jueves, 25 de diciembre de 2025

El duodécimo discurso del rey

El discurso del rey de ayer fue el más breve de todos los que ha dado (el duodécimo ya, apostólico, podríamos decir); es que lo ha hecho de pie y eso, quieras que no, cansa. Y seguramente por eso recurrió al valor de su propio ejemplo: Los caminos fáciles no existen. Los nuestros no lo son ni más ni menos que los de nuestros padres o abuelos. Pero tenemos un gran activo: nuestra capacidad de recorrerlos juntos. Algunos, antes que activo, preferiríamos denominar carga a la heredada imposición de la monarquía borbónica.

Podría coincidir (sólo en las conclusiones) en que en este mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan, atravesamos, una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones; porque si analizamos las premisas, el multilateralismo nunca existió realmente y el orden mundial está en crisis y en riesgo de implosionar víctima del propio éxito de un capitalismo global y salvaje.

Por lo demás, nada nuevo, mucho voluntarismo positivista como en los once discursos anteriores: los españoles somos un gran país; España está llena de iniciativa y de talento, y creo que el mundo necesita —más que nunca— de nuestra sensibilidad, de nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, de nuestro sentido de la justicia y de la equidad y de nuestra apuesta decidida por Europa, sus principios y sus valores. Lástima que nuestro sentido de la justicia y de la equidad coincida tan poco con el de la mayoría de los jueces y que los principios y valores europeos estén actualmente en mínimos históricos. Y que, en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; que avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro; que España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir —y de realizar— los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común; sólo es una dosis más de buenismo inane.


martes, 23 de diciembre de 2025

Recordando a Casado

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 ...no he logrado encontrar el video de Casado subido en un tractor, dando vueltas como poseído por el agro y perseguido por el propietario del vehículo gritándole que parara, temeroso de que aquél acto de campaña electoral acabara de mala manera. 
    A continuación, recordatorio de algunas de sus memorables actuaciones: 

Daisy, Daisy 

El peligro de los mediocres

No se deje engañar 

Como a niños

El cono del silencio 

Felón 

IDA (III) 

Mi 

viernes, 5 de diciembre de 2025

Don Acindino y el villancico

Don Acindino era un cántabro mínimo; don porque todos profesores lo eran, cántabro porque aunque por entonces Cantabria no existía y Santander sólo era una provincia de Castilla la Vieja, yo, no sé porqué, lo imaginaba parte de aquellos habitantes con descarada reluctancia a ser integrados en el imperio romano, y mínimo porque era de escasa estatura -aunque se le adivinaba recio y fibroso- lo que compensaba con estar rematado por una importante cabeza,  con tendencias paralelepipédicas, a lo monstruo de Frankestein, pero suave e inevitablemente personal. Porque en él casi todo era singular: en primer lugar el nombre -me he informado de que en toda España quedan menos de veinte personas portándolo, posiblemente porque en griego significa aquél que está seguro y son éstos tiempos de incertidumbre- luego su aspecto atildado, sus modales cuidados, su dicción discreta y pausada, se diría que de ex-seminarista. No era raro, por tanto, su otra actividad -la principal era la de profesor de Geografía y Ciencias Naturales, puede que el resto de las Ciencias fueran algo artificiales- como director del coro del Instituto; precisamente recuerdo su figura asociada a un villancico que nos enseñó -en euskera, en aquellos tiempos de los 25 Años de Paz, otra singularidad de cántabro irredento- y del cual guardaba en mi memoria sólo tres palabras: aitaren tamaren onduran (en realidad aitaren tamaren ondoan: junto al padre y a la madre). He rebuscado  por ahí y este es el villancico:

 

HATOR, HATOR 

Hator, Hator, Mutil Etxera!

gaztaina zimelak jatera, 
gabon gaba ospatutzeko,
aitaren tamaren
ondoan.
Ikusiko dek aita barrezka
ama be poz atseginez.
 
Eragiok, mutil,
aurreko danbolin hori
gaztainak erre artian
gaztianak erre artian
txipli, txapla, pun!
gabon gaba
pozik igaro daigun.
 
 
VEN, VEN
 
Ven, ven a casa chico!
a comer castañas asadas
para celebrar la Nochebuena
junto al padre y a la madre,
verás al padre reír 
y a la madre llena de alegría. 
 
Dale, muchacho,
cuida el fuego
hasta asar las castañas
hasta asar las castañas 
chipli, chapla, pun!
y que pasemos 
una buena Nochebuena.
 
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Mi vida de hace tanto tiempo; sí, otra vida.