martes, 31 de diciembre de 2013

Otro empacho

Todos los dirigentes políticos se sienten en la obligación de emitir un mesaje de fin de año a sus representados; ignoro la verdadera razón aunque no creo ir muy descaminado si supongo que piensan que estos gestos les favorecen de cara a la ciudadanía: gestos a falta -o a cambio- de lo que nos hurtan a diario. Así, oigo al presidente de la Comunidad de Madrid - el español que ha explicado más veces y más claramente su patrimonio, según Esperanza Aguirre-  hablar de los "esfuerzos de los madrileños"; el señor Mas, pues más de lo mismo respecto a lo catalanes, y en mayor o menor medida todos los dirigentes de las Comunidades autónomas abundan en los esfuerzos de los "suyos". Y ante esta dosis de fraternidad regional sobrevenida no sé si caemos en la cuenta de la falacia que esto representa; en mi caso -y que cada uno mire el suyo- es más que evidente que madrileños lo hay de muchos tipos y que mi casuística está mucho más cerca de un jubilado andaluz o aragonés que la de de un Gerando Díaz Ferrán, Rodrigo Rato, o Plácido Domingo por citar algún madrileño conocido. Por favor, señores dirigentes, les sugiero que nos ahorren este empacho fraternal añadido a los generales de buenismo propios de estas fechas. Aunque para otros empachos no haya con qué, ni estén los tiempos para derroches.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Que se examinen también los políticos

Propone Alfonso Alonso -no el portavoz del PP en el Congreso, quien supongo que tiene suficiente ocupación como don Tancredo multitarea, sino Alfonso Alonso Barcón, en la sección de Cartas al Director de El País- a propósito de la idea de la directora general de tráfico de examinar a todos los conductores para revalidar el permiso de conducir, que lo mismo podría hacerse con médicos, ingenieros, arquitectos y electricistas. Yo le sugeriría al señor Alonso Barcón que no dé ideas; seguro que al señor Montoro ya le bailan los ojos en las  órbitas calculando las tasas de examen multiplicadas por todos los profesionales afectados. Y si fuera el caso, ¿por qué no examinar a todos los cargos políticos de algo?: son de los pocos que ejercen su actividad sin ningún título ni examen. Y que, por si esto fuera poco, fijan su propio salario y otros privilegios tales como cobrar la pensión máxima con siete años cotizados, ¿cuales son sus extraordinarios méritos o capacidades? ¿quien los contrastó y los avaló?

Flexiseguridad

Sara de la Rica en su artículo el 11 de Diciembre en El País, La reforma laboral necesita mejorar, menciona un paradigma al parecer muy socorrido últimamente en lo relativo al mercado del trabajo: la flexiseguridad. Resulta que la flexiseguridad pretende resolver el antiguo contencioso -que data de los inicios del capitalismo o, incluso, de los comienzos del hombre como ser social- entre trabajadores y empresarios, entre poseídos y poseedores. Según la flexiseguridad -ya me está poniendo nervioso que el corrector ortográfico me subraye permanentemente la palabra- es posible conseguir simultáneamente la flexibilidad en las relaciones laborales y a la vez que los trabajadores se encuentren seguros y protegidos por políticas activas y pasivas de empleo, aspecto éste último que De la Rica encuentra a faltar en la última reforma laboral impuesta por el PP. ¿Y no será que la flexiseguridad es un imposible, una entelequia, un oxímoron?. ¿Creía quien inventó el concepto -seguramente pariente o amigo cercano del inventor de la tercera vía- que había resuelto el problema que lleva incordiando al hombre tanto tiempo?. Y otra pregunta -todas retóricas, naturalmente- ¿no será que la reforma laboral actual no es que necesite mejorar, sino que lo que se necesita es otra reforma laboral?

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Un ventrículo

El expresidente del Sevilla, Jose María del Nido, leía su despedida como presidente de ese club, por lo que cabe suponer que no se equivocaba cuando dijo "quiero pedir disculpas por haber sido condenado como presidente del Sevilla". No las pedía por haber delinquido al haber ideado una trama para apropiarse de dinero público en el Ayuntamiento de Marbella, si no por haber sido condenado por ello: aquí es lo peor, no el delinquir, si no ser un torpe y que te pillen. Y añadió "siempre me consideré inocente, me equivoqué. Si hubiera sabido antes que el Supremo ratificaría mi condena habría dimitido mucho antes". ¿Debemos entender que se equivocaba al considerarse inocente o al creer que finalmente el Tribunal Supremo ratificaría su condena?. Acabó su comunicado informando de la pérdida de un cuarto de su corazón (un ventrículo, para ser más exacto) debido a la pena de dejar el puesto de presidente del Sevilla. Pues que no se preocupe, al igual que a los protagonistas de Casablanca siempre les quedaría París, al señor del Nido siempre le quedarán sus convicciones morales.


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