martes, 28 de abril de 2026

Con faldas y a lo loco

Nadie es Perfecto











M.B.: «Osgood, he de ser sincera contigo. Tú no debes votarme».

V.A.: «¿Por qué no?.

M.B.: «Pues primero porque tengo una relación muy próxima con un cargo directivo  de Bidafarma».

V.A.: «No me importa».

M.B.: «Y luego lo de mi hermana y su nombramiento como Directora del Conservatorio Superior de Danza».

V.A: «Me es igual».

M.B.: «¡Tengo un horrible pasado!. También soy culpable de la mala gestión del cribado del cáncer de mama de más de 2.000 mujeres».

V.A.: «Aunque seguro que ellas no, yo te lo perdono».

M.B.: «Estoy destrozando la Sanidad Pública».

V.A.: «Me haré un seguro privado».

M.B.: «No me comprendes, Osgood. (Se quita la peluca). Soy Moreno Bonilla».

V.A.: «Bueno, nadie es perfecto».

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V.A. (Osgood) : Votante andaluz 

 

 

lunes, 9 de febrero de 2026

Lógica difusa

En los sueños, no sólo es que motivos, situaciones, personajes y escenarios sean una mezcla de realidad e imaginación, es que la propia acción y los hechos se suceden bajo los parámetros de una lógica especial cuyas reglas se parecen bastante a lo que, en el mundo real, denominamos lógica difusa (Fuzzy logic) que, por otra parte, es  la lógica que rige gran parte de nuestra toma de decisiones en ese mundo real, pero que en los sueños es, de natural,  aún más laxa e imprecisa. Esa laxitud se debe, sobre todo, a la aleatoriedad de una de las bases de cualquier lógica: las clásicas reglas heurísticas que responden a la forma SI (antecedente) ENTONCES (consecuente), donde el antecedente y el consecuente no sólo son difusos, si no muy difusos y, a menudo, inexistentes: en los sueños las cosas ocurren porque sí, dejando al soñador en la intranquilidad profunda de no saber las razones y los porqués de lo que ocurre en el sueño. Todo es azaroso e imprevisible: tan pronto los hechos siguen una lógica perfecta como, sin aviso previo ni explicación racional, sucede algo que trastoca el orden natural de los acontecimientos; intervienen decisivamente personajes de los que no sabíamos su existencia; nos desplazamos en el tiempo y el espacio con una desasosegante naturalidad; pasamos de protagonistas a espectadores sin saber cómo, ni la finalidad de tan drástico cambio de rol.

Que, no sé porqué, la vida política de este país me ha recordado un sueño, un mal sueño; vamos, lo que suele denominarse pesadilla. Y no es porque pese poco.