martes, 3 de septiembre de 2019

Dos reglas y una ilusión

Las intensas vacaciones de Alberto Carlos Rivera nos lo han devuelto con ganas y se vé que, apenas comenzado el curso, ya domina dos de las cuatro reglas de la aritmética: Hay que sumar con inteligencia; España suma, pero la corrupción resta; con lo que ha dejado compungido al PP, que pretendía una coalición de las derechas, una reedición de la histórica CEDA; además, el PP ha mostrado su inferioridad aritmética frente a Ciudadanos ya que con su España suma se ha quedado en la primera regla: sumar (aunque hay que reconocer que esa operación la dominan;  una caja A se les queda pequeña para la velocidad a la que consiguen sumar, haciendo gala de ello).
Eso sí, cuando Rivera suma, lo hace siempre pensando en el bien de España; al parecer en Ciudadanos desean seguir conservando la triple ilusión: que son un partido liberal, que son un partidor regenerador y que han venido para superar en España la división entre rojos y azules (cierto que ésto último es del curso próximo curso, donde se estudiará la multiplicación y la división, pero es que Rivera tiene mucha capacidad).
Aunque creo que, a riesgo de resultar reiterativo, habría que recordar el significado de la palabra ilusión, que Ciudadanos defiende ser la base de su proyecto político: Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por el engaño de los sentidos.

domingo, 1 de septiembre de 2019

No es relato, es cuento.

Relato y cuento comparten significado en gran parte pero, no obstante, últimamente se usa y abusa por parte de los políticos del primer término cuando, generalmente, debía usarse el segundo debido al matiz -importante- de que si no hay pretensión de respetar nunca la verdad o, al menos, la verosimilitud, más que de relato lo suyo sería hablar de cuento; a veces chino, a veces de viejas y a veces infantil; pero ya digo, generalmente pura ficción, lo que lo distingue del relato, que suele considerarse un término algo más serio y pretencioso y cuyo significado parece más encaminado a ajustarse a la realidad (quizá sea ese el verdadero motivo de la preferencia de los políticos por el término relato, pretendiendo cierta respetabilidad, o quizá sea puro seguidismo de la terminología anglosajona, como es frecuente).
Pedro Sánchez y otras figuras parlantes del PSOE, por ejemplo, parece que hayan asistido a algún taller de escritura, concretamente en la especialidad de cuentos chinos (que seguro que a los chinos no les hace ninguna gracia la denominación, pero a nosotros nos sirve para entendernos); no es que dominen especialmente la técnica: les suelen quedar generalmente unos cuentos embarullados y de los que se pilla el truco -o falso meollo- casi de inmediato, y con propensión a mezclarlo con una de las variantes menos vendibles de cuento: el cuento de nunca acabar, que es en el vivimos políticamente desde hace unos meses (si no años), como en un eterno día de la marmota.
En una entevista de el diario El País a Pedro Sánchez -parece que ya olvidado algún que otro encontronazo del pasado reciente- Pedro Sánchez le dá otra mano a su cuento preferido -ya digo, híbrido entre la especialidad china y la de nunca acabar- y que podríamos titular Podemos tiene la culpa, que, a ojos de alguien que no supera que Unidas Podemos es el nombre de un partido político quedaría como un título bastante inquietante y misterioso (además de una frase mal contruída); porque, aunque el cuento es verdaderamente inquietante -por las consecuencias que puede tener directamente en la ciudadanía- la verdad es que poco hay de de misterioso en él: el cúmulo de medias verdades, falsedades, tergiversaciones, ligado con una verborrea vacua a modo de aglutinante, todo ello resulta transparente en su intento de demostrar el título del cuento.
Como es imposible pormenorizar y comentar todas y cada una de las afirmaciones del presidente del gobierno en funciones en la mencionada entrevista -que convertirían éstas líneas en un soporífero ladrillo del tamaño de lo comentado- voy a incluir sólo una muestra: los españoles el pasado 28 de abril y el 26 de mayo ya dijeron que quieren que gobierne el Partido Socialista. A partir de ahí, estoy convencido de que los ciudadanos españoles, si eventualmente hay elecciones, optarán siempre por un Gobierno progresista, porque solamente el Partido Socialista puede dar respuesta —y, además, lo hemos visto durante estos últimos 40 años— a los desafíos, a las modernizaciones que necesita nuestro país; ¿qué, que se pueden acumular más mentiras e invenciones en una sóla frase?; difícil está, sí. 1)Porque los españoles no dijeron lo que el señor Sánchez dice que dijeron, 2) nadie sabe -y él tampoco, supongo, salvo que todo esto de la democracia sea un engaño más descarado de lo que ya sospechamos que es- por lo que optarán los españoles en unas nuevas elecciones y 3) si es por las políticas realizadas por el PSOE en los últimos cuarenta años, en fin, sería cuestionable si las modernizaciones que el país necesita han de estar en manos de un partido que ha desmostrado hasta la saciedad responder en la práctica a los mismo principios neoliberales que el PP; no hay más que dar un repaso a los incumplimientos del PSOE en el último año; por no hablar de los 40 años anteriores. Y no creo que sea yo quien ha destripado el cuento.

sábado, 31 de agosto de 2019

La perdiz a punto de vomitar

De enjundiosos análisis de la situación política actual se deduce que hay dos posibles alternativas inmediatas: ir a unas nuevas elecciones (algo parecido a abrir la caja de los truenos, por su imprevisibilidad) o ir a la conformación de gobierno por acuerdo de dos o más fuerzas políticas en función de su representación en el Congreso de Diputados. Sí, esta última, que parecía la solución inmediata y evidente a raíz de las pasada elecciones de Abril, ha demostrado no ser tan inmediata ni tan evidente para algunos partidos, concretamente para el PSOE que, en posición fetal, añora hasta la irracionalidad los buenos tiempos del bipartidismo y desea a toda costa modificar la realidad a cualquier precio para materializar sus sueños. Porque, las soluciones, a raíz de las pasadas elecciones, siempre estuvieron ahí para el PSOE como la mayor fuerza parlamentaria y con la responsabilidad, por tanto, de elegir una de ellas: pactar con Unidas Podemos para un gobierno de izquierda o pactar con Ciudadanos para un gobierno posibilista -me resisto a considerarlo siquiera de centro- y a la medida de los deseos del establishment (incluso podría haber renovado el concepto de la Gran Coalición, con el PP, para que no cupiera duda); pues bien, el PSOE ha perdido cuatro meses para convencernos -y seguramente también para convencerse, no se explica si no- de que ninguna de las dos soluciones le satisface; en consecuencia, aquellos a los que se les llena la boca de constitucionalidad, de gobernabilidad y de responsabilidad institucional, son quiene tienen todos estos conceptos en suspenso desde hace cuatro meses, anteponiendo sus intereses partidistas a los del país, que continúa siendo administrado según los presupuestos generales del PP, como ya amenazó en su día Mariano Rajoy, al que habría que reconocer en esta ocasión sus dotes proféticas, ya que no otras. 
Y todo, ya digo, por conseguir -en una hipótesis con poca viabilidad real- volver al agradable calorcillo familiar del antiguo bipartidismo que les asegure el poder político absoluto, donde tan cómodos y seguros se encuentran y donde pudieran continuar ignorando sus promesas electorales con total impunidad. Y entretanto, la perdiz en la que todos nos reconocemos, no ya mareada, sino a punto de vomitar, con lo infrecuente que eso debe ser; en fin, esperemos que los arúspices del PSOE tengan tiempo para  interpretar los vómitos que se produzan en unas nuevas elecciones tal y como los antiguos interpretaban las vísceras de los sacrificios. Aunque, seguramente, creo que sólo podrán, como los economistas, predecir el pasado.

viernes, 30 de agosto de 2019

Los 300 y el plan portugués

La diferencia entre las dos soluciones políticas a la conformación de un gobierno progresista (de izquierda, sí, pero tambien progresista) en éste país, es decir, entre un acuerdo programático o un gobierno de coalición, es sabida: la primera pasa por acordar un programa -el PSOE ya vá por los 300 puntos, de reminiscencias épicas y espartanas- entre el PSOE y Unidas Podemos, pero dejando al PSOE la responsablidad única de llevarlo a cabo con un gobierno monocolor y la segunda sería, básicamente, la aplicación de ese mismo programa pero con la incorporación de representantes de Unidas Podemos en un gobierno de coalición, de acuerdo al peso de ambas formaciones políticas (ya fuera en votos obtenidos en las últimas elecciones generales, o en escaños en el Congreso de Diputados). Aunque el fondo de ambas soluciones es el mismo -un programa común acordado- las dos propuestas difieren en la  forma, es decir el modo práctico de llevar ese progama a cabo; el PSOE apuesta claramente por la primera (el denominado plan portugués) y Unidas Podemos por la segunda. Y ¿porqué la forma es aquí el principal punto de desacuerdo entre ambos partidos? pues, en primer lugar, porque Unidas Podemos considera que el gobierno del PSOE durante éste último año -gobierno que fué posible gracias a la labor parlamentaria de Unidas Podemos- presenta una alta tasa de incumplimientos  (lo que no ha ocurrido en Portugal en estos últimos años, detalle omitido habitualmente por los defensores del plan portugués) de sus promesas respecto al desarrollo de políticas progresistas que revirtieran las de los anteriores gobiernos del PP; en definitiva, ese problema de forma denota el real problema de fondo: la demostrada falta fiabilidad en el cumplimiento de cualquier programa -sea de 300 o de n puntos- por parte del PSOE y su práctica asunción del mantenimiento de las políticas neoliberales que implantó el PP en diversos apartados -economía, libertades, garantía de los servicios públicos, etc.- es decir, como ya ha señalado claramente Vincenç Navarro: la renuncia del PSOE a su compromiso reformador del Estado, tanto en el tema social (con el abandono de las políticas que se enfrentaban con los poderes fácticos) como en el nacional; por resumirlo: el abandono de todos y cada uno de los principios básicos de la socialdemocracia, siquiera fuera desde un punto de vista teórico. De ahí que hace ya un tiempo el PSOE se vea necesitado de renovar esa cobertura formal de adscripción a la izquierda (Somos la izquierda): no tanto por reivindicarse como izquierda real sino, simplemente, como mera propaganda  con objeto de robar los votos de quienes crean en sus promesas progresistas; unas promesas con una bajísima probabilidad de cumplimiento (si fuera un crédito sería clasificado como CC: muy alta la probabilidad de impago). Es por ello que en unas previsibles próximas elecciones generales todo dependerá, en gran medida, del grado de ignorancismo de los votantes. Soy poco optimista al respecto; ya dijo Karl Popper que la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos sino el hecho de negarse a adquirirlos; de esto último tenemos en este país numerosos virtuosos, que no cambiarían por nada continuar flotando plácidamente en su piscina de ignorancia.

lunes, 26 de agosto de 2019

Mala suerte

El Ministerio de Sanidad ha aconsejado a quienes tengan en su domicilio algún otro producto de Magrudis, la empresa comercializadora de la marca La Mechá (el origen del brote de listeriosis con más de 200 afectados, sobre todo en Andalucía), que se abstengan de consumirlo y que, en caso de haberlo hecho y presentar algún síntoma, acudan al médico.  Que, no sé porqué, me ha traído a la memoria aquello de virgencita, que mi mujer no me engañe, y si me engaña que no me entere, y si me entero que no me importe; gran capacidad de acomodación de -no a- la realidad o, más sencillo,  el que no se conforma es porque no quiere; como han mostrado claramente las autoridades sanitarias de éste país (locales, autonómicas y estatales), siendo así que el 15 de Agosto -hace diez días- FACUA-Consumidores en Acción ya había alertado de la potencial peligrosidad de la contaminación bacteriana, enumerando ya entonces un número significativo de casos.
Pese a todo, realizo hoy en Internet una busqueda sobre el tema y encuentro no menos de cinco medios que titulan así el tratamiento de la noticia: Si encuentran bacterias en un quirófano, ¿cómo no va a haber en mi fábrica?, atribuída al joven gerente de la mencionada empresa, Sandro José Marín Rodríguez -supuesto testaferro de su padre, que sería el propietario real de la empresa Magrudis- que, también se muestra pesaroso  sobre la cantidad de lejía -no sé si por exceso o por defecto- en que ha gastado su dinero. 
Pues sí, la guerra contra las bacterias patógenas para el hombre -existen otras sin las cuales posiblemente no podríamos vivir- es una guerra interminable, pero para la mayoría existen procedimientos que permiten su control, reduciendo su concentración y proliferación a una cantidad tolerable para el hombre mediante la esterilización y la higiene, al menos desde los tiempos de Pasteur (aunque las bacterias no se vean). Y parece más que evidente que entre la concentración de bacterias existente en un quirófano (siendo como es un Hospital un lugar evidentemente peligroso desde ese punto de vista, por motivos obvios) y la existente en las cadenas de producción de embutidos cárnicos en la empresa Magrudis, existe un amplio recorrido; lo digo porque al leer el titular mencionado se crea la impresión de que la fabricación de embutidos en ésta empresa gozaba de la asepsia de un quirófano o de una fábrica de microchips; por contra, se vé que  que el protocolo de limpieza diario que ha dicho seguir en su fábrica ha sido insuficiente desde un punto de vista higiénico y sanitario (de hecho, sus instalaciones no fueron objeto de las preceptivas inspecciones sanitarias durante los últimos dos años). A pesar de lo gastado en lejía.
Y todo para transmitir la idea de que ha sido mala suerte, como directamente a manifestado el consejero andaluz de Salud, Jesús Aguirre, que, para desviar la atención, hablaba además, de un brote de histeriosis (no de histerismo), con lo cual no sé si habrá tranquilizado a la población o todo lo contrario, con esa ocurrencia de añadir un nuevo nombre para una supuesta enfermedad desconocida de la que nadie encontrará referencias.
La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana (Charles Baudelaire); Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia (William Faulkner).