jueves, 13 de mayo de 2021

Buscando

Sinceramente, a mí de Pablo Iglesias me interesa bastante más lo que tenga dentro de su cabeza que lo que tenga por fuera; me reconforta saber -y tenía grandes dudas- que mi opinión coincide con bastantes otras si tomo como referencia los datos que me muestra el buscador en la Red: Pablo Iglesias pelo me devuelve un total de 7.640.000 coincidencias, mientras que Pablo Iglesias ideas obtiene 31.300.000; pero insisto -por lo de las dudas- Pablo Iglesias corte pelo, 1.920.000; Pablo Iglesias política 96.300.000 (!!)...no cejo, si dudas lo suficiente siempre acabas encontrando algo: Pablo Iglesias Stalin 683.000, Pablo Iglesias honestidad 2.690.000; nada, que no hay manera...y eso que hay quien le pone ganas y empeño. Que verás cuando se enteren que Stalin fué seminarista y lo liguen con el apellido Iglesias; sí, traído por los pelos o por donde haga falta: están acostumbrados y tampoco tienen un público exigente.

martes, 11 de mayo de 2021

Generaciones


Vine al mundo -en este país, concretamente- en 1952. Las generación de mis padres acababa de sufrir el último espasmo reaccionario producto de todo un siglo de luchas entre españoles producto de los intentos para que este país recuperara su atraso histórico respecto a nuestra identidad supranacional de pertenencia, Europa, una vez que, durante ese mismo siglo, habíamos dejado de ser potencia internacional e imperial; no pudo ser: la II República española no pudo con las tradicionales fuerzas reaccionarias en sintonía en el lema carlista Dios, Patria y Rey, es decir, religión, nación y monarquía, o lo que es lo mismo y resumido en un sólo concepto, la idea  de que el poder socio-político ha de ser delegado en manos de una minoría rectora y privilegiada; cada uno de los componentes de ese lema triádico tenía sólo carácter instrumental en el ejercicio del poder ante el que la reacción pretende obediencia y sumisión permanente por parte de la mayoría de la población. A continuación de nuestra guerra civil, producto del levantamiento de esa reacción contra la República española, vino una conflagaración europea -algunos consideran nuestra guerra civil el primer episodio de ésta- y finalmente, mundial; las consecuencias del mal resuelto final de la I Guerra mundial  y el reajuste entre los imperialismos caducos (Imperio Austro-Húngaro, Imperio ruso  o Turquía), imperialismos consolidados (Reino Unido y Francia) y los aspirantes a serlo (Alemania, fundamentalmente), llevaron a una continuación inevitable: la II Guerra mundial; para entonces ya no figuraban algunos de los imperios previos a la I Guerra mundial, pero se habían incorporado tanto el imperialismo japonés como el de la URSS, heredero del ruso, el italiano y también el de los EE.UU.. Hay quien asegura que en el futuro se considerarán ambas guerras mundiales como una guerra en dos actos, de hecho se conoce al período intermedio como entreguerras. Se sobreentiende que cuando mencionamos imperialismo, éste es producto de un sistema económico, el capitalismo, permanentemente necesitado tanto de materias primas como de mano de obra barata de cara a la producción industrial, base de su crecimiento y obtención de beneficios y, por tanto, necesitado de un mercado global; el imperialismo soviético sustituía ese sustrato económico capitalista por el ideológico pero manteniendo el expansionismo propio de todo imperialismo, sobre todo desde que se impusieron en la URSS las tesis estalinistas -socialismo en un solo país- sobre las trotskistas  del socialismo internacionalista.

En resumen, esas fueron las circunstancias de las generaciones de nuestros padres: guerras y conflictos sociales con cifras de destrucción y muerte escalofriantes a nivel mundial en la generación grandiosa; una generación superviviente a todo tipo de carencias, hambre y sufrimiento en la generación silenciosa, la trabajosa reconstrucción tras el desastre.

Vino a continuación -ya en mi generación- la pugna entre el imperialismo capitalista liderado por EE.UU. y el imperialismo socialista liderado por la URSS; buena parte de la segunda mitad del siglo XX transcurrió en esa pugna  que estuvo a punto de someter a la Humanidad a un desastre aún mayor que el recién sufrido a causa de una  catástrofe nuclear, la permanente amenaza de la destrucción mutua asegurada. En la pugna ideológica entre ambos imperialismos, el capitalismo occidental promovió una solución a las históricas reivindicaciones sociales mediante el Estado del bienestar, fundamentado en el reformismo socialdemócrata que, de este modo, justificaba los evidentes  inconvenientes del sistema capitalista y ejercía de contrapoder ideológico ante el socialismo real del bloque soviético; los baby boomers crecimos creyendo realmente que el mundo finalmente mejoraría, que el progreso es lineal e inevitable. Pero todo ese esquema de equilibrios -mucho más frágiles de lo que suponíamos- dejó de tener sentido con el colapso -largamente trabajado desde occidente- de la URSS, simbolizado en la caída del muro de Berlín. Sin contrapoder limitante, el capitalismo mostró entonces su verdadero rostro y una voracidad tal que, de forma suicida, se lanzó a un crecimiento descontrolado que ha de suponer la esquilmación de los recursos  del planeta y el colapso social y económico a nivel mundial a no muy largo plazo, si se mantiene la tendencia actual.

Y ese parece el resumen del legado a nuestros descendientes: una desigualdad social radicalmente acelerada sea cual sea la versión del capitalismo que finalmente se imponga (la liberal occidental o la política china) y, sobre todo, la destrucción, debida a los condicionantes productivos del capitalismo, del planeta que habitamos considerado como recurso esencial de subsistencia; actualmente en menos de medio año hemos consumido los recursos de todo un año: la humanidad requiere 1,75 planetas al año para vivir, frente al año 1970, cuando los recursos naturales duraban hasta el 23 de diciembre. Por supuesto, la destrucción de esos recursos implica el fin del planeta tal y como lo conocemos y con él de la propia Humanidad; siento no estar de acuerdo con las tesis optimistas que defienden el declive de la crueldad y violencia entre humanos: tenemos el mérito de ser la primera generación cuya herencia es el colapso total -social, económico, y medioambiental- asegurado e inevitable, ¿hay mayor crueldad y violencia que legar conscientemente semejante desastre a las generaciones del futuro?

miércoles, 5 de mayo de 2021

Elecciones en Madrid

Ayer, el PSOE culminó su mayor acto de autoinmolación en pro de la salvaguarda del bipartidismo en que se basó la denominada Transición (como lo fué en La Restauración, hace un siglo); ha sido grande el empeño tanto del PP como de PSOE en volver al esquema en que ambos hegemonizaban bipartidistamente la política de este país: el PP pese a su gestión depredadora de lo público y de su notoria corrupción va camino de conseguirlo a costa de su hermano sistémico, el PSOE. Para lograrlo, el PP ha ha conseguido dejar fuera de juego a Ciudadanos (la nueva versión de los históricos radicales de Lerroux), los regeneracionistas de derechas, y ello a pesar del empeño que también puso el Ibex en querer sustituirlo por éste (bien es cierto que en el esfuerzo del PP para hacer desaparecer a Ciudadanos también se han producido consecuencias posiblemente indeseadas, como la de dar voz política al neofascismo de Vox, que antiguamente habitaba en el propio PP: una nueva imperfección del bipartidismo, o algo peor); sin embargo, ha sido el PSOE el que claramente no ha cumplido con su parte en este intento de vuelta al sistema bipartidista, al no lograr hacer lo propio con los regeneracionistas de izquierdas, Más Madrid y Unidas Podemos, que han llevado al propio PSOE al borde del desastre en el intento. Resumiendo: el bipartidismo no ha podido ser plenamente reconstituído, pero aún renqueante, la inercia -y una brutal manipulación mediática- hacen que los dos partidos sistémicos, pese a todo, continúen fungiendo de actores principales en esta presunta democracia.

Y en la base de toda esta distopía hecha realidad, los votantes, los pobres madrileños que han mostrado sus carencias -una patética ignorancia que les hace confundir la libertad con poder tomarse unas cañas, por ejemplo- largamente propiciadas y alimentadas desde el poder utilizando los medios de comunicación para aplicar todas y cada una de las estrategias de manipulación mediática enumeradas por Chomsky (sobre todo, de la 5 a la 8, las que cultivan, precisamente, la ignorancia y la mediocridad), es decir, encargando a éstos la misión justamente contraria a la que se les supone: informar. Una eufórica INDA (Isabel Natividad Díaz Ayuso) celebra su triunfo asegurando No entienden nuestro modo de vida -mío no, desde luego- como si eso de los atascos, las carencias en la educación y la sanidad públicas, los alquileres imposibles y el malvivir en general, necesitara de estudios para su práctica. Pues nada, madrileños, a disfrutar de nuestra supuesta idiosincrasia como si se tratara de unos callos o un cocido.

No hay mal que por bien no venga -según asegura el refrán- así es que todo este baño de realidad política tras las elecciones en Madrid ha tenido la consecuencia de que disminuya en mí el miedo -genuino, físico- ante la pandemia de la CoVid19: realmente no sería tanto el sentimiento de pérdida al abandonar la vida en este mundo -en este país, y en Madrid, concretamente- como el de alivio. De Madrid al cielo; total, nos lo hemos ganado.

jueves, 29 de abril de 2021

Los tontos, siempre

Si damos por buena la sentencia de Baltasar Gracián: son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen, debemos deducir, para empezar, que los tontos son más, matemáticamente siempre serían mayoría. Digo ésto a modo de vacuna  para no sufrir, una vez más el próximo 5 de Mayo, la desilusión política de comprobar -sin entenderlo- cómo los intereses de una minoría pueden ser votados por una mayoría; cómo es posible que los trileros continúen haciendo su agosto y los estafadores sigan cosechando excelentes resultados con el tocomocho por procedimientos formalmente democráticos; los primeros manipulando -aun sin excesiva habilidad suele ser suficiente-  la priorización de los intereses personales y objetivos concretos  de cada uno, y los segundos intentando -y consiguiendo- que creamos que votando sus propuestas, unas propuestas que responden a intereses ajenos y minoritarios, somos nosotros los que  vamos a cobrar un premio.

Todo tonto está convencido; y todos los convencidos son tontos. Cuanto más defectuoso es el juicio de una persona, más firmes son sus convicciones; también es sentencia de Gracián, que se ve que esto de la tontuna humana es tema al que dedicó la atención precisa: Alzóse con el mundo la necedad, y si hay algo de sabiduría, es estulticia [comparada] con la del cielo; pero el mayor necio es el que no se lo piensa y a todos los otros define...Con estar todo el mundo lleno de necios, ninguno hay que se lo piense, ni aun lo recele. Reflexiones de Gracián bastante anteriores a la formulación del Principio de Dunning-Kruger y las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana de Carlo María Cipolla.

Soy consciente de ser reiterativo, pero sigo considerando necesario y conveniente enunciarlo explícitamente, en coincidencia con Cipolla: los tontos, no los malos, son el mayor peligro; recordemos su tercera ley: Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso. Y, no lo olvidemos, todos los tontos mayores de 18 años tienen derecho a voto.

lunes, 19 de abril de 2021

Catalizando

Insisto en mi idea de que las catástrofes no convierten a los individuos en una versión mejorada de sí mismos, simplemente actúan como un catalizador: quienes sean buenos serán mejores, los malos, peores, como en las novelas de Dickens. Relacionado con ésto, y por parecidos motivos, hemos conocido que durante la crisis económica y la actual pandemia la distribución de la renta en todo el planeta se ha radicalizado: hay más ricos y más -muchos más - pobres que antes de ellas. 

Valga la propuesta Superliga de ejemplo; dado que la crisis de asistencia de público debida a la pandemia ha afectado de manera notable a la explotación económica del espectáculo de masas que constituye el fútbol, aquellos que prosperaban en ese negocio han decido no dejar de hacerlo inventando una fórmula basada en establecer una asociación entre los clubes (doce, de momento) más ricos y poderosos de Europa para jugar entre ellos una competición que les siga reportando los dividendos que ahora se resienten; evidentemente los clubes no incluídos en ese selecto grupo notarán, agudizado, el problema de la falta de ingresos debido a la falta de público: también aquí los ricos, pocos, sobrevivirán a costa del resto, la mayoría. La UEFA (Unión de Federaciones Europeas de Fútbol) ya se ha declarado contrario a este elitista proyecto, que considera cínico y producto de  un modelo basado en el interés propio de unos pocos clubes en un momento en que la sociedad necesita más que nunca la solidaridad. Florentino Pérez, previsible presidente de esa Superliga ya ha dicho que vamos a ayudar al fútbol a todos los niveles a ocupar el lugar que le corresponde en el mundo. El fútbol es el único deporte global en el mundo con más de 4.000 millones de seguidores y nuestra responsabilidad como grandes clubes es responder a los deseos de los aficionados; vamos,  que él lo hace por el fútbol y por los aficionados, no porque haya calculado de antemano el importe de beneficios a obtener para sí de cada uno de esos 4.000 millones de seguidores globles. Sí, este señor Pérez es el mismo señor Pérez dueño de la constructora ACS y beneficiario entre otros, del proyecto Castor, que continuaremos pagando todos los españoles -pese a su inexistencia y fiasco- hasta 2044; es Florentino Pérez, atento aplicador de la primera máxima del capitalismo de pelotazo: privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. Y sí, es el mismo señor Pérez que ha modificado los estatutos del Real Madrid de tal modo que le ha permitido pasar de ser presidente (temporal, aunque instalado en el cargo todo lo que va de siglo) a prácticamente emperador (vitalicio) del Real Madrid: sólo puede optar a la presidencia alguien tan rico como él.