martes, 16 de junio de 2026

Así fué (o no): el regreso

Toda una vida dedicado a la política para, después, darte cuenta que lo que de verdad te llena no sólo es leer diarios deportivos, sino, también, escribirlos; Rajoy ya nos hizo llegar sus crónicas de los partidos que la selección nacional de fútbol jugó en el pasado mundial de Catar, hace cuatro años, y tan bueno debió parecerle -a él y al medio donde lo publica- el epígrafe general de la sección que han decidido reeditarlo: Así fué (o no); toda una declaración de indiosincrasia rajoyana (y no voy a decir de galleguidad porque estoy convencido de que, en una escalera, la mayoría de los gallegos saben perfectamente si están subiendo o bajando).

A lo que vamos: en la crónica del pasado lunes día 15 de Junio. comentando el empate de la selección española (0-0) ante ls selección de Cabo Verde, el título demuestra que, como era de esperar, Rajoy nunca defrauda, ya desde el título: Vendrán tiempos mejores; compendio y ejemplo de ese que él cree ser sentido común, que tampoco vamos a desengañarle descubriendo, sin pretender ser agorero, que las leyes de la probabilidad predicen que también vendrán tiempos peores. Pero lo bueno viene de inmediato, como fuegos artificiales de ese verbo futbolero vacuo, epítome del lugar común: En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas. España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0. (he notado que se me había quedado la boca abierta al transcribirlo y he tenido que hacer un esfuerzo consciente para cerrarla).

Y para finalizar: Apoyemos a la selección, es uno de los pocos instrumentos de unión entre españoles que tenemos hoy en día. Y necesitamos esa unión, puesto que los que tienen la obligación de hacerlo han apostado por lo contrario, por dividirnos. Mala cosa, mal asunto; de nuevo el Rajoy esencial: la selección como instrumento de unión entre españoles: no la justicia social, la mejora de los servicios públicos, la consecución de una Justicia que responda a su nombre, solucionar el problema de la vivienda, etc.; no, la selección española de fútbol es la encargada de unir a los españoles como una suerte de Araldit moral. Bueno, eso y las cañitas de Ayuso. Por cierto: no acierto a dilucidar quienes son esos malísimos que teniendo obligación de aplicar el adhesivo quieren separarnos a los españoles, pero se deduce que le parece mal asunto. ¡Vaya!

Sí, efectivamente, he comentado sólo el principio y el final de Vendrán tiempos mejores pero, sinceramente, no voy a aburrir a nadie con el cuerpo de la crónica, una serie de reflexiones de un empedernido lector de diarios deportivos que sólo aprovecharía a otros empedernidos lectores de diarios deportivos. Y no escribo esto para ellos.

martes, 28 de abril de 2026

Con faldas y a lo loco

Nadie es Perfecto











M.B.: «Osgood, he de ser sincera contigo. Tú no debes votarme».

V.A.: «¿Por qué no?.

M.B.: «Pues primero porque tengo una relación muy próxima con un cargo directivo  de Bidafarma».

V.A.: «No me importa».

M.B.: «Y luego lo de mi hermana y su nombramiento como Directora del Conservatorio Superior de Danza».

V.A: «Me es igual».

M.B.: «¡Tengo un horrible pasado!. También soy culpable de la mala gestión del cribado del cáncer de mama de más de 2.000 mujeres».

V.A.: «Aunque seguro que ellas no, yo te lo perdono».

M.B.: «Estoy destrozando la Sanidad Pública».

V.A.: «Me haré un seguro privado».

M.B.: «No me comprendes, Osgood. (Se quita la peluca). Soy Moreno Bonilla».

V.A.: «Bueno, nadie es perfecto».

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V.A. (Osgood) : Votante andaluz 

lunes, 9 de febrero de 2026

Lógica difusa

En los sueños, no sólo es que motivos, situaciones, personajes y escenarios sean una mezcla de realidad e imaginación, es que la propia acción y los hechos se suceden bajo los parámetros de una lógica especial cuyas reglas se parecen bastante a lo que, en el mundo real, denominamos lógica difusa (Fuzzy logic) que, por otra parte, es  la lógica que rige gran parte de nuestra toma de decisiones en ese mundo real, pero que en los sueños es, de natural,  aún más laxa e imprecisa. Esa laxitud se debe, sobre todo, a la aleatoriedad de una de las bases de cualquier lógica: las clásicas reglas heurísticas que responden a la forma SI (antecedente) ENTONCES (consecuente), donde el antecedente y el consecuente no sólo son difusos, si no muy difusos y, a menudo, inexistentes: en los sueños las cosas ocurren porque sí, dejando al soñador en la intranquilidad profunda de no saber las razones y los porqués de lo que ocurre en el sueño. Todo es azaroso e imprevisible: tan pronto los hechos siguen una lógica perfecta como, sin aviso previo ni explicación racional, sucede algo que trastoca el orden natural de los acontecimientos; intervienen decisivamente personajes de los que no sabíamos su existencia; nos desplazamos en el tiempo y el espacio con una desasosegante naturalidad; pasamos de protagonistas a espectadores sin saber cómo, ni la finalidad de tan drástico cambio de rol.

Que, no sé porqué, la vida política de este país me ha recordado un sueño, un mal sueño; vamos, lo que suele denominarse pesadilla. Y no es porque pese poco.

jueves, 25 de diciembre de 2025

El duodécimo discurso del rey

El discurso del rey de ayer fue el más breve de todos los que ha dado (el duodécimo ya, apostólico, podríamos decir); es que lo ha hecho de pie y eso, quieras que no, cansa. Y seguramente por eso recurrió al valor de su propio ejemplo: Los caminos fáciles no existen. Los nuestros no lo son ni más ni menos que los de nuestros padres o abuelos. Pero tenemos un gran activo: nuestra capacidad de recorrerlos juntos. Algunos, antes que activo, preferiríamos denominar carga a la heredada imposición de la monarquía borbónica.

Podría coincidir (sólo en las conclusiones) en que en este mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan, atravesamos, una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones; porque si analizamos las premisas, el multilateralismo nunca existió realmente y el orden mundial está en crisis y en riesgo de implosionar víctima del propio éxito de un capitalismo global y salvaje.

Por lo demás, nada nuevo, mucho voluntarismo positivista como en los once discursos anteriores: los españoles somos un gran país; España está llena de iniciativa y de talento, y creo que el mundo necesita —más que nunca— de nuestra sensibilidad, de nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, de nuestro sentido de la justicia y de la equidad y de nuestra apuesta decidida por Europa, sus principios y sus valores. Lástima que nuestro sentido de la justicia y de la equidad coincida tan poco con el de la mayoría de los jueces y que los principios y valores europeos estén actualmente en mínimos históricos. Y que, en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; que avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro; que España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir —y de realizar— los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común; sólo es una dosis más de buenismo inane.