no obtuvieran mayoría absoluta (que era siempre su objetivo prioritario y no disimulado).
Y yendo a la valentía que aconseja Rivera a Casado-poniéndose él mismo como ejemplo- en fin, una vez superado el enésimo ataque de vengüenza ajena que ello me supone, sólo recordar que tras las elecciones de Abril fué él quien se opuso frontalmente a un acuerdo con el PSOE que muchos -yo también- dábamos por hecho a la vista de las sucesivas llamadas -también de vegüenza ajena- de Pedro Sánchez a las puertas del PP y de Ciudadanos; ¿era entonces Rivera un cobarde? ¿qué ha cambiado desde entonces? ¿quizá la valentía actual se la proporciona las previsiones electorales para Ciudadanos en las próximas elecciones? Que ya, en plan coloquial -creo que hace tiempo que Rivera llegó a su nivel de incompetencia, según el Principio de Peter- ha interpelado así a Casado: ¿Vas a bloquear otra vez España? ¿Vas otra vez a pelearte y a fingir que PP y PSOE tienen que estar enfrentados siempre, mientras sacan tajada los separatistas y Podemos lleva la economía?; hay ser que ser muy falso, además de incapaz -al menos, para elaborar un argumento más sólido-  para afirmar como hechos su propia propaganda olvidando, además, que el bipartidsimo de la Transición se basa precisamente en eso, en repartir los roles de enemigos -la izquierda para el PSOE y la derecha para el PP- aunque ambos realicen finalmente políticas parecidísimas (véanse, si no, los últimos movimientos de la titular del ministerio de Economía en el gobierno provisional de Pedro Sánchez: perfectamente podrían ser los de un ministro de economía del PP).
Para finalizar, me gustaría recordar otro refrán -hoy me he levantado bastante refranero...o vago, no sé- respecto a la valentía: Un valiente vive mientras un cobarde quiere; espero que los españoles se dejen -una vez más- la cobardía en casa el próximo domingo día 10 de Noviembre, pese a los adoquines  (3a. acepción del diccionario de la RAE) que, realmente, nos sobran.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Mirando a la izquierda

Hace tiempo que la Psicología abandonó el término subconsciente -aunque ha permanecido en el lenguaje coloquial- para aceptar sólo dos estados de la mente: la consciencia y la insconsciencia (o inconsciente); ya sea subconsciencia o inconsciencia -tratándose de quien vamos a tratar, yo creo que más lo segundo- los políticos, que basan gran parte de su actividad en hablar y manifestarse de continuo -sepan o no de lo que hablan, venga a cuento o tampoco- es fácil que, con frecuencia, acaben traicionados  tanto o más que por algún micrófono abierto, por su propio inconsciente. De Pedro Sánchez, presidente del gobierno en funciones, tenemos muestras abundantes, por más que la vicepresidenta de gobierno -también en funciones- habitualmente le achica el espacio para la expresión de sus propias ocurrencias con aspiración a frase de titular en los medios; la última: Somos un partido que siempre mirará a la izquierda, que parece el complemento de ese otro eslogan/lema de la actual campaña electoral del PSOE: Ahora sí. Y cuando hablo de complemento quiero decir que ambas ideas-fuerza -es un decir-  se complementan: respecto a lo primero, parece evidente que si Sánchez cree que el PSOE siempre mirará a la izquierda es porque implícitamente reconoce que no está ni estará en ella -sería más peligroso deducir que en el PSOE se dedican a mirarse el ombligo izquierdista- es decir, que si han mirado, miran y mirarán a la izquierda siempre, es porque el PSOE siempre ha estado en otro sitio (quizás desde la muerte de su fundador); puede que sea un modo de situarse políticamente: mirar a la izquierda para saber que ellos siempre estarán más a la derecha, acercándose y englobando a ese centro donde aún se supone que están los votos que finalmente otorgan el poder político; en el PSOE miran a la izquierda fundamentalmente para cerciorarse de que están lo suficientemente lejos de ella como para no incomodar al establishment, por mucho que a veces se hayan pasado de frenada asegurando presuntuosamente -e irrealmente- Somos la izquierda (parece difícil ser la izquierda y, simultáneamente, mirar a la izquierda salvo, para mirarse su teórico ombligo). Respecto a la complementariedad de todo ésto con el lema elegido por el PSOE de cara a la elecciones del 10-N, Ahora sí, recalcar que es un lema en el que todo -y lo contrario- cabe:  un ahora sí que sí al estilo Cantinflas (aunque antes ya fué un no que no); en resumen, ahora sí que vamos a hacer todo aquello que siempre prometimos hacer y nunca hicimos; algo así como decir que ésta es la buena. Así de simples considera el PSOE a todos los españoles a los que reclama su voto: no se le ocurre que podamos pensar ¿y porqué ésta vez sí y no ninguna de las anteriores? ¿Debemos deducir, pues, que aunque ésta vez tampoco cumpla sus promesas nos deberíamos conformar como premio de consolación -en ausencia de ese cumplimiento que siempre resulta ser tan dificilísimo en la realidad- con saber que en el PSOE siempre miran a la izquierda?; lo cierto es que yo creo que esa mirada  la utilizan exclusivamente, ya digo, para saber hasta donde pueden llegar y todo lo que deben evitar.

jueves, 24 de octubre de 2019

Regeneracionismo

Desde el siglo XVII un rasgo político característico de España es el pesimismo; en aquél momento histórico ese pesimismo estaba justificado por la pérdida de la hegemonía mundial pero, según Azaña, el mal de fondo como país y a nivel estructural ha sido, desde aquellos tiempos, el mal gobierno: España es un país que desde el siglo XVI no ha conseguido formar una clase directora; España es un país no digo disuelto, pero sí inorgánico, un país sin estructuras de dirección...no hay en España estos cuadros de mando, ésta aristocracia mudable, criticable y responsable que una sociedad necesita para existir. Esto lo decía Azaña cuatro siglos después de la época aludida pero hoy, otro siglo después -con una dictadura y una democracia imperfecta por medio- la situación parece no haber mejorado, antes al contrario -conforme a lo expresado por Jorge Manrique respecto a que cualquiera tiempo pasado fué mejor- ha empeorado.
Si volvemos al tiempo señalado por Azaña para el comienzo del mal gobierno crónico, el siglo XVII, podríamos recordar que, por entonces, una España exhausta pese al oro proveniente de América, tuvo que elegir en 1640 entre sofocar la sublevación de Cataluña y la posterior en Portugal (parece que para ambas no había recursos); es difícil saber qué y quienes serían hoy España y españoles  si la elección hubiera sido distinta.
Es por ello que, desde hace siglos, el regeneracionismo -convendría recordar que la palabra regeneración usada en el siglo XIX está tomada del léxico médico, como antónimo de corrupción- es una constante cíclica: el último, el que se produjo a partir del desastre del 98 con la liquidación definitiva del imperio comenzada siglos antes; el dolor de España que mencionaban Unamuno, Ortega y otros regeneracionistas del 98, es una constante a través de siglos y generaciones previas: también habían intentado el regeneracionismo antes -con poco éxito, en general- los validos de los últimos Austrias en el siglo XVII, los primeros Borbones ilustrados en el siglo XVIII, y los afrancesados y los liberales en el siglo XIX.
Y para apoyar el pesimismo histórico que supone por mi parte el reconocer que, respecto al mal gobierno, hoy la situación es peor que hace un siglo, baste recuperar las palabras que un catalanista moderado como Joan Maragall dirigía a un regeneracionista como Miguel de Unamuno a principios del siglo pasado: ¡Visca Espanya! -vol dir que l'Espanya visca ¿enteneu?-, que els pobles s'alcin i es moguin, que parlin, que facin per si mateixos, i es governin i governin (¡Viva España! -quiero decir que España viva, ¿entendido?-, que los pueblos se levanten y se muevan, que hablen, que actúen por sí mismos, que se gobiernen y gobiernen); ¿alguien imagina algo así hoy?, ¿quién es responsable de que ello no sea posible?
Puesto que España -las Españas- continúa doliendo -más si cabe- hoy el regeneracionismo se ha hecho más imprescindible que necesario; regeneracionismo real, no oportunista o utilizado exclusivamente como propaganda electoral, por supuesto.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Votar como es debido.

El presidente del Consejo Asesor del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), José Félix Tezanos, que ya dió una medida de cuán imparcial entendía él que debía ser ese cargo al pretender compatibilizarlo y simultanearlo con su pertenencia a la Ejecutiva del PSOE, no ha tenido mayor empacho en  aconsejar que se vote a los partidos que hoy por hoy pueden gobernar, lo que me ha recordado -quizá su fisonomía- el caso de los curas italianos de la Italia de posguerra, que en su prédica dominical desde el púlpito antes de las elecciones a las que también concurría el Partido Comunista, indicaban a los fieles: la Iglesia no toma partido, pero tenéis que votar a un partido que sea demócrata y que sea cristiano; existiendo como existía un partido que se llamaba, precisamente, Democracia Cristiana; igual de imparcial es el consejo de Tezanos.
Pero es interesante analizar la línea argumental que utiliza el director del CIS en su artículo ¿Cómo salir de los bloqueos políticos? -tampoco debe ver mayor incompatiblidad en ser director del CIS y director de la revista Temas simultáneamente- que es, en sí mismo, un rapapolvo a la forma de votar de la ciudadanía en su terca persistencia en votar como quiere y no como debe. Así, cuando dentro de ese artículo afirma la disfuncionalidad y los desacoples existentes entre nuestros sistemas sociales y nuestros sistemas políticos están dando lugar a una imposibilidad práctica de que existan mayorías de intereses y de representaciones políticas suficientemente extensas como fueron las que sustentaron en su día a los partidos socialdemócratas, a los demócrata- cristianos, a los liberales o a los conservadores en diversos países y casos, tras desenredar la enrevesada complejidad sintáctica de la frase, constata algo de lo que muchos ya nos habíamos dado cuenta: que ya no habrá mayorías políticas suficientemente extensas como en los buenos tiempos del bipartidismo y  que ello es debido  disfuncionalidades y desacoples entre la sociedad y nuestro sistema político de representación parlamentaria, supuestamente democrático, pero, aunque reconoce que lo que necesitamos es capacidad para abordar los problemas del bloqueo político con la suficiente madurez intelectual  y que de nada servirá efectuar manifestaciones personales de rabia y frustración dramatizadas, ni atizar las llamas inquisitoriales en la búsqueda de culpables y de chivos expiatorios, sino que lo único sensato es reaccionar con pragmatismo y con sentido de la utilidad de voto, concentrándolos en aquellos partidos que hoy por hoy pueden gobernar; es decir, propugna resolver los desacoples y disfuncionalidades de forma inmediata recomendando que  la ciudadanía vote como debe y no como le dicte su conciencia y su propio interés político, que era lo que queríamos demostrar, niños: al igual que los fieles católicos italianos debían votar a la Democracia Cristiana, vosotros, como españoles, debéis votar al PSOE para solventar un problema -el de la conformación de mayorías de gobierno mediante acuerdos- que los políticos y los partidos -especialmente el PSOE- hoy por hoy, son incapaces de resolver por sí mismos; es decir, para resolver un problema que el principalmente el PSOE no ha sabido resolver, debemos votar de nuevo al PSOE, pero más, para que pueda alcanzar una mayoría que permita que el problema se resuelva solo.  Y en el futuro ya se verá, viene a decir.
No puedo evitar citar el final del artículo, un auténtico adorno desde un punto de vista casi taurómaco-literario: ¿Alguien puede negar que esto es algo genuinamente democrático y participativo?. Seguramente, al rematar su artículo estaba Tezanos pensando en el undécimo y último de los Principos de la Propaganda atribuídos a Goebbels: el Principio de la Unanimidad. Todo un clásico; ¿alguien puede negarlo?

sábado, 5 de octubre de 2019

El comunismo, lobo en el guiñol, de nuevo.

Tras la desmesura verbal de la presidenta de la Comunidad de Madrid -sí, la presidenta, increíble pero cierto- Isabel Díaz Ayuso, aludiendo a la quema de iglesias durante la República partiendo de la prevista exhumación de Franco del Valle de los Caídos -no sé dónde verá la relación- y las subsiguientes declaraciones del secretario general de Vox, Javier Ortega Smith -que, no sé porqué, siempre pienso en completarle con el Wesson- sobre las supuestas actividades chekistas de las Trece Rosas -eran mujeres que torturaban, mataban y violaban vilmente (que se puede torturar y violar sin vileza, justificadamente, como habitualmente hace la derecha)- pienso en lo poco que ha evolucionado la propaganda derechista en este país, desde los tiempos a los que se alude, hace casi un siglo.  Ya en una entrada anterior, Comunistas de asustar, resumía algunos puntos de esa propaganda y cuando lo revisé, no hace mucho, me parecían de existencia increíble -si no estuvieran documentado e impreso- y propio de tiempos en que la opinión pública se manejaba con total impunidad desde los medios de entonces, al no existir facilidades para cuestionar una propaganda arrasadora; no recordé a tiempo que más medios y más modernos en la actualidad, sólo garantizan más rapidez de difusión, no más veracidad; todos y cada  uno de los once principios de la propaganda atribuídos a Goebbels -sobre todo el Principio de Transposición- siguen siendo de aplicación a día de hoy, sólo han cambiado -se han acelerado- los tiempos.
Así pues, conceptos como comunismo, son manejados alternativa e indiscriminadamente como  espantaviejas o como formas de aludir no a la ideología que pretende lograr una sociedad más igualitaria -muy en línea con el primitivo cristianismo- sino a ese conjunto de seres malvados que pretenden quitarte -entonces la bicicleta y hoy el utilitario- los medios para poder -con suerte- asistir a un trabajo en condiciones muy similares a los de la esclavitud y que el capitalismo global ya tiene previsto para tí. Y esto lo hacen desde los voceros sin escrúpulos de la derecha -como los mencionados al principio-  hasta un presidente del gobierno que se dice de izquierdas, pero no extremista, claro; aunque alguien que defiende tanto y tan denodadamente los intereses de los  fondos buitre o a las empresas -por ejemplo-  tampoco es probable que sea muy de izquierdas, siendo honestos. Por mucho que insista su propaganda en afirmar Somos la izquierda: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces...

domingo, 29 de septiembre de 2019

¿Existe aún la clase media?

...es más, ¿hubo un tiempo en el que realmente existiera?; es sabido que la teoría socio-política adjudica a este gupo social la vertebración y estabilidad de una sociedad moderna y avanzada: el denominado primer mundo, al cual dicen que pertenecemos. Pero ésto, que tuvo cierta verosimilitud  hasta la caída del muro de Berlín -al capitalismo le interesó hasta entonces mantener una contrapropuesta social al bloque de países basados en el socialismo real- se ha ido transformando progresivamente y, en los últimos tiempos, aceleradamente, mediante la constante  presión de un neoliberlaismo salvaje  a las órdenes de un capitalismo igualmente salvaje e irracional que está esquilmando irreversiblemente los recursos del planeta.  Los estudios basados en datos reales -y según las metodologías utilizadas- hacen oscilar el porcentaje de la población perteneciente a la clase media en España entre un 60% y un 20%; porcentaje este último que considero más real y que se une a la estimación de un 10% de ricos, lo que deja un 70% por adjudicar y repartir entre dos grupos de inciertos límites entre sí (cada vez más existe una población que pertenece a ambos): la clase trabajadora y el precariado. En todo caso, si aceptamos prudentemente como valor promedio que un 40% pertenece a la clase media, difícilmente podrá ser esa clase la vertebradora de una sociedad, si de eso se deduce que la mitad de la población está instalada entre la incertidumbre y la precariedad y cuando, incluso en esa misma clase media, existe un 20% que tiene dificultades para llegar a fin de mes y en la que un 29% admite que le sería difícil afrontar un imprevisto.
En fin, que creo que se equivocan los que insisten en la tratar de prolongar la consolidada teoría política que basa el ascenso al poder político -y al gobierno-  intentando el control de un centro asociado al voto de la clase media, una mayoría social que, por lo apuntado, ya no lo es. Por cierto, que también creo que el centro -un concepto de origen geométrico que indica la excepcionalidad de un punto entre infinitos a uno y otro lado en una recta, o a la misma distancia de otros tantos en una circunferencia- ni existe ni ha existido nunca más que como un concepto ideológico que nunca fue capaz de establecer sus propios límites al pretender una imposible equidistancia entre el conservadurismo -referido a los privilegios de una minoría- y la justicia social debida a la mayoría de la población.

viernes, 20 de septiembre de 2019

El estrambote Sánchez.

En una entrevista-masaje con propósitos propagandísticos -de la campaña pre-electoral en la que ya nos han situado- el presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha manifestado que si hubiera aceptado la coalición de gobierno propuesto  por el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, eso le llevaría a no dormir tranquilo por la noche, como al 95% de los españoles -y eso que él cambió el colchón del dormitorio de La Moncloa-; el 95%, nada menos, ha sido prudente el presidente dejando un 5% de reserva en la indefinición: pero ni Franco concitaba tal adhesión a su propio liderazgo como el que Pedro Sánchez logra en la coincidencia de los españoles con su propia opinión; aunque él mismo debería sospechar del hecho de que porcentajes tan altos sólo se den en las dictaduras.
En relación al manifiesto deseo de convocatoria de nuevas elecciones por parte del PSOE, el propio Sánchez se preguntaba retóricamente: ¿Por qué iba a querer repetir las elecciones quien ha ganado las elecciones? No sé, ¿quizá por pretender mejorar sus resultados electorales -haciendo caso a sus augures del CIS- y quedarse un poco más cerca de la deseada mayoría absoluta, como en los buenos tiempos del bipartidismo? Insistiendo, a continuación  en otro de sus mantras favoritos: la ciudadanía fue muy clara en cuanto a que lo que quería era que gobernase el PSOE, confirmando una vez más el hecho de que no hay peor sordo que el que no quiere oír: si los españoles hubieran querido que gobernase el PSOE -a lo que parece en solitario, ya que le es tan difícil lograr un gobierno de coalición con Unidas Podemos- hubieran votado en consecuencia, otorgando la mayoría al PSOE, cosa que no ha sucedido; y eso no cambiará por mucho que él interprete la realidad de forma diferente. Y, en su autoconsideración de hidalgo político, también le ha parecido conveniente insistir, sostenella y no enmendalla: la ciudadanía sabe que Unidas Podemos ha impedido en cuatro ocasiones que el PSOE gobierne. Que digo yo que si la ciudadanía ya lo sabe, parece una pérdida de tiempo insistir en ello; salvo que haya pretendido su utilización, también esta vez, como  principio de unananimidad, uno de los once principios de la propaganda de Goebbels.
Tras unas cuantas promesas y vaciedades más, muy de su estilo, concluyó a modo de estrambote cervantino:

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.


Sí, estrambótico. O realidad paralela.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Los tontos y los malos; apuntes para un estudio.

No llega en mí a monomanía -ni a manía siquiera- pero comprendo que lo pudiera parecer: cada vez encuentro más interesante el estudio de los tontos y los malos -y las relaciones entre ellos- en cuanto a su consideración como grupos sociales y su incidencia y repercusión en el progreso o evolución de la propia humanidad. Comprendo que así enunciado el tema resulte aparentemente poco serio -por mi forma instintiva de abordarlo- aunque, si recurrimos a otros conceptos relacionados, tal como el de la banalidad del mal, acuñado por Hannah Arendt, y su uso por analistas sociopolíticos, el asunto gana bastante en respetabilidad -al igual que si  denominamos ignorancistas a los tontos- pero yo, sinceramente, y puesto que mi propósito es únicamente pensar sobre ello y no escribir -al menos de momento-  una tesis, prefiero un acercamiento más elemental. En este sentido, últimamente me he planteado la cuestión -ignoro si tendrá recorrido- de si tontos y malos son o no conjuntos disjuntos; es decir, si los malos, por aquello de que para serlo se les supone notable inteligencia -aparte de su natural mala voluntad- pueden llegar a ser o no simultáneamente tontos y, a la inversa, si los tontos pueden o no superar su supuesto nivel de manipulables bobalicones para añadir a su comportamiento cierta maldad de cosecha propia. He llegado a la conclusión de que sí, de que estadísticamente ambos casos seguramente se dan, son posibles y, por tanto, que los tontimalos -o malitontos- han de existir, más allá del tontopillo, que es una figura distinta, la del tonto que quisiera ser malo pero con limitadas facultades para esto último, aunque suele tener mucha voluntad -afición, se decía antes- para ello. Así pues, creo que es razonable suponer que, admitiendo la existencia de esos tontimalos y malitontos, es previsible, no obstante, que resulten una minoría, porque reunir en una sola personalidad ambas características ha de llevar a una cierta esquizofrenia -suponiendo también que los esquizofrénicos sean minoría sobre el total de la población- mediante la cual un malo tiene que fingir ser algo tonto para mejor elaborar sus maldades o un tonto debería fingir maldad para sus tonterías fungiendo de malo: algo difícil de sobrellevar pero que, en todo caso, permitiría establecer definitivamente dos categorías distintas: la de los tontimalos y la de los malitontos.
Y, pensando en la elaboración de las preguntas para una hipotética encuesta que permitiera establecer cuantitativamente las categorías de tonto, malo, tontimalo y malitonto sobre el total de la población, me quedé dormido. Aunque me desperté al rato, sobresaltado por una dificultad insalvable para la realización de tal encuesta: todos los pertenecientes a una de las cuatro categorías, por una causa u otra, mentirían en las respuestas en un grado imposible de prever y filtrar (sobre todo, al no conocer, como es lógico, a cual de ellas pertenece el encuestado). Sólo queda seguir suponiendo que los tontos son muchísimos -seguramente más que los malos- y, si hacemos caso a Baltasar Gracián, constituyen la mayoría de la población; no hay más que constatar la actual situación política del país: malos seguro que hay- seguramente más de los que suponemos, les gusta permanecer en la sombra- pero lo que más vemos (no sólo políticos, aunque sean éstos a los que los medios convierten en ubicuos) son tontos; a todas horas, en cualquier lugar, con cualquier motivo, manifestando urbi et orbi, sin complejos, su tontería e incapacidad; es lo que tiene ser  ahora ignorancista.
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P.S.: ...después de escribir estas reflexiones he comprobado que ya hubo quien se planteó este estudio y lo llevó a cabo con humor, pero también con rigor científico: Carlo M. Cipolla, con sus Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana, cuya lectura recomiendo sin duda; en él se establece una categorización tipológica fundamental de los seres humanos como ser social, a saber: los malvados, los incautos, los inteligentes y los estúpidos; yo había obviado a inteligentes e incautos por poco relevantes, estadísticamente hablando.
La primera de esas Leyes Fundamentales establece la atribución de un valor numérico a la fracción de personas estúpidas respecto del total de la población: Cualquier estimación numérica resultaría ser una subestimación. Por ello en las páginas que siguen se designará la cuota de personas estúpidas en el seno de una población con el símbolo ε.
Sólo añadir que el corolario de la Quinta Ley Fundamental afirma que El estúpido es más peligroso que el malvado, como yo sospechaba.