A lo que vamos: en la crónica del pasado lunes día 15 de Junio. comentando el empate de la selección española (0-0) ante ls selección de Cabo Verde, el título demuestra que, como era de esperar, Rajoy nunca defrauda, ya desde el título: Vendrán tiempos mejores; compendio y ejemplo de ese que él cree ser sentido común, que tampoco vamos a desengañarle descubriendo, sin pretender ser agorero, que las leyes de la probabilidad predicen que también vendrán tiempos peores. Pero lo bueno viene de inmediato, como fuegos artificiales de ese verbo futbolero vacuo, epítome del lugar común: En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas. España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0. (he notado que se me había quedado la boca abierta al transcribirlo y he tenido que hacer un esfuerzo consciente para cerrarla).
Y para finalizar: Apoyemos a la selección, es uno de los pocos instrumentos de unión entre españoles que tenemos hoy en día. Y necesitamos esa unión, puesto que los que tienen la obligación de hacerlo han apostado por lo contrario, por dividirnos. Mala cosa, mal asunto; de nuevo el Rajoy esencial: la selección como instrumento de unión entre españoles: no la justicia social, la mejora de los servicios públicos, la consecución de una Justicia que responda a su nombre, solucionar el problema de la vivienda, etc.; no, la selección española de fútbol es la encargada de unir a los españoles como una suerte de Araldit moral. Bueno, eso y las cañitas de Ayuso. Por cierto: no acierto a dilucidar quienes son esos malísimos que teniendo obligación de aplicar el adhesivo quieren separarnos a los españoles, pero se deduce que le parece mal asunto. ¡Vaya!
Sí, efectivamente, he comentado sólo el principio y el final de Vendrán tiempos mejores pero, sinceramente, no voy a aburrir a nadie con el cuerpo de la crónica, una serie de reflexiones de un empedernido lector de diarios deportivos que sólo aprovecharía a otros empedernidos lectores de diarios deportivos. Y no escribo esto para ellos.



