sábado, 30 de diciembre de 2023

Agr-

Cuando decimos que la cara es el espejo del alma, lo que estamos queriendo decir es que ante la necesidad de categorizar y/o valorar a nuestros semejantes desconocidos, a todos aquellos con quienes a diario nos cruzamos -la inmensa mayoría- de un golpe de vista, todos recurrimos de forma instintiva a la impresión que nos produce su rostro (los ciegos, forzosamente, han de recurrir a escuchar su voz). Y en esa fase pre-cognosciente, hay dos impresiones contrapuestas que constituyen una primera clasificación elemental (positiva/negativa) cuyas palabras descriptivas curiosamente comienzan ambas por agr- : agradable y agresiva. Hay que mencionar que esas impresiones no tienen que ver con la belleza; hay personas, bellas o lo contrario, que igualmente pueden resultar ser en ambos casos agradables o agresivas. Y que, en realidad, ambas son el resultado de nuestra atávica forma primigenia de relación social al dividir a nuestros semejantes en amigos o enemigos.

Por poner algún ejemplo (cada uno decidirá de qué): Iñaki Gabilondo o Rosa María Mateo y María Concepción (Cuca) Gamarra o Carlos García Adanero; y no es casual que -aparte de pertenecer a entornos sociales distintos- los primeros son o hayan sido personajes reconocidos en el mundo de la comunicación y el diálogo y los segundos en el de la incomunicación y el enfrentamiento político (acción-reacción). Aunque también está claro que lo primero puede no ser suficiente y el conocimiento posterior te lo afina y lo segundo gozar del aprecio del resto de agresivos y/o intolerantes. De todo tiene que haber en la viña del Señor, vamos, que hay de tó.


 

lunes, 25 de diciembre de 2023

Buenismo agotado

Difícilmente puede hablarse de mérito si se desempeña un cargo, rol o papel para el que se ha sido único candidato: evidentemente eso es lo que ocurre con la monarquía; como mucho podremos establecer comparaciones entre distintos monarcas, pero siempre teniendo presente que cada uno de ellos es el mejor en su trono y que, en este caso, la palabra mejor no tiene la significación habitual de superior o preferible.

Seguramente para hacernos olvidar esa circunstancia -y por remontar la audiencia, cosa que al parecer le tenía intranquilo- dicen que Felipe VI ha decidido echar el resto en el tradicional discurso de Navidad: lamentablemente se ha podido comprobar que el resto era más de lo mismo (desde hace 0cho años, al menos) y el buenismo también tiene sus límites. Así la vigente Constitución, -a la que según su exposición le falta poquísimo para convertirse en el quinto Evangelio- y que mencionó con reiteración casi obsesiva, como una salmodia, asegurando, por ejemplo, que fuera de la Constitución no hay democracia ni convivencia posibles, no hay libertades sino imposición, no hay ley sino arbitrariedad. Fuera de la Constitución no hay una España en paz y libertad; que sólo le faltó decir que fuera de la Constitución no hay luz ni vida. Cada institución, comenzando por el Rey, debe situarse en el lugar que constitucionalmente le corresponde, ejercer las funciones que le estén atribuidas y cumplir con las obligaciones y deberes que la Constitución le señala; todo un récord: la Constitución dos veces en la misma frase. Eso sí, se le olvidó, como es habitual, enumerar todo lo que estando escrito en la Constitución permanece inédito en la vida real y que hace que democracia, ley, convivencia, libertad y paz continúen siendo metas deseables pero bastante lejanas. Y actualmente vigentes sólo como parodias.

Repetir por enésima vez lo mismo como un conjuro mágico no va a hacer que este se cumpla. Por más que creer en un conjuro inefectivo y que no se cumple es más de voluntariosos y cándidos súbditos que de ciudadanos responsables: nada cambiará mientras éstos últimos no impongan su criterio.

Por cierto, las dificultades económicas y sociales que afectan a la vida diaria de muchos españoles son una preocupación para todos es otro buenismo matizable: primero diciendo deberían ser en lugar de son  y segundo, admitiendo que si lo fueran, los son mucho más para unos que para otros. Y el rey, desde luego, no es de los primeros.

sábado, 23 de diciembre de 2023

Prim y Carrero

No es casual que muchos magnicidios (*) queden sin resolver realmente: los intereses que los propiciaron siguen actuando con posterioridad al magnicidio hasta lograr que queden en el terreno de lo nebuloso y opinable; en un breve repaso podemos recordar en EE.UU. tanto el de Abraham Lincoln (1.865) como el de John F. Kennedy (1.963), concurriendo en ambos objeto tal cúmulo de circunstancias extrañas que hacen sospechar -sin ser necesidad de ser conspiranoico- de una conspiración que va más allá de la certificación de los autores materiales (o ni tan siquiera eso, en el caso de Kennedy, por no hablar del caso de su hermano, Bob Kennedy). Siempre es muy útil aplicar la norma general Cui bono Cui prodest) tan usada en criminalística para orientar cualquier investigación con deseo real de hallar la verdad en estos casos; una que podría suponerse como dificultad suele convertirse en factor clarificador: la concomitancia de intereses diversos, unidos todos ellos en el interés común de hacer desaparecer al magniciado. Otro magnicidio en EE.UU. generalmente menos recordado es el del presidente McKinley, en 1.901 y a manos del supuesto anarquista Leon Czolgosz cuyos dos disparos a quemarropa no lo mataron de forma inmediata, si no al cabo de varios días, se supone que de septicemia derivada de las heridas.

Aquí en España, podemos recordar los casos de Prim y Carrero que sin ser figuras que pudieran ser utilizadas en una reedición de las Vidas Paralelas de Plutarco, sí que están unidas por una serie de detalles, coincidencias y curiosidades cronológicas:

1) Ambos eran militares fungiendo como políticos; desde luego partiendo de perspectivas claramente opuestas tanto relativamente -en relación a su época- como en términos absolutos; Prim un liberal -con el significado de esa palabra en el siglo XIX en España- y Carrero un conservador tridentino y declaradamente antimarxista y antiliberal en pleno siglo XX.

2) El atentado que les costó la vida ocurrió con un decalaje casi exacto de un siglo (1.870 y 1.973) y en el mismo mes, Diciembre (el 27 Prim y el 20 Carrero). Prim no murió inmediatamente producto de los disparos de trabuco utilizados por el grupo que asaltó su carruaje y es muy probable que muriera de infección o septicemia (al igual que Heydrich en 1.942), lo cual ocurrió tres días después de atentado; es de suponer que la muerte de Carrero fuera inmediata tras una explosión que lanzó su vehículo por encima de la altura de las viviendas de la Calle Claudio Coello, donde se provocó la explosión. Ambos sufrieron el atentado mientras se desplazaban en su vehículo (lo mismo que en el caso de Heydrich).

3)...y sí, tal y como exponía al principio, aunque investigaciones oficiales señalaron en ambos casos a los autores materiales (claramente a ETA en el caso de Carrero), muy poco se ha llegado a saber de los inductores, interesados y autores intelectuales, cuya presencia es general en todos los casos.

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(*) Consultar El vicio español del magnicidio de Francisco Pérez Abellán.

viernes, 8 de diciembre de 2023

Atado y bien atado

En el discurso de Navidad de 1.969 Franco anunciaba con su voz aflautada la perpetuación de las esencias del régimen dictatorial que llevaba ejerciendo durante más de treinta años: Todo ha quedado atado y bien atado con la designación como mi sucesor a título de rey del príncipe Don Juan Carlos de Borbón. Que luego los principales valedores y consolidadores de esa designación del dictador, los partidos políticos (UCD, AP, PSOE y el PCE) nos vendieron la Transición -y su traducción a marco legislativo fundamental: la Constitución- como un Santo Advenimiento  Democrático, no es más que la confirmación práctica de la voluntad del dictador, utilizando para lograrlo el engaño masivo: como era conocida la poca aquiescencia social que tal designación tenía, Adolfo Suárez (con el apoyo del resto de los partidos, incluido el PCE) tuvo la habilidad de hacer que los españoles sancionaran, en un sólo paquete, Constitución y Monarquía.

Los dictadores podrán ser cuestionados moralmente pero es poco inteligente creer que no poseen sus propios recursos, habilidades e inteligencia, resultado -o causa- de una decidida y prolongada lucha por el poder. Cuando muchos sonreían -y sonríen- suficientes ante el atado y bien atado de Franco, no hay más que comprobar la situación política actual de este país, medio siglo después.