jueves, 31 de marzo de 2016

Declinando el verbo declinar

Creía yo -nunca se termina de aprender- que esto de estar sin gobierno no sería tan grave: siempre hay quien recuerda que en Bélgica estuvieron así año y medio y sus cifras económicas mejoraron; nada dicen de otras cifras, aunque imagino que seguirían más o menos como antes o después. 
Y digo creía porque aunque yo ya sospechaba que nuestro temperamento e idiosincrasia no son muy belgas -tal y como yo supongo que son, por lo que dicen- y por tanto, que alguno de los líderes políticos se pondría nervioso rápidamente de tanto practicar un dontancredismo prolongado -no es el caso de Mariano Rajoy, evidentemente- derivado de su falta de costumbre en dialogar y pactar en profundidad con otras fuerzas políticas -y no de forma precocinada como llevamos observando cuarenta años- resulta que sus bluffs (engaños, desilusiones, fanfarronadas, baladronadas, jactancias, apariencias, bravatas y faroles son sinónimos aceptados) nos los desayunamos, comemos y cenamos todos los días casi en vivo y en directo: los medios de comunicación, a falta de verdaderas noticias que llevarse -perdón, llevarnos- a la boca, nos cuentan varias versiones de cada uno de los chismes, cotorreos, suposiciones y anécdotas ocurridas a diario entre los líderes políticos que, a falta -igualmente- de verdadero diálogo entre ellos, lo hacen por medios interpuestos -casi como un guiñol- de tal manera que la hartura de la ciudadanía ante el cotidiano espectáculo de la incapacidad y bajura de miras de la clase política en la actual coyuntura está comenzando a llegar a límites preocupantes. Y no me sorprendería que en unas hipotéticas futuras elecciones -que cada vez son menos hipotéticas, a la vista de lo dicho- los que declináramos fuéramos la ciudadanía en su conjunto, por ver si eso suponía un revulsivo para la clase política de éste país. Por lo menos pasaríamos un rato divertido, viendo el estupor en sus caras mientras buscaban en el artículo tal apartado cual de algún Reglamento Constitucional, alguna pista sobre que hacer en tan incómodo supuesto.
Aunque la primera acepción del diccionario de la RAE nos dice que declinar significa rechazar cortesmente una invitación, también significa decaer, menguar, ir perdiendo en salud, inteligencia, riqueza, lozanía, etc. así como  caminar o aproximarse a su fin y término. Que así estamos ya muchos, declinando y declinados; lozanos pocos.

lunes, 21 de marzo de 2016

Simplemente María

Seguramente previendo una posible respuesta al utilizar la simplicidad de su nombre (simplemente María), la secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red -últimamente los partidos pretenden dar imagen de modernidad con éstas creativas denominaciones de funciones- del PSOE, María González Veracruz, ha manifestado: Pablo Manuel Iglesias tiene que demostrar que quiere llegar a un acuerdo porque ya está bien de desplantes, imposiciones o líneas rojas, porque sobran los motivos para sentarnos a hablar de políticas para cambiar la realidad de los españoles, añadiendo: si Pablo Manuel Iglesias pensara un poco más en la gente y menos en otras cuestiones, como sillones, el cambio estaría en marcha
Que, ya digo,  yo no sé si éstas manifestaciones las hace en calidad de científica, de participativa o de de política enredada; yo aprecio sobre todo lo último: el decidido propósito de continuar enredando.  Lógicamente está en su derecho -y puede que tenga motivos- para expresar el sentimiento del PSOE como queja respecto al posible maltrato formal por parte de Podemos, pero responder con idénticos procedimientos no parece la mejor manera para sentarse a hablar de políticas que cambien la realidad de los españoles. De ésta forma, lo que nos está demostrando claramente María González es que la gente y el cambio no son, en realidad, prioridades para el PSOE.  
Según ella, millones de españoles están esperando que seamos capaces de entendernos y que lleguemos a un acuerdo; creo que otros tantos millones -quizá los mismos, o más- están esperando que les toque un buen pellizco en la Lotería Primitiva. Con parecidas probabilidades de que se cumplan sus deseos.

viernes, 18 de marzo de 2016

Europa y el futuro

Si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo, es una frase que figura en el acervo de sabiduría popular en diversas culturas; Europa, como entelequia que es, se está mostrando una vez más incapaz de asumir su propia responsabilidad ante los problemas del mundo real: no basta pagar a Turquía -en éste caso- para que nos invisibilice el problema de los refugiados que huyen por millones de la guerra, la miseria y la muerte. Turquía seguramente hará, cobrando, lo que ahora se vé obligada a hacer gratis, pero no es previsible que los miles de millones que Europa tiene previsto destinar a no ver el problema, lo resuelvan. El mundo no sólo se globaliza para satisfacer los intereses de un capitalismo ávido de fabricar productos con mano de obra semisesclava en el tercer mundo y obtener desmesurados beneficios vendiéndolos en el primero, los recursos también deben ser considerados desde un punto de vista global y por tanto ignorar que los brutales desequilibrios sociales y económicos son insostenibles a nivel histórico es ignorar la realidad o, aún peor, conocerla y persisitir en legar el desastre y  la ruina a nuestros herederos: tras de mí, el diluvio es frase atribuída a Luis XIV; que ahora los dirigentes europeos se lo planteen como filosofía política es un crimen de lesa humanidad.

lunes, 14 de marzo de 2016

Demagogia

Europa lanza su misión exoMars para buscar vida en Marte; los miles de refugiados que llaman a las puertas de Europa huyendo de la muerte, el hambre y la guerra supongo que ya deben estar muertos y por tanto no merece la pena buscarla tan cerca. Odio decir ésto y calcular al tiempo cuantos de ésos miserables podrían, pese a todo, volver a una vida que fuera mínimamente soportable y realmente humana con los recursos que Europa ha destinado a buscar vida a millones de kilómetros, por el bien de la ciencia y el progreso.
Odio, ya digo, padecer éstos sarpullidos de demagogia al leer la prensa u oír los informativos. Y la culpa es suya, por servir ambas noticias juntas.

martes, 8 de marzo de 2016

Rajoy artista

No es una de mis preocupaciones, la verdad, pero creo que se equivocan en Ciudadanos al creer -o decir que creen- que Mariano Rajoy es un cadáver político. Creo que sería difícil encontrar un político actual de tan larga trayectoria y que habiendo tenido en ella tantos desaciertos en el fondo y en las formas, haya ejecutado con tanta propiedad un encogimiento de hombros genérico en la certeza de que todo pasa, pero él permanece. Antón Losada (autor del libro Código Mariano, que recomiendo sinceramente) desvela una de las claves del personaje: Rajoy ha aprendido a hacer política escondido detrás de la caricatura que entre todos le hemos fabricado y él nunca se ha tomado la molestia de desmontar porque le era muy útil. (http://www.huffingtonpost.es/anton-losada/codigo-mariano-todo-lo_b_6192740.html).
Si Mariano Rajoy no ha leído El arte de la guerra (es un texto breve, más bien una colección de aforismos) de Sun Tzu, seguro que alguien le ha hecho un resumen y lo tiene en mente de continuo, como le ocurre a Esperanza Aguirre con los once principios de la propaganda de Goebbels. En ese tratado de estrategia -más que puramente de guerra- de miles de años de antigüedad, pero que tan de moda continúa estando entre todos los que se dedican a someter a la suya voluntades ajenas -empresarios, vendedores, políticos- pueden leerse sus dos preceptos fundamentales sobre el enemigo (o adversario): Todo el Arte de la Guerra se fundamenta en el engañoEl supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar; que no puedo evitar ver como inspiradores de la mayoría de las actuaciones políticas de Mariano Rajoy. Sobre todo el segundo. Aunque también el primero...
Yo sugeriría a Albert Rivera que lea también -en el caso improbable de que no lo haya hecho ya- a Sun Tzu y varias veces los párrafos del Arte de la Guerra donde se dice: No presiones a un enemigo desesperado y, sobre todo, Un ejército (ó general) victorioso gana primero y entabla la batalla después y Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruírlo (para usar después sus recursos, evidentemente).

lunes, 7 de marzo de 2016

¿Suárez o Lerroux?

Lleva un tiempo Albert Rivera  dispuesto a todo para que el centro -tal y como él y el Ibex 35 lo entienden- se instale definitivamente en nuestra vida como un gran manchurrón de color indefinido y políticamente polivalente, postulándose como promotor de una re-Transición y heredero directo del centrismo de Suárez, un Suarez 2.0.
No sé porqué, pero a mí las actuaciones del señor Rivera me retrotraen históricamente aún más, a Alejandro Lerroux, un cordobés de mucha labia y bastante desparpajo, trasplantado a Barcelona, que a comienzos del siglo XX se enfrentó a la vez al nacionalismo catalán y al anarcosindicalismo, logrando mediante su mensaje populista y demagógico la adhesión, incluso, de una buena parte de los trabajadores y que por ello llegó a ser denominado Emperador del  Paralelo. En 1908 formó su propio partido, el Republicano Radical, que, con bases ideológicas volátiles y acomodaticias, tanto podía ser anticlerical violento un día como republicano moderado y burgués al siguiente; integrado en la plataforma Alianza Republicana formó parte del comité revolucionario que conspiró contra Alfonso XIII, siendo su partido miembro del Gobierno provisional que gobernó el país durante los primeros meses de la República y participante en la redación de la Constitución de 1931. El propio Lerroux fué ministro de Estado (equivalente al actual Ministerio de Asuntos Exteriores) en el primer gobierno de izquierdas presidido por Manual Azaña. Pero ya en diciembre de 1931 -tras sólo unos meses como ministro- abandonó el cargo por su desacuerdo en mantener la alianza radical-socialista en que se basaba el gobierno y pasó a la oposición durante el bienio reformista (1932-1933). A partir de entonces se aproximó a las posiciones de la derecha y tras su éxito en las elecciones de noviembre de 1933 pactó con la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) para formar gobierno. Entre 1933 y 1935 ocupó tres veces la presidencia del gobierno, además de carteras en Guerra (1934) y Estado (1935).
La buena noticia para Albert Rivera es que debido a ciertas carambolas políticas se puede acabar como presidente del gobierno sin tener una política definida (inolvidable la serie británica de televisión Sí, Ministro). La mala es que Lerroux acabó en el más absoluto descrédito político muy poco después, en 1935, por su implicación directa en el caso que legó su nombre como prototipo de la corrupción: el del estraperlo, al que luego se añadió el asunto Nombela. En el transcurso de la Guerra Civil apoyó a los militares sublevados contra la República, aunque luego se exilió en Portugal.


domingo, 6 de marzo de 2016

La Coalicioncita

La palabra desencanto era un término en desuso, no se relacionaba con nada, y es que parecía estar tan integrado en la sociedad española que nadie lo utilizaba, confesaba años más tarde Jaime Chávarri al hablar del título de su película, El desencanto (1976), que resume en blanco y negro la autovivisección de la familia Panero. Es cierto, éste país, sus gentes, tienen una práctica -que podríamos calificar sin exagerar de histórica- en cuanto a experimentar y sentir desencanto(s). Claro está que nadie se desencanta sin haber estado encantado antes, y aunque parece claro que encanto y desencanto no son antónimos, exactamente, si que es achacable al paisanaje de éste país su capacidad de soñar, de creer, su ingenuidad renovada una y mil veces, que si bien en dosis razonables pudieran resultar positivas, en demasía vienen a convertirse en  disposición a ser barro húmedo en manos de supuestos alfareros sociales cuya profesión real es la de vividores a costa de la ilusión ajena. En política, y más concretamente, en democracia,  en cuyo último ciclo de espamos históricos llevamos trucheando, mal que bien, cuarenta años -tras otros cuarenta de dictadura cuartelera- ésto se nota especialmente: es increíble que un partido político -el PP, concretamente- se haya sentido en la libertad de incumplir puntos esenciales del programa comprometido con sus votantes -aunque hubiera sido por necesidad sobrevenida, en cuyo caso hubiera procedido convocar nuevas elecciones- y no ocurra prácticamente nada como consecuencia de esos graves incumplimientos. Nada, salvo claro está, que sea previsible un aumento del desencanto de la ciudadanía con sus representantes políticos  y ello se traduzca en un aumento de la abstención en futuras convocatorias electorales.
Ya lo dijo Adolfo Suárez, durante cuyo mandato, a finales de los setenta,  ya la ciudanía experimentó su primer desencanto democrático (vendrían más, inmediatamente después): le hemos hecho creer (al pueblo) que la democracia iba a resolver todos los grandes males que pueden existir en España... y no era cierto. La democracia es sólo un sistema de convivencia. El menos malo de los que existen. Y la democracia de éste país tampoco ha sido, ni es, de una calidad exportable.
Por eso, no creo que nadie debiera alarmar gratuitamente con el actual  desencanto político tras las elecciones del pasado 20 de Diciembre; no es el primero; tan consustancial es el desencanto a nuestra idiosincrasia que yo creo que podríamos vivir años sin gobierno, por mucho que algunos lo vean urgentísimo. Que yo creo que éstos últimos lo ven tan urgente no tanto por  interés público, sino por propio interés, de ahí su interés en el establecimiento de una Gran Coalición, a la medida de sus intereses. O por acelerar la convocatoria de unas nueva elecciones en las que resulten beneficiarios de una mayor abstención que en las anteriores, como mencionaba.
A quienes defienden la urgencia de contar con un gobierno e instan a otros a que  engrosen con su apoyo el pacto del PSOE con Ciudadanos -La Coalicioncita- bajo el pretexto de revertir inmediatamente las políticas sociales de los últimos cuatro años del gobierno del PP, yo les diría que un programa que ya de inicio declara pretender la mezcla de agua y aceite -medidas sociales y neoliberales- es incapaz, por pura lógica, de tal reversión. Y siempre podría el Congreso aprobar por consenso un conjunto de medidas sociales de urgencia, aún sin gobierno.
Para todo lo demás, yo les recordaría el dicho: vísteme despacio, que tengo prisa.

jueves, 3 de marzo de 2016

Großen spanischen Koalition

Parece que la Gran Coalición avanza imparable, por sus pasos contados y preestablecidos. Sin ser excesivamente dado a teorías conspiranoicas -y estaría justificado que lo fuera, las tramas de corrupción de éste país, por ejemplo, exceden con creces mi imaginación natural- todo apunta a que esa solución que tanto gusta al gran capital y a Europa -así, en cursiva y en abstracto, no entremos en detalles- puede que incluso date de antes de las elecciones generales del pasado Diciembre, cuando ya las encuestas preveían el fin cierto del bipartidismo en España. En ese escenario previsto, puede -y ya digo que soy de imaginación limitada- que PP y PSOE escenificaran una puesta en escena que incluiría un aparentemente tenso y agrio debate entre ambos -con la palabra indecente espetada por Pedro Sánchez a Mariano Rajoy- lentitud, apatía, declinaciones y posteriores estériles debates de investidura -en cuya fase nos encontramos ahora- incluídos,  para acabar en un apuntalamiento muto bajo el amparo y amistoso abrazo del líder salvador y supercentrado, el Suárez 2.0 de ésta nueva Transición, Albert Rivera; todo ello, naturalmente, con harto dolor de ambos -PP y PSOE, algo menos de Ciudadanos- pero ofreciendo su sacrificio partidario y particular por el bien general, el bien de España, aunque continuara sin estar claro que eso coincidiera con el bien de los españoles, sobre todo por su falta de generalidad.
Reitero que aún poseyendo  una imaginación limitada, éste modelo es el que mejor explica la situación política de éste país actualmente, así como los detalles aparentemente inexplicables y/o contradictorios que conocemos a diario. En ciencia es ley que una hipótesis es tanto más verosímil cuanto más secilla es. Y describir  lo anterior me ha costado sólo unas líneas.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Fin de la cita

Ya en el pasado ví la figura del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, como la más reciente reencarnación -es un paradigma históricamente frecuente- del personaje de Tancredi (El Gatopardo) (http://epistolariocontingente.blogspot.com.es/2015/11/la-nueva-transicion.html) y cada vez lo veo más idéntico al modelo original.
En la sesión de investidura de Pedro Sánchez como candidato a presidente del gobierno, Albert Rivera, tan embebido estaba en su papel de vendepeines, que a los votantes nos ha llamado jefes -me ha recordado cuando, no hace mucho, Bankia nos quería convertir a todos en banqueros- como si hubieramos subido a un taxi llamado España sin que necesitáramos indicarle al señor Rivera  nuestro destino, o al menos, sin recomendarle una ruta, que él sabe lo que necesitan los autónomos, los parados, los pensionistas, los enfermos y, sobre todo, como arreglar la justicia, el trabajo, la corrupción, Cataluña...como arreglar España, en definitiva: déjeme a mí, jefe, que por donde le llevo hay menos tráfico y casi no hay semáforos. Y por el mismo precio, medidas contra la violencia del género y contra el mobbing laboral. 
Durante su discurso, ha citado a varias veces a Winston Churchill -unas veces mencionando la fuente y otras no- y aún más veces a Adolfo Suárez, del cual parece tener un empeño especial en ser considerado hijo político -que no yerno- y reencarnar, como protagonista, una nueva Transición. Y es que Rivera es bastante adicto a las citas: en el acto de campaña de su partido el 13 de Diciembre en Vistalegre dicen que citó a Ghandi, a Roosevelt, a Mandela, a Pascal, a Kennedy, a Víctor Hugo y, por supuesto, a Suárez (http://www.eldiario.es/politica/Churchill-Suarez-referentes-Albert-Rivera_0_490301361.html), y que aún le sobró tiempo para intercalar algún artículo y alguna que otra preposición. 
Es cierto que se atribuye a Suárez, como hoy ha recordado Rivera en el Congreso, la frase la vida siempre te da dos opciones: la cómoda y la difícil. Cuando dudes elige siempre la difícil, porque así siempre estarás seguro de que no ha sido la comodidad la que ha elegido por tí. Pero igualmente -se encuentra en el mismo sitio de donde posiblemente se ha extraído la anterior (http://listas.eleconomista.es/politica/1354-las-mejores-frases-de-adolfo-suarez-)- parece que también dijo:   brindo por el pueblo español, esperando que tenga unos dirigentes mejores que los que actualmente posee. Y es que abusar de las citas para rellenar el tiempo -sobre cuando no se tiene un discurso propio- puede producir el mismo efecto que utilizar el refranero sin medida: a poco que te despistes acabas defendiendo algo y lo contrario. O leyendo, literalmente, fin de la cita; que se lo pregunten, si no, a Rajoy. Menos mal que Rivera vá sin papeles: lo de los peines lo tiene trillado (http://epistolariocontingente.blogspot.com.es/2016/02/vendiendo-peines.html).

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