miércoles, 29 de febrero de 2012

Justa y necesaria (ésta sí)

I

Según un informe del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (GESTHA) subtitulado "Una medida vital e imprescindible para superar la crisis", en el que se proporcionan datos tanto producto de los análisis de ese Sindicato como de otras fuentes solventes, la erradicación total de la economía sumergida en este país habría supuesto, en 2009, el aumento del PIB de España en unos 200.000 millones de euros: en este país hay un volumen del 21,5% de su PIB en economía sumergida, según FUNCAS. Dicho de otro modo: si se redujera el fraude fiscal en sólo 10 puntos (a niveles de los países avanzados de nuestro entorno), ello permitiría ingresar anualmente al Estado 38.500 millones de euros más que en la actualidad.
Dado que parece resultar imposible alcanzar los 40.000 millones de euros que supondría alcanzar los objetivos de déficit comprometidos -y ello recurriendo a injustos y drásticos recortes en servicios públicos, entre otras medidas- y dado que está demostrado de los recursos invertidos en la lucha contra el fraude fiscal se obtiene un beneficio del veinte por uno (la Agencia Tributaria se financia con un 5% de su recaudación bruta), ¿no sería una medida justa y necesaria -ésta sí-, que el Estado se dedicara de forma prioritaria a la lucha contra el fraude fiscal, destinando a ello todos los recursos posibles?


II

Con la reciente subida del IRPF, el 80% de ella recaerá sobre pensionistas y trabajadores cuando, como alternativa, subir el impuesto de sociedades del 30% al 35% sólo a grandes empresas -aquellas cuyos beneficios superan el millón de euros- supondría una recaudación cercana a los 14.000 millones de euros; es por ello una hipócrita gracia  del presidente del gobierno apelar a la solidaridad y esfuerzo de todos cuando prepara el escenario de futuros ajustes.
Es sabido también que dados los niveles de fraude fiscal y economía sumergida en ésta país, estimada entre un 20% y un 25% del PIB, con sólo reducirlo un 10% y situarlo en los niveles de países avanzados de nuestro entorno, la Administración podría recaudar 38.500 millones de euros adicionales cada año; tampoco oímos que el presidente haya considerado esta alternativa, ni siquiera a medio o largo plazo: debemos vivir en mundos paralelos que, desgraciadamente, se unen en la parte intermedia del embudo, el de la famosa Ley de ese nombre.

lunes, 27 de febrero de 2012

Ná es etenno

Cuando en 1989 cayó el muro de Berlín, muchos no entendimos el gesto ausente y la sonrisa triste común en trabajadores de una cierta edad; lo atribuimos a la nostalgia de tiempos pasados, a la idealización de un sistema socialista que, finalmente, se había mostrado incapaz de responder a las necesidades de individuos que vivían en el primer mundo y en el siglo XX: el capitalismo y la sociedad habían llegado en occidente a un punto de entendimiento definitivo mediante el reparto de los beneficios entre uno y otra con la creación del estado del bienestar, el modelo socio-económico con futuro, el modelo posible.
Lo que no entendíamos ni esos trabajadores nos explicaban -seguramente por cansancio- era su sospecha cierta de que al dejar de existir un contrapoder, una alternativa al capitalismo absoluto, un nuevo retroceso para los intereses de la mayoría de la Humanidad sería el resultado seguro del nuevo reparto el poder en el mundo. En poco más de veinte años, el peso de ese péndulo histórico ha desmontado conquistas sociales que costaron muchos esfuerzos, padecimientos y muertes. Ha resultado que el histórico acuerdo entre el capitalismo y la sociedad era puramente coyuntural: una lección que aquellos que contemplaron con escepticismo la caída del muro comprendieron que sólo podía entenderse si se aprendía en carne propia, como el dolor y muchas otras experiencias humanas. De ahí su gesto de tristeza, cansancio y abandono ante el eterno retorno.  

Luna que brillas los mares, los mares oscuros, ¡ay, Luna!, ¿tu no estás cansá de girar al mismo mundo? cantaba Camarón.

viernes, 24 de febrero de 2012

Decálogos

A diferencia de los diez mandamientos que Yahvé le entregó a Moisés, el decálogo contra los desahucios que está preparando el ministro de Economía y Competitividad parece que no pretende ser de obligado cumplimiento, sino más bien un Código de Buenas Prácticas, es decir, unos consejos a las entidades bancarias que les permitan dar a conocer su gran corazón y su ecuménica caridad para con la ciudadanía.
Desde luego, cada vez es más escandalosa esta asimetría en el reparto de obligaciones entre empresarios y trabajadores, entre bancos e hipotecados, entre defraudadores y defraudados, en definitiva, entre poseedores y poseídos -literalmente- en esta crisis que sirve de justificación y cobertura para ahondar en las injusticias y las desigualdades, por clamorosas que sean; habrá que recordarlo nuevamente: no se trata de caridad, si no de justicia.
Cuando Moisés bajó el monte tan ufano con las recién escritas leyes, comprobó que, en su ausencia, habían sustituido a Dios por un becerro de oro, por lo que, colérico, arrojó -y rompió- las tablas y quemó la estatua del becerro. De momento y por simple precaución, que el señor de Guindos no grabe su decálogo en piedra, bastante será que, en este caso, no sea la ciudadanía la que monte en cólera y se lo arroje a la cabeza. Y sin esperar a leer la letra pequeña.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Un ministro ciego (pero divino)

 I

Para el ministro de Educación, Cultura y Deporte, el señor Wert, que los investigadores españoles tengan que emigrar para ejercer su profesión no es algo negativo; opina que podrán volver en el futuro, cuando haya recursos suficientes y que, en todo caso, es una de las mejores cosas que pueden hacer en su carrera científica.
Empezando por el final, podríamos decir  que no es que sea una de las mejores cosas que pueden hacer, si no prácticamente la única, salvo que opten por abandonar definitivamente aquello para lo que se han formado y para lo que el Estado ha invertido considerables recursos, que otros aprovecharán. Respecto a lo de volver en el futuro, cuando haya recursos ¿no es evidente que ellos son unos de nuestros principales recursos?¿por que razón deberían volver salvo para hacer turismo, que es para lo único que servirá este país sin ellos?. Finalizando por el principio, y para resumir, claro que es algo negativo; del titular de prensa "Wert no ve negativa la fuga de investigadores españoles", bastarían las tres primeras palabras.


II

El señor ministro de Educación, Cultura y Deporte, es una figura representativa del nivel esperable de los integrantes del actual gobierno del PP; en el poco tiempo que lleva ejerciendo su cargo, ha sido capaz de engarzar -casi diariamente- una serie de "perlas" en un collar tan largo como el de una cupletista, por lo que recuerdo únicamente las últimas: su opinión sobre los investigadores españoles que se ven obligados a emigrar de este país para desarrollar su carrera científica y su opinión sobre las manifestaciones de los estudiantes en Valencia; cual si de un personaje orwelliano -de 1984-  se tratara, parece más un antiministro que un ministro, procurando siempre ningunear u ofender a aquellos ciudadanos cuya atención y servicio están -al menos teóricamente- entre los objetivos de su Ministerio. Parece que los ministros "independientes" son los que más méritos tienen que hacer para asegurar su cargo.
Su actuación parece sólo explicable porque, a sus ojos, la victoria del PP en las últimas elecciones generales se produjo, "no sólo por mayoría absoluta, sino por mayoría universal". Que yo creo que siendo Ministro de Educación, lo menos que podríamos esperar de él es que conociera el significado de las palabras que emplea: ninguna de las acepciones del adjetivo universal es aplicable a lo sucedido en las pasadas elecciones generales, ni las mayorías, aunque sean absolutas, sirven para ignorar de los derechos de los ciudadanos que supuestamente no contribuyeron a la "universalidad" del voto al PP. Ya sólo nos falta oír que, así como Franco era Caudillo, el señor Wert es Ministro "por la Gracia de Dios", y no es descartable: parece un milagro que este señor lo sea.

Mesura

Así pues, el presidente del gobierno ha solicitado de los españoles serenidad, responsabilidad, mesura y -no podía faltar la sal de todas sus recetas- sentido común; una especie de mezcla de conductas zen y tao, pero a la española. Y lo ha solicitado no por acomodar el camino de la felicidad que nos prometió a la ausencia de bienes materiales que es más que evidente en la actualidad para la mayoría, si no porque no debemos "dar esa imagen" fuera de España, "que no es la de nuestro país", lo cual me ha sonado, sin remedio, a ese "guardar las apariencias" tan propio de los usos y costumbres del paisanaje de este país, tan habituado a históricas carencias de todo tipo; algo así como pobres pero honrados o, más bien, jodidos pero contentos. Que no se sepa que aquí también la presión está subiendo por momentos: mesura y serenidad, o por lo menos que lo parezca.