viernes, 25 de marzo de 2022

La esencia del fascismo

Recientemente mencioné en otra entrada la figura de Sebastian Haffner (seudónimo de Raimund Pretzel) y su obra más divulgada, Anotaciones sobre Hitler. Esta vez, y también tratándose del fascismo, me referiré a otra de sus obras, Historia de un alemán, obra que, a su vez, tiene una curiosa historia; lo mejor será copiar la nota editorial que la encabeza:  Historia de un alemán, de Sebastian Haffner, es una obra póstuma que pertenece a la etapa juvenil de su autor. La redacción del texto puede fecharse a comienzos del año 1939. La obra fue traducida al inglés con el fin de ser publicada en Inglaterra; no obstante, el texto jamás llegó a editarse, ni en inglés ni en alemán. El fragmento que faltaba en la versión alemana pudo recuperarse gracias a una retraducción del inglés realizada por Oliver Pretzel (pp. 58 - 74) (Oliver Pretzel es el hijo de Raimund Pretzel). La obra se publicó el año 2000 en Alemania como Historia de un alemán. Las Memorias 1914-1933 y en Londres como Desafiando a Hitler: Memorias.

Simplemente me limitaré a copiar un breve  fragmento del capítulo 22 de la obra; pocas veces he visto resumida con tanta precisión la violenta estrategia manipuladora y deshumanizadora  propia del nazi-fascismo:

... hoy ya a nadie le cabrá la menor duda de que, en realidad, el antisemitismo nazi no tiene prácticamente nada que ver con los judíos, ni con sus méritos ni con sus deméritos. Lo verdaderamente interesante del propósito nazi, cada vez menos velado, de amaestrar a los alemanes para que persigan a los judíos a lo largo y ancho del mundo y a ser posible los exterminen, no es ya su justificación —un disparate tan absurdo que el mero hecho de argumentar en su contra ya implica una degradación—, sino el propósito en sí mismo. Éste constituye en efecto algo novedoso dentro de la historia de la humanidad: el intento de anular, en el caso del género humano, esa solidaridad primigenia que comparten todos los miembros de una especie animal y que es lo único que los capacita para sobrevivir en la lucha por la existencia; la pretensión de dirigir los instintos depredadores del hombre, que normalmente sólo apuntan contra el mundo animal, contra miembros de su propia especie y de «azuzar» a toda una nación contra determinadas personas, como si fuera una manada de perros. Una vez despierto el instinto básico y perpetuo para asesinar al prójimo y transformado incluso en obligación, el hecho de cambiar de objeto se reduce a un detalle sin importancia. Ya hoy resulta bastante evidente que donde dice «judíos» se puede poner «checos», «polacos» o cualquier otra cosa. De lo que se trata aquí es de la vacunación sistemática de todo un pueblo —el alemán— con un bacilo cuyo efecto consiste en que todos los portadores actúan contra el prójimo con ferocidad, o dicho de otro modo: se trata de liberar y cultivar aquellos instintos sádicos cuya represión y destrucción ha sido obra de un proceso civilizador de muchos miles de años de duración. En uno de los próximos capítulos tendré ocasión de demostrar cómo amplios sectores de la nación alemana —a pesar de su debilitamiento y deshonra generales— sí que logran reunir defensas, probablemente a partir de un oscuro instinto que les advierte sobre lo que está en juego. De no ser así y en caso de que este intento de los nazis —núcleo principal de todas sus aspiraciones— llegase a buen término, todo conduciría a una crisis humana de primer grado, en la que se pondría en cuestión la pervivencia física de la especie y cuya única escapatoria consistiría probablemente en recurrir por fuerza a medios espantosos, como la destrucción física de todos los afectados por el bacilo lobuno.

Y remata con estas otras conclusiones, plenamente aplicables -podemos lamentarlo, pero no ignorarlo- aquí y ahora, a la vista del resurgimiento de un fascismo nada encubierto y propiciado por los intereses de los reaccionarios de siempre -jaleado por numerosos tontos útiles y oportunistas, unos y otros tan abundantes como la arena en el desierto- que sistemáticamente anteponen una idea de España a los intereses de la mayoría de los españoles:

De este breve esbozo ya se desprende que es precisamente el antisemitismo nazi lo que afecta a cuestiones definitivas sobre la existencia —y no sólo la de los judíos—, alcanzando un límite al que no llegan los demás puntos del programa nazi. Y esto permite hacerse una idea de lo increíblemente ridícula que resulta la opinión, hoy nada infrecuente en Alemania, de que el antisemitismo nazi es un pequeño detalle secundario, o como mucho un defecto de forma que, según se tenga a los judíos en mayor o menor estima, puede lamentarse o aceptarse con resignación, pero que «lógicamente no significa nada en comparación con las grandes cuestiones nacionales». Estas «grandes cuestiones nacionales» son en realidad totalmente insignificantes, forman parte de la rutina  diaria y del caos generado por un período europeo de transición al que tal vez aún le queden unas décadas; pero en verdad no tienen nada que ver con el peligro primigenio que supone el crepúsculo de la humanidad y es lo que el antisemitismo nazi pretende.

lunes, 14 de marzo de 2022

Españoleces (recordando a Ferlosio)

A rajatabla, a machamartillo, verdades como puños, son expresiones incluídas por Rafael Sánchez  Ferlosio como típicas y propias de éste país, en el que seguramente el porcentaje de tontos es similar -siempre hay quien discrepa- al de cualquier otro, pero que aquí mejoran sus carencias de raciocinio con esa voluntad de radical brutalidad. Y que no por casualidad figura tan cercano a otro de sus pecios: (Equívoco pronominal) Se ponen como muy arrogantes usando el plural, porque piensan que Nosotros tiene la ejemplaridad de no ser personal sino solidario, pero Nosotros es tan persona como Yo, y, si cabe, muchísimo peor persona, y es que la pluralidad en este caso, da la ilusoria seguridad del grupo, del rebaño, del partido, de la secta; sí, los españoles -tontos o listos- propendemos a ser sectarios.

Le regalo ambos a James Rhodes para que se inicie -si no lo ha hecho aún- en el conocimiento de las reflexiones de Ferlosio sobre los habitantes de éste país; se deben conocer también los defectos del ser amado para que el amor sea completo y verdadero.

Y, como los antiguos vendedores de peines  de El Rastro, al regalo añado este pecio -internacional, para demostrar que en todas partes cuecen habas- sobre una declaración de Tzipi Livni (que fué Ministra de Asuntos Exteriores y viceprimera ministra de Israel): Todos deben elegir de qué lado están: Cuando la guerra es escatológica la enemistad entre las partes es una separación divina que sería apóstata infringir.

lunes, 7 de marzo de 2022

Atracción fatal

De siempre -lo tengo muy presente aunque de ello haga ya bastante tiempo- mi regla automática para buscar la ubicación donde instalarme, pinchar la sombrilla y extender las toallas en una playa concurrida ha sido elegir aquella que esté en una posición intermedia y equidistante de los dos grupos más alejados entre sí; me parece que así mi presencia resultará lo menos molesta posible al resto de bañistas. Pues bien, también de siempre he observado que si soy yo el que ya está instalado en la playa y llega un grupo -generalmente acarreando niños llorando, perros ladrando o ambos- éste indefectiblemente se instala a distancia de saludo aunque previamente me fuera difícil divisar sin gafas al grupo más próximo; justo al lado, casi, casi, para dar -o tomar- sombra: lo denomino el síndrome de atracción fatal. De la misma forma que trozos de materia parece que se agregaron primitivamente en su giro alrededor del Sol para formar la Tierra debido a la ley de la gravedad, así mis congéneres responden a mi presencia a poco que me muestre y ésta sea detectada; por ejemplo, en los supermercados, en cuanto me detengo unos instantes ante una estantería -generalmente por dudar entre dos productos- siempre, siempre, hay una mano de cuyo propietario yo ignoraba hasta entonces la existencia por haberse situado silenciosamente a mi espalda, que cruza rauda ante de mis narices para llegar al yogur de sabor infrecuente ante el cual yo, precisamente, me había detenido; en general el proceso es totalmente silencioso -lo que aumenta el susto- porque el mencionado propietario  -que suele, lo siento, ser propietaria- de la mano no suele estimar conveniente disculparse por tal invasión de mi espacio personal. Me ha llegado a ocurrir que, sentado tranquilamente en un banco entre los muchos -todos vacíos- en  un parque, alguien fumando -y tosiendo- haya decidido sentarse en el mismo que yo. También, en la época en que utilizaba diariamente el transporte público, concretamente el tren de cercanías, con unos asientos bastante incómodos y por cuya proximidad me resultaba difícil poder estirar las piernas, siempre, siempre, había un viajero que decidía sin dudarlo sentarse en el asiento frente al mío, para disfrutar silenciosamente del paisaje por la ventanilla, aunque -sí, ya sé que lo habías sopechado- el resto del vagón estuviera huérfano de presencia humana; si yo decidía automáticamente cambiar de asiento, era observado con una mezcla de sorpresa y desaprobación por el silencioso recién llegado. Y así una serie sucesiva y variada de síntomas que exceden en su frecuencia la mera aplicación de la ley de probabilidades y con total independencia de mi posible aversión por las relaciones sociales; me he tranformado finalmente en resignado paciente del mencionado síndrome: sé anticipadamente dónde se va a sentar ese señor tan grande y gordo que llega tarde a la sesión de cine, así es que ya suelo tener en mente posibles ubicaciones alternativas para mí mismo. 

Sé que este síndrome no es considerado como tal si no, más bien, una verdadera bendición por profesionales tales como políticos, agentes de seguros, comerciales de todo tipo, vendedores (de coches, de enciclopedias, de peines en El Rastro, etc.), pero yo, que no he sido nunca nada de eso -ni creo tener aptitudes para ello- sigo considerándolo, ya digo, un síndrome, o sea, un conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación generalmente negativa. En fin -ya que consultamos el diccionario- que no gratuitamente la ley de la gravedad es universal y se denomina así: es grave, palabra que significa tanto arduo y difícil como molesto y enfadoso. También que pesa -la caída de los graves, debido a la gravedad, precisamente- o sea, pesado.

viernes, 4 de marzo de 2022

Putin comunista

Que ciertos políticos, pertenecientes generalmente a una extremosa derecha, aseguren sin ruborizarse que el actual régimen ruso liderado por Vladimir Vladimirovich Putin -comenzando por él mismo, que asegura impertérrito que la guerra desatada contra Ucrania tiene por objeto desnazificarla- es comunista puede tener dos explicaciones alternativas, ambas realmente inquietantes: la primera es que sean tontos, la segunda es que nos tomen a todos por tales; aún sin ser totalmente descartable lo primero, teniendo en cuenta que por el cargo que desempeñan deben tener forzosamente acceso a un mínimo de información veraz y contatrastada, me inclino por lo segundo. Y no les falta razón al hacerlo; como ya he reiterado hasta la pesadez, el peligro real para este mundo son los tontos, no los malos; y ésto es así no tanto porque la falta de raciocinio sea perjudicial siempre, si no porque es general, quiero decir porque los tontos -desinformados sin criterio, si queremos ser más precisos- son mayoría y esto  es así al menos desde que fueron de aplicación los famosos once principios de la propaganda atribuídos a Goebbels, aunque yo creo que es así desde el principio de  la humanidad.

Y es que la simplificación maniquea extrema a que puede llevar la propaganda manipuladora conduce a tales conclusiones: si es malo tiene que ser comunista, comunista de asustar; que la realidad no te estropee un titular lo bastante simple como para ser asimilado por el más simple de los mortales: Putin comunista; aunque bastaría una simple comprobación de la actual composición de la Duma (cámara baja de la Asamblea Federal Rusa) que muestra que el Partido Comunista de la Federación Rusa está en la oposición (es el principal partido de ella) con 57 diputados mientras que la fomación liderada por Putin, Rusia Unida, ostenta la mayoría con 326 diputados, para saber quién es y quién no es -nominalmente, al menos- comunista actualmente en Rusia; aunque parece que eso sería tan inútil como decirle a un terraplanista que mire -y explique- las fotos de la Tierra desde el espacio.

Y para documentarse sobre el perfil socio-sicológico de Putin, recomiendo el ilustrativo documental Putin: de espía a presidente. Que ya algo barruntaba yo sólo con ver sus andares.