domingo, 25 de diciembre de 2022

El discurso del rey: los esforzados de la ruta.

Me recordadaba anoche el rey, en su habitual mensaje institucional navideño, al director deportivo de  un equipo ciclista, cuando con una mano en el volante del coche, la ventanilla bajada, y con la otra mano dando palmadas en el exterior de la puerta, va animando a su pupilo que sufre, casi exahusto, pedaleando en una prueba contra reloj; claro que algo más descansado el rey: sentado en un silloncito de época y sin elevar mucho el tono; informal y amigable. Pero, en esencia, lo mismo, repitiendo incansable al pueblo español: ¡vamos, vamos, vamos, que tú puedes! (Somos un país que, como ahora, siempre ha sabido responder –no sin dificultades ni sacrificios– a todas las adversidades, que no han sido pocas a lo largo de estos años, en el texto del discurso).

Y poco más; la democracia necesaria, la Constitución buenísima, la OTAN estupenda y Europa imprescindible; y vuelta a lo mismo: dale, dale, dale pedales...(si el éxito de una nación depende del carácter de sus ciudadanos, y de la personalidad y el espíritu que mueve a su sociedad, debemos tener razones para mirar al futuro con esperanza). Pues nada, después de recibir el saludo del rey,  la reina, la princesa y la infanta, ya estaría; ya se sabe: el ciclismo es un deporte agonístico, también agónico, o sea, de mucho sufrir.

Creo que, igual que me impuse la no muy grata tarea de comentar el discurso anual del rey, por el mismo procedimiento me voy a liberar de esa imposición: las dosis de vacuidad buenista pueden llegar a ser intolerables incluso para cualquier esforzado de la ruta, que tampoco es mi caso. ¡Inocente de mí, esperando que el rey esgrimiera su dedete acusador contra jueces corruptos, mafiosos y prevaricadores!

viernes, 23 de diciembre de 2022

Navideñismo

Soy poco navideño; quiero decir que soy poco inclinado a festejar el hecho de ser lo suficientemente hipócrita para creer que ser bueno con nuestros semejantes un par de días -Nochebuena y Navidad- nos da patente de corso para ser malo con esos mismos semejantes el resto de días del año; el ejemplo perfecto de navideñismo pueden ser esas anécdotas transcurridas durante la Primera Guerra Mundial -o en cualquier otra guerra- en las cuales soldados franceses y alemanes, repentinamente imbuídos de espíritu navideño, decidían confraternizar con los vecinos de la trinchera enemiga y reunirse en tierra de nadie para cantar villancicos -cada uno en su idioma, es de suponer- para volver con posterioridad a masacrarse mutuamente a tiempo completo y con resuelta dedicación.
 
Pero ¿a quien no le gusta caer en la trampa de Qué bello es vivir (It's a Wonderful Life) de Frank Capra -película navideña donde las haya, inspirada en el Cuento de Navidad de Charles Dickens- y llorar a moco tendido con las desgracias ocurridas al protagonista -un apropiadísimo James Stewart- hasta ser salvado finalmente del desastre por un ángel meritorio enviado por la divinidad, nada menos? (o sea, ¿a quien no le va a gustar un baptisterio paleocristiano romano del siglo I después de Cristo? que, aunque sea paleo, es cristiano, como Dios manda). 
Y a la espera de la próxima ración de buenismo: el discurso del rey.

martes, 20 de diciembre de 2022

Orwell revisitado

Recuerdo perfectmente la época en la que leí por primera vez 1984 de Orwell; se trataba de mis años de adolescente/joven -en plena esfervescencia lectora- en los cuales el año 1984 seguía siendo futuro pero relativamente cercano, lo cual añadía la angustiosa  intranquilidad de lo inmediato a la sombría distopía; curiosamente, viviendo en una dictadura, la distopía no dejaba de serlo, cumpliéndose aquello de que, por mal que estén las cosas, siempre pueden empeorar. De entonces data mi afición a las distopías como género, esos vislumbres de un futuro peor -sí, el futuro puede ser peor que el presente-, esos atisbos de mundos paralelos que, de un modo u otro acaban por convertirse en profecías, porque, como escribió Juan Larrea, lo imposible se vuelve, muy poco a poco, inevitable. Y para constatar que es es muy probable que vivamos actualmente en una sociedad orwelliana, no tenemos más que analizar con detenimiento y objetivamente la masiva manipulación de los medios a la que estamos sometidos a diario: todos somos Winston Smith.

Y, ya puestos, también podemos leer -o releer- la considerada como la primera novela distópica y antecedente directo e inspiración tanto de 1984 como de Un mundo feliz, de Aldous Huxley: Nosotros, de Yevgueni Ivánovich Zamiatin, publicada inicialmente en su traducción al inglés, en  1924; hubo de esperar a 1952 para que se publicara en ruso (aunque continuó prohibida en la Unión Soviética hasta 1988), tres años después de que 1984 fuera publicada en 1949.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Una pena

Tras la clarividente revelación por parte de Mariano Rajoy de que en fútbol -y posiblemente en otros asuntos- Alemania es Alemania, esperaraba yo como al oráculo que analista tan agudo me aclarara las claves de la derrota de la selección española ante Marruecos, en el convencimiento de que Rajoy nunca defrauda. Y así ha sido: una pena; quiero decir que ese ha sido el título elegido para la última crónica (así las denomina él) de su sección -que tiene el genérico epígrafe de Así fué (o no); ya digo que Rajoy nunca defrauda- Ha sido una pena. Por si quedaran dudas, insiste en aclararnos: Sabíamos que existían carencias; claro que lo sabíamos, Mariano, claro que lo sabíamos aún sin ser plenamente conscientes de ello; pero han bastado esas certeras palabras para desvelar una realidad política profunda: el que hayamos tenido semejante personaje como presidente del gobierno durante siete años -a añadir a los siete anteriores como ministro en gobiernos de este país- no es la menor de esas carencias, a la que cabe atribuír la apertura de un proceso de peora continua hasta llegar a la actual dirigencia del PP por parte de Feijóo, pasando por los notables logros anteriores de Casado, recordando, cómo no, los méritos del inolvidable Aznar, el iniciador de la saga.

Hannah Arendt teorizaba sobre la banalidad del mal; mucho me temo que acabaremos interiorizando y asumiendo como inevitable el mal de la banalidad

En fin, que además de la gratificante -en sí misma-  postura de principios por la que me he obligado a no ver ninguno de los partidos del mundial de Catar de fútbol, el karma me ha hecho el regalo inmediato de evitarme sufrir en directo ataques de vergüenza ajena; reconozco que lo de las crónicas rajoyanas ya es puro morbo: me quedo con su reflexión-resumen futbolera (aunque admite multitud de aplicaciones en diversos ámbitos): el mejor lugar para situar la pelota es en el campo del otro, porque así no te podrán hacer gol nunca. ¡Viva España!


martes, 15 de noviembre de 2022

El paraíso del fotógrafo

Me sorprendió verme vestido con algo parecido a un pijama de raso, de color malva; y digo verme porque efectivamente me veía a mí mismo con visión externa. En seguida me dí cuenta de que andar me resultaba muy fácil y ligero, estaba en gravedad lunar y, a poco que me esforzara, daba zancadas de gigante; intenté -y conseguí- saltar y dar una voltereta completa en el aire. Iba descalzo, pero el suelo del camino era blando, algo así como un algodón nuboso -o nube algodonosa- y a ambos lados se extendían praderas tapizadas con hierba húmeda de un intenso verde esmeralda conteniendo amplios roales de florecillas amarillas; ¡lástima, no tener una cámara! -pensé- y al punto sentí que mi mano derecha sujetaba una Kodak Retina de los sesenta, con su Xenon 1,9/50 instalado; me vendría mejor un gran angular para este paisaje; miré bien y ví que el objetivo realmente era un Curtagon 4,0/28; poco angular -pensé, sin recordar que para las Retina reflex no había nada de focal más corta-  y deseé tener a mano una Nikon F2 con un buen Nikkor-UD 3,5/20; ¡dicho y hecho! antes de haber intentado siquiera hacer ninguna foto pensé que sería estupendo disponer de alguna cámara de formato más grande y ya no me sorprendió mucho ver -sin comprobar el peso- que estaba sujetando una Kowa SuperSix con su cremoso 2,8/85. Para celebrar su inesperada ligereza, con facilidad lancé al aire la cámara con la mano derecha, y al recibirla con la izquierda comprobé que se había transformado en una Pentacon Six con un ojo de pez Arsat 3,5/30; pensé que alguien habría anotado mi gusto por los gran angulares. Visto que el procedimiento era sencillo -sólo desearlo- pasé por las Olympus OM,  diversas Exa y Exakta, las Zorki, la Canon T 90, las Minolta D, las Pentax con sus deliciosos Takumar, hasta que el flujo se detuvo en otra cámara de formato medio: la Graflex Century Graphic, que supuse con su excelente KodaK Ektar  3,7/105 y que -ya no me sorprendía nada- apenas pesaba; además, para más comodidad, traía instalado un práctico agarre para la mano izquierda. Ni siquiera me dió tiempo a pensar que estaría bien disponer del Mamiya-Sekor 6,3/65 de fórmula Topogon, cuando ví que era el que realmente estaba instalado en el portaobjetivos de la Graflex que, además, disponía del respaldo para película de 120 con un rollo de Kodal Tri-X esperando ser usado. El paisaje estaba cambiando, ví montañas, bosques, cascadas y, al fondo, una figuras que en la lejanía no podía distinguir si serían ángeles o huríes -ambas posibilidades igualmente sorprendentes, como antes lo era el haber acabado en un paraíso de cualquier tipo sin ser creyente en ninguno- y decidí acercarme a comprobarlo... 

Noté algo en los ojos: era Ton; había decidido que mi siesta estaba durando demasiado y me estaba lamiendo conzienzudamente las gafas, que no me había quitado antes de quedarme dormido.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Trotski en España

Lev Bronstein (Lev Davídovich Bronstein; Lev -hijo de David- Bronstein, en la usual denominación rusa), conocido más tarde como León Trotski, nació en 1879 en Yánokva, una hacienda al sur de Ucrania, relativamente cercana a Jerson y Odesa; de los ocho hijos de sus padres, David y Anna, sólo cuatro llegaron a la edad adulta, los otros cuatro murieron de difteria o escarlatina; David, pese a su situación relativamente acomodada de pequeño terrateniente era analfabeto, no así Anna, que estaba suscrita a una biblioteca y leía regularmente a sus hijos, consciente de la importancia de su educación cultural. Con nueve años su madre lo envió a Odesa donde residía un sobrino suyo (otro sobrino, éste de su padre, fué el productor cinematográfico Samuel Bronston (Bronstein)); Lev Bronstein se convirtió en un lector voraz y demostró pronto una notable inteligencia; finalizando sus estudios en la escuela secundaria (Realschule de San Pablo, de origen luterano alemán) de Odesa y cuando tenía 17 años y el proyecto de estudiar matemáticas, se despertó su conciencia social y adoptó los presupuestos  populistas (Naródniki) y más tarde socialistas; los Bronstein eran judíos y como tales sufrieron el antisemitismo oficial ruso, pero el propio Trostski admite en su autobiografía (Mi vida) es muy probable que estas desigualdades raciales contribuyesen a estimular mi descontento con el régimen existente; pero esta causa se esfumaba en contacto con otras manifestaciones de la injusticia social, y no ejerció sobre mí influencia alguna decisiva ni independiente. Pronto la actividad política fué su único objetivo y en 1898, a los 19 años, la policía zarista lo detuvo e ingresó en prisión durante dos años, tiempo que aprovechó para leer intensivamente y ampliar sus conocimientos en varios idiomas (de uno de sus carceleros en Odesa adoptó el sobrenombre de Trotski). Tras esos dos años de prisión se le condenó administrativamente -sin juicio- a un destierro de cuatro años en Siberia: como confiesa en su autobiografía Mi vida (1930) no puede decirse que mi vida, aun presentada en tan rápida síntesis, tenga nada de monótona; en 1900, con 21 años, decidió casarse con su antigua compañera y adversaria en tertulias socialistas, Aleksandra Sokolóvskaya. En Agosto de 1902, Trotski decidió escapar del destierro siberiano en Ust-Kut, a pesar de contar ya con dos hijas -la segunda de apenas cuatro meses de edad- con la aquiescencia de Aleksandra, que apenas volvió a verlo pero siempre lo apoyó. La organización clandestina de Iskra -diario clandestino que posteriormente dirigió- logró su traslado desde Irkutsk a Londres (donde llegó en Octubre de 1902), vía Samara, Ucrania y Viena, iniciando la vida itinerante, clandestina y exiliada propia de los revolucionarios rusos de la época. En una visita a París conoció a la que se convirtió en su segunda esposa, Natalia Sedova, con la que tendría dos hijos. Entre 1902 y 1905 Trotski y Lenin tuvieron divergencias sobre todo de procedimiento o tácticas, alineándose el primero con la facción menchevique (menshevik, minoría moderada) y el segundo liderando a la bolchevique (bolshevik, mayoría radical) del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), tras su segundo congreso en 1903. Sin embargo, Trotski se convierte en figura crucial ya en la Primera Revolución (para los rusos la de 1905 es la primera revolución, la de Febrero de 1917 la segunda, y la de Octubre de 1917 la tercera) y el alma política del Sóviet de San Petersburgo; redactó la mayoría de sus proclamas y mociones. Pero, tras cincuenta días, en diciembre de 1905, las tropas disolvieron el Sóviet y Trotski fue arrestado mientras presidía una de sus sesiones. Pasó unos diez meses en las prisiones de la capital durante los cuales nació su primer hijo varón, Lev. Aprovechó su juicio para defender sus acciones y dar publicidad a la revolución en el resto de Europa; a pesar de su elocuente defensa, en noviembre de 1906 fué condenado a exilio perpetuo bajo vigilancia en Siberia. En condiciones propias de una novela de aventuras (en un trineo de renos conducido por un borracho de nombre -o apodo- Nikifor durante cientos de kilómetros y atravesando los Urales en pleno invierno; Trotski se también se encargó de escribir la novelita La fuga de Siberia en un trineo de renos -en el original, Tudá i obratno; esto es, Viaje de ida y vuelta- poco después de protagonizarla), logró escapar a Finlandia; no volvería a Rusia hasta 1917. En 1914 -tras un agitado y permanente exilio itinerante intentando la reunificación del POSDR- el estallido de la I Guerra Mundial sorprende a Trotski en Viena; siendo ruso -nacional de un país en guerra con el Imperio Autrohúngaro- escapa rápidamente a Suiza y posteriormente a París desde donde defendió posturas pacifistas ante el conflicto, sorprendido por el respaldo a la guerra -y a su país, Alemania- de los socialdemócratas alemanes que se mostraron en esas cicunstancias muy poco internacionalistas. En el otoño de 1916, las autoridades francesas lo expulsaron de su territorio, siendo deportado a España, donde permaneció unos meses, tiempo suficiente para que sufriese todo tipo de incidentes policiales que motivaron una interpelación parlamentaria al Gobierno del conde de Romanones. Trotski fue encarcelado -sin ningún fundamento jurídico- en Madrid y trasladado posteriormente a Cádiz en espera de un barco con rumbo a Nueva York, donde llegó a comienzos de 1917, el mismo año que vería las dos últimas revoluciones rusas, en las que Trotski jugaría un papel fundamental, así como en la posterior guerra civil rusa  como creador del Ejército Rojo, en su capaz e inteligente entendimiento del cargo de comisario del pueblo para la Defensa. Es justamente esos meses de 1916 en los que Trotski estuvo en España el objeto de este breve apunte para recordar su obra Mis peripecias en España, basada en apuntes de la época y que publicó trece años después, en 1929, ya desterrado de la Unión Soviética por Stalin; ese mismo año se publicó en España traducida por Andreu Nin. Es una obra breve -poco más que anotaciones de viaje- pero que muestra tanto la amenidad de un Trotski costumbrista, perspicaz e inteligente como deja adivinar la mente de un pensador político de primer nivel: 

He sido expulsado de Alemania por francófilo; de Francia, por germanófilo. Claro está que yo no soy una cosa ni otra; soy un socialista que ve en la guerra una consecuencia fatal y lógica del sistema capitalista; nuestra misión no ofrece dudas; consiste en aprovechar el desequilibrio y el hambre creados por la guerra para excitar a las masas a la revolución.

Mis peripecias en España es a la par interesante e instructiva por cuanto resulta ser una visión exterior -pero certera y sintética- de la España de hace un siglo

domingo, 30 de octubre de 2022

Una hora más

Últimamente suelo despertarme de madrugada; este período intermedio de vigilia suele ser largo -a veces de más de una hora- de modo que mi sueño total se convierte en dos hemistiquios separados por una prolongada cesura. Dado que el tradicional recuento de ovejas nunca me ha funcionado, suelo recurrir a algún ejercicio mental tal como recordar nombres de actores o actrices clásicos famosos: siempre llego a alguno del cual soy incapaz de recordar el nombre; el ejercicio consiste en seguir recordando el nombre de otros hasta que, milagrosamente -a veces tarda, pero de eso se trata, de llenar el tiempo- recuerdo al atascado (suele ocurrirme con Humphrey Bogart y Clark Gable). Esta pasada noche me desperté a las 2:44 y -siendo la madrugada en la que recuperamos una hora- me asaltó la duda de si serían las primeras 2:44 o las segundas (la actualización es automática en el reloj de la mesilla de noche), lo que me llevó -y yo me dejé llevar, cualquier cosa para conseguir dormirme de nuevo: he comprobado que la paciencia y no imponerse el sueño ayuda a volver a dormir- a imaginar a la Muerte, con su clásica túnica envolvente negra integrando una capucha que cubre -a veces totalmente- una cara esquelética y portando esa guadaña que incluso como metáfora debe resultar bastante incómoda -o sea, al más puro estilo bergmaniano o woodyalleniano- presentarse ante mí -en sueños- a las 2:59 y, sin más preámbulos, decirme:

-Vengo a recoger tu cuerpo- que me sonó un poco a repartidor comercial algo informal, tanto por el abordaje directo como por el tuteo.

-¿La documentación?- contesté.

-Sí, claro; aquí tengo tus datos personales y la orden de recogida en la que figura también la hora, las 2:59 de hoy, 30 de Octubre.

-¿A ver?...mmm; no veo el sello de certificación- dije yo, con la idea clara de dilatar el asunto un importante minuto.

-El sello está en la segunda página, en la que el interesado debe firmar- dijo la Muerte con pausada y algo prepotente voz de funcionaria sabelotodo.

-¡Ah! ¿tengo que firmar?- parecía que iba a conseguirlo.

-Así es.

-¿Y si me niego?- esto está hecho, pensé.

-Firmaría yo como autoridad testificante de incorfomidad del recogido con la recogida.

-¿Que hora me dijiste -dije, devolviendo el tuteo con desparpajo y sabiéndome ganador de una hora- que está fijada para la recogida?

-Las 2:59.

-Pues aún son las 2:00- dije como distraído, consultando mi pulsera de actividad.

De un pliegue de la túnica, la Muerte extrajo rápidamente un reloj de arena (parece que también con actualización automática) y reconoció:

-Es cierto- dudó un poco; su solvencia, debida a una experiencia milenaria como funcionaria tramitadora del Departamento de Recogidas de Cuerpos, acababa de ser puesta en duda por un yayoflauta; prosiguió con voz algo contrariada:

-Lo siento, volveré en 59 minutos.

Se giró y se alejó de mí, arrastrando lenta y solemnemente la túnica, mientras se cambiaba la guadaña de hombro.

Yo también cambié de postura en la cama y me dispuse, plácidamente, a ver la película de mi propia vida, la que es fama que todos vemos antes de morir: los recuerdos comenzaron a fluir; el primero, el autobús de Valencia...

Y en esas estaba cuando debí quedarme dormido, porque mis recuerdos de ese intersomnus acaban ahí.

martes, 11 de octubre de 2022

Regeneracionismo hoy

El dolor de España no es algo nuevo; tras el parto imperial en los siglos XV y XVI, la cuarentena del penoso postparto duró los cuatro siguientes, hasta principios del siglo XX. Si durante el parto se produjo una Edad de Oro en las artes -en la literatura, concretamente- se denomina igualmente Edad de Plata a la surgida tras el postparto; si ya Quevedo expresaba su patriótica pesadumbre en la primera -miré los muros de la patria mía- igualmente lo hacían los regeneracionistas de la segunda. Y los abortados intentos de dos Repúblicas ha supuesto que ese regeneracionismo del siglo XX se haya prolongado en unos dolorosos puntos suspensivos hasta el día de hoy, un siglo después.

Por ello son tan adecuadas y actuales las reflexiones relativas al regeneracionismo de Manuel Azaña, procedentes de la época previa al segundo intento republicano:

La generación del 98 se liberó, es lo normal, aplicándose a trabajar en el menester a que su vocación la destinaba. Innovó, transformó los valores literarios. Esa es su obra. Todo lo demás está lo mismo que ella se lo encontró. Su posición crítica, que no tenía mucha consistencia, no ha prosperado. ¿Qué cosas, de las que hacían rechinar los dientes a los jóvenes iconoclastas del 98 no se mantienen todavía en pie, y más robustas si cabeque hace treinta años? En el orden político, lo equi valente a la obra de la generación literaria del 98, está por empezar. El único de aquel grupo que, saliéndose de las letras puras, se ha planteado un problema radical (no el de ser español o no serlo, ni el de cómo se ha de ser español, sino el de ser o no ser HOMBRE) es Unamuno

...

Los teóricos de la regeneración española compilaron cuanto se sabía de los males de la Patria: el hombre y el suelo, las leyes y sus órganos, el Estado y sus servicios; todo fué descrito en su apariencia sensible, catalogado, cogido en falta; se comprobó que en España nada permanecía entero; quedaban restos. La descripción es cabal; en el museo de las ruinas no falta ni una pieza. Y a fuerza de pasearse entre escombros, se apoderó de esos hombres no sé qué pasión de naturalistas arqueólogos.

...

Costa era el hombre de las fórmulas absolutas, de las conminaciones urgentes; medía por segundos el tiempo de la nación. Hablaba a gritos, como quien habla a sordos. Que unas verdades palmarias, correspondientes en el orden político a necesidades asaz modestas, recluyesen a su propagandista en la esfera de los rebeldes y lo empujasen poco a poco, robándole serenidad, a la vocación de mártir, no debe achacarse sólo a la apatía de sus auditorios, tan fáciles para el aplauso como lentos para la acción, sino a la densidad del realismo del propio Costa, que por huir de "ideologías", arrancó a su sistema de la atmósfera respirable, blanda y comunicante de las abstracciones.

...

Giner ha mostrado que el Derecho "no constituye una esfera menos interna, menos ética, más accesible a la coacción que la esfera de la Moralidad; que, en última instancia, toda la garantía del derecho, y por tanto del Estado, como en general de la sociedad, descansa en fuerzas meramente espirituales y éticas, en la recta voluntad de las personas, en la interior disposición de ánimo...No se cura con una ley un estado social enfermo: los males nacidos de torcimientos o deficiencias de la voluntad, sólo se remedian sanando o educando la voluntad." A formar la conciencia de los ciudadanos debía encaminarse el tratamiento médico; la operación quirúrgica, el bisturí, no ataca la causa de la enfermedad ni pretende, por tanto, curarla; ataca nada más al síntoma. (Manuel Azaña - ¡Todavía el 98! , en Plumas y palabras)

......

La inteligencia activa y crítica, presidiendo en la acción política, rajando y cortando a su antojo en ese mundo, es la señal de nuestra libertad de hombres, la ejecutoria de nuestro espíritu racional. Un pueblo en marcha, gobernado con buen discurso, se me representa de este modo: una herencia histórica corregida por la razón. ¿Qué política puede contentar a la variedad de caracteres, si tomáramos por guía el carácter, sea para adularlo o para reformarlo? Yo soy demócrata violento; es decir, que reconozco el derecho (el ajeno y el mío), y soy inflexible dentro de los límites de mi derecho. ¿Con quien he de juntarme? ¿Con los violentos de la otra banda, o con los demócratas, aunque sean mansos? Naturalmente, con los demócratas; una idea nos liga; en tanto que, sumándome a los de carácter afin, pero de ideas contrarias, no podríamos dar a nuestra violencia un empleo común. (Manuel Azaña - La inteligencia y el carácter en la acción política, en Plumas y palabras).

Claro que no sé si éstas reflexiones estarán a la altura -por elevadas- de los actuales dirigentes políticos de éste país, un siglo después de ser escritas. Que a bastantes de los intelectuales y estadistas contemporáneos parece que les dieron los créditos para serlo en una tómbola.

martes, 27 de septiembre de 2022

Llamémoslo fascismo

En el análisis de las recientes elecciones en Italia realizado por Ignacio Sánchez-Cuenca en Ctxt, Italia ¿a la vanguardia de Europa?, entre otras cosas se dice que la última peripecia del desorden que comenzó en 1994 ha sido la victoria del partido de Giorgia Meloni, Hermanos de Italia, que además de extrema derecha se puede considerar también anti-establishment; según la tesis de Sánchez-Cuenca cuando los partidos no logran organizar la competición política, la democracia se desordena y entra en fase de turbulencias. 

Pero que el partido de Meloni se pueda considerar anti-establishment tampoco sería mucha novedad si tenemos en cuenta su esencia fundamentalmente fascista; el fascismo de hace un siglo era -tanto en su primitiva versión italiana como en  la variante  nazi de Alemania, que, según Sebastian Haffner, no era exactamente fascismo- netamente antipolítico (anti-establishment) o, más específicamente, antiparlamentario y, desde luego, radicalmente antidemocrático (aquí en España, la Falange seguía la original fórmula nacional-corporativa del fascismo italiano, añadiendo unas gotas de catolicismo tridentino). Es normal, por tanto, que cuando aparece el fascismo, la democracia se desordene y entre en fase de turbulencias, si no algo peor. Por eso la pregunta final de Sánchez-Cuenca en su artículo: con la intermediación política en crisis, ¿qué principio político podría estabilizar las democracias? queda algo retórica si aceptamos que más que de extrema derecha estamos hablando, directamente, de fascismo: la intermediación política -los partidos- y la propia democracia están de más en el horizonte fascista, no cabe mucho margen estabilizador ni para los unos ni para la otra dentro de él. Todo suele quedar más claro llamando a las cosas por su nombre.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Clases

Lo cierto es que, socialmente hablando, la humanidad siempre a estado dividida en clases; si quisiéramos simplificar podríamos decir que siempre han existido minorías privilegiadas y mayorías subsistendo en precario y al servicio de las primeras. En regímenes políticos totalitarios el uso de la fuerza y/o la violencia siempre fué el primer recurso empleado en mantener ese status quo de división social, por más que -generalmente mediante la religión- las mayorías desfavorecidas fueron siempre convencidas por las minorías privilegiadas de la inevitavibilidad de tal reparto social; la religión, específicamente la cristiana (una vez vaciados de contenido los presupuestos filo-comunistas del primitivo cristianismo), siempre ha servido a estos fines principalmente mediante la posposición del igualitarismo y la justicia social para todos los seres humanos a una supuesta vida futura (aquí paz y después gloria), ya que en la presente lo único posible se reduce a acumular méritos -sea cual sea la clase social que nos haya tocado en suerte, mayoritariamente heredada- para alcanzar esa prometida vida futura y evitar un castigo -también eterno- por la inobservacia de las reglas socio-religiosas establecidas; lo cierto es que manteniendo adecuadamente a las clases inferiores en esas creencias, la perpetuación de tales estratos sociales se ha mantenido como una realidad  totalmente viable y perdurable.

Hace un par de siglos se produjeron en el mundo occidental transformaciones sociales que intentaron reactivar una fórmula política de gobierno de dos milenios y medio de antiguedad: la democracia y, simultáneamente, el desbancamiento social de ciertas castas privilegiadas establecidas en Europa desde la Edad Media: la nobleza, principalmente. Habría que recordar que la democracia original -en la Atenas clásica- no era universal: sólo los varones adultos que fuesen ciudadanos atenienses, y que hubiesen terminado su entrenamiento militar como efebos (a los 20 años) tenían ese derecho; ni esclavos -por supuesto-, ni mujeres, ni el resto de la población; a cambio de esas restricciones, los ciudadanos atenienses tenían plenitud de derechos y obligaciones derivados de tan revolucionario sistema de gobierno. Tanto unos como otras requerían estar informado plenamente de los asuntos de Estado de forma que cada ciudadano disponía de una opinión contrastada y veraz sobre ellos. Es evidente que esa opinión informada es clave para que el sistema democrático funcione; ¿de que sirve la democracia si está basada en opiniones desinformadas o manipuladas? Pues ese fué precisamente el resquicio que las élites privilegiadas utilizaron para continuar ejerciendo su poder social mediante métodos formalmente democráticos con posterioridad a la Revolución francesa: la manipulación y el control de la información de las clases populares. Tampoco es que eso fuera algo muy difícil: las clases sociales inferiores eran, por circunstancias concurrentes, las que menos acceso a la cultura, el conocimiento y la ciencia habían tenido históricamente: se trataba, simplemente, de mantener ese alejamiento por parte de las nuevas castas de privilegiados; cambiaron las clases en la cúpula, pero se mantuvieron las diferencias sociales y, sobre todo, los nuevos privilegiados -la burguesía- continuaron siendo una minoría que utilizaba a las clases inferiores en su propio beneficio, explotándolas sin miramientos. La trilogía revolucionaria: Libertad, Igualdad y Fraternidad quedó pronto reducida a una mera letanía formal, mayormente vacía de contenido, al igual que los principios igualitarios del cristianismo original.

Y así llegamos -aquí y ahora- a esta supuesta democracia en la que, una clase a la que han hecho creer que es media (en realidad es la clase trabajadora y asalariada) vota a favor de medidas que favorecen a las clases privilegiadas (terratenientes, rentistas y grandes capitalistas)  y en contra de sus propios intereses. Los once principios de la propaganda atribuídos a Goebbels son tan sólo la enumeración formal de los procedimientos prácticos para lograrlo mediante la propaganda y la desinformación; la forma más depurada de evitar la lucha de clases.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Estos servilones

Servilón no es palabra de uso común actualmente; me la encontré a poco de comenzar la La Fontana de Oro, la primera novela de Benito Pérez Galdós (1870); ya entonces -y desde medio siglo antes- significaba lo mismo que hoy significa, según nos informa la RAE: Partidario de la monarquía absoluta a principios del siglo XIX, es decir, servilones eran todos aquellos a los que se les atribuía el grito ¡vivan las caenas!, a partir de la restauración absolutista de Fernando VII en España (1823) tras un breve trienio constitucional por el pronunciamiento del liberal Riego en 1820; en realidad el grito-ovación servilón completo era: ¡que vivan las caenas y muera la Nación!, para que no quedaran dudas (Nación tenía significado político para los liberales -los liberales de entonces- en cuanto que consideraban que en ella residía la principal y legítima soberanía del Estado).

Ya digo que servilón no es palabra actual, pero no ocurre lo mismo con el concepto que describe y de esto no hay duda -si creyéramos que los medios nos hablan realmente del mundo en que vivimos- a la vista de la inconmensurable parafernalia mediática sin hartura -durante días- a cuenta del fallecimiento de la reina Isabel II; se ve que hay muchas más personas con cualidades y querencias de súbdito que con las de ciudadano. Que si esto es así para el fallecimiento de la reina nonagenaria de una monarquía extranjera, no quiero ni imaginarme la centrifugadora mediática de éste país a tope de revoluciones glosando las bondades de nuestra monarquía borbónica (aquí unos apuntes, para que vayan ensayando, que luego las prisas pillan siempre descolocados a los becarios; tengo cierta curiosidad por ver el relato post-mortem de los hechos atribuíbles a Juan Carlos I, aunque sospecho como será a la vista de que hoy continúa portando la dignidad de emérito). Y no digamos del aparato político de la nunca suficientemente ponderada Transición del 78, comenzando por los partidos teóricamente republicanos (sólo para la lírica, naturalmente).

lunes, 29 de agosto de 2022

Uno, dos, tres...

Inolvidable, como muchas de las películas de Billy Wilder; el prototípico vendedor americano encarnado por James Cagney llevando la buena nueva del capitalismo total a todos aquellos seres desgraciados del segundo mundo -a los que les era temido y desconocido a partes iguales- en forma de refresco de cola. Y esa genial reutilización/recuerdo de comisarios soviéticos por parte de Billy Wilder inspirados en otra película genial: Ninotchka, de su maestro Lubistsch, en cuyo guión él mismo ya había participado. Pero vamos, al modo del enérgico Cagney, a enumerar:

Uno; el capitalismo; ese sistema que, inventado hace dos siglos para fomentar el progreso (material, y sólo de una minoría) con el requerimiento inexcusable de su propia y virulenta multiplicación ilimitada, pero basándose en los recursos limitados del planeta: un vicio de origen que, además de las desigualdades sociales producidas, propias del sistema, nos ha llevado actualmente a una acuciante e insostenible situación medioambiental a nivel mundial. Esto es así incluso en el antiguo segundo mundo que se opuso al capitalismo durante tres cuartos de siglo.

Dos; la política; esa primera capa del guiñol destinado a mantener vigente y como alternativa única al capitalismo : los políticos son agentes de mediación social encargados -según un antiguo aforismo- de obtener el voto de los pobres y el dinero de los ricos con el pretexto de defender a los unos de los otros. Sus herramientas son todas aquellas necesarias para mantener a los privilegiados separados y a salvo del resto de la población y varían en función de las caracterísiticas sociales concretas de cada país; las primarias empleadas en esa salvaguarda son el hambre, la enfermedad, la guerra, la muerte, etc.

Tres; la democracia; esta segunda capa del guiñol universal está sólo disponible en la panoplia política del primer mundo, su finalidad principal es engañar a la población haciéndola creer que es ella misma la que decide y que el capitalismo es su decisión. En teoría es una forma avanzada y compleja de política pero, en realidad, lo único que requiere es la utilización masiva de desinformación y propaganda para su correcto funcionamiento; por lo demás es como la política del punto anterior, salvo que usualmente empleando otras herramientas que las primarias utilizadas en la política en general, aunque éstas también pueden usarse ocasionalmente en democracia, de ser necesarias.

lunes, 1 de agosto de 2022

De profundis

Voy caminando junto a Robert Saville por la calle Príncipe en dirección a la plaza de Santa Ana; en el Teatro Español se está representando su adaptación como un monólogo del texto de Oscar Wilde De profundis. He logrado que aceptara una breve entrevista de camino a supervisar los ensayos esta mañana; al pasar ante las Cuevas de Sésamo un camión del Ayntamiento casi nos riega y después de esto hemos decidido resguardarnos -del agua y también de un sol inclemente ya por la mañana- en un bar: Saville ha pedido un oloroso Alfonso -pa'cordarme de Cai, me dice en andalusí con acento inglés; lo que no es esperable es que aquí tengan atún de ijar-; es sabido que el tiempo que no dedica al montaje o dirección de sus obras lo pasa en su casa de Zahora (Cádiz) en compañía de sus gatos y de ese pequeño barco que se construyó y que hace años no prueba si no el agua de lluvia. 

Calculo que el tiempo disponible sea el que tarde Saville en trasegar un par de vinos, así es que pido unos pinchos de tortilla para prolongarlo, y comienzo:

LH - ¿Cómo surgió la idea de adaptar De profundis a un monólogo?

RS - De profundis es una epístola; es la personalísima  voz de Oscar Wilde hablando a desde lo más profundo de su ser a Alfred Douglas, causa de su amor y de su desgracia: es de lo más natural leer de viva voz esa carta. 

LH - ¿Ha sido difícil la adaptación?

RS - Naturalmente he abreviado el texto, pero lo que permanece es casi literalmente lo extraído del original (de la traducción, magnífica, de María Luisa Balseiro, aunque también he consultado el original en inglés de O.W.); puede decirse que el único trabajo al adaptarlo ha sido decidir qué eliminar, pero esa es precisamente la dificultad, ya que he intentado mantener el hilo del discurso; también es necesario -desde el punto de vista teatral- mantener el interés del espectador, añadiendo puntos cumbre sobre el valle del relato.

LH -  ¿Y el montaje?

RS - Para dar viveza y cierta teatralidad al resultado, hemos añadido unos cuadros mudos que, de fondo, ilustran los recuerdos relatados en el texto, lo que ha permitido abreviar éste, aún más,  que era uno de los objetivos iniciales. Aún así, la función se prolonga unos 71 minutos.  

LH - ¿Alguna cita que pudiera resumir la obra?

RS - Es notable cómo O.W. siente y recoge el hecho de que  la cárcel mantiene -o acentúa- las diferencias sociales: Los pobres son más sabios, más caritativos, más bondadosos, más sensibles que nosotros. A sus ojos la cárcel es una tragedia en la vida de un hombre, un infortunio, un percance, algo que reclama la solidaridad de los demás. Hablan del que está encarcelado, y no dicen sino que está "en un apuro". Es la expresión que usan siempre, y lleva dentro la sabiduría perfecta del Amor. En la gente de nuestro rango no es así. Creo que faltan 10 minutos para el comienzo de los ensayos, vamos. 

Salimos a la calle, donde el sol refulge con denuedo en una de las aceras; cruzamos rápidamente a la otra y avanzamos a paso ligero hacia el teatro.

 

jueves, 21 de julio de 2022

Verde que te quiero verde

El Objetivo 55, en el contexto del Pacto Verde Europeo, la UE se ha fijado, con la Legislación Europea sobre el Clima, el objetivo vinculante de lograr la neutralidad climática de aquí a 2050. A tal fin, a lo largo de las próximas décadas habrá que reducir sustancialmente los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero. Como paso intermedio hacia la neutralidad climática, la UE ha elevado su ambición en materia de clima para 2030 comprometiéndose a reducir las emisiones en al menos un 55 % de aquí a 2030...pero el cambio climático se encontró de bruces con la guerra en Ucrania y sus directas consecuencias en el comercio mundial de fuentes de energía y ¿qué hacer ante una realidad tan tozuda y tan poco dúctil políticamente hablando?: recurrir a la Taxonomía, palabra que en una de sus acepciones significa Clasificación u ordenación en grupos de cosas que tienen unas características comunes; que esa sería la versión suave: lo que se dice pretender con la Taxonomía verde europea es lograr una definición clara de lo que es y no es sostenible, así como redireccionar las inversiones y evitar el llamado greenwashing o lavado de cara verde. Lo que en realidad se pretende es (re)calificar a la energía procedente del gas o a la nuclear al mismo nivel que las energía renovables, es decir, (re)calificarlas como verdes, justificándolo en que la primera no emite gases de efecto invernadero, (aunque sí genera residuos de difícil gestión ambiental) y para la  segunda en que aunque sí contamina y emite CO₂ lo hace en cantidades notablemente más bajas que las centrales térmicas que funcionan quemando carbón o fuelóleo. O sea, que son verdes desde el punto de vista taxonómico.

En resumen, el pasado 6 de Julio y mediante votación el parlamento Europeo avaló que la enegía proveniente del gas y la nuclear tendrá la consideración en energía verde; no sólo eso, también la prevista autorización para la vuelta a la quema del carbón supondrá un frenazo en seco a las aspiraciones comunitarias que reducir al 55% sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 frente a una base de 1990, y pone de manifiesto que ya se estaba haciendo las cosas mal antes, según advertía Fernando Valladares, científico del CSIC: la guerra (en Ucrania) ha evidenciado que hacíamos uso de tapadillo de energía sucia.

Con lo cual, y al mismo nivel eufemístico de 1984 de Orwell  -la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza- ya podemos decir que cualquier color será verde si lo tratamos correctamente desde el punto de vista taxonómico; o, como diría Federico García Lorca: Verde que te quiero verde; es decir, si te quiero verde serás verde.

Pero Lorca continuaba -creo que los poetas son los profetas más certeros- diciendo (entre otras cosas):

Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Compadre donde está dime,
donde está esa niña amarga
cuantas veces la esperé
cuantas veces la esperaba.


martes, 12 de julio de 2022

Un nuevo test de corrupción

Por ver el aspecto positivo al escándalo mediático relativo a la dilatada guerra sucia -muy sucia- contra Podemos que subyace en todo el montaje -fundamentalmente contra Pablo Iglesias; por recordarlo, el denominado informe PISA responde a las siglas derivadas de Pablo Iglesia Sociedad Anónima- y que finalmente ha salido a la luz mediante la publicación de unas grabaciones entre el ex-comisario (y espía/mafioso multipropósito) Villarejo y el sedicente periodista García Ferreras; por ver el aspecto positivo -los negativos son numerosos y evidentes- ya digo, es que ya disponemos de un nuevo test de corrupción del mismo estilo que el obtenido a raíz de la huída de España del aún denominado rey emérito.

Por recordar el estribillo utilizado en la entrada anteriormente citada: toda aquella fuerza política, institución, medio de comunicación o persona que exima, relativice, aminore, contextualice o utilice algún grado de disculpa en la intoxicación y desinformación derivadas de la esencial manipulación de ciertos medios de información -la mayoría, desgraciadamente- con la clara intención de desvirtuar lo poco que pudiera quedar de democracia real, es firme sospechoso de pertenecer a ese entramado que acerca a un país, a un Estado, a la categoría de fallido: la corrupción sistémica. En este sentido basta con recontar los medios que a fecha de hoy, han condenado (es más eficiente mencionar los que lo han hecho que los que han permanecido en el más absoluto de los mutismos) lo que evidencian las mencionadas grabaciones:  varios medios radicados en Cataluña y el País Vasco y -sorprendentemente- la cadena SER (sorprendente porque la periodista que contribuyó principalmente a crear el entramado  lawfare contra Podemos aún pertenece a ese medio); el resto un clamoroso silencio al respecto, o peor, más manipulación como la generada por  la agencia EFE o la propia TVE, ambas, recordemos, empresas públicas de información.

Podríamos mirar hacia otro lado intentando evitar la angustia de vivir en este país, pero este es el panorama; mejor la amargura de la realidad que la ignorancia. En todo caso, hay una frase de aquí que intenta procurar consuelo ante grandes desastres: Más se perdió en Cuba; y por recordar y aprender algo de la historia: esa pérdida debemos agradecerla en buena medida al magnate de la prensa amarilla Randolph Hearst, que promovió esa guerra con sus propios medios. Ya hace más de un siglo existía la manipulación mediática.

sábado, 2 de julio de 2022

China, ayer y mañana

El sistema adoptado por China para su expansión por el mundo a comienzos del siglo XV  (impulsado por el emperador Zhu Di, tercer emperador de la dinastía Ming,  mediante la Flota del Tesoro (*) comandada por  Zheng He) fué bastante distinto -mejor y más inteligente- que el empleado por los países europeos en su expansión imperialista durante el sigo XVI: los barcos del emperador habrían de surcar y cartografiar los océanos del mundo, impresionando e intimidando a los gobernantes extranjeros, mediante una mezcla de conocimiento tecnológico, riquezas, productos de consumo y poderío militar,  incorporando al mundo entero al sistema tributario de China; los gobernantes locales de los distintos territorios descubiertos pagarían a China un tributo a cambio de privilegios comerciales y protección contra sus enemigos, pero China proporcionaría a sus socios comerciales bienes por un valor siempre mayor —sedas, porcelana y especias a precios convenientemente rebajados, o financiados mediante préstamos en condiciones favorables— del que recibía de ellos. Y estos se hallarían, así, en perpetua deuda con China. Los chinos preferían tratar de lograr sus objetivos a través del comercio, la influencia y el soborno antes que por el conflicto abierto y la colonización directa. Así pues, la política de Zhu Di acabó consistiendo en enviar cada pocos años grandes armadas por todo el mundo conocido  llevando regalos y productos comerciales; los enormes barcos del tesoro transportaban igualmente una gran cantidad de armas de fuego y un ejército itinerante como recordatorio del poderío imperial. Los barcos del tesoro regresaban a China con toda clase de artículos exóticos: saliva de dragón (ambar gris), incienso y ámbar dorado, leones, leopardos, pájaros-camello (avestruces), elefantes, loros, sándalo, pavos reales, madera dura, incienso, estaño y cardamomo. Podríamos decir que, para la época, era una avanzado sistema de relaciones internacionales basado en buena parte en la cooperación y el libre comercio (sin olvidar, desde luego,  el poderío militar de una gran potencia).

Cuando China herede el mundo (lo que quede) y recupere la hegemonía mundial que parece estarle reservada, espero que sea lo suficientemente inteligente para seguir una senda estratégica inspirada en Zhu Di y no en el imperialismo impuesto, depredador y prepotente de las potencias occidentales, vigente -generalmente en sus formas más crudas- hasta el día de hoy. Y del cual es víctima incluso gran parte de la población perteneciente a esas mismas potencias occidentales.

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(*) Extractos condensados de la interesante obra de Gavin Menzies 1421: El año en que China descubrió el mundo:

Además de los barcos de guerra y de la flota mercante que había heredado, el emperador Zhu Di encargó mil seiscientos ochenta y un nuevos barcos, entre ellos numerosos bǎochuán (barcos del tesoro), gigantescas naves (el timón de uno de esos barcos era casi del tamaño del casco de una carabela española de la época) de nueve mástiles así denominadas debido al enorme valor y cantidad de bienes que podían transportar en sus inmensas bodegas. Para fabricarlos, se puso a trabajar a decenas de miles de carpinteros, veleros y constructores de las provincias meridionales de los alrededores de los astilleros. Además de doscientos cincuenta barcos del tesoro, la flota contenía más de tres mil quinientas naves de otros tipos. Había mil trescientos cincuenta barcos patrulleros y el mismo número de naves de combate anclados en puestos de vigilancia o en bases insulares; cuatrocientos barcos de guerra de mayor tamaño y otros tantos cargueros destinados al transporte de cereales, agua y caballos para la flota.  

La Flota del Tesoro ó Xiafan Guangjun (Armada Expedicionaria Extranjera), que partió de China el 5 de Marzo de 1421, la  componían más de 300 buques de guerra, mercantes -de ellos más de 60 Barcos del Tesoro - y otros buques auxiliares. En esa flota viajaban unos 28.000 hombres entre marineros, soldados, artesanos y otros oficios diversos. En Octubre de 1423 regresaron a China los últimos restos desbaratados de esa flota. Los hombres de Zheng He no tenían ni idea de los dramáticos acontecimientos que se habían desarrollado en su tierra, y probablemente esperaban que se les recibiera como a héroes. Sus viajes habían constituido un notable éxito. Habían llegado a innumerables tierras desconocidas y habían ampliado inmensurablemente sus conocimientos sobre navegación; pero en lugar de aclamaciones, a su regreso los almirantes se encontraron con el rechazo de quienes por entonces gobernaban China. El hijo y sucesor de Zhu Di, Zhu Zhanji, publicó un edicto el mismo dia de su acceso al trono, en 1424, ordenando: Se deben interrumpir todos los viajes de los barcos del tesoro. Se ordena que todos los barcos amarrados en Taicang regresen a Nankín, y que todos los bienes que contienen sean entregados en el Departamento de Asuntos Internos y almacenados. Si hay enviados extranjeros que desean regresar a su patria, se les proporcionará una pequeña escolta. Se ordena a los funcionarios que actualmente se encuentren en viaje de negocios por el extranjero que regresen de inmediato a la capital... tras la  muerte de Zheng He, en 1435, la política oficial de China se tradujo en una completa xenofobia. Todos los viajes de las flotas del tesoro se interrumpieron, y el primero de toda una serie de edictos imperiales prohibió el comercio exterior y los viajes al extranjero. Cualquier mercader que tratara de realizar actividades de comercio exterior sería juzgado como pirata y ejecutado. Durante un tiempo, incluso se prohibió aprender una lengua extranjera o enseñar chino a los foráneos. Los ingresos del comercio exterior descendieron hasta pasar a representar menos del uno por ciento de la renta gubernamental. El bloqueo del comercio exterior se mantendría rígidamente durante los siguientes cien años, y la dinastía Qing, que sucedería al último de los emperadores Ming, en 1644, lo llevaría aún más lejos: para evitar cualquier comercio o contacto con el extranjero, a lo largo de la costa meridional se devastó y quemó una franja de tierra de unos mil cien kilómetros de largo por cincuenta de ancho, trasladando a toda su población hacia el interior. No solo se dejó fuera de servicio los astilleros, sino que se destruyeron deliberadamente los planos de construcción de los grandes barcos del tesoro y los registros de los viajes de Zheng He, y en las décadas siguientes su recuerdo se borraría de una forma tan completa que parecería que nunca habían existido; no quedó en China ningún registro que indicara por dónde habían viajado durante aquellos años, pero fué difícil mantener un secreto absoluto sobre algo tan importante y de tanta trascendencia: en mapas conocidos en la Europa de la época (por ejemplo, el de Pizzigano de 1424) se muestra información de origen sólo posible si se admite como derivada de las expediciones comandadas por Zheng He; no sólo habían doblado el cabo de Buena Esperanza desde el Océano Indico y atravesado el Atlántico, sino que también habían pasado a explorar la Antártida y el Ártico, América del Norte y del Sur, y habían cruzado el Pacífico hasta Australia; no existía ninguna otra fuente de información directa para recoger los detalles de los mencionados mapas europeos de la época que las expediciones ordenadas por Zhu Di. Habían resuelto el problema del cálculo de la latitud y la longitud, y habían cartografiado la tierra y el firmamento con igual precisión. Cuando China le dio la espalda a su glorioso legado marítimo y científico, y se impuso a sí misma un largo aislamiento del mundo exterior, otras naciones tomaron el relevo, pero todos sus exploradores, colonizadores y descubridores viajarían tras la larga sombra de las flotas de Zhu Di.