Noté algo en los ojos: era Ton; había decidido que mi siesta estaba durando demasiado y me estaba lamiendo conzienzudamente las gafas, que no me había quitado antes de quedarme dormido.
Cartas (notas) prescindibles, reflexiones al hilo de lo que sucede (principalmente en España)....
martes, 15 de noviembre de 2022
El paraíso del fotógrafo
miércoles, 9 de noviembre de 2022
Trotski en España
He sido expulsado de Alemania por francófilo; de Francia, por germanófilo. Claro está que yo no soy una cosa ni otra; soy un socialista que ve en la guerra una consecuencia fatal y lógica del sistema capitalista; nuestra misión no ofrece dudas; consiste en aprovechar el desequilibrio y el hambre creados por la guerra para excitar a las masas a la revolución.
Mis peripecias en España es a la par interesante e instructiva por cuanto resulta ser una visión exterior -pero certera y sintética- de la España de hace un siglo.
domingo, 30 de octubre de 2022
Una hora más
Últimamente suelo despertarme de madrugada; este período intermedio de vigilia suele ser largo -a veces de más de una hora- de modo que mi sueño total se convierte en dos hemistiquios separados por una prolongada cesura. Dado que el tradicional recuento de ovejas nunca me ha funcionado, suelo recurrir a algún ejercicio mental tal como recordar nombres de actores o actrices clásicos famosos: siempre llego a alguno del cual soy incapaz de recordar el nombre; el ejercicio consiste en seguir recordando el nombre de otros hasta que, milagrosamente -a veces tarda, pero de eso se trata, de llenar el tiempo- recuerdo al atascado (suele ocurrirme con Humphrey Bogart y Clark Gable). Esta pasada noche me desperté a las 2:44 y -siendo la madrugada en la que recuperamos una hora- me asaltó la duda de si serían las primeras 2:44 o las segundas (la actualización es automática en el reloj de la mesilla de noche), lo que me llevó -y yo me dejé llevar, cualquier cosa para conseguir dormirme de nuevo: he comprobado que la paciencia y no imponerse el sueño ayuda a volver a dormir- a imaginar a la Muerte, con su clásica túnica envolvente negra integrando una capucha que cubre -a veces totalmente- una cara esquelética y portando esa guadaña que incluso como metáfora debe resultar bastante incómoda -o sea, al más puro estilo bergmaniano o woodyalleniano- presentarse ante mí -en sueños- a las 2:59 y, sin más preámbulos, decirme:
-Vengo a recoger tu cuerpo- que me sonó un poco a repartidor comercial: algo informal, tanto por el abordaje directo como por el tuteo.
-¿La documentación?- contesté.
-Sí, claro; aquí tengo tus datos personales y la orden de recogida en la que figura también la hora, las 2:59 de hoy, 30 de Octubre.
-¿A ver?...mmm; no veo el sello de certificación- dije yo, con la idea clara de dilatar el asunto un importante minuto.
-El sello está en la segunda página, en la que el interesado debe firmar- dijo la Muerte con pausada y algo prepotente voz de funcionaria sabelotodo.
-¡Ah! ¿tengo que firmar?- parecía que iba a conseguirlo.
-Así es.
-¿Y si me niego?- esto está hecho, pensé.
-Firmaría yo como autoridad testificante de incorfomidad del recogido con la recogida.
-¿Que hora me dijiste -dije, devolviendo el tuteo con desparpajo y sabiéndome ganador de una hora- que está fijada para la recogida?
-Las 2:59.
-Pues aún son las 2:00- dije como distraído, consultando mi pulsera de actividad.
De un pliegue de la túnica, la Muerte extrajo rápidamente un reloj de arena (parece que también con actualización automática) y reconoció:
-Es cierto- dudó un poco; su solvencia, debida a una experiencia milenaria como funcionaria tramitadora del Departamento de Recogidas de Cuerpos, acababa de ser puesta en duda por un yayoflauta; prosiguió con voz algo contrariada:
-Lo siento, volveré en 59 minutos.
Se giró y se alejó de mí, arrastrando lenta y solemnemente la túnica, mientras se cambiaba la guadaña de hombro.
Yo también cambié de postura en la cama y me dispuse, plácidamente, a ver la película de mi propia vida, la que es fama que todos vemos antes de morir: los recuerdos comenzaron a fluir; el primero, el autobús de Valencia...
Y en esas estaba cuando debí quedarme dormido, porque mis recuerdos de ese intersomnus acaban ahí.
martes, 11 de octubre de 2022
Regeneracionismo hoy
Por ello son tan adecuadas y actuales las reflexiones relativas al regeneracionismo de Manuel Azaña, procedentes de la época previa al segundo intento republicano:
La generación del 98 se liberó, es lo normal, aplicándose a trabajar en el menester a que su vocación la destinaba. Innovó, transformó los valores literarios. Esa es su obra. Todo lo demás está lo mismo que ella se lo encontró. Su posición crítica, que no tenía mucha consistencia, no ha prosperado. ¿Qué cosas, de las que hacían rechinar los dientes a los jóvenes iconoclastas del 98 no se mantienen todavía en pie, y más robustas si cabeque hace treinta años? En el orden político, lo equi valente a la obra de la generación literaria del 98, está por empezar. El único de aquel grupo que, saliéndose de las letras puras, se ha planteado un problema radical (no el de ser español o no serlo, ni el de cómo se ha de ser español, sino el de ser o no ser HOMBRE) es Unamuno.
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Los teóricos de la regeneración española compilaron cuanto se sabía de los males de la Patria: el hombre y el suelo, las leyes y sus órganos, el Estado y sus servicios; todo fué descrito en su apariencia sensible, catalogado, cogido en falta; se comprobó que en España nada permanecía entero; quedaban restos. La descripción es cabal; en el museo de las ruinas no falta ni una pieza. Y a fuerza de pasearse entre escombros, se apoderó de esos hombres no sé qué pasión de naturalistas arqueólogos.
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Costa era el hombre de las fórmulas absolutas, de las conminaciones urgentes; medía por segundos el tiempo de la nación. Hablaba a gritos, como quien habla a sordos. Que unas verdades palmarias, correspondientes en el orden político a necesidades asaz modestas, recluyesen a su propagandista en la esfera de los rebeldes y lo empujasen poco a poco, robándole serenidad, a la vocación de mártir, no debe achacarse sólo a la apatía de sus auditorios, tan fáciles para el aplauso como lentos para la acción, sino a la densidad del realismo del propio Costa, que por huir de "ideologías", arrancó a su sistema de la atmósfera respirable, blanda y comunicante de las abstracciones.
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Giner ha mostrado que el Derecho "no constituye una esfera menos interna, menos ética, más accesible a la coacción que la esfera de la Moralidad; que, en última instancia, toda la garantía del derecho, y por tanto del Estado, como en general de la sociedad, descansa en fuerzas meramente espirituales y éticas, en la recta voluntad de las personas, en la interior disposición de ánimo...No se cura con una ley un estado social enfermo: los males nacidos de torcimientos o deficiencias de la voluntad, sólo se remedian sanando o educando la voluntad." A formar la conciencia de los ciudadanos debía encaminarse el tratamiento médico; la operación quirúrgica, el bisturí, no ataca la causa de la enfermedad ni pretende, por tanto, curarla; ataca nada más al síntoma. (Manuel Azaña - ¡Todavía el 98! , en Plumas y palabras)
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La inteligencia activa y crítica, presidiendo en la acción política, rajando y cortando a su antojo en ese mundo, es la señal de nuestra libertad de hombres, la ejecutoria de nuestro espíritu racional. Un pueblo en marcha, gobernado con buen discurso, se me representa de este modo: una herencia histórica corregida por la razón. ¿Qué política puede contentar a la variedad de caracteres, si tomáramos por guía el carácter, sea para adularlo o para reformarlo? Yo soy demócrata violento; es decir, que reconozco el derecho (el ajeno y el mío), y soy inflexible dentro de los límites de mi derecho. ¿Con quien he de juntarme? ¿Con los violentos de la otra banda, o con los demócratas, aunque sean mansos? Naturalmente, con los demócratas; una idea nos liga; en tanto que, sumándome a los de carácter afin, pero de ideas contrarias, no podríamos dar a nuestra violencia un empleo común. (Manuel Azaña - La inteligencia y el carácter en la acción política, en Plumas y palabras).
Claro que no sé si éstas reflexiones estarán a la altura -por elevadas- de los actuales dirigentes políticos de éste país, un siglo después de ser escritas. Que a bastantes de los intelectuales y estadistas contemporáneos parece que les dieron los créditos para serlo en una tómbola.
martes, 27 de septiembre de 2022
Llamémoslo fascismo
Pero que el partido de Meloni se pueda considerar anti-establishment tampoco sería mucha novedad si tenemos en cuenta su esencia fundamentalmente fascista; el fascismo de hace un siglo era -tanto en su primitiva versión italiana como en la variante nazi de Alemania, que, según Sebastian Haffner, no era exactamente fascismo- netamente antipolítico (anti-establishment) o, más específicamente, antiparlamentario y, desde luego, radicalmente antidemocrático (aquí en España, la Falange seguía la original fórmula nacional-corporativa del fascismo italiano, añadiendo unas gotas de catolicismo tridentino). Es normal, por tanto, que cuando aparece el fascismo, la democracia se desordene y entre en fase de turbulencias, si no algo peor. Por eso la pregunta final de Sánchez-Cuenca en su artículo: con la intermediación política en crisis, ¿qué principio político podría estabilizar las democracias? queda algo retórica si aceptamos que más que de extrema derecha estamos hablando, directamente, de fascismo: la intermediación política -los partidos- y la propia democracia están de más en el horizonte fascista, no cabe mucho margen estabilizador ni para los unos ni para la otra dentro de él. Todo suele quedar más claro llamando a las cosas por su nombre.




