jueves, 22 de agosto de 2019

Rescates

La polisemia de la palabra rescate es amplia: tanto sirve para informarnos de que es nuestro deber rescatar a los Bancos -léase nuestro presunto deber de financiar sus pérdidas mediante un préstamo de 60.000 millones de euros de incierto retorno- como para refererise a rescatar a un migrante a punto de ahogarse en el mar en su desesperada huída de la guerra y la miseria; tanto sirve para referirnos a pagar un rescate para liberar a un secuestrado (o extorsionado o chantajeado) como para, en su versión suave, jugar de niños al rescate (no sé si este juego seguirá practicándose si no existe ningún juego de consola con ese argumento, por lo que recuerdo, había que jugar con otros niños físicos).
En todo caso, si nos centramos en las dos primeras acepciones, comprobamos que si bien ingresar (más) dinero a los Bancos en el hipotético caso de que vengan mal dadas -o simplemente, que haya habido una gestión de riesgos inadecuada por su parte o, sencillamente, que alguien se lo haya apropiado indebidamente- se nos dice que es buenísimo para el sistema -sea lo que sea esa entelequia que pocos conocen- y que, por tanto, constituye una obligación por nuestra parte, no ocurre lo mismo con otra obligación, moral en éste caso,  la de auxilio a un semejante en peligro de muerte, y ello dependiendo, sobre todo, de ciertas circunstancias; por ejemplo, si a una ONG dedicada al salvamento marítimo se le ocurre rescatar a personas en peligro, corre a su vez el riesgo de ser castigada (multada por rescatar sin licencia para ello): es decir, que ésto último, más allá de cualquier consideración moral, es malísimo ya que  nuestro país es un Estado de Derecho y las instituciones, poderes públicos y ciudadanos estamos sometidos todos a las leyes, nadie está a salvo de esto, incluído un barco, según nos informa la vicepresidenta del Gobierno; seguramente sin darse cuenta que en su mano tiene la solución a esa gravísima falta de respeto a nuestro Estado de Derecho y a las leyes: que encarcele al culpable, al barco, y asunto resuelto; ella debería saber cómo, ya que es doctora en Derecho Constitucional. Aunque otros expertos en Derecho Constitucional tienen una postura más clara y distinta sobre este tema.
Así es que, niños, ¿que hemos aprendido hoy?, pues, por hacerlo breve, que hay rescates y rescates, fundamentalmente distintos si se trata de rescatar a ricos (para que continúen siéndolo) o a pobres (que intentan sobrevivir y dejar atrás su miseria). Esa parece ser a circunstancia diferencial determinante.

domingo, 18 de agosto de 2019

Ignorancismo

Ya en tiempos de Baltasar Gracián -y seguramente podríamos rastrear testimonios semejantes desde los albores de la Humanidad- los tontos eran legión, lo que le dió pié a dejar escrito que son tontos todos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen (abrumadora mayoría); por mi parte hace tiempo que estoy convencido de que, sopesando la potencialidad dañina de tontos y malos, los primeros son mucho más peligrosos, sobre todo debido a su superioridad numérica; y, a efectos históricos, el número importa, tal y como aseguraba Rémy -profesor de Historia- en Las invasiones bárbaras.
Ahora que, en medio de una ignorancia general de nuestros antecedentes, de vez en cuando (re)descubrimos una realidad que siempre ha estado ahí, alguien ha decidido etiquetar al tonto sempiterno con un nuevo término: ignorancista; no encuentro en el diccionario definido el término ignorancismo (lo más parecido es ignorantismo, que se refiere más bien a una utilización incorrecta del lenguaje, aunque también hay quien ya ha señalado la llegada del ignorantismo a la política) pero, por sucesivas aproximaciones, creo que un ignorancista es el tonto tradicional que ahora, siendo consciente de su poderío social, se ha venido arriba y hace gala de su ignorancia sabiendo que multitud de otros ignorancistas aplaudirán a rabiar cualquier tontería que se le ocurra hacer pública; por ejemplo y para hacernos una idea, un terraplanista sería el prototipo canónico del  buen ignorancista.
Los ignorancistas -esa multitud de tontos ensoberbecidos al ser conscientes de su número, ya digo- se han empoderado -otro término de mucho uso actualmente- y ya eligen, incluso, a sus propios representantes políticos como es el paradigmático caso de Donald Trump; que el cargo de presidente de la primera potencia mundial sea ostentado por tal personaje es todo un síntoma (y una venganza póstuma de Roger Ailes, probando sus teorías sobre la efectividad de la manipulación de los medios en el control de las masas). Más cercano, y como referencia propia, tenemos el caso de Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo.
Y es que, insisto, la élite de los malos -poderosos con la posesión y el control de los recursos a nivel mundial- han (re)descubierto que los tontos son utilísimos para sus fines. Y no tienen más que abonar el campo -restringiendo el acceso a la educación de las clases desfavorecidas y entontenciéndolas y distrayéndolas desde los medios- para esterilizar la capacidad crítica de la ciudadanía y lograr que todo siga igual por los siglos de los siglos. O hasta que este modelo de crecimiento ilimitado, pero basado en los recursos limitados de la Tierra, reviente. Porque son listos, pero tampoco muy inteligentes. O puede que lo sean pero les dé lo mismo: después de mí el Diluvio.

jueves, 15 de agosto de 2019

Democracia nominal

Algunos países democráticos usan, como herramienta auxiliar o resolutiva en el proceso electoral la segunda vuelta, que tiene como objetivo lograr finalmente una mayoría simple tras unas elecciones en que esa mayoría no ha sido el resultado inmediato de las urnas; como en España no está previsto normativamente tal procedimiento, parece, cada vez más, que se persigue el mismo resultado pero de forma iterativa, es decir, repitiendo elecciones un número ilimitado de veces hasta que los electores, finalmente, voten correctamente y de acuerdo a las previsiones del establishment, logrando por fin establecer una mayoría suficiente que permita la formación de un gobierno de un sólo partido, como en los buenos tiempos del bipartidismo.
Huelga decir que, puesto que no se plantea explícitamente esa segunda vuelta como forma de alcanzar la deseada mayoría simple, la repetición de elecciones puede -además de entrar en un bucle irresolutivo- no tener más efecto que la desmotivación de los votantes (con consecuencias inesperadas o imprevistas); y no sólo porque éstos comprueben que la clase política es incapaz de resolver un sencillo problema aritmético -derivándolo de forma repetitiva a la ciudadanía- de agrupación de fuerzas políticas mediante el establecimiento de pactos y acuerdos que aseguren las necesarias mayorías de gobierno, sino porque ésta acaba sospechando -tras tanta repetición- la falsedad e impostura sustanciales en un sistema que persigue que el votante elija finalmente a quien ha de elegir de acuerdo a intereses predeterminados y ajenos a los suyos propios; en definitiva, un sistema que de democrático sólo tiene el nombre: el poder de decisión política no reside en la ciudadanía más que de forma nominal.
Creo que entender ésto con claridad contribuiría, a su vez,  a entender lo que está sucediendo con la gloriosa democracia de que goza este país actualmente y porqué los que reclaman estabilidad y gobernabilidad con grandes gestos, aspavientos y golpes de pecho son los primeros que están propiciando justo lo contrario.

lunes, 12 de agosto de 2019

Errar sin probar

Pedro Sánchez descansa en Doñana leemos en un titular de El País: hace tiempo que Pedro Sánchez -una vez convertido, como Saulo de Tarso, a la Verdad (del Ibex35, en este caso)- ya no es para El País un insensato sin escrúpulos, cobarde, sectario, desviado ideológico y mentiroso del que había que salvar al PSOE, ahora es un buenísimo presidente de gobierno, que tiene derecho a su descanso vacacional -esté como esté el país, con esa gobernabilidad que al parecer es tan importante, o sin ella- porque él ya lleva desde Abril intentándolo; que no lo haya conseguido aún, pese a su extrema entrega y el empeño que le pone, sólo puede ser culpa de otros: Sánchez ha mantenido una frenética agenda de reuniones esta última semana para ampliar el programa progresista... en los últimos siete días ha tenido 14 encuentros con representantes de 180 colectivos sociales y económicos, nos pormenoriza El País (y nunca es suficiente). De ahí la consecuente extenuación y las inevitables vacaciones; cualquier sacrificio -en Doñana, a ser posible- debe ser aceptado si lo es por la gobernabilidad de España: inexcusable.
Por su parte, el ministro de Fomento en funciones y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos -portavoz ocasional tanto del Gobierno como de su partido- ha manifestado que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, aceptará el encargo del rey Felipe VI, como candidato a la investidura en Septiembre sólo si se dan las condiciones, instando a renglón seguido a Unidas Podemos para que haga posible que se den y acepte un acuerdo programático, ya que -según él- un Gobierno de coalición ya se ensayó y no prosperó; que a eso y no a otra cosa puede se llamarse habilidad a la hora de externalizar responsabilidades o, en lenguaje de la calle, tener un morro que te lo pisas. Y, ya lanzado, Ábalos ha debido decidir no escatimar e informarnos, además, de que Pedro Sánchez ahora está buscando la confianza de las fuerzas políticas con las que pueda entenderse, justo para que podamos preguntarnos -retóricamente, más que nada- ¿y qué es, entonces, lo que ha estado haciendo hasta ahora?, ¿alternar entre varios lugares de descanso?; pero, no estorbemos con minucias al señor Ábalos, que él no puede parar -siempre hacia delante (y a la derecha)- como puede verse en la foto.
Por cierto, ensayar, en el sentido habitualmente aceptado de probar, no sería la palabra adecuada para referirse a un nonato gobierno de coalición: no ha existido ensayo de ningún tipo; Ábalos -que, seguramente también estará necesitado de descanso- supongo que sólo quería poner en nuestro conocimiento una más de las variadas capacidades tipo Minority Report de Pedro Sánchez: la de averiguar que algo va a fallar antes de probarlo (como un consumado policía PreCrimen); normal que tenga que descansar de forma urgente, esas capacidades también desgastan mucho. Y sería bueno que no las desperdiciara: podría con facilidad renovar la metodología de la Ciencia, que lleva siglos utilizando el tedioso método heurístico de prueba y error. A ver si, aunque sin Gobierno, prosperamos en algo.

miércoles, 7 de agosto de 2019

IDA

¿Es cosa mía o Isabel Díaz Ayuso (IDA) tiene un poco cara de ídem?, ¿no hay una expresión como ausente que supera a la glosada por Neruda? (IDA mantiene la pose incluso cuando habla), ¿a nadie le parece que tiene un aire resplandoroso a lo Kubrick?...y que logra mantener incluso cuando  dice eso tan gracioso de Mi compromiso con que no se repita ningún caso de corrupción es firme, logrando que no se le ponga cara de madre antigua diciendo aquello de mira que voy con la zapatilla y, además, congelando su inquietante mirada...