sábado, 31 de agosto de 2019

La perdiz a punto de vomitar

De enjundiosos análisis de la situación política actual se deduce que hay dos posibles alternativas inmediatas: ir a unas nuevas elecciones (algo parecido a abrir la caja de los truenos, por su imprevisibilidad) o ir a la conformación de gobierno por acuerdo de dos o más fuerzas políticas en función de su representación en el Congreso de Diputados. Sí, esta última, que parecía la solución inmediata y evidente a raíz de las pasada elecciones de Abril, ha demostrado no ser tan inmediata ni tan evidente para algunos partidos, concretamente para el PSOE que, en posición fetal, añora hasta la irracionalidad los buenos tiempos del bipartidismo y desea a toda costa modificar la realidad a cualquier precio para materializar sus sueños. Porque, las soluciones, a raíz de las pasadas elecciones, siempre estuvieron ahí para el PSOE como la mayor fuerza parlamentaria y con la responsabilidad, por tanto, de elegir una de ellas: pactar con Unidas Podemos para un gobierno de izquierda o pactar con Ciudadanos para un gobierno posibilista -me resisto a considerarlo siquiera de centro- y a la medida de los deseos del establishment (incluso podría haber renovado el concepto de la Gran Coalición, con el PP, para que no cupiera duda); pues bien, el PSOE ha perdido cuatro meses para convencernos -y seguramente también para convencerse, no se explica si no- de que ninguna de las dos soluciones le satisface; en consecuencia, aquellos a los que se les llena la boca de constitucionalidad, de gobernabilidad y de responsabilidad institucional, son quiene tienen todos estos conceptos en suspenso desde hace cuatro meses, anteponiendo sus intereses partidistas a los del país, que continúa siendo administrado según los presupuestos generales del PP, como ya amenazó en su día Mariano Rajoy, al que habría que reconocer en esta ocasión sus dotes proféticas, ya que no otras. 
Y todo, ya digo, por conseguir -en una hipótesis con poca viabilidad real- volver al agradable calorcillo familiar del antiguo bipartidismo que les asegure el poder político absoluto, donde tan cómodos y seguros se encuentran y donde pudieran continuar ignorando sus promesas electorales con total impunidad. Y entretanto, la perdiz en la que todos nos reconocemos, no ya mareada, sino a punto de vomitar, con lo infrecuente que eso debe ser; en fin, esperemos que los arúspices del PSOE tengan tiempo para  interpretar los vómitos que se produzan en unas nuevas elecciones tal y como los antiguos interpretaban las vísceras de los sacrificios. Aunque, seguramente, creo que sólo podrán, como los economistas, predecir el pasado.

viernes, 30 de agosto de 2019

Los 300 y el plan portugués

La diferencia entre las dos soluciones políticas a la conformación de un gobierno progresista (de izquierda, sí, pero tambien progresista) en éste país, es decir, entre un acuerdo programático o un gobierno de coalición, es sabida: la primera pasa por acordar un programa -el PSOE ya vá por los 300 puntos, de reminiscencias épicas y espartanas- entre el PSOE y Unidas Podemos, pero dejando al PSOE la responsablidad única de llevarlo a cabo con un gobierno monocolor y la segunda sería, básicamente, la aplicación de ese mismo programa pero con la incorporación de representantes de Unidas Podemos en un gobierno de coalición, de acuerdo al peso de ambas formaciones políticas (ya fuera en votos obtenidos en las últimas elecciones generales, o en escaños en el Congreso de Diputados). Aunque el fondo de ambas soluciones es el mismo -un programa común acordado- las dos propuestas difieren en la  forma, es decir el modo práctico de llevar ese progama a cabo; el PSOE apuesta claramente por la primera (el denominado plan portugués) y Unidas Podemos por la segunda. Y ¿porqué la forma es aquí el principal punto de desacuerdo entre ambos partidos? pues, en primer lugar, porque Unidas Podemos considera que el gobierno del PSOE durante éste último año -gobierno que fué posible gracias a la labor parlamentaria de Unidas Podemos- presenta una alta tasa de incumplimientos  (lo que no ha ocurrido en Portugal en estos últimos años, detalle omitido habitualmente por los defensores del plan portugués) de sus promesas respecto al desarrollo de políticas progresistas que revirtieran las de los anteriores gobiernos del PP; en definitiva, ese problema de forma denota el real problema de fondo: la demostrada falta fiabilidad en el cumplimiento de cualquier programa -sea de 300 o de n puntos- por parte del PSOE y su práctica asunción del mantenimiento de las políticas neoliberales que implantó el PP en diversos apartados -economía, libertades, garantía de los servicios públicos, etc.- es decir, como ya ha señalado claramente Vincenç Navarro: la renuncia del PSOE a su compromiso reformador del Estado, tanto en el tema social (con el abandono de las políticas que se enfrentaban con los poderes fácticos) como en el nacional; por resumirlo: el abandono de todos y cada uno de los principios básicos de la socialdemocracia, siquiera fuera desde un punto de vista teórico. De ahí que hace ya un tiempo el PSOE se vea necesitado de renovar esa cobertura formal de adscripción a la izquierda (Somos la izquierda): no tanto por reivindicarse como izquierda real sino, simplemente, como mera propaganda  con objeto de robar los votos de quienes crean en sus promesas progresistas; unas promesas con una bajísima probabilidad de cumplimiento (si fuera un crédito sería clasificado como CC: muy alta la probabilidad de impago). Es por ello que en unas previsibles próximas elecciones generales todo dependerá, en gran medida, del grado de ignorancismo de los votantes. Soy poco optimista al respecto; ya dijo Karl Popper que la verdadera ignorancia no es la ausencia de conocimientos sino el hecho de negarse a adquirirlos; de esto último tenemos en este país numerosos virtuosos, que no cambiarían por nada continuar flotando plácidamente en su piscina de ignorancia.

lunes, 26 de agosto de 2019

Mala suerte

El Ministerio de Sanidad ha aconsejado a quienes tengan en su domicilio algún otro producto de Magrudis, la empresa comercializadora de la marca La Mechá (el origen del brote de listeriosis con más de 200 afectados, sobre todo en Andalucía), que se abstengan de consumirlo y que, en caso de haberlo hecho y presentar algún síntoma, acudan al médico.  Que, no sé porqué, me ha traído a la memoria aquello de virgencita, que mi mujer no me engañe, y si me engaña que no me entere, y si me entero que no me importe; gran capacidad de acomodación de -no a- la realidad o, más sencillo,  el que no se conforma es porque no quiere; como han mostrado claramente las autoridades sanitarias de éste país (locales, autonómicas y estatales), siendo así que el 15 de Agosto -hace diez días- FACUA-Consumidores en Acción ya había alertado de la potencial peligrosidad de la contaminación bacteriana, enumerando ya entonces un número significativo de casos.
Pese a todo, realizo hoy en Internet una busqueda sobre el tema y encuentro no menos de cinco medios que titulan así el tratamiento de la noticia: Si encuentran bacterias en un quirófano, ¿cómo no va a haber en mi fábrica?, atribuída al joven gerente de la mencionada empresa, Sandro José Marín Rodríguez -supuesto testaferro de su padre, que sería el propietario real de la empresa Magrudis- que, también se muestra pesaroso  sobre la cantidad de lejía -no sé si por exceso o por defecto- en que ha gastado su dinero. 
Pues sí, la guerra contra las bacterias patógenas para el hombre -existen otras sin las cuales posiblemente no podríamos vivir- es una guerra interminable, pero para la mayoría existen procedimientos que permiten su control, reduciendo su concentración y proliferación a una cantidad tolerable para el hombre mediante la esterilización y la higiene, al menos desde los tiempos de Pasteur (aunque las bacterias no se vean). Y parece más que evidente que entre la concentración de bacterias existente en un quirófano (siendo como es un Hospital un lugar evidentemente peligroso desde ese punto de vista, por motivos obvios) y la existente en las cadenas de producción de embutidos cárnicos en la empresa Magrudis, existe un amplio recorrido; lo digo porque al leer el titular mencionado se crea la impresión de que la fabricación de embutidos en ésta empresa gozaba de la asepsia de un quirófano o de una fábrica de microchips; por contra, se vé que  que el protocolo de limpieza diario que ha dicho seguir en su fábrica ha sido insuficiente desde un punto de vista higiénico y sanitario (de hecho, sus instalaciones no fueron objeto de las preceptivas inspecciones sanitarias durante los últimos dos años). A pesar de lo gastado en lejía.
Y todo para transmitir la idea de que ha sido mala suerte, como directamente a manifestado el consejero andaluz de Salud, Jesús Aguirre, que, para desviar la atención, hablaba además, de un brote de histeriosis (no de histerismo), con lo cual no sé si habrá tranquilizado a la población o todo lo contrario, con esa ocurrencia de añadir un nuevo nombre para una supuesta enfermedad desconocida de la que nadie encontrará referencias.
La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana (Charles Baudelaire); Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia (William Faulkner).

jueves, 22 de agosto de 2019

Rescates

La polisemia de la palabra rescate es amplia: tanto sirve para informarnos de que es nuestro deber rescatar a los Bancos -léase nuestro presunto deber de financiar sus pérdidas mediante un préstamo de 60.000 millones de euros de incierto retorno- como para refererise a rescatar a un migrante a punto de ahogarse en el mar en su desesperada huída de la guerra y la miseria; tanto sirve para referirnos a pagar un rescate para liberar a un secuestrado (o extorsionado o chantajeado) como para, en su versión suave, jugar de niños al rescate (no sé si este juego seguirá practicándose si no existe ningún juego de consola con ese argumento, por lo que recuerdo, había que jugar con otros niños físicos).
En todo caso, si nos centramos en las dos primeras acepciones, comprobamos que si bien ingresar (más) dinero a los Bancos en el hipotético caso de que vengan mal dadas -o simplemente, que haya habido una gestión de riesgos inadecuada por su parte o, sencillamente, que alguien se lo haya apropiado indebidamente- se nos dice que es buenísimo para el sistema -sea lo que sea esa entelequia que pocos conocen- y que, por tanto, constituye una obligación por nuestra parte, no ocurre lo mismo con otra obligación, moral en éste caso,  la de auxilio a un semejante en peligro de muerte, y ello dependiendo, sobre todo, de ciertas circunstancias; por ejemplo, si a una ONG dedicada al salvamento marítimo se le ocurre rescatar a personas en peligro, corre a su vez el riesgo de ser castigada (multada por rescatar sin licencia para ello): es decir, que ésto último, más allá de cualquier consideración moral, es malísimo ya que  nuestro país es un Estado de Derecho y las instituciones, poderes públicos y ciudadanos estamos sometidos todos a las leyes, nadie está a salvo de esto, incluído un barco, según nos informa la vicepresidenta del Gobierno; seguramente sin darse cuenta que en su mano tiene la solución a esa gravísima falta de respeto a nuestro Estado de Derecho y a las leyes: que encarcele al culpable, al barco, y asunto resuelto; ella debería saber cómo, ya que es doctora en Derecho Constitucional. Aunque otros expertos en Derecho Constitucional tienen una postura más clara y distinta sobre este tema.
Así es que, niños, ¿que hemos aprendido hoy?, pues, por hacerlo breve, que hay rescates y rescates, fundamentalmente distintos si se trata de rescatar a ricos (para que continúen siéndolo) o a pobres (que intentan sobrevivir y dejar atrás su miseria). Esa parece ser a circunstancia diferencial determinante.

domingo, 18 de agosto de 2019

Ignorancismo

Ya en tiempos de Baltasar Gracián -y seguramente podríamos rastrear testimonios semejantes desde los albores de la Humanidad- los tontos eran legión, lo que le dió pié a dejar escrito que son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen (abrumadora mayoría); por mi parte hace tiempo que estoy convencido de que, sopesando la potencialidad dañina de tontos y malos, los primeros son mucho más peligrosos, sobre todo debido a su superioridad numérica; y, a efectos históricos, el número importa, tal y como aseguraba Rémy -profesor de Historia- en Las invasiones bárbaras.
Ahora que, en medio de una ignorancia general de nuestros antecedentes, de vez en cuando (re)descubrimos una realidad que siempre ha estado ahí, alguien ha decidido etiquetar al tonto sempiterno con un nuevo término: ignorancista; no encuentro en el diccionario definido el término ignorancismo (lo más parecido es ignorantismo, que se refiere más bien a una utilización incorrecta del lenguaje, aunque también hay quien ya ha señalado la llegada del ignorantismo a la política) pero, por sucesivas aproximaciones, creo que un ignorancista es el tonto tradicional que ahora, siendo consciente de su poderío social, se ha venido arriba y hace gala de su ignorancia sabiendo que multitud de otros ignorancistas aplaudirán a rabiar cualquier tontería que se le ocurra hacer pública; por ejemplo y para hacernos una idea, un terraplanista sería el prototipo canónico del  buen ignorancista.
Los ignorancistas -esa multitud de tontos ensoberbecidos al ser conscientes de su número, ya digo- se han empoderado -otro término de mucho uso actualmente- y ya eligen, incluso, a sus propios representantes políticos como es el paradigmático caso de Donald Trump; que el cargo de presidente de la primera potencia mundial sea ostentado por tal personaje es todo un síntoma (y una venganza póstuma de Roger Ailes, probando sus teorías sobre la efectividad de la manipulación de los medios en el control de las masas). Más cercano, y como referencia propia, tenemos el caso de Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo.
Y es que, insisto, la élite de los malos -poderosos con la posesión y el control de los recursos a nivel mundial- han (re)descubierto que los tontos son utilísimos para sus fines. Y no tienen más que abonar el campo -restringiendo el acceso a la educación de las clases desfavorecidas y entontenciéndolas y distrayéndolas desde los medios- para esterilizar la capacidad crítica de la ciudadanía y lograr que todo siga igual por los siglos de los siglos. O hasta que este modelo de crecimiento ilimitado, pero basado en los recursos limitados de la Tierra, reviente. Porque son listos, pero tampoco muy inteligentes. O puede que lo sean pero les dé lo mismo: después de mí el Diluvio.