domingo, 19 de enero de 2020

Mi

Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros niños. Saquen sus manos de nuestras familias; es el texto de un tuit del presidente del Partido Popular, Pablo Casado, en relación con el denominado pin parental (nos están conviertiendo en consumidores expertos en eufemismos exóticos, como menas), el peaje que VOX (ver la versión original) ha impuesto al PP y Cidudadanos para desbloquear los presupuestos en la región de Murcia; aunque impuesto pueda que sea un calificativo excesivo, a la vista del ímpetu posesorio que demuestra el dirigente del PP respecto a sus hijos.
El adjetivo posesivo mi es usado tanto para denotar una posesión efectiva en el caso de un animal o cosa (mi perro, mi casa, mi coche) como para informar de un tipo concreto de relación personal o familiar (mi padre, mi primo, mi amigo); en éste segundo caso, evidentemente, se entiende que el padre, primo o amigo no son propiedad de quien así se expresa; con los hijos ocurre lo mismo; así pues, es difícil que un hijo pueda ser posesión de alguien (ya sea el padre, algún particular o el Estado) desde los tiempos en que se abolió la esclavitud (en éstas tierras, con alguna excepción, desde la edad Antigua); actualmente la esclavitud se considera un crimen conta la humanidad desde la Convención sobre la esclavitud de 1926.
Por otra parte,  y también desde un punto de vista jurídico respecto a las relaciones paterno-filiales, en el Título VII, artículos 154 y siguientes del vigente Código Civil en su actualización concordante con la Ley 26/2015, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia, se establece que:
Los hijos no emancipados están bajo la patria potestad de los progenitores.
La patria potestad, como responsabilidad parental, se ejercerá siempre en interés de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a sus derechos, su integridad física y mental.
Esta función comprende los siguientes deberes y facultades:
1.º Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral. 
2.º Representarlos y administrar sus bienes.
Si los hijos tuvieren suficiente madurez deberán ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten.
El concepto de patria potestad (del latín potestas), se refería originariamente al poder absoluto del pater familias romano en la vida doméstica, que llevado al extremo comprendía la facultad de vender al hijo, o incluso de ordenar su muerte; afortunadamente, este concepto ha ido actualizándose progresivamente hasta llegar  nuestros días y configurarse como un deber tanto o más que como un derecho, e incluso se  ha reformado la redacción del mencionado artículo 154, que anteriormente recogía que los padres podían corregir razonable y moderadamente a los hijos, para evitar malas interpretaciones por parte de los padres sobre lo que es razonable y moderado. Y a recalcar, en su redacción actual, lo referido a la formación integral y a su derecho a ser oídos siempre antes de adoptar decisiones que les afecten. Incluso el Papa, respecto a éste tema, ha afirmado que los padres son custodios y no propietarios de sus hijos.
Mi es, igualmente, la tercera nota musical en el sistema de notación sudeuropeo o latino  (equivalente a la nota E en el nordeuropeo o anglosajón); a Pablo Casado le ha sobrado la mitad de la extensión que actualmente permite Twitter (280 caracteres) para desafinar y simultáneamente errar groseramente en todas y cada una de sus apreciaciones jurídicas (más teniendo en cuenta que se trata de un licenciado en Derecho y supuestamente en posesión de un Máster): sus hijos no son de su propiedad, por idénticas razones tampoco podrían serlo del Estado y, en definitiva, un Gobierno no sería radical ni sectario si pretendiera su formación integral, que es lo que marca la Ley. Y aunque supongo a qué manos se refiere, ¿qué familias serán las suyas?

lunes, 13 de enero de 2020

No todo es relativo.

Algunos tienen verdadero empeño en demostrar que todo es relativo y no sólo a nivel físico, tal como postuló Einstein hace algo más de un siglo, sino tambien a nivel histórico y sociológico; en el convencional -desde la Revolución Francesa- arco político que va de la izquierda a la derecha, del progresismo a la reacción conservadora (reacción al progresismo y conservadora de los privilegios de una minoría), la conciencia de la posición de cada cual y de cada formación política en él, sí parece relativa, por ejemplo, cuando el PSOE proclamaba recientemente somos la izquierda, -les faltó asegurar que la verdadera, aunque siempre que pueden mencionan el certificado de los 140 años de antigüedad, como si su partido se tratara de un restaurante, una bodega o una tienda de ultramarinos- o cuando se adjudican certificados de comunistas tanto a los que así se declaran como a los que con parámetros más realistas cabría únicamente calificar como socialdemócratas; es decir, no siempre coinciden ni las etiquetas ni las autoetiquetas con la realidad; pero no, no todo es relativo y, desde luego, mucho menos de lo que interesadamente se propaga (sí, de ahí la coincidencia etimológica con la palabra propaganda).
El socialismo del siglo XIX, también derivado de la acomodación socio-política de los presupuestos de la Revolución Francesa, dió lugar a toda una serie de interpretaciones y gradaciones izquierda-derecha dentro de la propia izquierda, de las más ingenuas como el socialismo utópico (premarxista) o las más radicales, como el socialismo anarquista, hasta las más acomodaticias o posibilistas como la social-democracia, y todas ellas, a su vez -y simplificando- derivadas de la priorización entre lo urgente y lo importante; las primeras pretendiendo incluso eliminar el Estado, las últimas reforzando el Estado heredado de la burguesía (aunque Marx ya advirtió de que el proletariado triunfante debería destruir la máquina del Estado burgués, ya que todas las revoluciones han perfeccionado esta máquina, en lugar de romperla, coincidiendo en ésto con los anarquistas) pero para ser utilizado como herramienta al servicio del bien común y de la mayoría social; finalizando con  el más notable intento de concrección del comunismo en el denominado socialismo real (por contraposición al utópico).
Sabemos hoy que la implantación del mencionado socialismo real en los países del bloque comunista tras la segunda guerra mundial -antes en la U.R.S.S.- no cumplió con las expectativas, aunque, aparte de evidentes excesos autoritarios y disfuncionalidades organizativas, creo que las causas y motivos de ese fracaso en pocas ocasiones han sido seriamente analizados y, menos aún, divulgados. Pero la historia, en contra de lo que algunos (Fukuyama, uno de sus reconocidos portavoces) pretenden, no ha finalizado. Deducir de la constatación del fracaso de la implantación del socialismo real que no hay alternativa al sistema capitalista o que éste es el único sistema posible para toda la humanidad -derivado de la asunción previa de un pensamiento también único- hay una enorme distancia; no es sólo que las ideas y la ideología -y no la economía- es lo que realmente está en la base de lo humano, sino que en tanto haya muchos más pobres que ricos (aunque para algunos de ellos la meta u objetivo consista en acceder por cualquier medio o atajo al mundo de los ricos y privilegiados; que habría que recordarles que los ricos y poderosos procurarán impedírselo también por cualquier medio, por mucho que a diario la publicidad se lo haga imaginar como un señuelo: lo esencial para la casta privilegiada es que constituyan siempre un minoría), para  muchos de ellos seguirá constituyendo un objetivo vital establecer un mundo sin privilegios para nadie, lo cual tendría como consecuencia directa un reparto justo de los recursos (el año 2018, el 1% de la población mundial acaparó el 82% de la riqueza mundial generada ese mismo año) de modo que pudiera garantizarse a todos y cada uno su propio desarrollo personal y social, base imprescindible para una auténtica igualdad de oportunidades, de lo cual, forzosamente, se beneficiaría toda la humanidad, ya que ello significaría la maximización de las oportunidades que tenemos como especie.
Por mucho que -según la tesis de Fukuyama- el humanismo, la cultura y la ciencia llegaran a poder imponerse a nivel mundial como única base moral -capaz de desplazar a la religión u otros dogmas morales o éticos- subsiste el hecho de que los derechos humanos -si lo son realmente-  nunca podrán convivir -o incluso sólo sobrevivir- con el sistema capitalista. Y podría añadirse que tampoco una verdadera democracia, que supone la existencia de personas realmente informadas y no manipuladas por la propaganda de los medios, es compatible con el sistema capitalista, ni tampoco con el liberalismo económico, por mucho que Fukuyama lo declare como uno de los fundamentos imprescindibles de la -única- sociedad futura. Y de cuanto nos estamos acercando al precipicio, da idea el hecho de que el propio Fukuyama reconoció en 2018 que el período extendido, que comenzó con Reagan y Thatcher, en el que se estableció un cierto conjunto de ideas sobre los beneficios de los mercados no regulados, en muchos sentidos tuvo un efecto desastroso. Pero ¿no era la desregulación la aplicación radical del liberalismo económico?
No, no todo es relativo (incluso Kant dicen que dijo el relativismo es una buena cabaña; se puede pasar en ella una noche si no hay más remedio, pero no sirve para quedarse a vivir); pero sí lo son -o directamente falsos-  muchos de los intentos de superar las ideologías mediante distintas estrategias de implantación del pensamiento único -terceras vías, etc.- y de un sistema económico demostradamente insostenible, el capitalismo, como el único sistema posible.

miércoles, 8 de enero de 2020

Precogs

Si una persona puede imaginar algo, quedan pocas dudas de que otra seguramente lo llevará a cabo, y eso incluye tanto lo posible como lo imposible (es decir, lo que todavía no es posible, pero que por el sólo hecho de haber sido imaginado, alguien finalmente dispondrá de los medios para que acabe siéndolo); podríamos recordar, por ejemplo, la visión premonitoria de la aplicación de la tecnología a los mecanismos políticos totalitarios de control  y propaganda que previó Orwell en 1984 (publicada en 1949) y también el relato de Philip K. Dick, The Minority Report (El Informe de la Minoría), que éste escribió en 1956, y que sirvió de base argumental a la película del mismo nombre, de 2002. Para los que desconozcan éstas últimas, podríamos resumirlo diciendo que en un futuro cercano una unidad especial de la policía (Precrimen) es capaz -mediante la utilización de las capacidades de seres precongnoscientes (precogs)- de detener a los delincuentes antes de que éstos tengan la oportunidad de delinquir realmente; en la película -con final políticamente correcto- se decide acabar con esa unidad  Precrimen debido a sus fallos, pero en el relato original, el sistema se mantiene pese a que éstos se demuestran como previsiblemente posibles, (pero que no pasan de ser considerados como efectos secundarios o colaterales no deseados y, por tanto, asumibles ante el funcionamiento generalmente bueno del sistema).
Eso mismo ha debido considerar el aparato militar USA -y, sobre todo, su presidente, sin necesidad de precogs- para asesinar (en su propia denominación, sin camuflarlo bajo algún eufemismo) preventivamente al general iraní Soleimani ya que éste estaba desarrollando activamente planes para atacar a los diplomáticos y miembros del servicio estadounidense; lógicamente esos planes son tan secretos -al igual que los que seguramente disponen las agencias de seguridad estadounidenses respecto a las fuerzas de países extranjeros- que, a efectos prácticos y para la opinión pública, es lo mismo que si fueran inexistentes; con lo cual lo único que queda como hecho cierto -y que debemos asumir, también preventivamente- es que la mayor potencia militar del mundo puede en todo momento hacer valer ese sólo hecho -la razón de su fuerza, no la fuerza de su razón- para decidir quien debe morir justificándolo como una defensa preventiva ante posibles futuros ataques contra sus tropas o personal a su servicio. Que, supongo, sería lo mismo que pretendía Hitler al invadir Polonia.

martes, 7 de enero de 2020

¡Vivan las caenas!

Al igual que los antiguos reyes sólo respondían ante Dios -en éste país aún es así; el rey es jurídicamente irresponsable ante la Ley según el artículo 56.3 de la vigente Constitución- los dictadores, históricamente, han procurado siempre responder sólo ante su país: Napoleón ante Francia, Hitler ante Alemania, Mussolini ante Italia, Stalin ante la Unión Soviética y sí, Franco ante España (pese a las apariencias, uno de los más pretenciosos, ya que en las monedas de la dictadura todos podíamos leer: Caudillo de España por la Gracia de Dios; un rey sin corona). Y ¿cómo saber si Francia, Alemania, Italia, la Unión Soviética o España estaban satisfechas con quien ejercía omnímodamente el poder director de los destinos de esos países?, ¿quizá preguntando a los naturales de ellos, es decir, a los franceses, alemanes, italianos, rusos o españoles?: pues no, los dictadores han evitado siempre esa complicación política innecesaria por el expedito y sencillo procedimiento de preguntarse a sí mismos ya que, por definición, los dictadores son el país que dirigen; ante sus paisanos, los dictadores se identifican con su país, como los faraones con Egipto. En la famosa entrevista de Jay Allen a Franco al comienzo de la guerra civil, en la que Allen expresaba sus dudas de que Franco pudiera ganar la guerra preguntando/afirmando  ¿eso significa que tendrá que matar a la mitad de España?, Franco sonrió suavemente y sin levantar mucho su aflautada voz dijo: repito, cueste lo que cueste; Allen, efectivamente, quería decir que tendría que matar a la mitad de los españoles -a un país no se le puede matar, ni siquiera por mitades- para auparse a su puesto de dictador, pero Franco le había entendido perfectamente; su proyecto para España era matar a todos los españoles que se interpusieran en el desarrollo de su proyecto de convertir España en un cuartel y a sus habitantes -los que quedaran- en siervos al servicio del poder económico que es a quien, en definitiva, servía; no a España. Y menos aún, a los españoles. Y es que es una creencia común de los dictadores pensar que un país puede sobrevivir a una amputación de la mitad de su cuerpo (de sus habitantes, quiero decir); Franco -imitando el ejemplo de los ilustes predecesores mencionados- pensaba lo mismo; tras la sangría de la propia guerra civil, miles de españoles -incluyendo muchas de las mejores potencialidades artísticas y científicas del país- hubieron de emigrar para no volver nunca y el país tuvo que sobrevivir malamente a cuarenta años de sangrienta represión, carencias y mediocridad; España es lo que es hoy a pesar de Franco, no gracias a él, como algunos pretenden.
En fin, que una vez aprendido ésto, está claro cómo deducir una regla para conocer la orientación política de cada uno con sólo hacer una sencilla pregunta (en nuestro caso): ¿qué es más importante: España o los españoles?; en el debate existente durante la reciente investidura -que algunos creyeron que era un debate de embestidura- de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de  España, los gritos de ¡viva el rey! y ¡viva España! venían todos de la derecha (faltó el ¡vivan las caenas!); las referencias al bienestar, seguridad y futuro de los españoles todos procedían de la izquierda; la regla no falla.

domingo, 5 de enero de 2020

Un reloj parado

...y por eso haremos, como ya les advertí el pasado mes de de Julio, no una oposición leal, que no merece este gobierno, sino una oposición leal al pueblo español y por lo tanto una oposición total y frontal a este proyecto  antiespañol y anticonstitucional que algunos quieren poner en marcha... 
(a partir del minuto 27:30 de la grabación de RTVE conteniendo la intervención de Santiago Abascal en el debate de investidura del día 4 de Enero de 2020)

Cabe preguntarse a quién piensa ser leal el líder de VOX al oponerse al pueblo español, y si lo que quiere decir es que piensa ser leal al pueblo español la pregunta sería a quién piensa oponerse ya que -según sus palabras- el gobierno de Pedro Sánchez no lo merece (y, por tanto, si su postura opositora no es más antiespañola y anticonstitucional que el proyecto mayoritario y democrático del que abomina).

Pero es que sí, hasta un reloj parado da la hora correcta dos veces al día; también Abascal, en el transcurso de su verborrea ultra, resulta que ha acertado una vez (si obviamos lo de leal); a ver cuando llega la segunda.