miércoles, 31 de julio de 2019

Las normas

Sí, sé que coincidiré con muchos al afirmar que este es un país en el que abundan leyes, reglamentos y normas, redactados fundamentalmente para intentar hacer efectiva nuestra creencia de que una vez establecida la norma, la realidad se normaliza sola, es decir, que en virtud de un texto reglado -aún sin atender a su cumplimiento- los problemas se resuelven por sí mismos, al igual que el sospechoso de Gila confesaba su crimen, solo con reiterar alguien ha matado a alguien... Y también creo que coincidiré con bastantes reconociendo, a renglón seguido, que nuestro grado de respeto -no digo ya de cumplimiento- respecto a tal avalancha legislativa es mínimo, y que en nuestro inconsciente colectivo existe la arraigada creencia de que la ley está para saltársela; siempre y cuando, eso sí, no te pillen; en este país lo segundo es lo único realmente grave y punible (aunque, entre tal maraña legislativa, eso no es fácil que ocurra salvo que se sea muy torpe. O pobre).
Viene todo este preámbulo a cuento de un caso concreto, citado por Guillem Martínez (Complicación tecnológica: Mucha más. en CTXT) respecto a uno de los artículos de los Estatutos Federales del PSOE, el Artículo 53.2, donde se lee:  En todo caso, será obligatoria la consulta a la militancia, al nivel territorial que corresponda, sobre los acuerdos de Gobierno en los que sea parte el PSOE o sobre el sentido del voto en sesiones de investidura que supongan facilitar el gobierno a otro partido político. Por no mencionar el Artículo 88.a, que considera falta grave La privación a otras personas afiliadas, por acción u omisión, de sus derechos de voto, asistencia a los actos del Partido y participación en las actividades de militancia sin la previa resolución del órgano competente.
Pues bien, no sólo es que la consulta a la militancia no se haya realizado de forma efectiva -aunque se anunciara- por parte del PSOE, sino que cuando Unidas Podemos -los teóricos socios preferentes con los que se estaba negociando un acuerdo para un gobierno de coalición- puso en práctica una norma semejante de sus propios Estatutos, a Pedro Sánchez tal cosa le pareció una deslealtad hacia su persona, opinando, además, sobre la forma y el contenido de tal consulta. 
Yo creo que habría que redactar una ley -quizá mejor un reglamento anejo a cada ley publicada, no sé- sobre  las penas a aplicar a los que no cumplen las leyes. Y recitarla insistentemente al oído de los sospechosos, como Gila; a ver si así...

martes, 30 de julio de 2019

El plan portugués

Casi olvidado el esperpento de los dos fallidos intentos del candidato del PSOE, Pedro Sánchez, para ser investido como presidente del Gobierno, ahora ganan adeptos entre la izquierda los defensores del plan portugués ó solución a la portuguesa, (en plan dramático/marítimo hay quien lo denomina salvavidas portugués) es decir, la formación de un gobierno exclusivamente socialista con apoyos externos y puntuales de Unidas Podemos u otros partidos en función de los intereses de unos y otros en cada momento, o sea, una solución muy similar a la que ya en su día propuso el PSOE con la denominación de geometría variable; no es de extrañar, por tanto,  que en el PSOE el plan portugués goze de tan buena prensa (aunque, pensando mal, puede que sea éste otro obstáculo que deba salvar el PSOE para llegar finalmente a unas nuevas elecciones, acogiéndose a las predicciones del augur del CIS).
En teoría, esa solución presenta numerosas ventajas desde el punto de vista de la izquierda: en primer lugar evita unas nuevas elecciones en Noviembre en las cuales -además de una notable incertidumbre- la mayoría de los analistas preven un acusado descenso de Unidas Podemos y la posible conformación de una mayoría de derechas (PP-Ciudadadanos-Vox) como resultado de ellas y, en segundo lugar, previsiblemente permitirían la entrada en vigor de los fallidos Presupuestos generales de carácter social que ya aprobaron el PSOE y Unidas Podemos.
¿Por qué entonces, la conformación de la solución portuguesa no fué el Plan A tanto para el PSOE como para Unidas Podemos? Quizá se deba a que una fórmula muy parecida no haya funcionado muy bien el tiempo después de que el PSOE accediera al gobierno en Junio del año pasado (¡ay!, ¡lo fácil que el PSOE olvida las promesas que hace en tiempo de prometer!), pero para analizar lo ocurrido en Portugal quizá los números nos puedan ayudar, una vez más: la Asamblea de la República de Portugal consta de 230 diputados; la coalición de centro-derecha Portugal al frente (102) más el Partido Social Demócrata (5) (que también participa en la coalición Portugal al frente) no consiguieron alcanzar sumando sus escaños (107) la mayoría necesaria de 116 diputados; la izquieda es liderada por el Partido Socialista (86) y luego existen tres grupos más, el Bloque de Izquierda (19), la Coalición Democrática Unitaria (en la que se integra el Partido Comunista de Portugal) (17) y, finalmente el partido Personas-Animales-Naturaleza (1) que sumados todos ellos (121) si alcanzan la mayoría , incluso sin el concurso del último; así se llegó hace dos años al gobierno de la gerigonça (chapuza), (sobrenombre que hoy poco se atreven a repetir vistos los resultados), gobierno monocolor a cargo del socialista Antonio Costa; desde entonces los principales indicadores sociales y económicos -salvo la Deuda Pública- no han dejado de mejorar, fundamentalmente porque respecto a los últimos los portugueses decidieron ignorar las recomendaciones-mandato de la troika y aún así,  Portugal ha reducido su déficit fiscal hasta el 2,1% (cuatro décimas por debajo de la exigencia que hizo Europa, el FMI, el BCE y hasta la propia Administración portuguesa); por comparar, en España es actualmente del 4,3%.
Vayamos ahora con las diferencias entre Portugal y España por intentar prever los posibles inconvenientes de un plan portugués aplicado a España; en primer lugar, la composición parlamentaria: 
1º) En Portugal todos los partidos de centro-derecha (PPD-PSD / CDS-PP) se han coaligado y aún así no han conseguido la mayoría; en España la situación es similar respecto a la suma de sus diputados, pero en tres formaciones independientes (y, desde luego, en Portugal no existe nada parecido a Vox con representación parlamentaria)
2º) La proporción entre los partidos de izquierda es diferente a lo sucedido en España: el Partido Socialista portugués cuadruplica los votos de los siguientes partidos de izquierda considerados individualmente (algo parecido a lo que ocurriría de separar  a Izquierda Unida de Unidas Podemos en España) pero sólo los duplica si los consideramos en conjunto; en España el PSOE triplica los escaños -que no votos- de Unidas Podemos. 
Considero que ambos puntos tendrían su importancia en la aplicación en España de un plan portugués; también la tendrían otros no mencionados, como las variables nacionalistas (centrífugas y centrípetas) y finalmente también -pero no menos importante- el hecho de que Antonio Costa se ha mostrado como un empático e inteligente presidente de izquierda, con lo que ello implica respecto a ser consecuente con una determinada ideología; no creo que nadie se atreviera, sensatamente, a decir lo mismo de Pedro Sánchez; el Partido Socialista portugués no es el PSOE, aunque en las siglas de este último figure la O de obrero, nada menos. Resumiendo, el tamaño sí importa -me refiero a los números- y las circunstancias y las personas, evidentemente, también.

lunes, 29 de julio de 2019

Esperpento

Intentamos  disimular el ridículo espantoso de un candidato a la presidencia del gobierno de España que se presenta en el hemiciclo del Congreso de los Diputados no con los necesarios acuerdos previos para conseguir los votos que aseguren su mayoría -como debería- sino con un plan de fondo muy parecido a un a ver que sale si les asusto lo suficiente a todos; intentamos, ya digo, marear la perdiz con palabras como relato, posverdad -y otros alambicados conceptos de mucha prosopopeya y escaso contenido-  pero no creo que se haya conseguido, creo estos relatos ni siquiera han servido  para distraernos con el cómo de lo accesorio y todos hemos reparado, finalmente, en que ni por un momento hemos podido atisbar el fundamental qué de una solución para la gobernabilidad del país (es inimaginable que ese fuera el Plan A de Pedro Sánchez, si sale con barba San Antón y si no la Purísima Concepción, sin plan alternativo). El relato real es, sencillamente, que los que más se declaran por la estabilidad y la constitucionalidad son los que más lejos están de procurar la primera y hacer que se cumpla lo segundo.
En resumen, aunque Valle Inclán usó con maestría su fundamento teórico, ese que hace declamar a su personaje Max Estrella en Luces de Bohemia: El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada, el mérito último del advenimiento del esperpento como género literario reside en la propia y peculiar idiosincrasia de éste país: no se me ocurre ningún otro -quizá Italia, pero le faltaría el adecuado dramatismo de fondo- que pueda atribuírse ser en sí mismo un gigantesco y perpetuo esperpento, y con una clase política que, constituyendo su quintaesencia es, además, la mejor garantía de su continuidad mediante una continua práctica ejemplificadora; en definitiva,  el mejor ambiente para lograr que la ciudadanía confunda políticos con política y abandone toda esperanza de que vota para elegir representantes que defiendan sus intereses, de que la democracia ayudará a resolver sus problemas y para que, llegados a ese punto de generalizada renuncia y abandono social, sigan mandando y organizándonos la vida los que se han preparado concienzudamente para ello. Como Dios manda (y parece que siempre ha mandado).

jueves, 25 de julio de 2019

El póker, la pesca y el cuento de la lechera.

Reconozco no saber jugar muy bien -ni regular, siquiera- al póker pero el farol siempre me pareció su esencia, por lo que implica de conocimiento psicológico y grado de empatía con el adversario ó adversarios; lo cierto es que una jugada montada sobre una base tan  aleatoria lleva implícito un alto grado de riesgo y puede dar lugar a un gran éxito o a un gran fracaso (su quintaesencia sería el farol inverso, es decir, apostar muy poco teniendo muy buen juego con el objetivo de que el resto de jugadores suban la apuesta o, mejor, se lancen con un farol).
En la negociación para la conformación de un gobierno de izquierdas entre el PSOE y Unidas Podemos -que dejaron de ser secretísimas para convertirse en más que públicas- y suponiendo que los primeros han optado desde un principio por mantener su farol, no queda claro si su propósito final es, precisamente, el fracaso en la conformación de ese gobierno -y la consiguiente convocatoria de nuevas elecciones- con lo cual estaríamos ante una nueva variante de farol: el lanzado con la voluntad de perder la jugada y con el objetivo último de ganar algo más importante con posterioridad; algo así como el cebado en la pesca. En esa estrategia -en la cual, el adorno sería hacer recaer sobre Unidas Podemos la responsabilidad de la falta de acuerdo- el PSOE estaría confiando, supuestamente, en mejorar sus resultados electorales en una futura convocatoria; en el mejor de los casos, en una vuelta a un bipartidismo casi perfecto, que le permitiera ser autosuficiente en la formación de gobierno. 
Si ésta hipótesis es correcta -es la única  que veo plausible a la vista de los hechos, salvo una tremenda incompetencia a la hora de evaluar la situación política por parte del PSOE ó Unidas Podemos- debo decir que finalmente resulta, como todos los faroles, de altísimo riesgo; podríamos decir que de riesgo acumulado (doble) en éste caso: para empezar no creo que por parte del PSOE -ya sea su secretario general o quienes le aconsejan- exista un alto grado de conocimiento psicológico o empatía de con quien están jugando -recordemos como quedaron bastante descolocados cuando Pablo Iglesias se quitó de enmedio frustando uno de los pretextos del PSOE para que el acuerdo no resultara- pero ésto que, en definitiva,  sólo afectaría finalmente al mencionado adorno en un fracaso deseado y programado por parte del PSOE, también visualiza con claridad la debilidad estructural -una general falta de empatía- de una estrategia que tiene mucho de cuento de la lechera y que, finalmente, puede acabar con un PSOE mirando perplejo la leche derramada tras un inesperado batacazo electoral. Y que para los españoles significaría la continuidad de las políticas de estos diez últimos años; lo digo por el grado de gratitud a que el PSOE se haría acreedor por parte de los votantes de izquierda.

miércoles, 24 de julio de 2019

Regalo griego

Timeo Danaos et dona ferentes (Cuidado con los griegos que traen regalos, sería una traducción aceptable), fué la advertencia del troyano Lacoonte a sus compatriotas ante el caballo de madera que los griegos dejaron a las puertas Troya; cada vez coincido más con quienes muestran reticencias a que Unidas Podemos acepte colaborar en un gobierno de coalición con el PSOE, aún en unas condiciones que se ajustaran estrictamente a los números -ya sean votantes o escaños- de uno y otro. No entro ya -y doy por superada- en recordar la fase en la cual el PSOE, viviendo en su particular limbo bipartidista, consideraba que los votos de Unidas Podemos deberían ser suyos y continúe actuando como si realmente fueran votos subsidiarios para su uso discrecional; cuanto antes acepten la muerte del bipartidismo y atiendan a la pura aritmética, antes podrían aceptar la racionalidad como norma en los acuerdos necesarios para la conformación de una mayoría de izquierdas. Pero, una vez superada esa fase -accidental, pero fundamental- vendrían las auténticas dificultades que son tantas y tan variadas que habría que tener mucha valentía y capacidad políticas para afrontarlas y esa, en conjunto, es precisamente la que yo considero la dificultad global fundamental: no veo al PSOE con la suficiente altura de miras, con la suficiente idea de Estado -por mucho que presuman de ello- como para variar su sempiterna capacidad acomodaticia ante los poderes fácticos, su conocida metamorfosis entre lo que promete en la oposición y lo que cumple cuando gobierna; es muy difícil que el PSOE se aviniera a abordar  políticas realmente de izquierdas, abandonando su tradicional postura posibilista y garante de esa centralidad tan usada por ellos durante cuarenta años.
Realmente creo que para el PSOE actual -y eso se deduce claramente de lo visto en el debate de investidura- tendría más sentido una Gran Coalición con el PP que la formación de un Gobierno de izquierdas (con la ventaja añadida de que Rivera sería, por fin, líder de alguna oposición, y pudiera ser que rabajara lo esperpéntico de sus sobreactuaciones); para Unidas Podemos tendría la ventaja de evitar una previsible frustración perpetua al ver de difícil o imposible aplicación políticas sociales y tener finalmente que compartir con el PSOE su indudable lastre histórico al haber aceptado su cuota ministerial como un auténtico regalo griego.
En contra de todo lo expuesto estarían las graves consecuencias derivadas de una evidente falta de respuesta política a las necesidades de millones de españoles que continuarían soportando las políticas conservadoras de los diez últimos años, como hasta ahora (también durante el último año, salvo los ocasionales logros que Unidas Podemos pudo obtener de un reticente PSOE). En esas estamos pero, ya digo, no veo al PSOE con la altura política necesaria para sacar al país de ésta situación: su nivel real es el derivado de muchos años de práctica de la política con minúscula, el de sus capacidades para elaborar regalos griegos con variados envoltorios, que consiguen hacer deseables sin que los obsequiados sepan lo que llevan dentro, como caballos de Troya de variados tamaños y colores. En general vacíos, por cierto.

martes, 23 de julio de 2019

Ahora el 99

Después de las genéricas -e inconcretas- propuestas del candidato a la presidencia del gobierno por el PSOE, Pedro Sánchez, sí tuvo éste buen cuidado de proponer a la Cámara de representantes algo mucho más concreto: un Pacto de Estado para la reforma del artículo 99 de la vigente Constitución; parece que para él no debe haber nada más urgente en el catálogo de urgencias de los españoles: ni el paro, ni la precariedad laboral, ni la corrupción institucional, ni el incierto futuro de la juventud, ni los constantes ataques al sistema de pensiones; los españoles sufren la amenaza de una repetición electoral: ¡intolerable!
He llegado a pensar que los artículos de la Constitución que menos posibilidades  tienen de cumplirse son los más claros y explícitos (el mencionado artículo 99, por ejemplo) y, por contra, los más exitosos son los más ambiguos e inconcretos (el 155, por ejemplo) siguiendo así una tendencia política general respecto a las grandes declaraciones que, por estar vacías de contenido efectivo, siempre pueden defenderse (a muerte, si fuera necesario). Por ejemplo, el Empleo digno, la Revolución digital, la Transición ecológica, el Feminismo, la Justicia Social y más Europa que sin duda alguna son mucho mejores que el Empleo Indigno, la Revolución Analógica, la Transición contaminante, el Machismo, la Injusticia Social, y menos Europa.
El mencionado artículo 99 (así como los integrantes del apartado correspondiente a los derechos y deberes de los ciudadanos, Capítulo II Sección 2ª, artículo 30 y sucesivos) es minucioso y detallado en sus fines y funcionamiento, explictando con toda claridad que para llegar a ser nombrado presidente de gobierno ha de contarse con la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados en una primera vuelta, o bien con la mayoría simple en una segunda vuelta, previendo la posibilidad de la existencia de varias propuestas sucesivas y, finalmente, la disolución de ambas Cámaras  y convocatoria de nuevas elecciones si como resultado de ese procedimiento no se ha llegado a la elección de presidente del Gobierno transcurridos dos meses desde la primera votación. 
Habida cuenta que este sistema ha comenzado a fallar, fundamentalmente por la falta de adecuación del bipartidismo a la nueva situación en la que existen hasta cinco partidos políticos a nivel estatal con representación parlamentaria, Pedro Sánchez propone que el mencionado artículo 99 sea modificado para  que, sencillamente, el candidato del partido con más diputados sea elegido y sancionado por la Cámara como presidente de gobierno aún sin obtener las mayorías previstas para ello actualmente, es decir, obviando la obligación  de los partidos de alcanzar acuerdos programáticos de gobierno entre sí para lograr dichas mayorías; en otras palabras lograr una prolongación efectiva del bipartidismo sin necesidad de que existan dos partidos mayoritarios. A ésto deben referirse con lo de bipartidismo imperfecto, supongo.
Resumiendo, dado que actualmente el grupo parlamentario más numeroso del Congreso de los Diputados es el del PSOE, con 123 diputados, el presidente del gobierno en funciones y aspirante a sucederse a sí mismo en el cargo y en aplicación del refrán que dice la caridad bien entendida empieza por uno mismo, ha visto como prioritario solicitar a los españoles que se le resuelva lo suyo, que, además -para que no digamos que, finalmente, no lo hace por nosostros- evitaría a la ciudadanía el engorro de votar tan asiduamente.  Y luego, ya si eso, él irá viendo el resto del catálogo de urgencias; que todo lo demás él debe considerarlo menos urgente. En todo caso, mientras no sea nombrado presidente del gobierno, tiene las manos atadas, lógicamente: otro motivo más para que nos demos prisa en que lo suyo se arregle. Y otro motivo más para que los ciudadanos seamos conscientes de que estamos trabajando para resolver los problemas de nuestros representantes políticos y no a la inversa, como dicen.

domingo, 21 de julio de 2019

Gramsci como recurso.

Ahora que se han disparado quienes consideran posible un acuerdo final entre el PSOE y Unidas Podemos -arropados por los medios, que parecen considerar ahora que eso vende más- a mí me está costando tener que recurrir a Gramsci y  poner en funcionamiento su recomendación del optimismo de la voluntad como forma de poder superar el pesimismo de la inteligencia, sobre todo porque la primera es cuestión de querer y la segunda de poder; no confío tanto en mi inteligencia.
Y, a pesar de ese soporte anímico -si Gramsci lo aseguraba...- sigo viendo tantos fanstasmas -reales e irreales- intereses -ocultos y evidentes- y finalmente, tengo tan presente esa idiosincrasia política nacional tan poco orientada al imperio de la razón en el ejercicio del poder político que, finalmente, el pesismismo -hasta prescindiendo de la valoración de mi cuestionada inteligencia- me puede: temo que algo ha de ocurrir que finalmente frustre la esperanza de una mayoría social de más de 11 millones de votantes. Y no ayuda la constatación histórica de que esto no haya sucedido en España desde Febrero de 1936 -hace casi un siglo- con el Frente Popular: fácil no deber ser; más recientemente el bipartidismo siempre se basó en que el PSOE -la izquierda nominal- negara el pan y la sal a cualquiera que mantuviera la defensa de una izquierda real.
Ojalá me equivoque y finalmente triunfe la voluntad, que me ha hecho recordar el famoso documental de propaganda nazi dirigido por Leni Riefenstahl; decididamente me embargan los presagios negativos. Y, a ratos, las dudas respecto a la utilidad final de la participación de Unidas Podemos en el gobierno. He tenido que recurrir de nuevo a la voluntad para ver en la adjunta portada de un periódico de entonces, La Voz, que Lerroux -el Alberto Carlos Rivera de entonces- se había quedado sin acta de diputado. Claro que también veo que se había declarado el estado de alarma en toda España...

viernes, 19 de julio de 2019

Casi una democracia imperfecta

La portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, ha explicado que el rechazo de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias no se debe a una cuestión personal, sino a que es el líder de un partido y de que no puede haber dos almas, dos voces distintas dentro de un gobierno. Y ha proseguido: son hechos, no es lo mismo que una declaración la haga una ministra de Vivienda o que la haga un vicepresidente del Gobierno poniendo en cuestión la calidad de la democracia en nuestro país. Fin de la cita. Sinceramente creo que en el PSOE podrían cambiar de portavoz: Lastra lastra. Veamos:
1º) No es personal, son negocios es frase que se atribuye a los mafiosos cuando decidían liquidar a algún oponente, pero en la propia novela de Mario Puzo en la que se basó El Padrino, Michel Corleone, el hijo y heredero del Don, le dice a Tom Hagen, su consigliere: Mira, Tom, no te equivoques. Todo es personal, incluso el más simple y menos importante de los negocios. En la vida de un hombre todo es personal. Hasta eso que llaman negocios es personal. 
2º) No puede haber dos almas, dos voces; exacto, de hecho en un gobierno habrá tantas almas y voces como el número de sus integrantes (incluyendo presidente, vicepresidentes y ministros) pero una sóla voz decisoria: la de su presidente, evidentemente, tal y como queda establecido en la Constitución y en la Ley 50/1997 (El Presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo, sin perjuicio de la competencia y responsabilidad directa de los Ministros en su gestión). Esto es igualmente así en cualquier gobierno de coalición de cualquier país con una democracia avanzada (recomiendo la serie de televisión danesa Borgen como ilustración al respecto).
3º)La calidad de nuestra democracia dependerá mínimamente de las posibles declaraciones de un ministro de Vivienda o de un vicepresidente del Gobierno, de hecho, los parámetros que tiene en cuenta The Economist para establecer su Indice de Democracia (clasificación de la calidad de la democracia en todos los países del mundo) son: 1)Proceso electoral y pluralismo, 2)Funcionamiento del gobierno, 3)Participación política, 4)Cultura política y 5)Derechos civiles; España figura actualmente en el puesto 19 en esa clasificación con una puntuación global de 8,08, muy cerca del final del grupo de países denominados de Democracia Plena (España se sitúa detrás de Malta y antes que Costa Rica, que cierra el grupo), pero sólo a 8 centésimas del grupo de países denominados de Democracia imperfecta. Y estamos en el primer grupo sólo debido a que tenemos buena puntuación en los parámetros 1) y 5); considerando el resto de parámetros (7,47 de media) estaríamos claramente en el segundo grupo, el de los países con Democracia imperfecta (que creo que sería más real). Dado que nuestra puntuación más baja lo es en el parámetro 2)Funcionamiento del Gobierno, con 7,14 (que también es la puntuación más baja en ese parámetro de todos los países del grupo), no es descartable que este parámetro pudiera mejorar con la incorporación al gobierno de vicepresidentes o ministros de Unidas Podemos (no creo que sea necesario establecer comparaciones -que siempre son odiosas, sobre todo para los perjudicados en ellas- entre posibles ministrables del PSOE y de Unidas Podemos).

jueves, 18 de julio de 2019

El intermitente

Supongo que todo el mundo recordará haber oído el chiste sobre los intermitentes de un coche:
-a ver, voy a conectar el intermitente; dígame usted si funcionan las luces...
-ahora sí, ahora no, ahora sí, ahora no...
Resulta que Pedro Sánchez desmintió -a la propia portavoz del grupo parlamentario socialista en el Congreso, Adriana Lastra- hace unos días, asegurando que Pablo Iglesias no le había pedido participar en un hipotético gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos; parece ser que si lo pidiera ahora tampoco podría ser porque no se dan las condiciones para que sea miembro del Gobierno; y, ¿que condiciones son esas?: no se sabe, hasta ahí ha podido leer Pedro Sánchez; parece ser que para Pablo Iglesias no sería suficiente lo establecido en el Real Decreto 707/1979, de 5 de abril, por el que se establece la fórmula de juramento en cargos y funciones públicas y que en su artículo uno dice En el acto de toma de posesión de cargos o funciones públicas en la Administración, quien haya de dar posesión formulará al designado la siguiente pregunta: ¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo ................. con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado y el segundo: Los Vicepesidentes, Ministros y demás miembros del Gobierno prestarán ante el Rey juramento o promesa en la forma establecida en el artículo anterior, refiriéndolo también a la obligación de mantener secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros. ¿Habría que modificar la fórmula y el contenido de ésta norma en el caso de que miembros de Unidas Podemos entraran en el gobierno?.
En todo caso, el problema fundamental que hasta hace poco parecía ser la distinta postura de ambos partidos sobre Cataluña (ahora no), después resulta que el principal escollo para el acuerdo es la inclusión de la persona de Pablo Iglesias, asegurando -sin enrojecer ni un poco- que el 99% de las conversaciones con el líder de Unidas Podemos han girado exclusivamente sobre su presencia en el Gobierno (ahora tampoco), cosa que que había negado explícitamente en ocasiones anteriores (refiriéndose siempre a las conversaciones que mantuvieron entonces, ya que a raíz de la consulta de Unidas Podemos a los inscritos no ha habido otras por la suspensión de las mismas por parte de Pedro Sánchez, que calificó dicha consulta como deslealtad y mascarada). Finalmente (ahora no sé) parece que Pedro Sánchez le pide a Pablo Iglesias que renuncie a entrar en el gobierno y que proponga que entren personas cualificadas de Unidas Podemos; ¿cualificadas cómo y por quién?... también parece (ahora no) que esa cualificación ha de conllevar la certificación de demócrata y de controlador de diputados que él mismo (recordemos que fué defenestrado por el aparato de su propio partido) se encarga de adjudicar y que, lamentabemente, Pablo Iglesias no tiene.
Está bastante claro que el intermitente está fallando y Pedro Sánchez lo reconoce, pero cada vez nos explica que es debido a una causa distinta (no quiero pensar que Pedro Sánchez haya sido tan torpe que no lo haya conectado o que nadie haya comprobado si las bombillas estaban fundidas).
A pesar de todo España Avanza, nos dicen desde el PSOE con ese tipo de falso entusiasmo que nadie se cree. Que pudiera ser que avance, pero hacia la derecha, según indican las flechitas en la foto (para ellos a la izquierda, a la derecha para el resto).

Perpetuando el guiñol

Los responsables de los gobiernos de España entre 1982 y 2004 (sí, 22 años) responsables igualmente de aquellos polvos en cuyos lodos hoy andamos enfangados, han reclamado conjuntamente centralidad para la política española. Lo primero que me ha venido a la mente ha sido aquél acto del guiñol de la Transición que, como genuinos representantes  del bipartidismo, representaron ambos, González y Aznar, allá por 1995 con el ¡váyase señor González! de éste último, acusando al primero de corrupción, cuando a día de hoy el señor Aznar tiene el record absoluto de ministros de sus gobiernos acusados por lo mismo, por corrupción; pero, ¿y lo que disfrutaba entonces el público con el guiñol, suponiendo sangre donde sólo había salsa de tomate? Hoy podemos constatar que  ambos eran personajes de una misma representación, dos caras de la misma moneda -la del bipartidismo en que se basó la sacrosanta Transición del 78- es decir, esencialmente lo mismo el uno (PSOE) y el otro (PP), como hace ya un tiempo muchos descubrieron.
Pues bien, siendo ambos responsables últimos del desastre de país -a todos los niveles- que hoy padecemos, no tienen ningún empacho en recomendar como debe gestionarse políticamente una situación que es claramente producto de la putrefacción de las instituciones del Estado a la que ellos contribuyeron de forma principal. A González el pentapartidismo le parce mal; dos es, según él,  la medida correcta, para que todo quede en casa en una apariencia formal de democracia para permitir que sea posible tener objetivos comunes y buscar los espacios de centralidad en los que hay que entenderse para dedicarse a las cuestiones serias que los países necesitan; Aznar coincide: a falta de centralidad y de objetivos compartidos estamos jugando otros partiditos bastante menos interesantes. Ambos han compartido, igualmente, su preocupación sobre como la falta de estabilidad y centralidad puede acabar afectando a la economía -seguramente estaban pensando en la suya- y, finalmente, han bromeado sobre lo mucho que están de acuerdo ahora en numerosas cuestiones; se deben creer en la obligación de mantener la representación de aquél guiñol que data de los años noventa del siglo pasado, por si alguien, a día de hoy, siguiera creyendo en él; que pudiera ser, la credulidad de la opinión pública se ha demostrado cercana al infinito (convenientemente entontecida por los medios al servicio del establishment).
Pero, sobre todo, que reclamen centralidad aquellos que contribuyeron tan directamente a polarizar la sociedad española entre más ricos y más (muchos más) pobres -todos los indicadores dedicados a medir la creciente desigualdad de la sociedad española lo demuestran- no deja de ser una burla sangrante. Eso es lo que debía hacerles tanta gracia.

martes, 16 de julio de 2019

Hipnosis

Es conocido el efecto hipnótico de la repetición en música; Rossini llegó a repetir hasta seis veces un mismo compás en alguna de sus oberturas de ópera; el crescendo aplicado durante la repetición dejaba al público desmayado de emoción y, probablemente, hipnotizado. Igualmente Pedro Sánchez parece decidido a hipnotizar a los españoles repitiendo que el desacuerdo en la formación de un gobierno de izquierdas entre el PSOE y Unidas Podemos es total y absolutamente responsabilidad de éstos últimos que no le dan lo que desea y, sobre todo, que no se lo dan gratis total
Desmintió, no obstante, la afirmación de la portavoz del grupo parlamentario socialista en el Congreso, Adriana Lastra, que afirmó que Pablo Iglesias había solicitado para sí la vicepresidencia del posible gobierno de coalición, cosa que por otra parte hubiera sido normal como ofrecimiento por parte de Pedro Sánchez, como efectivamente lo fué a Alberto Carlos Rivera en el acuerdo que el PSOE firmó con Ciudadanos en 2016. Pero ha persistido en culpabilizar a Pablo Iglesias como responsable de sabotear las negociaciones y ha tachado de deslealtad y mascarada la consulta de Iglesias a los inscritos de Podemos respecto a los grados y formas de colaboración con el PSOE para la formación de un gobierno de izquierdas. Ya digo, esperará que a base de repetirlo se convierta en realidad en virtud de alguno de los once principios de la propaganda de Goebbels, o bien esperará que, por efecto de la repetición,  los españoles entremos en trance hipnótico que nos haga creer lo que a él le convenga que creamos.
Para empezar, ofrecer una versión parcial de unas conversaciones que por lo que supongo -sería normal que así fuera- no tienen soporte documental al que referirse dada su necesaria confidencialidad, me parece un poco infantil: el promedio de dos opiniones fundamentalmente contrarias sin posibilidad de verificación desde una fuente objetiva y neutral no es la verdad sino la incertidumbre (o, dicho de otro modo,  la certidumbre de que una, otra, o las dos, son falsas). Y en esas estaríamos si Pablo Iglesias dispusiera, como Pedro Sánchez, de medios de comunicación privados expertos en entrevistas-masaje. ¿Quién recuerda los tiempos en los que Pedro Sánchez era para El País un insensato sin escrúpulos, cobarde, sectario, desviado ideológico y mentiroso en un editoral de título tan explícito como Salvar al PSOE (1 de Octubre de 2016) en el que se le reprochaba, precisamente, que se aferrara al argumento populista de convocar a los militantes para atrincherarse en el cargo
Es evidente que Pedro Sánchez se debe haber convertido ya a la religión verdadera, como Pablo de Tarso.

lunes, 15 de julio de 2019

Somos la izquierda

En un mundo en el que la sucesión de noticias -o lo que se hace pasar por tales- hace que olvidemos aquello tan importante que ocurrió hace una semana, en el que la saturación informativa -desinformativa-  propicia calculadamente una memoria de pez para uso del imaginario colectivo, parece conveniente recordar la situación política en la España de hace sólo dos años, concretamente la situación en la que se desenvolvía el PSOE en esas fechas:
Tras su milagrosa resurrección,  consecuencia de ganar unas primarias apenas unos meses después de su defenestración a manos del aparato del PSOE, Pedro Sánchez se propuso como primera medida recuperar los antiguos votantes del PSOE que habían migrado -mejor sería decir que el migrante había sido el PSOE, en su postura de permitir la continuación del gobierno del PP de Rajoy con su abstención mayoritaria- a Podemos; de ahí el lema que eligió para el 39º Congreso federal: Somos la Izquierda.
Es sabido que nuestro idioma distingue perfectamente entre ser y estar, entre lo esencial o permanente y lo accidental o tansitorio; de ahí la rotundidad del mensaje, pero no sólo eso; también era claramente excluyente (implícitamente el mensaje era Somos toda la izquierda); es decir se pretendía transmitir que fuera del PSOE no había izquierda, intentando lanzar a Podemos al limbo de la radicalidad populista antisistema.
En fin, hoy, después de dos años y ante la tesitura de formar un gobierno de izquierdas y sin haber conseguido hundir a la izquierda real  de cuyos votos finalmente depende para hacerlo, Pedro Sánchez recurre a la derecha para garantizarse el gobierno en éste bipartidismo imperfecto y ve todo tipo de dificultades en que Podemos se integre en una coalición para un gobierno de izquierdas, sobre todo -hay razones añadidas en el mismo sentido- porque ello implicaría un gobierno de un izquierdismo tal que molestaría sobremanera al poder económico.
Somos la Izquierda; parece una prueba más de la perversión del lenguaje descrita por Orwell en 1984 o, más sencillo, la confirmación del dicho dime de lo que presumes y te diré de lo que careces; Somos la izquierda que permite la derecha y el Ibex35, sería mucho más real, PSOE.

sábado, 13 de julio de 2019

Mitos

Creo recordar que los militares se refieren a su profesión como a una sucesión de meses de tedio y aburrimiento -la estricta rutina de los deberes diarios y del entrenamiento- salpicados muy ocasionalmente por instantes de terror y estrés -la siempre posible entrada en combate-; al parecer esto es así desde los tiempos de los griegos de la Ilíada; se aburrían troyanos y aqueos en las largas esperas entre combate y combate, unos junto a las naves, los otros tras las murallas de Ilión, incluso se describe a Aquiles como presa del gran aburrimiento cuando se encerró en su tienda negándose a combatir, debido a la ofensa de Agamenón. Quiero decir con ésto que aunque de los militares tenemos la imagen de alguien corriendo y disparando al asalto de una posición enemiga, quizá más real sea la de alguien haciéndose la cama o rellenando con paciencia un petate.
Igualmente, de Pedro Sánchez puede ser que tengamos que continuar oyendo de sus penurias de resucitado -tras ser apuñalado con verdadera saña por el aparato de su propio partido, el PSOE, en octubre de 2016 (seguramente para conmemorar el centenario de la huelga general de 1916)- yéndose de campaña por toda España con su propio coche para volver a su puesto de secretario general del PSOE algo menos de un año después de su NO es NO a Rajoy, y después también de unas primarias disputadas a Susana Díaz y con Patxi López como árbitro; en todo caso, la imagen real del Pedro Sánchez de hoy seguramente tiene muy poco que ver con aquella que nos desveló una famosa entrevista con Jordi Evole unos meses antes de su resurrección, donde reconocía explícitamente: me equivoqué al tachar a Podemos de populistas, el PSOE tiene que trabajar codo con codo con Podemos y reconocía igualmente la existencia de los embates de los poderes económicos que a través de los medios han intentado influir en mi decisión e impedir un entendimiento con Iglesias.
Está clarísimo que Pedro Sánchez aprendió la lección -para siempre jamás- y que ello ya no le permitirá ninguna licencia ni un distraído verso suelto fuera del guión establecido por quien realmente marca el rumbo político del país. Los poderes económicos, los medios, Podemos, todos son los mismos que hace dos años; Pedro Sánchez no. No es que entonces él representara la octava maravilla de la socialdemocracia, pero no creo que hoy pudiera decir, como entonces: lo importante es la ética y poder mirarte al espejo. Cuando vas por la calle, no tener que agachar la cabeza, ni la mirada tampoco ante tus votantes. Deben ser  los costes del poder que le ha ofrecido el mefistofélico Iván Redondo.

¿Deslealtad?

He llamado a @Pablo_Iglesias para negociar primero el programa y, después, la composición del Gobierno. Debemos hablar de contenidos y conocer el grado de consenso. Lamentablemente, ha rechazado la propuesta. Seguiremos intentándolo. Es un tuit del presidente de gobierno en funciones, Pedro Sánchez.
Respecto a las dos primeras frases puede observarse que, pretendiendo ser una negociación, Pedro Sánchez, establece qué y cómo negociar, respecto al las dos últimas, se trata de una clara manipulación a la que cabría aplicar la conocida frase -atribuída, entre otros, a Abraham Lincoln- Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Con posterioridad, y respecto a la consulta que Podemos ha planteado a los inscritos respecto a la posibilidad de un acuerdo entre Unidas Podemos y el PSOE, desde el entorno próximo a Pedro Sánchez se asegura que el presidente del Gobierno en funciones considera una deslealtad una consulta tan manipulada a favor del Ejecutivo de coalición o nada.  De nuevo, de aplicación -a ese entorno- la frase anterior sobre lo intenso y/o extenso del engaño pero, además, ¿cree el señor Sánchez que Pablo Iglesias debe ser leal antes a su persona que a las bases de Podemos?; aún no está firmado ese acuerdo -ni parece que vaya a estarlo en un futuro próximo- ¿y ya se siente el señor Sánchez con derecho a solicitar adhesiones inquebrantables?

miércoles, 10 de julio de 2019

Aprendiendo a leer (y a contar)

En cualquier deporte de competición se valora cada vez más la componente psicológica y también la habilidad que ha venido en denominarse leer -la situación, el partido, etc.-; es decir analizar las componentes estratégicas de esa competición en cada instante, de forma que sea más fácil aportar las fortalezas individuales propias para alcanzar la victoria.
Ambas se dan por supuestas también para los políticos -partidos y personas- que, de hecho, cuentan con gabinetes especializados en ambas disciplinas, nutridos ampliamente de psicólogos, sociólogos, politólogos y otros ólogos asimilados.
¿Porqué, entonces, transcurridos más de dos meses desde las últimas elecciones generales los partidos políticos parecen incapaces de algo tan simple como traducir escaños parlamentarios en coaliciones de gobierno (dado que parece que las fórmulas del bipartidismo ya no son de aplicación) y de leer la situación política del país en el instante actual?
Todas las respuestas que se me ocurren a la pregunta son descorazonadoras:
1ª) En realidad, la democracia, el voto, las elecciones, son meras figuras de distracción, un guiñol para adultos; el poder real para la elección de gobierno(s) no está en manos del del votante sino en las del poder económico; tardamos -están tardando- tanto en llegar a la solución porque los mecanismos estaban pensados para otras circunstancias (bipartidismo) y no se muestran muy flexibles en su adecuación a las circunstancias presentes (polipartidismo) que, por otra parte, son las habituales en una democracia avanzada (una prueba más de que la nuestra no lo es).
2ª) Los partidos no son, como pretenden teóricamente, aparatos de traducción de la democracia popular, antes bien son instituciones dedicadas a proporcionar un medio de vida y sustento a personas generalmente -siempre hay excepciones- incapaces de ganarse la vida de otra forma que no sea brujuleando, trapicheando y prometiendo lo que evidentemente son incapaces de llevar a la práctica; los partidos son los vendedores de una especie de ilusión colectiva, como la lotería. 
3ª) En función de la anterior -y quiero creer que también con excepciones- la prioridad de un partido es su supervicencia y posible crecimiento a costa de los demás partidos: se trata de una batalla por el puesto, por el cargo, por el control en la adjudicación de recursos (y el correspondiente porcentaje a incautar), por la mamandurria de turno; en ese sistema lo último a tener en cuenta es la defensa los intereses de la  mayoría ciudadana, como también  pretenden teóricamente.
4ª)...seguro que la hay -y más- pero no tengo tanto corazón: ya advertía Willy de Ville de los peligros de tener demasiado.. 
Comprendo que este desahogo no hará mucho proselitismo para nuestro sistema político y democrático, pero es que no estoy dispuesto, además, a ser un ciego de la peor especie...el que no quiere ver. La responsabilidad de la poca credibilidad del sistema creo que es de otros, seguramente mía no.

lunes, 8 de julio de 2019

Promesas, acuerdos....contratos

Hace años tuve la suerte de asistir a un curso de gestión de recursos humanos impartido por Pedro Maestre y puedo decir que fué uno de los más útiles y que mejor recuerdo me dejó; de utilidad no sólo en el trabajo diario, sino también en mi vida personal. Vaya desde aquí mi recuerdo y agradecimiento  a quien -lamentablente fallecido- fué capaz de transmitirme tales conocimientos prácticos con notable habilidad puesto que hoy, veinte años después, aún los tengo muy presentes. Recuerdo su reticencia sobre los modos de actuar de los políticos, en general, y sobre sus promesas -electorales o no- en particular. Sobre éstas últimas proponía aplicar un par de reglas muy sencillas para saber si tenían algún contenido mínimamente sólido y real:
 
1ª) Si lo contrario a lo prometido es evidentemente rechazable y negativo, en realidad no se está prometiendo nada.
 
2ª) Si no se concreta, pondera y cuantifica; es decir si no se especifica cómo, dónde, cuando y cuanto (su dotación presupuestaria) tampoco la promesa tiene contenido real.
 
Veamos el texto del ACUERDO DE GOBIERNO PARA LA COMUNIDAD DE MADRID 2019-2023 suscrito por el PP y Ciudadanos (sólo los dos primeros puntos, por no hacerlo farragoso, aunque cualquiera de los 155 puntos del acuerdo podrían servir de ejemplo):
El presente acuerdo suscrito entre el Grupo Parlamentario Popular y el Grupo Parlamentario de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid contiene los siguientes compromisos y medidas de gobierno para la XI Legislatura:   
Sanidad pública de calidad  
1. Garantizaremos que la Sanidad pública madrileña siga siendo gratuita, cumpliendo con criterios de máxima calidad, de vanguardia y tecnificada pero sin dejar de mantener su cercanía, para que la asistencia sanitaria se adapte cada vez más a las necesidades de los pacientes y de sus familias. Igualmente, seguiremos garantizando la libertad de elección de los pacientes madrileños del Hospital, Centro Sanitario y profesional sanitario.   
2. Modernizaremos y reorientaremos la Atención Primaria madrileña para ofrecer unos servicios más accesibles y orientados a los ciudadanos, con mayor tiempo de atención al
paciente, con el reconocimiento e implicación de todos los profesionales que la hacen posible.   
Adicionalmente, reduciremos las tareas burocráticas para el personal sanitario, mejoraremos las instalaciones y aumentaremos las ratios de médicos y enfermeros en los centros de salud más saturados.

En aplicación de la primera regla antes mecionada, ¿alguien imagina un texto como el siguiente?:

 Sanidad pública sin calidad 
1. No garantizaremos que la Sanidad pública madrileña siga siendo gratuita, ni cumpliendo con criterios de máxima calidad, de vanguardia y tecnificada pero sin mantener su cercanía, para que la asistencia sanitaria se adapte cada vez menos a las necesidades de los pacientes y de sus familias. Igualmente, seguiremos sin garantizar la libertad de elección de los pacientes madrileños del Hospital, Centro Sanitario y profesional sanitario. 
2. No modernizaremos ni reorientaremos la Atención Primaria madrileña para ofrecer unos servicios más accesibles y orientados a los ciudadanos, con mayor tiempo de atención al paciente, sin el reconocimiento e implicación de todos los profesionales que la hacen posible.
Adicionalmente, ampliaremos  las tareas burocráticas para el personal sanitario, empeoraremos las instalaciones y dismimuiremos las ratios de médicos y enfermeros en los centros de salud más saturados.

Demencial ¿no?; efectivamente, luego podemos concluir que se está prometiendo humo (o algo que ya existe), gastando buenas palabras en vano.  Igualmente en ninguno de los 155 -qué querencia por el número, que ni siquiera es primo- puntos del acuerdo se concreta la cuantificación de las mejoras -toda una declaración de buenas intenciones- ni cuando, ni cómo ni con cargo a qué presupuesto se llevarían a cabo las actuaciones políticas propuestas.
Y de hacerlo sería igualmente papel mojado en tanto no se tratara de un contrato bilateral vinculante entre los firmantes del acuerdo (los que prometen) y aquellos a quiene se les promete (los madrileños, en este caso).