
Antonio, que hizo verdad su verso soy, en el buen sentido de la palabra, bueno, también cumplió con éstos:
Y cuando llegue el día del último viaje
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo ligero de equipaje casi desnudo, como los hijos de la mar.
(Al parecer, Antonio y su hermano José se turnaban en el uso de la única camisa decente que tenían para bajar a cenar en el pequeño hotel Bougnol-Quintana en Colliure, donde pasaron días tan tristes y angustiosos).
Late, corazón... No todo
se lo ha tragado la tierra.
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En memoria de Bartolomé Mora Mora, que también fue, en el buen sentido de la palabra, un hombre bueno. Y al que, igualmente, nuestra guerra marcó para el resto de su vida.
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