viernes, 12 de agosto de 2016

Repelús

Vemos habitualmente a Mariano Rajoy dedicado a ese pseudoejercicio consistente en andar rápido como práctica cuasi-zen para  enfrentar los problemas de la política y de la vida en general: un entrenamiento barato para -según él-  evitar tropezones y alcanzar objetivos. Pero, con sinceridad, verle bracear casi como un poseso, como si llevara unos invisibles bastones de slalom en nieve -o como aquéllos que en el servicio militar eran incapaces de llevar el paso en formación y bracear con naturalidad y parecían muñecos de cuerda-, todo ello  mientras sus acompañantes y escoltas van en los videos a su misma velocidad pero de paseo y andando normal, resulta bastante patético. Si a ello añadimos unas canillas tirando a yeso, esa cara de gato de Cheshire en pleno esfuerzo y el cartón que se le divisa -cada vez de mayor extensión- en plena terraza, acaba por hacernos sufrir el ver unas imágenes tan desasosegantes -que algunos medios reiteran en bucle y de forma inmisericorde-, imágenes que creo que más uno desearía instintivamente evitar, así como esas ligeras convulsiones de vergüenza ajena, al verlas. Que sólo faltaría embutirle en un chándal tipo Maduro (a fin de evitar el deslumbramiento por blancura de sus extremidades inferiores) para producir algún que otro repelús fatal. Yo aconsejaría que evitara también ésta práctica en las playas de Galicia -u otras en las que se remoje- no vaya a provocar involuntariamente alguna alarma por tiburón u otros peligros, haciendo creer a los vigilantes que huye, viendo su enérgico braceo.
Respecto al  deporte, yo creo que sería suficiente con que el señor Rajoy continuara leyendo el Marca y asistiendo como espectador al fútbol o a otros acontecimientos deportivos a los que le inviten. Total, ahora deben resultarle gratis. Como mucho, que practique bicicleta estática en la intimidad. Aunque, como dice Angel Gabilondo en su sentencioso libro  Por si acaso: Cada cual hace su propio e insustituible ridículo.

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