
Lo primero, el fútbol es un deporte-espectáculo, pero también un juego -cosa que parece ignorarse habitualmente- y por tanto incorpora una impredecible dosis de azar (valga la redundancia). Claro está que, para los jugadores, una adecuada forma física y una depurada técnica de control del balón ayudan, pero todo ello debe estar -como en el Arte- al servicio de una idea, de un planteamiento, de una estrategia para ganar, teniendo siempre muy presente las habilidades del contrario. Y he mencionado el Arte no por casualidad: cualquier actividad humana, desde las anónimas habilidades de un artesano hasta los deportes de consumo multitudinario convertidos en circo mediático, pueden ser objeto de depuración y mejora aplicando el ingenio humano hasta convertirlos -o casi- en un arte.
Parece que hace diez años en este país se inventó -existen varios candidatos a la paternidad del invento, aunque Luis Aragonés parece el padre más probable- una forma especial de jugar al fútbol: el denominado casi despectivamente tiki-taka, que, a su vez está basado en una idea tan básica como es la de mantener el máximo tiempo la pelota como premisa necesaria para luego decidir que hacer con ella; simultáneamente, parece que si al contrario se le priva de su posesión, se le impide crear peligro; las soluciones sencillas son -incluso desde un punto de vista filosófico o científico- las que mejor funcionan. Pero las soluciones funcionan o no dependiendo no sólo de sí mismas, sino en un ambiente, en unas determinadas condiciones y si esas condiciones o circunstancias varían y a ello se añade la supuesta intención de mejorarlas o ponerlas al día sin una adecuada capacidad y/o una visión global y profunda del problema -además del desgaste que implica que los adversarios hayan dedicado tiempo a estudiar como contrarrestar una determinada estrategia- estaremos ante la inexcusable necesidad de generar nuevas estrategias o formas de juego competitivas. Efectivamente, nada es eterno, parece que habrá que buscar nuevas ideas.
Sin olvidar nunca otra de las máximas de Boskov: El fútbol es imprevisible porque todos los partidos empiezan 0-0.
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