martes, 25 de diciembre de 2018

Realmente

La especial apelación a la juventud en el discurso del rey ha sido, de nuevo, un ejercicio de buenismo con tendencia a lo irrelevante y, por si fuera poco, esta vez con una buena dosis de cinismo e hipocresía, porque cuando éste afirma y de esa manera asegurar a los jóvenes, con mayor garantía, nuevas décadas de progreso y avance como las que nosotros afortunadamente hemos conocido, ¿a que manera se está refiriendo?, ¿a la que ha permitido una masiva emigración del talento de los jóvenes de éste país a otros países o a malutilizarlo en trabajo precario y mal pagado en éste? algo reconocido de forma explícita diciendo  Sabéis que es muy difícil encontrar trabajo sin una adecuada formación. Muchos la tenéis, pero a veces os veis obligados a ocupar un puesto de trabajo que no es para el que os habéis preparado o que no responde a vuestras expectativas. Evidentemente, es difícil no compartir el diagnóstico cuando afirma de los jóvenes tenéis talento, creéis en la paz, estáis abiertos al mundo porque sois y os sentís europeos, sois solidarios, estáis comprometidos con las causas sociales, con la lucha contra el cambio climático y la defensa del medio ambiente. Queréis vivir y convivir, pero tenéis problemas serios, y, seguidamente reconocer también que Nuestra responsabilidad, la de toda nuestra sociedad, es que vuestra capacidad, vuestra motivación, vuestra ilusión y esfuerzo, venzan a las dificultades; porque tenemos la obligación -contando con vosotros, con vuestra energía-, de seguir construyendo día a día un país mejor, más creativo, más dinámico, y siempre en vanguardia; una España más cohesionada socialmente y más comprometida con la igualdad real entre hombres y mujeres pero, en llegando al momento en que podrían -y deberían- haberse sugerido las políticas que habrían de llevar al terreno de lo concreto ese cuento de hadas y dragones a los que vencer...silencio, parece que hasta ahí podía leer el rey. Y, de inmediato, vuelta -como si fuera el bálsamo de Fierabrás, que todo lo cura- a pedir respeto a una convivencia basada en la Constitución: La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes. El mejor y seguramente el único.
A todo esto os animo. Gracias por escucharme y os deseo nuevamente a cada uno de vosotros y a vuestras familias, una muy feliz Navidad.  
Pues nada, con sus problemas resueltos y realmente animados, ya pueden volver los jóvenes a los países de donde han venido a pasar la Navidad con sus familias y a oír las sabias e inspiradoras palabras de Jefe del Estado. Y que no olviden meter en la maleta el respeto a la convivencia y un ejemplar de la Constitución. Y el rey ya puede, también, volver a su mundo, ese mundo en el que todos los problemas de los jóvenes y, en general, del país y de los paisanos que lo habitan, son algo sobre lo que hacer un discurso una vez al año como una forma más de asegurarse un buen sueldo a perpetuidad.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Esta precariedad

Que como consecuencia de una estrategia instigada por el capitalismo total a la que convencionalmente se denomina crisis, la precariedad laboral haya venido para quedarse y constituir la forma de vida de un importante porcentaje de la población de éste país es una evidencia que, para su constatación, sólo requiere de una ligera inspección de los datos que ofrece el INE (Instituto Nacional de Estadística); datos constrastados, objetivos, oficiales; una fotografía instantánea de nuestra realidad social, en la que la cuarta parte de la población actual -trabajadores o desempleados- queda retratada como perteneciente a la nueva clase oficialmente pobre: el precariado
La precariedad instigada consiste, esencialmente, en mantener a una persona sin recursos propios que le permitan una cierta independencia crítica y reflexionar sobre sus espectativas como ser humano a medio y largo plazo,  de forma que sólo pueda responder a los estímulos de lo urgente: subsistir. En esa situación queda garantizada la existencia de una oferta permanente de mano de obra barata; a este capitalismo salvaje le son indiferentes las conclusiones de Stiglitz sobre los salarios de eficiencia que demostraban que una bajada permanente de salarios no garantizaría el pleno empleo; su pretensión es lograr, precisamente, que ésto no ocurra nunca, perpetuando la precariedad.
Y por si no fueran suficientes los datos y cifras oficiales que demuestran esta situación, siempre hay algún detalle que, en sí mismo, la resume: en Haibu 4.0 podemos explorar con todo lujo de detalles la nueva manera de vivir para esa creciente masa social que antes se denominaba lumpen: los pisos colmena; según esa empresa, garantizar un espacio de 3 metros cuadrados por 250 euros al mes es una iniciativa social; los empresarios siempre preocupados por el bienestar de la gente (si pagan por ello, naturalmente).
Aunque, en cuanto a la vivienda, quizá ya hayamos llegado a los límites de lo posible dentro de los presupuestos capitalistas para garantizar esa buscada precarización: considerando que las celdas en las prisiones españolas aseguran un mínimo de 11 metros cuadrados para dos personas, ya habrá quien, dentro de esa mano de obra semiesclava esté llegando a plantearse -si tuviera algún tiempo para reflexionar- si no sería más eficiente obtener de forma  indirecta una renta social garantizada, cometiendo algún delito que implique pena de cárcel (con la subsistencia asegurada, sin tener que trabajar y sin tener que pagar por el hueco en la colmena: 5,5 metros cuadrados suponen más de 400 euros a precio de mercado).

martes, 18 de diciembre de 2018

Los tontos y los malos

Hace tiempo que sospecho -y cada día encuentro nuevas pruebas que lo corroboran- que el verdadero peligro para la humanidad, para su progreso y futuro, son realmente los tontos y no los malos; esos malos -muy pocos y en la sombra, dificilísimos de ver y aún de saber quienes son, aunque los suponemos siempre forrados de poder y dinero- seguramente utilizan a los tontos para hacer el trabajo sucio que les permite seguir mangoneando el mundo; sin los tontos, los malos no serían capaces de hacerlo y aún podríamos tener esperanzas. Si no fuera ésto así, no encuentro manera de explicarme la proliferación de dirigentes políticos -hablo a nivel mundial, aunque es inevitable recordar a los representantes autóctonos- manifiestamente incapaces de serlo, de gestionar los problemas y desequilibrios de la sociedad para, mayormente, dedicarse justamente a lo contrario, a aumentar ambos, haciendo que punto por punto sea exacta la frase de Marx (Groucho) sobre los políticos y la política, a la que definía como el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados, es decir, el arte de aumentar el caos
Yo imagino, en definitiva, que los malos -esos pocos malos amos del mundo- no tienen más que elegir a los más simples de entre la asombrosa cantidad de ellos que no son conscientes de sus limitaciones -es una característica esencial de los tontos más tontos- y ponerlos a los mandos de lo social tal y como réplicas de un Homer Simpson a los mandos de la central nuclear de Springfield (siempre imaginé a M. Rajoy comiendo rosquillas mientras firmaba decretos). Lo demás viene solo, la cacofonía aumenta y nos tienen a la mayoría entretenidos intentando oír y entender algo de lo que los tontos dicen y hacen mientras los malos pueden seguir a lo suyo (liquidando el planeta, fundamentalmente). Sí, ¡homérico!, como exclamaba Michaleen Oge Flynn (Barry Fitzgerald) en Un hombre tranquilo, pero esta vez recordando a Homer Simpson.
Aclaro que no es que yo me crea, hablando en general, un listo; como todo es relativo seguramente yo sea más listo que unos y a la vez más tonto que otros. Aunque, no sé porqué, conozco a muchos más de los unos que de los otros.
 

domingo, 16 de diciembre de 2018

Estos expertos.

Hasta ahora, en el pasado, los expertos se caracterizaban por poseer profundos conocimientos pero en un campo restringido; diagamos que es propia de un experto tal dualidad: saben -sabían- mucho pero de un tema o campo muy concreto y específico. Ahora no; con el acceso de los medios de comunicación a los tertulianos -y viceversa- éstos fungen como expertos multidisciplinares sobrevenidos a toda velocidad (que están pluriempleados y no es custión de perder el tiempo), sin dudas, con tal aplomo que dejarían sin palabras a un verdadero experto (si es que queda alguno sobre algo) al que pudieran enfrentarse; un  tertuliano profesional es -por definición-  experto en casi todo; ¿de qué se trata?, ¿de ballenas?, ¿de inflacción?, ¿de taoísmo?, ¿de apicultura?, ¿de machismo?, es igual, desate usted la boca del tertuliano de turno y éste disertará con tal lujo de detalles sobre lo que sea, que incluso puede que aprenda cosas que usted no sabía de sí mismo: los tertulianos expertos (que, pese a todo, no es una redundancia, quizá más bien un oxímoron) constituyen una de las nuevas plagas de éste mundo, hipercomunicado, pero de pocos contenidos reales finalmente (puede que esa sea la razón decisiva para la existencia de los propios tertulianos).
¿Exageración?; no lo creo. Ahí tenemos el caso de Christian Gálvez, quizá ofendidito porque hay quien duda de sus conocimientos -que no de su devoción- sobre la figura de Leonardo da Vinci y cuestionan por ello su nombramiento como comisario de una exposición en Madrid, Los rostros del genio, con motivo de los 500 años de la muerte del insigne renacentista. Y no se trata de que alguien sin haber acabado sus estudios universitarios -como el señor Gálvez reconoce- no pueda acabar siendo experto -y hasta comisario- en lo que sea (recordemos el caso de Robert Franklin Stroud, que se convirtió en respetado ornitólogo durante sus décadas en prisión), es que quien lo es puede demostrarlo de forma indudable;  seguramente no sirve únicamente  la admiración por Leonardo da Vinci para convertirse en leonardista, sobre todo si se aduce como méritos sólo lo anterior o ser el tío que lee rápido en la tele y le flipa Leonardo da Vinci. Muchos sentimos admiración por Bach y creeemos que no sólo es un músico de primer nivel sino que constituye la propia esencia de la música, pero la mayoría mantenemos un religioso silencio cuando James Rhodes -que, además de sentir devoción por Bach, es capaz de interpretarlo con maestría, creo que sin que ello le haga considerarse un experto en Bach- recrea su Chacona en re menor. Y es que el señor Rhodes es un profesional, que es la denominación de una  capacidad también a extinguir, como la de los auténticos expertos.
Pese a todo, Gálvez insiste en autoconsiderarse especialista  -que no sé si es categoría superior o inferior a experto- en Leonardo, propocionando titulares tan impactantes como Yo podría poner juntos a Leonardo y Warhol, si quisiera (que cualquier día quiere y a ver que hacemos); No es un gran cuadro, pero es una campaña de márketing cojonuda (sobre la Gioconda); Dentro de la televisión hay dos tipos de escritores: el que lo hace por pasión y el que lo hace para explotar su imagen (sobre sí mismo, supongo, aunque no aclara a cual de los dos tipos se considera perteneciente) y remata con una cita de Leonardo: una vez hayas probado el vuelo, caminarás por la tierra mirando el cielo y allí siempre desearás volver porque ya estuviste que parece ser que le sirve para explicar las bondades  del programa-concurso  de televisión que le dá de comer y en el cual exhibe su habilidad principal: la lectura rápida (como si se tratara del final del anuncio de un medicamento, pero de continuo).
Y en cuanto al libro conteniendo el ensayo titulado Gioconda desconocida que él firma, en fin, es sabido que en éste país -quizá en todos- sólo los negros literarios tienen realmente asegurado el trabajo en literatura. Si es sólo uno, parece que el del señor Gálvez no para.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Homo hispanicus

Así pues, al empresario Enrique Cerezo -y también presidente del Atlético de Madrid- no le parece machista su frase yo de dinero no hablo, y menos con una mujer en respuesta a una periodista que le preguntó por los límites del presupuesto del mencionado club de fútbol; sí, sostenella y no enmedalla como aconsejaban proceder a los antiguos hidalgos, una vez constatado que mantenían una opinión equivocada. Y que será lo que él considera que justifica su conducta: la actitud necesaria para mantener enhiestas las características más raciales  del homo hispanicus.
Y, como suele suceder, han sido peores y más ofensivas las explicaciones  posteriores; por ejemplo,  ha dicho después que lo hace por el bien de ellas (¿para que su femenino cerebro no se líe con cosas de cuentas?, ¿para que no se altere su sensibilidad -que, ya se sabe, las mujeres la tienen más alterable que los hombres-  con cifras mareantes por fichajes mientras la cuarta parte de los trabajadores de éste país no llegan a mileuristas?) y porque de dinero hay que hablar con quien hay que hablar; aunque en ésto yo le recordaría que tambien hay alguna que otra mujer banquera, con la que quizá deba finalmente tener que hablar: se debería ir preparando para esa eventualidad.
Pero Cerezo -ese hortera VIP- insiste: No he dicho nada en contra de las mujeres; No entiendo que a alguna mujer le pueda parecer machista; Yo estoy convencido de que lo que he dicho es correcto y legal y, sin embargo, a favor de las mujeres y finalmente acusó, -siguendo una tradición también muy hispánica- a los mensajeros (los periodistas): Me estáis poniendo en contra de todas las mujeres, a las que adoro, quiero y amo, lo que ya supone un remate adornándose, del tipo quien bien te quiere te hará llorar; de nuevo el homo hispánicus en todo su esplendor; eso sí, correcto y legal, todo un caballero que concluye irrefutablemente  -dirigido sobre todo a ellas- A ninguna mujer con dos dedos de frente le puede parecer que lo que yo he dicho es machista, al contrario, puede ser simpático, agradable. Menos mal que prudentemente ha intercalado un puede, que ya se ve que él lo considera posible. Y, sobre todo, menos mal que muchas mujeres además de tener más de dos dedos de frente, usan habitualmente lo que tienen detrás de ella.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Estadismos

No me lo explico: me irrita menos un político profesional -el que se ocupa concienzudamente en vendernos humo y del que se sabe a ciencia cierta que está en política para vivir de ella- que el político que, además, se cree estadista. Parecería que el segundo, aparentando creer lo que dice -con independencia de que coincidamos o no con lo que dice creer- y que parece igualmente más preocupado por lo público que por lo suyo es, a priori, más honesto; quizá sea -no estoy seguro- que yo me sienta en este último caso doblemente engañado.
Así, cuando José María Aznar -que cada vez que se manifiesta me recuerda, inevitablemente, la frase de Oscar Wilde: un tonto jamás se recupera de un éxito- se transmuta en oráculo político y fuente de estadismos, noto como la irritación comienza a removérseme y la imaginación hace que le vuelva a ver una y otra vez repitiendo su última ocurrencia en pose trascendente que, para él, consiste en hablar moviendo únicamente el labio inferior -habilidad que se nota que ensaya a menudo- mientra te mira fijamente, que se note que está oraculando. Es por ello que cuando desde FAES se analizan las consecuencias de las últimas elecciones andaluzas, no sé porqué,  imagino al señor Aznar mostrando a un exultante Santiago Abascal al que sujeta con ambas manos y repitiendo en bucle infinito: éste es un chico con muchas cualidades; para Aznar es necesario un tripartito de la derecha y que, en definitiva, ésta se agrupe nuevamente a nivel general (una nueva CEDA), a la vez que se muestra añorante del bipartidismo, ese contubernio tan eficamente constitucionalista; ¡ah, la Constitución!, que si fuera mujer -parafraseando a quien fué portavoz de gobierno de Aznar- ya estaría pensando en divorciarse.
Y...¡cuanta razón tenía Oscar Wilde!