viernes, 8 de octubre de 2021

La Biblia (primera parte)

La Biblia es un conjunto histórico de libros que en el judaísmo y el cristianismo se consideran producto de inspiración divina; sin embargo, hay quien opina que...al igual que el Antiguo Testamento, el Nuevo es también una obra de carpintería tosca, ensamblada de manera forzada mucho después de acaecidos los pretendidos acontecimientos y llena de vacilaciones e improvisaciones para presentar los hechos de la forma adecuada (Dios no es bueno - Cristopher Hitchens); sólo puedo objetar a Hitchens el título que, para aquellos que no lo hayan leído podría sugerir que Dios realmente existe y no es realmente muy bondadoso (afortunadamente existe otro libro suyo que despeja las dudas: Dios no existe, que viene a ser una recopilación de reflexiones sobre Dios y la religión de una serie de pensadores -desde Lucrecio a Spinoza, Darwin, Mark Twain, Sigmund Freud, Orwell y Bertrand Rusell, por citar algunos). 

Lo cierto es que, yendo a la primera parte, el Antiguo Testamento es una serie de auténticas pesadillas gore, venganzas y matanzas donde frecuentemente aparece la crueldad y la venganza como características de un Dios a menudo colérico y recriminador con su pueblo, el pueblo elegido, que pese a serlo, parece que incumplía con frecuencia sus directrices; a modo de ejemplo, podemos recordar el episodio en el que Moisés se retira a la montaña para recibir del mismo Dios unas normas concretas y escritas de comportamiento (un protocolo de actuación religiosa, que se diría ahora):  las tablas de la ley. Tras las tablas, Moisés recibe -Dios lo ve, lo oye y lo sabe todo- un pertinente aviso, (como el de una empresa de seguridad de hoy  manejando alta tecnología, casi omnisciente; Exodo 32:21-29): Desciende pronto, porque tu pueblo, que sacaste de la tierra de Egipto, se ha corrompido. Bien pronto se han desviado del camino que yo les mandé. Se han hecho un becerro de fundición y lo han adorado, le han ofrecido sacrificios y han dicho: “Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto.” Y el Señor dijo a Moisés: He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz  (esta expresión se usaba en referencia a animales domésticos que no respondían con docilidad al freno, cabezal o yugo) Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos (parece que Dios necesita un tiempo y aislamiento para el adecuado calentamiento de la iracundia) y los consuma; mas de ti yo haré una gran nación. (¿una promesa, autorización o franquicia divina  para permitir a Moisés convertirse en dictador religioso y político en su nombre?). Moisés regresa al campamento para comprobar el comportamiento del rebaño humano del que es pastor, monta en cólera refleja (por mandato divino) y al ver que es cierto el aviso (evidentemente), rompe las tablas de la ley (de una calidad y consistencia muy poco divinas, al parecer) y después de destruir con un alto grado de sofisticación el becerro  de oro: tomando el becerro de oro lo quemó en el fuego, lo molió hasta reducirlo a polvo y lo esparció sobre el agua, e hizo que los hijos de Israel lo bebieran, ordenó: Póngase cada uno la espada sobre el muslo, y pasad y repasad por el campamento de puerta en puerta, y matad cada uno a su hermano y a su amigo y a su vecino. Y los hijos de Leví hicieron conforme a la palabra de Moisés; y cayeron (para no volverse a levantar, muy posiblemente) aquel día unos tres mil hombres del pueblo. Y Moisés dijo: Consagraos hoy al Señor, pues cada uno ha estado en contra de su hijo y en contra de su hermano, para que hoy El os dé una bendición; éste es el corolario poco conocido y divulgado del episodio bíblico de las tablas de la ley: todo paz y amor; como para animarse a incumplir alguno de los Diez Mandamientos. Por puro convencimiento.

Comprendo que éste ramalazo de ateísmo demostrativo y anecdótico pueda parecer anticuado o extemporáneo -no más que la propia Biblia, en todo caso- a alguien, pero creo que es lo más sano comenzar por el principio, si no querermos encontrarnos cualquier día coreando y siguiendo irracionales presupuestos totalitarios; lo primero que anula la religión es nuestra confianza en una de las pocas herramientas sólidas de las que nos ha  provisto la naturaleza: la capacidad de raciocinio. Aunque sin olvidar la única enseñanza aprovechable del pasaje: el becerro de oro sólo es un dios sustituto y no de mayor calidad de aquél al que pretendían sustituír los judíos en el Sinaí. Me parece.

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Creemos

No es nada nuevo, data de Junio de este año, pero hay veces que es mejor no comentar lo inmediato, siempre se corre el peligro de ir a rebufo de lo que otros comentan y no tener una opinión realmente propia sobre lo comentado; además, parece que ya ha finalizado la Convención del PP,  itinerante, a modo de cónclave distribuído geográficamente. Así pues, creo que ya me puedo permitir estas reflexiones sobre el lema y la campaña publicitaria basada en el Creemos por parte del PP.

En un repaso rápido -a la fuerza, y no apto para epilépticos- comenzamos con un Creer para crear, un PP ya en modo dios: es sabido que crear, crear, sólo Dios puede hacerlo, los humanos a lo sumo transformamos lo que la naturaleza nos ofrece. Pero puestos a creer -aunque sea sin crear- en el PP creen en las personas, en las soluciones, en la familias, en los jóvenes, en los mayores, en la conciliación, en el progreso, en las pensiones justas, en un mundo sostenible, en el empleo de calidad, en el esfuerzo, en la mejor educación, en el Estado de Derecho, en una Justicia independiente, en la concordia, en la Unidad de España, en Europa, otra vez en España, en oportunidades para todos y finalmente, en un futuro en libertad. Pero veamos, ¿qué es creer en las personas, en los jóvenes y en los mayores, en España, en Europa? ¿constatar que existen?;  ¿que es creer en el progreso, las pensiones justas, el empleo de calidad, el Estado de Derecho, la Justicia independiente, la mejor educación, oportunidades para todos? ¿desear que existan?; claro, ¿alguien  cree o desea lo contrario en uno y otro caso?; el asunto crítico y para lo que se supone que debe servir la política -no sólo para vivir de un cambio siempre pospuesto- es cómo lograr concretar esos deseos, qué dotación de recurso públicos se propone disponer para hacerlo y cuanta voluntad política existe para llevarlo a cabo. Quiero decir que, entretanto, el creemos no deja de ser como la creencia de los niños en los Reyes Magos: algo propio de la inocencia infantil, de la que los mayores -o los dirigentes políticos, en este caso- se aprovechan con cierto morbo. Por no hablar de la libertad.

Antes de la llegada de la posverdad, parece ser que alguien ya había dicho que la verdad es lo que se elige creer; es difícil no estar de acuerdo con ésto ya que, para empezar, resulta ser una afirmación autocontenida, es decir, podemos elegir creer que la frase no es cierta, lo que nos deja, claro, sin saber lo que es verdad pero con absoluta libertad para creer, que es lo que parece que los creativos publicitarios de la campaña de la convención del PP querían demostrar. Incluso que podemos crear creyendo; otra cosa el que lo creado sirva para algo: que nos sirva a nosotros, quiero decir; hay quien vive a cuerpo de rey vendiendo creencias. Y, también la verdad se inventa, que decía Machado.

En todo caso, ya se sabe, en muchas ocasiones, irracionalmente, las creencias son cuestión de fe: eso parece ser lo que el PP desea para sus votantes y militantes: la fe del carbonero, a salvo de cualquier memoria y racionalidad de la creencia.

sábado, 2 de octubre de 2021

Campoamor y el voto de la mujer

Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos....defendí esos derechos contra la oposición de los partidos republicanos más numerosos del Parlamento, contra mis afines. Triunfó la concesión del voto femenino por los votos del Partido Socialista (con destacadas deserciones), de pequeños núcleos republicanos: Catalanes, Progresistas, Galleguistas y Al Servicio de la República, y, en la primera votación de las que recayeron, por las derechas. En la última y definitiva, por la retirada de las derechas sin sus votos....Finada la controversia parlamentaria con el reconocimiento total del derecho femenino, desde diciembre de 1931 he sentido penosamente en torno mío palpitar el rencor. Razón aparente: que el voto había herido de muerte a la República; que la mujer, entregada al confesonario, votaría a favor de las derechas jesuíticas y monárquicas.
 
Hoy, cuando casi todos los partidos políticos se apuntan como propio el mérito de haber defendido la instauración del derecho a voto de la mujer, reconocido por las Cortes Constituyentes de la República Española el 1 de Octubre de 1931, no está de más recordar las palabras de la propia Clara Campoamor, con las que prologa su libro El voto femenino y yo: mi pecado mortal (publicado en 1936) y que he citado al principio. Ya en otra entrada mencioné la perversa paradoja y las contrapuestas motivaciones que llevaron a unos y otros diputados -en muchas ocasiones del mismo partido- a votar lo que votaron (o se abstuvieran) respecto al Artículo 36 (*) (34 en una numeración inicial) y que también menciona Clara Campoamor en el prólogo de su libro como razón aparente. Mejor leer el libro de Clara Campoamor para entender lo de aparente. 
 
Y como lo mejor suele ser siempre recurrir a las fuentes, recomiendo la instructiva lectura del Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes de la República Española correspondiente a la Sesión de día 1 de Octubre de 1931. El resultado de la votación fué, como es sabido, de 161 votos a favor y de 121 votos en contra; no suele mencionarse, sin embargo (ni siquiera en el citado Diario de Sesiones) que el número de abstenciones fué de  181, veinte más que los votos afirmativos. (La votación se realizó de forma nominal, para lo cual los diputados se alzaban de sus sillones para emitir su voto. Gracias a esto, podemos saber, muy aproximadamente,  quiénes votaron a favor y quiénes en contra, a pesar de que en el acta del Diario de Sesiones, varios nombres no coinciden con ninguno de los registrados como diputados  en la base de datos del Congreso). El diputado nacionalista catalán Carrasco i Formiguera (fusilado posteriormente en 1937 por los militares sublevados contra la República por el delito de adhesión a la rebelión; el 25 de septiembre de 2005, el Congreso de los Diputados acordó anular el consejo de guerra al que fue sometido) quiso, con posterioridad a la votación, explicar su voto aportando su razón esencial (la que a mí también me parece la razón esencial): Lo que no puede hacer la República es admitir aquí el principio de igualdad de derechos de los dos sexos y venir después a excluir del derecho de voto a la mitad de los ciudadanos españoles....estoy explicando el voto diciendo que he votado por la República y por la democracia.  
 
A modo de curiosidad -o algo más, quizás- entre los votos afirmativos figuran -además del de Clara Campoamor- los de Alcalá-Zamora, Fernando De los Ríos, Araquistain, Largo Caballero, Companys, Azorín, Jiménez de Asúa, Madariaga, Pérez de Ayala, Negrín, Ginés de los Ríos, Azcárate; entre los negativos están los de Victoria Kent, Ortega y Gasset,  Sánchez Albornoz, Martínez Barrios,  Royo Villanova, Elola, Lamamié; a Manuel Azaña no lo encuentro ni entre los unos ni entre los otros, por lo que deduzco que se abstuvo, aunque su grupo político de entonces (Acción Republicana) votó mayoritariamente en contra. Tampoco puede encontrarse como votante al socialista Prieto, por entonces ministro de Hacienda y cuya opinión conocida era que conceder el voto a la mujer era una puñalada trapera a la República, igualmente se abstuvo el  tambien socialista y entonces presidente del Congreso de los Diputados, Julián Besteiro, sin olvidar a Margarita Nelken, también diputada socialista e igualmente contraria al voto de la mujer; el PSOE acordó, al menos, que ninguno de sus diputados votara en contra y, finalmente,  de los 161 votos positivos, 84 fueron de diputados del PSOE (el grupo parlamentario socialista lo integraban 110 diputados). Que cada palo aguante su vela.

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(*) Artículo 36 - Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.



viernes, 1 de octubre de 2021

Desierto

Tumbado y semiarropado en la manta multicolor mauritana, me fuí acercando a las brasas bajo las cuales Ahmed había hecho aquél delicioso pan que constituyó la cena acompañando al té; acababa de anochecer, pero ya se comenzaba a sentir un frío inimaginable sólo una hora antes. Me comodé el turbante azul de modo que sólo quedaron al descubierto los ojos y me giré hacia arriba;  sentía aún el calor de las ascuas en la mejilla izquierda; abriendo los ojos, sólo pude sospechar el espectáculo, para confirmarlo hurgué en uno de los bolsillos exteriores de la sahariana y con movimientos automáticos extraje las gafas y me las calcé para extasiarme de inmediato ante la inmensidad, nitidez y profundidad  de aquél cielo azul oscuro con miríadas de brillantes de todos los tamaños cosidos en él. El aire era denso, casi palpable, a tono con la intensidad del cielo; girando la cabeza podía ver la Luna en creciente somero, apenas dibujando el arco de su borde luminoso. Me dió el tiempo justo para guadar las gafas; recuerdo haber oído algún ronquido de los dromedarios antes de quedarme dormido oyendo en mi cabeza algún pasaje épico de la música de Lawrence de Arabia.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Estableciendo la agenda

La pandemia Covid-19, Afganistán, el precio de la luz, la erupción del volcan de La Palma... esa es, resumida -o no tanto- la agenda setting para el mes de Septiembre en España (para quien ignore qué es la agenda setting ó teoría del establecimiento de la agenda): esa ha sido la realidad que los grandes medios de comunicación nos han transmitido para mantenernos convenientemente desinformados de otros temas tanto o más importantes para el ciudadano medio; la técnica es conocida y masivamente -también- utilizada por los medios (cumpliendo así con los intereses que los dirigen).

Si analizamos someramente la evolución de los sistemas de propaganda basados en los medios de comunicación masivos -casi universales-  desarrollados a partir del siglo XX, desde los Once principios de la propaganda atribuídos a Goebbels hasta los Diez estrategias de la manipulación mediática atribuídas a Noam Chomsky (aunque su verdadero autor es Sylvain Timsit), vemos que la clave de todas esas estrategias, consistentes generalmente en sobresaturar ciertas verdades para ocultar la verdad esencial, se basan en la ignorancia de los receptores de los mensajes transmitidos por los medios: una ignorancia premeditadamente fomentada -abonando un extenso campo- por los poderosos intereses minoritarios de quienes controlan lo que sucede en el mundo.

Pero para saber cual esa verdad esencial que se nos oculta, cualquiera puede recurrir a preguntarse cosas que nos atañen directamente como ciudadanos de este país, tan sencillas como evidentes: ¿es sostenible un sistema socio-económico que mantiene a lo largo del tiempo un paro juvenil cercano al 50% y simultáneamente defiende que ha de retrasarse la edad de jubilación hasta los 70 ó 75 años?, ¿es viable un sistema democrático cuyo Jefe del Estado es una herencia de la época medieval y cuyo primer representante de un cargo hereditario -el de rey- fué instaurado por un dictador que, previamente, había derrocado una democracia legalmente constituída por la fuerza de las armas?, ¿es admisible que la Iglesia católica esté exenta del pago del IBI y tenga la potestad de inmatricular edificios, fincas y parcelas a su nombre, muchos de ellos de titularidad pública?, ¿para cuando sería esperable que las entidades bancarias devolvieran los 60.000 millones de fondos públicos que recibieron como préstamo?, ¿es compatible que tanto el precio de adquisición de vivienda como el alquiler estén por las nubes- y continúen subiendo- con que existan mas de 2.000.000 de viviendas vacías, sin que exista alternativa habitacional para los desahuciados?, por ejemplo... y así tantas otras, para deducir de inmediato todo aquello que los medios de comunicación nos ocultan. Y posibilitar, al menos, el establecimiento de una agenda personal con todo ese listado de asuntos postergados, es decir, con todo aquello de lo cual no tenemos información de los medios. Que suele coincidir con los intereses reales de lo que supongo que es la mayoría de los españoles.