
Lo
cierto es que nadie que esté al corriente de los antecedentes de la
construcción efectiva del ideal europeo puede sorprenderse ahora; desde
sus inicios, Schumann, de Gasperi o Adenauer plantearon que la economía habría de servir de locomotora para iniciar la construcción de una Europa unida,
pero de una Europa de ciudadanos. El tiempo ha demostrado reiteradamente
que sin añadir políticas que marquen la ruta y el recorrido a esa
locomotora para alcanzar metas de mayor justicia e igualdad social, la Unión Europea queda reducida a una Europa de mercaderes. Y es sabido de siempre
que el capitalismo tiene sus propias metas, y que entre ellas no está, por ejemplo, alcanzar lo propuesto en los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) (*), sino más bien imponer las sencillas reglas que constituyen las Obligaciones del Productor y del Consumidor.
(*)http://www.conseil-constitutionnel.fr/conseil-constitutionnel/root/bank_mm/espagnol/es_ddhc.pdfsino
(*)http://www.conseil-constitutionnel.fr/conseil-constitutionnel/root/bank_mm/espagnol/es_ddhc.pdfsino
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