
Y digo patética porque ambas declaraciones me sugieren la postura de unos padres desesperados ante la recalcitrante contestación de un hijo adolescente: todo el que sea padre sabrá que los hijos de esa edad son de trato difícil, pero cualquier asesor aconsejará el diálogo como única solución a largo plazo; lo que seguro que nunca ha sido solución para reconducir a lo posible -al mundo real- las posturas maximalistas que son inherentes al crecimiento personal de los adolescentes -incluyendo matar al padre, generalmente de forma figurada- es reducir las respuestas a cortar la paga para gastos (ni un duro -euro- más, que me cuesta mucho ganarlo) y/o amenazar con medidas coactivas secretas (te vas a enterar tú): de hecho, en esas ocasiones la falta de diálogo y la imposición suele ser un acicate para que el adolescente prosiga con su lucha, y que seguramente ante una situación difícil se vea tentado a buscar atajos que podrían resultar dañinos para todos.
Siento que no se me haya ocurrido un símil más elevado y trascedente, políticamente hablando -y que, con seguridad, a quienes desempeñan tanto el rol de padre como de hijo, éste les parezca una simplicidad y no se reconozcan en ellos- pero la inteligencia y habilidad de los conductores de ambos trenes, supuestamente en trance de colisión, no me sugiere mucho más. Y es que recuerdo recurrentemente uno de los últimos lapsus de Rajoy explicando he ido a Cataluña y a otros países extranjeros como aceptando internamente que un hijo se le vá de casa (y al que sólo se le ha ocurrido amenzarle con la fría bofetada del que, supuestamente, aún puede darla, sin más).
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(*) ...tremendo Coscubiela, como Unamuno:...venceréis pero no convenceréis...
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(*) ...tremendo Coscubiela, como Unamuno:...venceréis pero no convenceréis...
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