sábado, 30 de junio de 2018

El destapado

Ni tapado ni comparsa, Pablo Casado parece que está logrando que los demás -él mismo siempre habrá estado convencido- tomen en serio su candidatura  a la presidencia del PP. No sería la primera vez -recordemos la serie británica Sí, Primer Ministro, secuela de Sí, Ministro- que mediante el consenso y el equilibrio entre dos facciones, llega al poder alguien que ambas consideran provisional, manejable y sustituíble por evidente falta de capacidad de liderazgo; luego hacer efectiva esa sustitución no resulta tan sencillo: el poder, simplemente  el poder, dota a incapaces manifiestos de una insospechada solidez y resistencia (y creo que no sería preciso recurrir como ejemplo a recodar la figura del último presidente del PP). En ese sentido, está aprovechando una oportunidad quizá irrepetible: que las dos pesas pesadas del PP, Saéz de Santamaría y Cospedal, anden disputándose el momio mientras él, de tercero, se lo apropia (con perdón, algo parecido a lo que ocurre entre leones y hienas disputándose la comida).
Así pues, que Pablo Casado, en el más puro estilo poligonero, reivindique tras esa sonrisa Profidén sus 5.000 avales grabados en oro sobre  una camiseta de la selección española de fútbol, supongo que significa que va sintiendo ya ese zumbido en los oídos propio de quienes se acercan a la cumbre. Y yo diría que, vistas las cifras oficiales de participación en las primarias de los militantes del PP, esos 5.000 avales -reunidos así, en ese número tan redondo,  visto y no visto- de ser ciertos, han cogido a contrapié a todos sus  adversarios en la carrera hacia la cima del PP.
Pero, sobre todo,  lo que espanta -a mí, al menos- es que éste Albert Rivera 2.0 -si cabe más voraz y con menos escrúpulos y carente de toda ideología que no esté encaminada a situarse él mismo- tenga posibilidades reales de llegar a presidir el partido que actualmente cuenta con más diputados en el Congreso, aunque las alternativas no me entusiasmen en modo alguno; ni siquiera el renovador, reunidor y cohesionador Joserra, o el bisnieto del general García y Margallo que ha declarado ser una especie de Donald Trump, pero en demócrata, además de hermano separado de Mariano Rajoy (una mezcla explosiva). Y lo que espanta aún más es deducir de todo ello el nivel político de este país.

jueves, 28 de junio de 2018

Deutschland über alles

No es que me alegre de la debacle de la selección alemana de fútbol ante la de Corea del Sur -algunos podrán suponer, pese a todo, que no soy muy sincero- pero es sabido que, a priori,  los débiles despiertan más simpatía que los poderosos en cualquier contienda a la que seamos lo suficientemente ajenos; el síndrome de David y Goliat, al que seguramente no soy insensible.
Por más que todos conozcamos la sentencia de Gary Lineker: El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania, es ésta una frase que lleva implícita en sí misma su refutación al recordar que son un número igual en cada bando: once; el historial no juega, pero parece que termina  condenando a los países que lo tienen brillante a jugar con el hándicap de mantener un nombre, un prestigio.
Corea presentó ante Alemania un juego poco creativo, de técnica bastante limitada aunque de mucha entrega física -a ratos- pero la tradicional potencia alemana brilló siempre por su ausencia, por más que este partido contra Corea era su ocasión para reivindicarse, ya que venían de sendos partidos contra México (derrota) y contra Suecia (victoria inmerecida) que anunciaban una evidente impotencia de la locomotora alemana: sin conductor y sin vapor.
Como muestra y resumen del partido, la comparación de ambos guardametas; el alemán, heredero de cierta prepotencia teutona, se lanzó a jugar a pocos minutos del final fuera de la portería  para intentar  revertir un resultado que ya tenía todo el aspecto de irreversible -algo parecido a un miembro de las juventudes hitlerianas armado con un Panzefaust contra los tanques soviéticos en Berlín en 1945- y cometiendo un error que llevó al 2-0 en contra y, enfrente, el guardameta coreano, ágil, preciso, eficaz, siempre bien situado en las ocasiones en que los jugadores alemanes atacaron su portería; uno de los mejores de su equipo, sin duda.
No es casualidad que por tercera edición consecutiva en un Mundial de fútbol, el campeón vigente caiga en la fase inicial: no hay nada inmutable. Si queremos mantener lo ingenioso de la sentencia Lineker, habría que ponerla doblemente al día desde un punto de vista crítico:  El fútbol es un deporte que dicen que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre ganaba Alemania. Y es que mantener siempre a Alemania sobre todo, debe ser bastante agobiante (los inconvenientes de tener un himno nacional con letra).

martes, 19 de junio de 2018

El desencanto

Existen pocas cosas en éste mundo que considere ciertas de forma indiscutible, y menos aún verdades teleológicas (la verdadera finalidad o propósito de la existencia de algo); desde luego la política -o, mejor dicho, los políticos- no forma parte de ellas. Por decirlo de otra manera, la política -por mejor decir, de nuevo, los políticos- está tan lejos de lo ideal -en cualquier sentido- que para mí, aún sin haber pretendido nunca que vivir de ello como los políticos profesionales al uso -o quizá precisamente por ello- creo que me hubiera resultado insoportable la constatación diaria de la distancia existente entre lo necesario y lo posible, entre lo que se debería hacer y lo que se puede hacer; incluso siendo un profesional de la intermediación entre el ciudadano y el Estado, entre el individuo y el poder. Y no voy a entrar ni siquiera en si los políticos profesionales tienen realmente éstos objetivos en mente o son meros mandados de ciertos poderes fácticos.
Viene todo este exordio a cuento de que, aún sin llevar quince días en funciones el nuevo gobierno y ser tan bajas las expectativas existentes gracias a las políticas profundamente regresivas del anterior, -y también pese a mi mencionado escepticismo general- ya comienzo a vislumbrarme en un estado anímico que me -o nos, si hablamos de los de más de 60- es bastante conocido, El desencanto. Es lo que tiene haber superado cierta edad, que se ha ido practicando toda una vida de desencanto en desencanto; por algo la palabra encantado tiene bastantes acepciones y sinónimos (embrujado, hechizado, afortunado, alborozado, alegre, complacido, jubiloso, gustoso, placentero, etc.), pero un sólo antónimo aceptado: desencantado (desilusionado quizá también, la ilusión y el encanto van de la mano, todo es magia); algo que sólo con el tiempo se adquiere de forma permanente.
Veamos un ejemplo; hay más pero la esencia es en todos ellos muy semejante:
Aunque el presidente del gobierno diagnosticó bien uno de los problemas existentes en éste país desde hace tres cuartos de siglo cuando dijo, en referencia a las víctimas del franquismo y las excusas esgrimidas por la derecha para no abordar seriamente este lastre de nuestra historia que primero se dijo era demasiado pronto y luego que era demasiado tarde (al principio se dijo que las heridas estaban demasiado frescas; cuando pasaron los años se dijo que no merecía la pena remover una historia olvidada), o que ignorando un pasado incómodo no se pude construir un futuro confortable, resulta que ahora, desde el gobierno, todo parece reducirse a si sacar los restos del dictador del Valle de los Caídos o qué destino dar a tan funesto monumento. Yo creo que continúa siendo lo más urgente y también lo más importante -por si hubiera dudas entre lo uno o lo otro- que el Estado asuma sobre sí como propias -y no sólo por atender la recomendación de organismos internacionales, sino por convencimiento- las tareas de la exhumación, identificación y entrega a los familiares que así lo deseen de los restos de los más de cien mil españoles que continúan a día de hoy y desde hace décadas -cuatro de ellas de supuesta libertad y supuesta democracia- mal enterrados en cunetas, fosas comunes o al pie de tapias de cementerios. Lo de la exhumación de los restos de Franco y el destino del Valle de los Caídos, después (o a la vez, si existe superposición con las tareas mencionadas). Es justicia debida.
No me gustaría ser agorero ni contagiar a nadie mi  bien instalado escepticismo ni mi desencantamiento, pero observo parecidos síntomas en otros temas necesitados de radical reorientación política, tales como la reforma -o reformas- laboral, la política española y europea de inmigración, la denominada Ley Mordaza, las inexistentes políticas en cuanto a la juventud, la educación, la energía, etc. Sí, bastantes gestos, pero poco contenido, mucho ruido y pocas nueces. Y si el presente gobierno tiene intención de excusar su hipotética impotencia en ser un gobierno en minoría creo que habría llegado el momento de reconocer que habíamos conseguido, de nuevo, hacer un pan como unas hostias: cierto que primero  hay que parar el tren, pero eso no basta, hay que llevarlo en la dirección contraria o se despeñará.

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P.S.:Sólo hace dos años, pero con una situación política aparentemente muy distinta, en éste país ya habíamos catado otro desencanto parecido. Estas periódicas prácticas no buscadas te acaban convirtiendo en desencantado experto.

martes, 12 de junio de 2018

Gestos

Hace unos días, en el acto de toma de posesión del cargo del presidente del gobierno y de los distintos Ministerios, se recalcó en los medios, como gesto indicativo, la ausencia de la simbología religiosa habitual (el crucifijo y la Biblia) en éstos actos: algunos (puede que yo mismo) se han venido arriba y han deducido de este gesto que estamos, por fin, entrando en el siglo XX (sí, XX, no XXI) y haciendo realidad, al menos,  lo que dice el artículo 16 de la vigente Constitución Española cuando establece el principio de la aconfesionalidad -que no laicidad- del Estado al declarar que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Lo que también excluye, naturalmente, a la Iglesia católica.
Y es que en éste país somos mucho de gestos -hace tres cuartos de siglo, Felipe Alfau ya escribía: España, una tierra en la que ni el pensamiento ni la palabra, sino la acción con un sentido -el gesto- se ha convertido en la especialidad nacional- pero una cosa son los gestos y su valor simbólico y otra cosa son las propias leyes (normas de obligado cumplimiento, hay que recordar); veamos parte del texto de la Resolución de 11 de Febrero de 2015 (publicada en el BOE del 24 de Febrero de 2015) del Ministerio de Educación, donde se explicita el currículo de la enseñanza de la Religión Católica de la Educación Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria (entre 6 y 16 años):
Dios se manifiesta al hombre y lo hace en una historia concreta, con personajes y situaciones que el alumnado debe conocer y que contribuirán a su comprensión del mundo. Dicha revelación culmina en Jesucristo y el mensaje evangélico, centro del tercer bloque del currículo y eje vertebrador de la asignatura. Por último, se estudia la Iglesia como manifestación de la presencia continuada de Jesucristo en la historia.
Se nos aclara, eso sí,  que  lejos de una finalidad catequética o de adoctrinamiento, la enseñanza de la religión católica ilustra a los estudiantes sobre la identidad del cristianismo y la vida cristiana. Aunque, previamente, se haya manifestado también que todos aquellos que no compartan esa identidad cristiana lo más probable es que, para empezar,  sean unos desagradecidos, indignos, pecadores, infelices, limitados y malignos, porque la realidad en cuanto tal es signo de Dios, habla de Su existencia. La iniciativa creadora de Dios tiene una finalidad: establecer una relación de amistad con el hombre. Es decir, Dios ha creado al ser humano para que sea feliz en relación con Él. Los relatos bíblicos de la Creación y el Paraíso ejemplifican bellamente la finalidad de la creación de la persona y del mundo entero para su servicio. De su origen creatural y de su llamada a participar en la amistad con Dios surge su dignidad inviolable. No obstante, el ser humano pretende apropiarse del don de Dios prescindiendo de Él. En esto consiste el pecado. Este rechazo de Dios tiene como consecuencia en el ser humano la imposibilidad de ser feliz. Dado que su naturaleza está hecha para el bien, su experiencia de mal y de límite le hace añorar la plenitud que él no puede darse por sí mismo y busca de algún modo restablecer la relación con Dios. Esta necesidad del bien, el deseo de Infinito que caracteriza al ser humano se expresa en las religiones como búsqueda del Misterio.
No he hecho más que reproducir -literalmente, mayúsculas incluídas- parte del texto de la mencionada Resolución que puede consultarse en el BOE; ¿qué? ¿queda o no recorrido para hacer efectiva la aconfesionalidad del Estado que sanciona la Constitución -mucho antes del artículo 155- y para entrar realmente en el siglo XX?

viernes, 8 de junio de 2018

Recuperando el alma

Parecerá algo exagerado si digo que he recuperado mi alma -una parte, al menos, de lo que yo entiendo por alma, mi alma civil- ante la noticia de que Soledad Gallego-Díaz ha sido nombrada directora de El País, con el refrendo mayoritario de la redacción de ese medio. Hacía ya tiempo que la deriva mercantilista y complaciente hasta la naúsea -de otros- con los poderes fácticos  promovida por Juan Luis Cebrián había ido desgastando el prestigio de uno de los medios de referencia en éste país desde su fundación en 1.976. Esa deriva se había acentuado de forma cercana a lo escandaloso -y a lo esperpéntico-  con su anterior director, el señor Caño, que no tuvo el menor reparo en asumir la responsabilidad de editoriales tales como éste, dedicados a promover la defenestración de Pedro Sánchez. El prestigio es algo que tarda años en adquirirse pero puede perderse en un momento y momentos como el mencionado editorial abundaron en los últimos años de El País.
Explicaré un poco mi posible exageración inicial diciendo que en el origen de éste blog (Epistolario Contingente, del que otro día podría también explicar el porqué de un título tan aparentemente rebuscado, aunque creo que quedará claro, al menos, el porqué de Epistolario) tuvo bastante responsabilidad, precisamente, el diario El País: hubo una época en la que dirigí numerosas Cartas al Director de ese medio de las que fueron publicadas algunas (en varias de las entradas de éste blog he adjuntado el enlace a la publicación en El País, si se produjo); con el abundante resto de las ya redactadas y enviadas pero no publicadas y que quería conservar de alguna manera (aunque creo no padecer el síndrome del acaparador compulsivo soy poco de tirar cosas, sobre todo las que me han costado algún esfuerzo; sí soy bastante vago) se me ocurrió la creación del presente blog; hace ya bastante tiempo que no enviaba ninguna carta a El País.
En resumen, desde aquí mi felicitación a la nueva directora de El País que espero que -dentro de las evidentes limitaciones que implican la dependencia de cualquier gran medio de los poderes económicos y financieros- continúe en su conocida línea de objetividad y profesionalidad. Nos hace realmente falta.

Las formas

Sorprendió generalmente una de las últimas manifestaciones del anterior ministro de Justicia, Rafael Catalá, sobre el juez que discrepaba en considerar como violación la del juicio sobre  La Manada, no tanto por la valoración que a cada uno puedan merecer las opiniones de ese juez, sino por el hecho de que el propio ministro de Justicia se subiera a la cresta de la ola de la opinión pública y mediática, vertiendo veladas acusaciones sobre la capacidad y singularidad del mismo. Y digo que sorpendió generalmente porque se salía de ese perfil gris y de poca personalidad propios de los ministros que M. Rajoy tenía por costumbre designar para diluir su propia inusustancialidad; pero yo tenía alguna referencia de primera mano sobre las actuaciones del señor Catalá durante los inicios de su carrera administrativa como Subdirector General de Ordenación y Política de Recursos Humanos en el Ministerio de Sanidad (1988-92) que podrían explicar esa mirada alternativamente huidiza y escrutadora -más que mirar, escanea- que muestra habitualmente el personaje y que denota una conciencia no muy limpia y la voluntad propia de las personas de recursos limitados que pretenden compensar con una disposición a hacer  lo que sea para obtener alguna ventaja o beneficio para sí mismo; quizá esa mirada de -mal- jugador de póquer sea  herencia de su época como Secretario General y Secretario de su Consejo de Administración de CODERE, una de las empresas españolas más importantes del sector del juego y apuestas.
En todo caso, sus constantes injerencias -siempre desmentidas por él sin aparente rubor- a la independencia judicial han hecho de la supuesta separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial un puro guiñol y ha logrado sucesivas protestas de las Asociaciones de Jueces y de Fiscales, letrados de la Administración de Justicia, Colegios de Abogados, etc. También tiene el dudoso honor de ser uno de los cinco ministros de los gobiernos de M. Rajoy reprobados por el Congreso de los Diputados (doble, ya que fué el primero).
Para concluir su carrera, ha optado por la fea singularidad de ser el único ministro que no ha estado  presente en la toma de posesión de su sucesora en el cargo como de ministra de Justicia, Dolores Delgado, ¿el motivo? asistir al acto de jura de letrados e imposición de medallas a los letrados con más de 25 años de ejercicio en Cuenca (por cierto, entre éstos últimos estaba José Ángel Cañas, imputado por la Audiencia Nacional por una presunta mordida de 200.000 euros según figura en los papeles de Bárcenas, como gerente del PP en Castilla-La Mancha).
Revelador que un ministro de Justicia -y por tanto, notario mayor del Reino- no alcance ni a guardar las formas, aunque ya lo dijo Phillips Brooks (obispo y predicador espiscopaliano estadounidense): La grandeza de una persona se puede manifestar en los grandes momentos, pero se forma en los instantes cotidianos, y más llano: de donde no hay no se puede sacar.

martes, 5 de junio de 2018

El orden

Hay ocasiones en las que el orden no importa (para sumar y multiplicar, por ejemplo), pero hay otras en que sí. En una entrada reciente de este blog me refería a las prioridades de M. Rajoy al explicarse -y explicarnos- los casos de corrupción que afectan a su partido; hoy, ante la directiva del PP, y durante la ceremonia en que ha comunicado su renuncia a la presidencia del partido, ha confirmado que no le entendimos mal: El PP debe seguir avanzando bajo el liderazgo de otra persona; es lo mejor para mí y para el PP. Es lo mejor para el PP y para mí. Y creo que también para España. Y lo demás no importa nada. Parece que en esta ocasión el orden sí importa; la prueba es que en las frases anteriores (conviene ver y oír el video) el propio señor Rajoy se autorectifica y finalmente coloca al PP antes incluso que a él mismo (aunque, de forma simultánea, su famoso ojo con vida propia hace de las suyas); eso sí, España al final, con no mucha seguridad y de forma accesoria, deduzco. Notable en alguien que presume de español y mucho español. Finalmente, todo lo demás que, claro, ya no importa nada. Por si alguien no se había percatado.
No se ha ido, lo hemos echado, ese fue el grito con el cual muchos españoles celebraron la salida de Alfonso XIII de España en 1.931; decididamente, no inventamos casi nada.

Un siglo

Es cierto que éste país lleva una hora de adelanto (en verano dos) sobre la que le corresponde a su posición geográfica, pero, a cambio, vamos con un siglo de retraso (en su posición histórica):
El presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco el general de división retirado Juan Chicharro Ortega -de conocida trayectoria antidemocrática y exayudante del rey Juan Carlos I- afirma que el recién llegado a la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, va a iniciar acciones para materializar la tarea emprendida hasta ahora de borrar todo vestigio de la España nacional, incluyendo actuar contra el Valle de los Caídos, contra la Fundación Nacional Francisco Franco y contra todo lo que recuerde a la España que surgió victoriosa de la contienda civil de hace 80 años y que propició bajo la égida del Generalísimo la mayor transformación social de la historia incluyendo a la propia Monarquía que recuerda que fué instaurada -no restaurada- por el propio Franco. Sería la primera vez que un gobierno del PSOE en éstos últimos cuarenta años realizara algo semejante,  respondiendo, según el general Chicharro, a los deseos de una España donde movimientos de carácter marxista aspiran al asalto al poder y destruir lo que tanto costó conseguir y sustituirlo por una dictadura –la suya– al más puro estilo bolivariano. Nada menos.
En ésta misma España, que sea noticia que ese mismo presidente del Gobierno prometa su cargo sin cruz ni Biblia, demostrando poco sentido cristiano del cumplimiento del deber -como los españoles que en este patio desestructurado aún mantienen viva la llama del amor a la Patria, el culto al honor, el espíritu de sacrificio, según el general Chicharro- o que también sea noticia que hable inglés para entenderse con un mandatario extranjero indica, ya digo, que en éste país estamos saliendo del siglo XIX y entrando en el XX.

domingo, 3 de junio de 2018

Argumentum ad crumenam

Vaya por delante que, ante la palabra experto, automáticamente, algo dentro de mí se pone en guardia; son numerosos los tertulianos expertos en casi todo -seguramente ellos quitarían el casi y yo el todo- y que tienen siempre opinión formada sobre cualquier tema. Comprendo que haya personas que bien por profesión, por afición o por devoción comprendan más profundamente que otras -y que yo, naturalmente- cualquier tema, pero no es habitual que estas personas sean solicitadas por los medios para dar publicidad a sus fundamentadas opiniones; los medios son más de recolectar instantáneas de opinadores todoterreno que rápidamente nos dan las claves -eso nos hacen creer-  de lo que sea y nos convierten, a su vez, en expertos sobrevenidos, si es que ya no lo éramos (es conocido que la mayoría de los españoles tenemos cualidades innatas para la ciencia infusa); los medios no suelen gastar ni el tiempo ni los recursos necesarios para profundizar en complejidades que quiten brillantez a la síntesis periodística y que parezan pesados y/o pedantes al ciudadano común.
Concretamente, los medios suelen recurrir a figuras populares (actores, deportistas, profesionales de éxito, etc.) para que opinen de cualquier tema ajeno a sus méritos o habilidades personales en el supuesto -confirmado de forma habitual- de que, con ese envoltorio,  convertirán esa información de poco valor intrínseco en mercancía vendible (para quien lo no sepa, ésta variante concreta de falacia lleva ya inventada mucho tiempo y hasta tiene donominación en latín: argumentum ad crumenam); se utiliza mucho en diversas actividades, y, cómo no, lo utilizan frecuentemente los partidos políticos, que fichan -temporalmente  o mediante un carguito- a figuras con eco mediático como una forma más de propaganda.
Como ejemplo de todo éste preámbulo, las declaraciones de Rafael Nadal sobre la actual situación política y algún comentario sobre ellas:
Tengo mi opinión, pero estamos en momentos complicados para dar según qué opiniones, porque cualquier opinión se toma mal para los dos lados, o para todos los lados, que ya hay muchos... Es difícil. (Pero no imposible, todos sabemos que a Nadal le van los retos, como puede comprobarse a continuación).
No creo que esta situación sea buena para nadie, en general. Cuando ocurren tantas cosas, tantos cambios, tantos problemas: ahora Cataluña, ahora cambio de gobierno, ahora… Pues qué pasa, que al final la confianza del ciudadano y de lo que vendemos como país, o de lo que el resto del mundo pueda percibir de nosotros, probablemente no sea la mejor ...Si me preguntas si me gusta todo lo que ha ocurrido, pues no. No me refiero a si me gusta que se cambie el Gobierno o no… No sé de qué manera van a poder gobernar los que entran; no sé con qué mayoría van a gobernar, o qué cosas se pueden hacer o no hacer... No sé, son situaciones o momentos complicados que vivimos en nuestro país, que hay que dejar pasar. (Parece que opina que la situación es mala, demasiados cambios, cosas y problemas que afectan a nuestra imagen como país ante el ciudadano y ante el mundo; aún así no sabe si le gustan o no los cambios, no sabe que cosas son o no posibles, no sabe si se puede gobernar sin mayoría...que, para ser opinante, declara no saber sobre bastantes asuntos (o cosas), pero tiene claro, como conclusión, que hay que dejar que esta situación pase. Y pasará, seguro, es inevitable).
A mi modo de entender, y no quiero ser imprudente, lo mejor sería votar, o a mí me gustaría votar. Entiendo que con todas las cosas que han ocurrido en estos dos últimos años, que no son pocas, creo que al ciudadano le gustaría votar otra vez porque a día de hoy no creo que nadie que pueda gobernar, que los ciudadanos nos podamos sentir totalmente representados porque hay demasiados, demasiados pactos y al final nuestro voto queda de una manera que no nos sentimos del todo cómodos por lo que está ocurriendo. No creo que sea solo un sentir solo personal, sino que también puede ser un sentir general. (No sé si habrá conseguido evitar la imprudencia, sobre todo deduciendo de su acuciante deseo de votar, que votar sería lo mejor para todos los ciudadanos -simpaticen o no con el partido político de ese nombre, supongo- pero sí ha dejado claro que no le gustan los usos parlamentarios que permiten que su voto sea utilizado y/o traducido en pactos, parece que ésto le incomoda casi tanto como los calzoncillos que persisten en desaparecer en la hucha; he creído entender que propugna la democracia directa no sólo para él, para todos).
En fin, que ya estoy impaciente esperando el día en que los medios recojan la opinión de Rafael Nadal sobre jardinería o cocina.
¡Ah!, para los interesados en la opinión de famosos, Belén Esteban también se ha lanzado, y coincide bastante con Rafael Nadal... nada, que va a haber que convocar elecciones ¡ya!...

sábado, 2 de junio de 2018

Efectos colaterales

Aunque está por ver lo que quiere -y, sobre todo, lo que puede- hacer en términos de política práctica el nuevo presidente del gobierno, existen ya beneficios inmediatos añadidos al cese como tal de M. Rajoy. 
Para empezar, muchos -creo- nos ahorraremos las maneras chulescas, ofensivas e indignantes del hasta ahora portavoz del grupo parlamentario del PP en el Congreso, Rafael Hernando si, como es previsible -quizá confunda mis deseos con la realidad- abandona su puesto; en una de sus últimas intervenciones durante la moción de censura cuyo resultado ha implicado el cese de su jefe, el señor Hernando, en su más depurado estilo de bravucón tabernario, no ha tenido en menor empacho en hilar toda una serie de mentiras -cualidad ésta que es difícil suponer que incluso él mismo desconociera- como medio de expulsar la bilis producida por la desagradable sorpresa de ser consciente repentinamente de la situación política producto de la moción del censura.
Una de esas mentiras -que creo que no se ha mencionado mucho- es su equiparación de las circunstancias del cese del presidente Suárez en 1981 con las del presidente Rajoy ayer: no existe equiparación posible; para empezar Suárez dimitió, su abandono no se debió al resultado de una moción de censura contra él.  Tampoco es plausible que ni siquiera propio señor Hernando crea -como afirmó- en la supuesta añoranza con que el recién censurado Rajoy será recordado  en el futuro, cosa que sí ocurrió con Suárez, más por deméritos ajenos -es éste un país en el que el dicho alguien vendrá que bueno me hará, se cumple con inexorable precisión- que por méritos propios. Y, desde luego, tampoco son comparables el valor, la altura de miras y la inteligencia de uno y otro.

viernes, 1 de junio de 2018

La realidad es diversa

El lema franquista para España: Una, grande y libre, es claro que respondía más a la propaganda que a la realidad; España, de siempre ha sido diversa, -desde los tiempos en que aún no existían naciones-Estado y la denominación oficial de éste país era las Españas- nunca fué una y ni siquiera la estructura represiva del régimen de Franco pudo transformar esa realidad, grande lo fué sólo en la idealización imaginada de un pasado imperialista -tan querido por la derecha- y libre una pura mofa para los españoles que vivían en un país que más era un cuartel o una cárcel: ni Una, ni Grande, ni Libre. Sin embargo esa querencia por lo monolítico, lo ya establecido, el pensamiento único, pervive y da cuerpo a todo el pensamiento conservador fundamento de la derecha política de tal modo que es la primera cuestión a indagar de aquellos que, vergonzantemente, no declaran su pertenencia a ella y que pretenden pasar por liberales, centristas, personas de orden o cualquier otra adscripción circunstancial e instrumental para ocultar la realidad de su pensamiento: somos los de siempre, la reacción al progreso natural del hombre en la Historia; con ésto en mente es más fácil establecer una cierta clasificación objetiva en términos políticos.
Así ocurre que ahora, cuando tanto el PP como Ciudadanos -ese partido regenerador al estilo Lerroux, que ya está necesitando de forma urgente una profunda regeneración de sí mismo-  se refieren a la alternativa política al gobierno del PP como un gobierno Frankenstein -en  realidad, el monstruo creado por Víctor Frankenstein no tenía nombre-  queriendo ridiculizar la diversidad de los grupos políticos que rechazan tanto las políticas del gobierno del PP como la evidente corrupción de ese partido, ponen de manifiesto quién es quién en el actual panorama político y cuales son sus prioridades y querencias. Además de que esa diversidad es producto de la realidad de la calle, del país, no se trata más que de sumar y restar diputados en el Congreso para decidir quien ha de ser el responsable de la formación del gobierno; esas son la reglas establecidas para ello y supone que una opción votada por una mayoría de diputados es también la que representa a una mayoría de ciudadanos: la esencia de la democracia.
Y es que, además de otros argumentos pertinentes utilizados en ciencias sociales para demostrar que la diversidad siempre es positiva, debería bastar con uno, prestado por la Biología: la biodiversidad es esencial para la supervivencia; la ausencia de diversidad es, en Biología, sinónimo de extinción. En política,  a poco que pueda, la derecha siempre impone esa ausencia de discrepancia: Franco instauró en España 25 años -algunos más- de paz; la paz de cárceles y cementerios. El PP ha pretendido retrotaernos de forma acelerada a aquellos tiempos; parece que ha encontrado la adecuada respuesta por parte de la ciudadanía: la reacción también tiene unos límites.