martes, 21 de abril de 2020

¿Somos los humanos más virulentos que los virus?

Son éstos tiempos propicios a la reflexión, aunque sólo sea porque el ser humano tiende a llenar el vacío, como un gas el recipiente que lo contiene (ahora entiendo algo mejor a los que padecen pena de cárcel); así resulta que cuanto más restricciones en cuanto a estímulos externos, más se empeñan mis sinapsis en interconectarese a su libre albedrío a poco que me detenga, como revisándolo, sobre algún aspecto de algo que siempre está ahí, como el dinosaurio de Monterroso: la vida. Y pensando sobre los culpables de la pandemia que nos tienen sitiados,  las divagaciones y cierta información sobre los virus -esos entes submicroscópicos- finalmente he concluído insospechados -bueno, no tan insospechados- paralelismos entre los seres humanos y los virus. 
Los virus están formados con los más pequeños trozos de material genético, ADN ó ARN, el mismo material del que estamos formados todos los seres vivos; aunque debido a su tamaño nanoscópico el hombre conozca algo sobre los virus desde hace poco más de un siglo, seguramente lleven en este mundo desde siempre, es probable que sean el origen de la propia vida y actualmente son, con diferencia, el tipo de entidad biológica más abundante en este planeta; siempre han sido vistos por nosotros como entes peligrosos y malvados porque su vida se basa en parasitar la nuestra y la de todos los organismos celulares pero, en realidad, su actuación responde a la necesidad primaria de todos los seres vivos: reproducirse; además, conforme al estado actual de la ciencia, los virus son un elemento imprescindible en la transferencia genética horizontal para los genes de todos los seres vivos y fundamentales, por tanto, para coadyudar a la diversidad genética que garantiza la pervivencia de las distintas especies. En resumen, son parte de la vida tal como la conocemos.
Convivimos con virus que nos resultan inocuos y con otros que nos producen enfermedades, de éstos últimos unos pocos pueden resultar mortales porque nuestro sistema inmunitario resulta sorprendido y carece de defensa específica contra ellos, como ocurre con la reciente pandemia debida a la CoVid19. Pero (y aquí viene lo interesante): Los avances en la caracterización de los virus a nivel molecular sugieren que los virus coevolucionan con sus organismos huéspedes debido a que los virus son parásitos intracelulares extremos y, por lo tanto, requieren de la supervivencia del huésped para poder asegurar su propia supervivencia; cuando un virus se multiplica en su huésped natural, tiende a no causar una enfermedad en él, o causar una enfermedad leve y limitada en la mayoría de los casos. Varios de los virus conocidos producen enfermedades graves solo cuando infectan organismos diferentes de sus huéspedes naturales. Lo anterior sugiere que buena parte de los virus asociados con la producción de enfermedades son virus que están en proceso de adaptación a un nuevo tipo de huésped y que, una vez lograda ésta, la estrategia del virus consistirá en perpetuarse y propagarse sin afectar al organismo huésped. Es decir, los virus se aseguran su perpetuación asegurando simultáneamente la vida del huésped que les es necesario para su supervivencia; lo contrario es puramente accidental y no cabe achacarlo a una malignidad viral característica.
Los virus son, ya lo hemos dicho, vida elemental, sólo material genético que persigue su supervivencia sin nada que pudiéramos llamar, ni siquiera, instinto; y aquí viene el prometido paralelismo: ¿cuanto más dañina y virulenta no está resultando ser la especie humana -dueña de la naturaleza cercana, dotada de capacidades excelentes y de un cerebro pensante- con su huésped natural, la Tierra, a la que está en trance de destruir, asegurando con ello su propia destrucción?
Es lo que tiene estar tanto tiempo pensado: acabas concluyendo lo evidente.

sábado, 18 de abril de 2020

El PP y las cabras

La portavoz del PP en el Congreso de los Diputados, Cayetana Álvarez, ha justificado la oposición de su partido a unos nuevos pactos de Estado al estilo de los Pactos de la Moncloa de 1977 -a la vista de las graves circunstancias por las que atraviesa el país debido a la pandemia de la  CoVid19- porque el vicepresidente del gobierno es Pablo Iglesias; en sus palabras: el problema es que es una lástima que el señor Iglesias no sea Carrillo, que, me ha dejado pensando -es que ahora a mí cualquier cosa me hace pensar- si será un problema que sea una lástima o bien es una lástima que sea un problema, es decir, si es un problema o una lástima que el señor Iglesias no habite en el difunto Carrillo o que el alma de éste no se haya apoderado del cuerpo de Iglesias; como ambas cosas me parecen improbables por físicamente difíciles, he concluído -después de no mucho rato- que lo que realmente es una lástima y un problema es que la señora marquesa de Casa Fuerte -que, además, dicen que es periodista, historiadora y política- no nos ahorre sus reflexiones metafísicas referidas a la transmigración de las almas y a la reencarnación, cosas ambas que, no por pertenecer al ámbito de la fe, son justificables en política. Y menos en las actuales circunstancias.
Según la señora Álvarez, el señor Carrillo trabajó para la construcción del sistema democrático español y el señor Iglesias trabaja para todo lo contrario, para la erosión del sistema constitucional del año 78, cuando la realidad es que Pablo Iglesias ha reclamado, justamente, el cumplimiento del artículo 128 de la Constitución del 78 que dice toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general; ¿se erosiona el sistema constitucional reclamando el cumplimiento de la Constitución?
Y aunque yo lo lamente y me pueda parecer una lástima o un problema -o ambas cosas- no me extraña que el PP de hoy se parezca tanto a la Alianza Popular de 1977 (a pesar de los más de cuarenta años transcurridos) porque, recordémoslo, Manuel Fraga no suscribió parte -el acuerdo político- de los pactos de la Moncloa. Y al PP de Aznar del 2000. Ya se sabe, la cabra siempre tira al monte -la cabra como especie, incluídos los cabrones- y eso con independencia de lo locas (*) que puedan estar o parecer.
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(*)
 ...
La cabra que al monte tira,
Aunque le pongan patera,
Siempre jalará pa'l risco,
Nunca pa la carretera,
...
Si quieres vivir feliz
Y la vejez alcanzar,
Nunca guardes cabras locas
Y recuerda este cantar
...
Cabra loca, cabra loca
Y el cabrero que las guarda,
Que si yo fuera cabrero
Cabra loca no guardara

domingo, 12 de abril de 2020

Recuperando a IDA


Hace ya tiempo que me inquieta menos la desasosegante mirada de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que sus declaraciones; declaraciones que indican un aún más desasosegante maremágnum de neoliberalismo en plena ebullición (aunque también pudiera ser liofilización o sublimación, es difícil saberlo) que emana de su particular modo de entender la realidad y el mundo. Así, tras su recuperación y alta médica después de casi un mes de confinamiento por COVID19 y su visita al improvisado hospital en el recinto ferial de Ifema -que parece que esta solución de urgencia ha sido su inspiración-  ha declarado que la Comunidad de Madrid se va a marcar como prioridad reorientar el sector de la sanidad para convertirlo en una industria, de modo que nunca más la vida de nadie dependa de mercados. Ya, que no se entiende (puro pensamiento IDA), yo, al menos, no lo entiendo: ¿no dependerá -más aún- nuestra vida de los mercados si la sanidad se convierte en una industria según los principios del capitalismo que nos rige? ¿en que sentido -si es que pensaba en alguno al mencionarla- ha empleado la palabra industria, el de maña y destreza o artificio para hacer algo o al conjunto de operaciones materiales ejecutadas para la obtención, transformación o transporte de uno o varios productos naturales? ...o ¿ha sido, en general, sólo una aglomeración accidental del terminología neoliberal sin un propósito concreto?...pues, ya digo, no se sabe.
Entretanto, ahí tenemos a IDA, saludando tras los cristales, como una reina choni con sus guantes de goma (morados, para más inri) y su mascarilla en barboquejo (que no quiere dejar de regalarnos su inquietante sonrisa).

viernes, 10 de abril de 2020

La paja en ojo ajeno.

Además de otras carencias evidentes, en el PP no son muy dados a posturas políticas -aunque sólo sea en ese aspecto- inteligentes: reclaman mas eficacia ante la pandemia por parte del gobierno central  y resulta que las comunidades autónomas con peores datos al respecto son las gobernadas por el PP, reclaman mayor efectividad respecto al control de las residencias de personas mayores en esta crisis y resulta que las competencias en la gestión de ese área eran -y son- responsabilidad de gobiernos del PP, etc. Cómo será la torpeza demostrada por el PP, que hasta en Ciudadanos y VOX  se han dado cuenta que no es momento de ese tipo de oposición -fundamentalmente porque no les es rentable desde un punto de vista político- y han comenzado -más o menos- a apoyar -de forma sorprendente, aunque no debería serlo- las medidas tomadas por el gobierno del Estado como necesarias y/o convenientes.
Estoy convencido que uno de los factores determinantes en las marcas logradas  en el lanzamiento del piñonico (el hueso la de aceituna mollar chafá) en Murcia por el hoy portavoz  del PP, Teodoro García Egea, era lo bien que cerraba los ojos en el momento del lanzamiento. Y así sigue, que yo creo que está entrenando para superarse.
O eso, o no han asimilado, -pese a las veces que se supone que deben haberlo leído u oído- el pasaje del Nuevo Testamento: ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano' (Lucas 6, 41-42).

martes, 7 de abril de 2020

Sana envidia.

Ya he mencionado alguna vez la regla infalible a aplicar -tratándose de este país- para saber lo que entiende cada uno por patriotismo; no es difícil: si hay quien antepone himnos, banderas y la sacrosanta unidad de la Patria al bienestar de los españoles, estamos hablando de patriotas de interés, oportunistas -generalmente de patriotas de hojalata, para ser más precisos- y eso si no queremos ser tan crudos como Bierce cuando define patriotismo y, sobre todo, patriota (El que considera superiores los intereses de la parte a los intereses del todo. Juguete de políticos e instrumento de conquistadores) en su Diccionario del diablo.
Tampoco será la primera vez que menciono las sucesivas lecciones políticas que desde Portugal nos vienen dando en tiempos recientes y que aquí asimilamos tarde y con frecuencia mal y, sobre todo,  sin la necesaria  humildad. Por poner un ejemplo, habría que recordar la meritoria autonomía -dentro de lo posible- de Portugal ante las directrices económicas transmitidas por los hombres de negro de la troika del gobierno central europeo, que impidió que Portugal se convirtiera en una reedición del sacrificio griego; seguramente les debemos agradecer su papel de cortafuegos, ya que España habría sido el siguiente objetivo de los hombres de negro.  Pasado el tiempo Portugal recibió felicitaciones de Bruselas por imponer su propio criterio y no hacer caso a sus recomendaciones de estabilización presupuestaria; es decir, desde el gobierno europeo se felicitó a Portugal por no haber hecho mucho caso a sus directrices. Entretanto los sucesivos gobierno del PP en España se dedicaron desde 2010 a cumplir con empeño esas directrices provenientes de Bruselas (de centro-Europa, más bien), pero utilizando  para lograrlo sucesivos recortes en servicios públicos y sanidad que tan caros nos están resultando actualmente.
Siendo discutible que la envidia, cualquier envidia,  pueda llegar a ser sana, es sin duda envidia de ese tipo la que yo siento ante las declaraciones de lealtad institucional del líder de la oposición de Portugal, Rui Rio, dirigidas al presidente del gobierno del país hermano: Señor primer ministro, cuente con la colaboración del PSD. Todo lo que nosotros podamos, ayudaremos. Le deseo coraje, nervios de acero y mucha suerte. Porque su suerte es nuestra suerte; resumiendo, aunque el lema político utilizado por el PSD sea Primeiro Portugal, en este caso Rui Rio se ha referido claramente a los portugueses, a la suerte de los portugueses, de todos los portugueses, que son los que, en definitiva, encarnan Portugal. Sí, ya sé; es sólo sentido común y sensatez en éstas graves circunstancias que implican el riesgo de muerte pendiente sobre todos y cada uno de nosostros, pertenezcamos al país que pertenezcamos, pero la envidia me acomete de forma inevitable al comparar éstas palabras con las de los líderes de la oposición en España, que me gustaría no tener que repetir. Y, como puedo no hacerlo, no lo voy a hacer; sin embargo si quisiera dejar claro que la derecha de este país persiste en su sempiterna estrategia de salvar a España aún a costa de la vida de los españoles, estrategia que ya siguió Franco durante la guerra civil (prosiguiéndola en la posguerra) y que, más recientemente, expresó con claridad quien fue ministro de Hacienda en gobiernos del PP, Cristóbal Montoro: que caiga España, que ya la levantaremos nosotros; también en este caso se hablaba de España, aunque los caídos eran, evidentemente, españoles.

jueves, 2 de abril de 2020

COVID19: cifras y datos.

En el PP siguen empeñados en lograr rédito político de la pandemia que nos asola, al estilo de un perro de presa: sin abrir la boca una vez que han mordido;  en ese sentido, han pedido que se realice un estudio científico que analice la relación existente entre los contagios en Madrid y la celebración de los actos y movilizaciones del 8-M (a algunos de los cuales, los representantes de ese partido asistieron, supuestamente contagiando de la misma manera que sindicalistas o feministas: los virus son apolíticos e incluso yo diría que asociales).
Pues bien, si Pablo Casado demanda datos científicos, aquí van algunos, de público conocimiento: según la prestigiosa revista médica británica The Lancet  -ocupa el segundo lugar en factor de impacto a nivel mundial- las cifras estadísticas relativas a la morbilidad y mortalidad de la pandemia debida a COVID19 pueden resumirse así: en el 33% de las personas infectadas no hay síntomas; el 55% presenta síntomas moderados (asimilables a los de una gripe común); en el 10%, severos, y en el 5%, críticos. El 15% de los enfermos severos, y el 50% de los críticos, mueren. Se deduce de éstas cifras (si no he hecho mal los cálculos) que el 4% de los infectados muere, o lo que es lo mismo, 1 de cada 25 contagiados. El problema evidente de fondo, como en todas las pandemias, son los contagiados asintomáticos o con síntomas moderados que pueden ser confundidos con otras patologías y es el problema de fondo porque ellos son los que -inconscientemente-  llevan la muerte al mencionado 4% fatal: de ahí la justificación esencial de las radicales medidas de aislamiento y cuarentena que ha adoptado el gobierno.
Eso en cuanto a las cifras globales; vayamos ahora a las dos estrategias que se han demostrado científicamente como las más útiles para combatir la pandemia:
1ª) la podíamos describir como la aplicación de la fuerza bruta de forma radical: aislamiento total; ha sido así como las autoridades chinas han logrado revertir las cifras de la pandemia en Wuhan; aislamiento de todos y cada uno de los habitantes y asilamiento de toda una ciudad de millones de habitantes del resto de China y del mundo.
2ª) Pruebas masivas para detectar si cada persona está o no contagiada: idealmente una prueba a cada individuo; es la única forma de averiguar el grado real de extensión de la pandemia en cuanto que permite identificar a todos aquellos transmisores asintomáticos que constituyen el  peligro mayor; ha sido la estrategia seguida desde el principio por Corea del Sur y que también se ha demostrado efectiva. (En el caso de España, con los anteriores porcentajes de mortalidad de la pandemia  y teniendo en cuenta los 10.000 fallecimientos que se han atribuído a esa causa hasta el momento, deberíamos suponer una cifra mínima de 250.000 contagiados, no los 100.000 declarados oficialmente). Aquí un vistazo general del contexto y expectativas sobre la pandemia a nivel mundial.
Basándose en este resumen  científico, que desde el PP nos iluminen con sus propuestas. Es hora de sumar, o mejor, de multiplicar esfuerzos; no de restar o dividir. A ver si podemos  ganarle la carrera al virus.