
Y es que el miedo es el factor clave que manejan los gobiernos como catalizador en la aplicación de la segunda de las diez estrategias de manipulación mediática enumeradas por Chomsky (Crear problemas y después ofrecer soluciones) que describe, explícitamente, el método problema-reacción-solución: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. (Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos). Y el único inhibidor del proceso parece ser la formación de opinión al margen de la desinformación de los medios oficiales. Y, sobre todo, teniendo muy presente la sexta estrategia de las mencionadas por Chomsky: Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión, para intentar hallar la forma de neutralizarla mediante un análisis frío y objetivo de la realidad.
Como alternativa: creer que la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza y, en conclusión, la rendición:...ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano. Con ese retrato de Winston Smith finaliza Orwell 1984.
Como alternativa: creer que la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza y, en conclusión, la rendición:...ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano. Con ese retrato de Winston Smith finaliza Orwell 1984.
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