
Por otra parte, ¿a quien cree él que va a asustar esa situación económica muy difícil con que nos amenaza si no nos reformamos adecuadamente?, ¿a los cinco millones de desempleados de los cuales la mitad no perciben actualmente ninguna protección por desempleo?, ¿a los trabajadores con empleo precario e intermitente y que son, simultáneamente, pobres? ¿a los jóvenes preparados que trabajan en el extranjero por falta de oportunidades en ésta país?. En su opinión, España ha tenido una inercia económica muy importante
gracias a los vientos de cola exteriores debidos al precio del
petróleo, los tipos de interés y las facilidades crediticias a escala
mundial y europea. Esto no va a durar siempre, esta inercia se acaba,
no la vamos a tener siempre, habrá que ir con cuidado. Deduzco, pues, que tampoco cree que la supuesta recuperación sea mérito interno sino debido, más bien, debida a los vientos de cola del exterior. Menos mal que contamos con él como navegante experto para avisarnos.
En todo caso, para evitar el bloqueo, el señor Rosell nos ha participado también una ocurrencia de esas tan propias de su inquieta mente, opinando que, en el futuro podrían buscarse soluciones como la votación secreta
de los diputados, para que así nadie fuera prisionero de lo que dicen
los partidos políticos. Claro está que el voto parlamentario y la supuesta potestad individual de cada representante elegido han acabado siendo una pantomima, pero seguro que él ha continuado mentalmente la frase anterior: para pasar a ser prisionero, directamente y sin intermediarios, de empresarios y de los grandes poderes económicos.
Después de alguna que otra lindeza sobre el cálculo del IPC -seguro que no existen temas más graves- y de opinar que necesitamos un poco de legislación; poca, buena, que dure lo máximo posible, (y además barata, supongo) ha concluído su sermón, próximo al ictus, por la necesidad de permitir el adecuado riego sanguíneo de su incansable cerebro.
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