Cartas (notas) prescindibles, reflexiones al hilo de lo que sucede (principalmente en España)....
sábado, 12 de junio de 2021
Clases
jueves, 10 de junio de 2021
Informando
domingo, 30 de mayo de 2021
En el entreacto con Robert Saville
-En primer lugar, el título de la obra; ¿no le parece un poco rebuscado, sobre todo el uso de la difícil palabra circunspecto?
-Existe toda una teoría sobre la elección de nombres y títulos; hay quien opina -como yo- que se recuerdan con más facilidad nombres y títulos difíciles (las cursivas son nuestras), precisamente por serlo. Yo, que últimamente pongo a prueba a mi memoria visualizando e intentando nombrar sucesivamente actores y actrices famosos, recuerdo con más facilidad a Bárbara Stanwyck, Elizabeth Montgomery o Clark Gable que a Alan Ladd, Cary Grant o Gary Cooper, por ejemplo. El nombre provisional de la obra cuando comencé a escribirla y en sucesivos borradores fué El bufón formalito, título finalmente desechado porque el significado de formalito tendría difícil traducción a otros idiomas y yo aspiro a que mi obra se traduzca y se difunda internacionalmente.
-¿bufón? ¿en qué sentido es un bufón el protagonista?
-Todos somos, en cierta manera manera, bufones en éste gigantesco guiñol que es la sociedad, marionetas cuyo máximo grado de libertad consiste en nombrar burlonamente todos los males que nos afligen sin ser capaces, ni mínimamente, de intentar resolverlos, de intentar cambiar la realidad; revolucionarios de café (de cafetería, si queremos ser más precisos). Bertand Rusell afirmaba que ese deseo de cambiar radicalmente el mundo es natural en un joven de 16 años pero que habría que dudar de la estabilidad mental de alguien que sostuviera la misma actitud a los 40; creo que lo que ocurre finalmente es que todos sostenemos por nostalgia la figura de ese revolucionario que la mayoría llevamos dentro, pero cada vez más deformado, silenciado, humillado, vencido; en fin, revolucionario válido sólo para una caricatura: toda nuestra ansia de cambio queda reducida a nombrar la verdad de cuando en cuando, como para preservar de alguna manera la posibilidad de su existencia y espetársela a los demás y a nosotros mismos, a veces de forma inconveniente y extemporánea, como es fama que era la misión de los bufones en la corte.
-Según ésto, entiendo que circunspecto se refiere a que siendo bufones ni siquiera podemos utilizar lo grosero, grotesco o soez, si no que debemos guardar las formas; las formas socialmente establecidas...
-Exactamente. Hace tiempo que la sociedad discurre y se desarrolla bajo dos normas primordiales y básicas: la preservación de la ignorancia para una mayoría y la autocensura para todos aquellos que por elección propia o por diversas circunstancias y experiencias han salido parcialmente de ella. Añádase a ésto -citando de nuevo a Bertrand Rusell- que gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.
-Parece que la representación continúa; gracias señor Saville...
lunes, 17 de mayo de 2021
Tempus fugit
Ese tiempo vacío, de espera,
abundante y espeso;
ese tiempo de sucesos, contrariedades y alegrías,
breve, incandescente, incomprensible;
el tiempo, sólo el tiempo,
me angustia, me mortifica, me ocupa;
que sólo mis quimeras
hacen que olvide el tiempo por un tiempo,
en ese nebuloso entretiempo de lo cotidiano.
El tiempo, sólo el tiempo
ha de acabar conmigo
en el sarcasmo final: muerto por alguien que huye.
domingo, 16 de mayo de 2021
Milagros
Para comenzar, no me parece ni medio bien esto de solicitar ayuda al más allá -como la ex-ministra de Trabajo, Fátima Báñez, agradeciendo que la Virgen del Rocío echara un capote (¡taurómaca Virgen, cómo no!), o el ex-ministro Fernández Díaz haciendo uso mundano de Marcelo, su ángel custodio- desde cargos políticos que han sido elegidos para trabajar en la solución de problemas del más acá por medios puramente humanos; lo contrario sería -me parece- jugar con ventaja (si esas ayudas extraordinarias y milagrosas fueran posibles). Y para continuar -por precisar la terminología-: milagro civil sería lo contrario a milagro militar (del que no existe precedente conocido); me parece que lo contrario a milagro religioso, como corresponde a un milagro solicitado a San Isidro, sería milagro laico que, no obstante, resulta todo un oxímoron.
Eso en cuanto a las formas de la petición de la ex-alcaldesa Carmena a San Isidro; pero más grave es el contenido de la propia petición por considerar solucionable sólo por medios sobrehumanos -divinos, más bien- el hecho de escuchar al otro; yo creo -a pesar de nuestra tradición e idiosincrasia- que eso se soluciona simplemente con educación y cultura. Y más grave aún cuando dice que hay que implantar una vida política sin estructuras sectarias y en la que se aplauda a quien tenga la mejor idea, venga de donde venga, porque ello implica la radical negación de la dialéctica propia entre ideologías e intereses contrapuestos propios de toda sociedad: está preconizando algo tan totalitario y antidemocrático como el Pensamiento Único; sin dialéctica no sirve de nada escuchar: se trataría de un monólogo. Y lo cierto es que entre el sectarismo y el Pensamiento Único hay un amplio campo en donde se supone que debe discurrir la democracia como medio de solucionar problemas terrenales; o sea, lo que también ha solicitado Carmena en otro de los apartados del milagro -eso debe ser lo milagroso, que las contradicciones no importen- donde reclama la creación de un clima político desde el que se cuide a la democracia, que dice considerar esencial.
Dejemos los milagros para esos supuestos momentos excepcionales en los que actúan reglas sobrenaturales propias de otra vida y de las que no conviene apropiarse para aplicarlas a los problemas naturales y cotidianos en ésta; ya digo, menos milagros y más educación y cultura para todos: esperar milagros es síntoma claro de desesperación.





