viernes, 19 de enero de 2018

Omni mors aequat

Hace poco reflexionaba sobre el tiempo y su efecto en todos nosostros pero, especialmente, en los cambios dramáticos que puede producir en los políticos considerando su relación con el poder; no hace ni quince años, Rodrigo Rato o Francisco Alvarez Cascos, por ejemplo, paseaban su poderío por España, uno desde el gobierno y otro desde el PP, hoy semejan boxeadores sonados que en muchos casos no son conscientes de su propio derrumbe y prosiguen con su actitud altanera, cuando no bravucona, pese a todo.
Pero igual de dramático que el declive de poder de los que en su día fueron, puede llegar a ser el deterioro de unas relaciones supuestamente  personales y de amistad que con el tiempo se muestran como lo que en realidad eran: de poder e interés personal; recordar las conversaciones que en su día conocimos entre Alvaro Pérez El Bigotes y Francisco Camps como presidente de la Comunidad Valenciana, que entonces produjeron mayormente verguenza ajena -con aquello de amiguito del alma- hoy, con el Bigotes reconociendo que su amiguito era  en realidad un cobrador de tipo mafioso que le extorsionaba, produce un poco de pena; sentimiento éste al que la razón -y la justicia- nos obliga a sobreponernos en cuanto recordamos que unos y otros colaboraron en un despilfarro que siempre, siempre, ha acabado pagando la ciudadanía: esa misma ciudadanía que a la vez que hoy obtiene detalles sobre en quién, cómo y donde acabaron los dineros públicos procedentes del pago de sus impuestos, observa impotente que -tras el saqueo- ya no quedan recursos para el pago de pensiones o servicios públicos dignos.
Para algunos de aquellos poderosos la muerte ha sido la solución, dando la razón a Cervantes (No hay recuerdo que el tiempo no borre ni pena que la muerte no acabe), aunque como en el PP son muy de negar la evidencia, contumaces, han pretendido revivir a Rita Barberá, como dicen que hicieron con el Cid en Valencia, que ganó muerto y a caballo (en éste caso sería cabalgando un AVE recién inaugurado) su última batalla.
Volviendo a aquella pareja de amiguitos, y recordando el antiguo proverbio Siéntate a la puerta de tu casa y verás el cadáver de tu enemigo pasar, está claro que para Alvaro Pérez y Francisco Camps todo parece reducirse ahora a dejar pasar el tiempo para ver quien lo resiste mejor y vive más, porque Juan Negrín tenía parte de razón al afirmar que resistir es vencer. Pero es más cierto e indudable que la muerte lo iguala todo. Para el muerto, al menos.

jueves, 18 de enero de 2018

Eufemismos

Que la lengua -el idioma- es importantísimo parece evidente; sin esa herramienta fundamental no podríamos ni pensar. Gran parte de la clase política, en su empeño de mantener a la ciudadanía confundida para poder manejarla a su gusto no cesa, sin embargo, de inventar a diario eufemismos que disfracen la realidad hasta trasladarla a un universo paralelo; la definición del diccionario para eufemismo como manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante parece ser demasiado restrictiva para ellos, o bien piensan que la realidad tal cual es demasiado cruda para todos nosotros y nos la alivian traduciéndola a su neolengua. No es de ahora, claro, ya en 1949 Orwell opinaba que el lenguaje y los escritos políticos son ante todo una defensa de lo indefendible, y que los políticos recurren de continuo a eufemismos, peticiones de principio y vaguedades oscuras para evitar argumentos demasiado brutales a oídos de los ciudadanos; de hecho, el núcleo de su tenebrosa distopía, 1984, se basa precisamente en esa perversión permanente del significado de las palabras para lograr un mundo donde la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza, y hasta existe un Ministerio de la Verdad para crearla sobre la marcha y a medida de los intereses de los gobernantes. Un mundo no tan distante de éste en el que nos van introduciendo a golpes de manipulación mediática, como advierte hace tiempo Noam Chomsky.
Es cierto que, a veces, la lengua se rebela y, sin ningún esfuerzo -recurriendo al traductor automático de Google- se venga: en la presente feria internacional de turismo -FITUR- el Ayuntamiento de Santander se ha hecho famoso porque en su afán de poner en siete idiomas su página de turismo ha traducido Centro Botín como Centro de Saqueo. Justicia poética, lo llamaría alguien.

lunes, 8 de enero de 2018

La nieve se disuelve, la responsabilidad no.

El director de la  DGT (Dirección General de Tráfico), Gregorio Serrano -ese intencionado calco de su superior, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido- tiene claro -clarísimo, se lo he oído decir- que no es su responsabilidad que haya habido personas bloqueadas en la autopista AP-6 (y en muchas otras carreteras españolas) toda una noche - a veces más- a causa de una nevada: primero fueron los propios conductores los culpables, bien por no llevar cadenas, bien por atender (sí, por hacer caso, no por desoír) las recomendaciones de la propia DGT que informó -erróneamente- que esa autopista era transitable, y luego, cuando eso ya era contestado claramente por los propios afectados a través de las redes sociales, el culpable ha pasado a ser la empresa concesionaria de esa autopista.
Antes de nada, convendría dejar claro que la responsabilidad de todas las competencias del gobierno en cualquier materia, incluyendo las que se encuentren delegadas en la gestión de empresas privadas -ese modelo de gestión que los neoliberales no paran de vender como más eficiente, cuando está clarísimo que eso no tiene porqué ser verdad, de hecho casi nunca lo es, por puras razones económicas- recae directamente en el gobierno y, específicamente, en el organismo del ejecutivo con atribuciones en la materia de que se trate, en éste caso, la DGT. El propio ministro de Fomento ha reconocido que el Estado (el Ministerio de Fomento) es el único  titular de la autopista.
Lo sucedido, por otra parte, ha vuelto a poner en evidencia no sólo la incompetencia de muchos de los cargos del gobierno de un partido -el PP- que presume -se ignoran las razones- de gestionar mejor, si no la doble vara de medir que utilizan de forma permanente como mecanismo de supervivencia: ya se ha recordado lo ocurrido en 2009 en parecidas circunstancias meteorológicas  con gobierno del PSOE y el PP en la oposición; ninguno de los argumentos utilizados por el PP de entonces parece que sea válido para el PP de hoy; si entonces la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez, pidió disculpas a los usuarios que se vieron afectados por los cortes de carreteras y el cierre del aeropuerto de Barajas y reconoció fallos de coordinación entre la Agencia Estatal de Meteorología, el Ministerio del Interior, el de Fomento, la Comunidad de Madrid y el ayuntamiento de la capital, nada de eso hemos visto en los responsables del gobierno ahora; según el director de la DGT, todo ha sido un contubernio -al estilo de aquél imposible judeo-masónico-marxista- entre la meteorología, los conductores y la empresas concesionaria de la gestión y explotación de la autopista. ¡Que sería de nosotros sin el humor!
Y si el director de la DGT continuara insistiendo en culpar a los propios conductores -usuarios de unas infraestructuras públicas y víctimas directas de su incompetencia-, habría que recordar que las posibles carencias en las capacidades de conducción de los españoles -como pudiera ser falta de experiencia en la conducción de vehículos en circunstancias no habituales, o el uso de cadenas, por ejemplo- son responsabilidad, también, del gobierno; para eso se supone que el gobierno expide un carnet de conducir: para garantizar al seguridad vial.

sábado, 6 de enero de 2018

No sólo la reforma de la Ley Electoral

Si tuviéramos una ley electoral justa, si la hubieran cambiado el PP y el PSOE, el debate en Cataluña no existiría y estaríamos pensando en cómo gobernar nosotros, ha manifestado Inés Arrimadas, de Ciudadanos. Pues sí, ha de coincidirse con ella al menos parcialmente: si el pasado hubiera sido diferente, a saber como sería el presente, o si el independentismo representaría hoy la opción de la mitad de los votantes catalanes,  o, incluso, si ella misma podría llegar a ocupar un cargo como Molt Honorable, pero está muy claro que la regla d'Hont, ese mecanismo que se encarga de traducir los votos en escaños es uno más -otro muy importante es la elección de la provincia como circunscripción electoral- de los soportes del sistema bipartidista; hace tiempo que todos los partidos minoritarios a nivel estatal -IU, UPyD, etc.- han padecido esa injusticia, mientras partidos con menos votos pero concentrados en las tres o cuatro provincias de una Comunidad Autónoma -los partidos nacionalistas- se convertían en árbitros que decidían al alternacia entre los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP. Esto no es nuevo -evidentemente no nos lo ha descubierto Inés Arrimadas- y, como digo, es algo perfectamente calculado  -y defendido- dentro un sistema que busca conseguir mayorías de gobierno basadas no en el acuerdo entre grupos, si no en la imposición del grupo más fuerte, que es la teoría anterior a la que últimamente ha perfeccionado y defiende el PP -y otros, entre ellos  Ciudadanos- y que se resume en que el gobierno ha de facilitarse al grupo político que obtenga más votos, a la lista más votada. Aunque sea evidente, no está de más repetir que ambas teorías o sistemas que defienden cómo cocinar los votos para que gane el que debe ganar, suponen una auténtica perversión del sistema democrático y, sobre todo, un peligro real para la ciudadanía que ha de soportar mayorías absolutas -no hay que mirar muy lejos- que no están sustentadas ni socialmente ni políticamente, obviando radicalmente el acuerdo y el diálogo entre grupos políticos que, con posterioridad a unas elecciones, es el procedimiento evidentemente necesario para lograr un programa de gobierno de mínimos que responda -aún parcialmente- a las aspiraciones de la mayoría de los votantes; es el procedimiento utilizado por las democracias europeas a las que dicen que queremos parecernos.
Claro que hay sistemas más justos para cocinar lo menos posible los votos en su traducción a escaños -alguno tan sencillo como considerar a toda España como circunscripción electoral única- y claro que sería la reforma de la Ley Electoral en éste sentido un buen punto de partida, pero es conventiente recordar que ello no eliminaría nunca la necesidad de diálogo entre los distintos grupos políticos: y si no saben -aduciendo, básicamente, que nuestro temperamento no lo soporta- que aprendan; es su deber si de verdad quieren ejercer la política como demócratas. Ya sé que lo otro parece que se nos dá mejor, pero finalmente es peor para casi todos.

Emérito

Emérito, en la antigua Roma, se decía de un soldado que había cumplido su tiempo de servicio militar y disfrutaba la recompensa debida a sus méritos. Independientemente de lo brillantes que hubieran sido sus servicios y el valor demostrado, lo cierto es que tenía mérito que un ciudadano de Roma -los esclavos, con buen criterio, estaban exentos- dedicara prácticamente toda su vida -entre los 17 y los 60 años- al servicio de Roma; emérito nos dice el diccionario que es aquella persona, especialmente si es un profesor, que se ha jubilado y maniente sus honores y alguna de sus funciones.
Y emérito ha sido la palabra elegida para designar el status de reyes y papas que han abdicado -se han jubilado a sí mismos- recientemente como es el caso del papa Benedicto XVI o el anterior Jefe del Estado español, Juan Carlos I; imagino que emérito querrá reconocer los méritos en el ejercicio de sus responsabilidades hasta su abdicación (supongo habría que ir pensado en otra palabra, por si los méritos -abdicación incluída- no fueran suficientes).
Con motivo de la celebración del 80 cumpleaños de nuestro rey emérito, los medios y las fuerzas políticas autodenominadas constitucionalistas, no han escatimado en elogios a su figura y a su labor al frente del Estado; elogios que, sinceramente, la mayoría suenan a panegírico post mortem (en éste país se mejora muchísimo al morir) en su exageración. Concretamente, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, le ha agradecido ser clave para el entendimiento y consenso que hizo posible  la etapa de mayor estabilidad y crecimiento de España; y es que, seguramente, esto último no es cierto y esos méritos quepa atribuírselos a la etapa de la dictadura de Franco, lo cual me hace pensar en que hubiera sucedido si Franco hubiera abdicado antes de morir, ¿se hubiera convertido en Caudillo emérito y Juan Carlos se hubiera convertido en Caudillo antes que en Rey? (habría que recordar que esa situación se dió en la realidad, aunque no formalmente).
Por cierto, ninguna mención por parte de esos mismos medios y fuerzas políticas a alguna de las variadas sombras -personales e institucionales- que se van conociendo de Juan Carlos I en esa etapa de entendimiento y consenso. Aunque sólo fuera por dar versosimilitud a los panegíricos con el claroscuro.