lunes, 4 de febrero de 2013

Todos alemanes

En varios clarificadores artículos en El País, Manuel Sanchís -profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia- ha reiterado las claves de la crisis económica mundial en Europa, comenzando por la inicial: la voluntad meramente política de tener una moneda única, el euro, de difícil o imposible implementación práctica bajo las circunstancias actuales, asegurando que los ajustes necesarios para el adecuado funcionamiento económico en Europa requerirían de un presupuesto común mínimo, incluyendo transferencias interregionales de fondos, no para subsidiar rentas, sino para igualar las condiciones de producción. Conviene saber que, con cifras de 2008, el salario medio bruto de un trabajador alemán es el doble que el de un español, cuatro veces más que el de un húngaro y ocho veces mayor que el de un rumano. También ha reiterado Sanchís que Alemania, que no hizo nada por asegurar los requisitos a que obliga una unión monetaria real -y que hoy sigue sin hacer nada al respecto- prefiere que los necesarios ajustes económicos se hagan en los países periféricos, cuando el origen de muchos de los males que hoy se padecen en ellos  provienen de unas políticas de reactivación económica en Alemania de hace unos diez años, consistentes en inundar de liquidez a los demás, alimentando tanto las burbujas inmobiliarias en España e Irlanda como el gasto incontrolado en Grecia y Portugal -por ejemplo- sobreendeudándose tanto los Estados de estos países como sus ciudadanos, para los que, a día de hoy, parece que la única solución es la misma que la adoptada por nuestros padres y abuelos: emigrar a Alemania.
Podríamos recordar que, cuando se produjo la reunificación alemana en 1990, tras la caída del Muro de Berlín, el salario medio de un trabajador de la República Democrática Alemana apenas era el 20% de uno en la República Federal Alemana; la RFA asumió la carga de la integración de todos los alemanes, para lo que hizo que el Bundesbank estableciera un tipo de cambio aplicado a las compañías germano-orientales para el pago de sus deudas en una relación de 1:2 de sus respectivas monedas. Y que el entonces ministro del Interior alemán, Wolfgang Schäuble -que, casualmente, hoy es ministro federal alemán de Finanzas- acordó la inclusión de todos los habitantes de la RDA como alemanes de pleno derecho en la RFA, para evitar un exodo migratorio entre ambos países. Sería una solución: convertir a todos los europeos en alemanes; al menos se evitaría la saturación del territorio alemán. Podría proponérselo el señor Rajoy a la señora Merkel, para ver cual es su disposición al respecto.

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