jueves, 31 de agosto de 2017

Abatido


Las palabras no son ni inocentes ni impunes, por eso hay que tener muchísimo cuidado con ellas, porque si no las respetamos, no nos respetamos a nosotros mismos, aconsejaba José Saramago; efectivamente, con sólo conocer el sentido de las palabras y su evolución en su acomodación a una realidad cambiante, podemos descubrir mucho de la propia evolución de los humanos que las usan y de su interior en ese proceso. Excelente, sobre ésto, el artículo de Javier de Lucas, ¿Abatir?. Abatir, ya había sido una palabra que me ví obligado a consultar en el diccionario por ver si estaba admitida para describir el hecho de matar a una persona, y sí, efectivamente lo está (en la cuarta de las acepciones de la RAE): hacer caer sin vida a una persona o animal (sólo a partir de la vigésimotercera edición del Diccionario de la Real Academia Española, antes se admitía sólo metafóricamente, como también nos informa Javier de Lucas en su artículo); yo seguía creyendo que sólo se abatían, en éste sentido, los animales cazados.
La deshumanización y cosificación del enemigo en cualquier enfrentamiento o guerra no es nada nuevo, es cierto, y si el ejemplo paradigmático es el del régimen nazi respecto a los judíos intentando privarles, antes que nada, de su humanidad al describirles como untermensch (infrahumanos), ya antes de los nazis, la propaganda de guerra -desde que se tiene constancia histórica, pero sistemáticamente y potenciada por los medios de comunicación, a partir de la primera Guerra Mundial- describía al  enemigo -a todos y cada uno- como un ser sin moral, sin conciencia, bárbaro, violento y dominador por naturaleza, candidato a ser eliminado -otro eufemismo, como retirado, en Blade Runner- sin contemplaciones ni remordimientos; a la vez, se describía al propio país, al propio bando, como garante de paz y justicia, que sólo combatía por haberse visto obligado a ello por un enemigo irracional y salvaje (¿de qué me sonará todo ésto?). El evidente peligro de la escalada de violencia a que conducen todas las guerras es que, al proponer respuestas supuestamente proporcionales ante un enemigo bárbaro, se acaba siendo tanto o más bárbaro que él para poder vencer; es decir, si para para lograr vencer a los actuales terroristas los medios que se nos proponen se basan en ignorar las propias normas y leyes, acabaremos todos -si no lo estamos ya- bajo el control de gobiernos y Estados practicantes de un terrorismo de facto -sin necesidad de declarar públicamente métodos, medios o intenciones- y respetando una sola ley: la de la selva. A aplicar no sólo a los terroristas,  también, por extensión y comodidad del poder, a todos nosotros.
La incapacidad colectiva para hacer efectivos nuestros supuestos valores y, por contra, aceptar implícitamente los de los terroristas -otra señal más del declive del mundo  occidental- sí que me ha dejado abatido.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Un siglo

Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta.

Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...

Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.

No, no son de hoy, esas palabras las dejó escritas en 1912, Benito Pérez Galdós en  La fe nacional y otros escritos sobre España. Apenas un intento de salir del marasmo nacional que fué ahogado en sangre veinte años después y tras él cuarenta años de oscuridad seguidos de otros cuarenta del gris oscuro -casi negro- en que estamos instalados, retrocediendo cien años. Todo un siglo desperdiciado.

martes, 29 de agosto de 2017

Tres por uno

Según la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, hay unos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre de éste año 2017 que nos han pasado desapercibidos a todos, menos a ella: el 93,3% del empleo recuperado es a tiempo completo. Solo el 6,7% es a tiempo parcial. Lo cierto es que nos tendría que informar la señora Báñez dónde figuran esos datos, yo he revisado de arriba a abajo la mencionada encuesta encontrando éste párrafo al respecto (está en la primera página, como punto destacable): El total de asalariados sube éste trimestre en 349.500. Los que tienen contrato indefinido aumentan en 93.600 y los que tienen contrato temporal en 255.900. En variación anual el número de asalariados crece en 502.500 (el empleo indefinido se ha incrementado en 202.800 personas y el temporal en 299.700); ¿se compadecen éstas cifras absolutas -ya sea en términos trimestrales o anuales-  con los porcentajes de que nos informa la señora Báñez?: evidentemente no; y ya me extrañaba: contradicen a todas las encuestas realizadas hasta ahora por sindicatos y numerosos estudios independientes que constatan  no sólo un retroceso en los salarios, sino un aumento en la temporalidad de los nuevos empleos. Es igual, para la señora Báñez, esas cifras -las suyas- demuestran que el empleo que llega con la recuperación es de mayor calidad que el se fué con la crisis; y no sólo eso, insiste no sólo en que la recuperación económica existe sino que, además,  es sólida, sana y social
Hace ya más de cinco años Rajoy calificaba a la reforma laboral aún por implantar como amplia, profunda y equilibrada y la propia Báñez nos la prometía como completa, equilibrada y útil -se vé que por entonces aún no existía en el PP el puesto de sincronizador de argumentarios y sólo coincidieron en un calificativo- pero, en todo caso, es normal que el PP utilice -por tradición familiar, más que nada- los lemas triádicos del fascismo y el franquismo -Una, Grande y Libre; una Patria, un Pueblo, un Caudillo; Patria, Pan y Justicia; etc.- que siempre funcionan tan bien; y, ¿quién se resiste a un tres por uno en éstos tiempos tan duros?. Y si lo de sana y social viene un poco encogido, por lo menos que sea sólida. Y si eso tampoco, siempre nos quedará la Virgen del Rocío con su capote, que ya en 2012 nos había sacado de la crisis. (¡Y nosostros sin enterarnos desde hace cinco años!) Por no hablar de los milagros que la Virgen del Rocío realiza con los datos que maneja la señora Báñez.
___________________________________________
P.S.:...la mentira tiene las patas muy cortas... el paro subió en agosto, la afiliación a la Seguridad bajó como no lo había hecho desde 2008, pero el número de contratos registrados durante el mes creció: se firmaron 1.536.400 contratos, un 5,85% más que hace un año y 392.239 menos respecto a julio. Del total de contratos, 115.382 fueron indefinidos —menos del 8%— y 1.421.018, temporales.

lunes, 28 de agosto de 2017

La democracia de Rajoy

Ayer estuvimos donde teníamos que estar y con quien tuvimos que estar, expresando nuestro apoyo a las víctimas del terrorismo y mostrando solidaridad con la inmensa mayoría de los catalanes sensatos y respetuosos, ha dicho Rajoy durante un acto de su partido en Pontevedra, vendiendo una vez más sus excedentes -él parece considerar que le rebosan- de sentido común y sensatez; aunque, y es lo que tiene alargar las frases para hablar sin decir nada: ¿habrá querido decir, por ejemplo, que también existe una minoría de catalanes sensatos y respetuosos que se ha dedicado a abuchearle y a los que no quiere expresar apoyo ni solidaridad? Pudiera ser, porque, en su mejor línea de ignorar lo que no le interesa, ha declarado que las afrentas de algunos no las hemos escuchado; que no creo que haya que traducir del lenguaje mariano para comprender que para él, afrenta equivale a todo aquello que no desea oír; para él, su misión política debe consistir sólo en escuchar  los aplausos de los adictos tras sus vacías peroratas y no la de escuchar a los discrepantes para establecer un inexcusable -en democracia- diálogo político. Pues no, a Rajoy le gustaría que algunos responsables políticos renunciaran a sus planes de ruptura y radicalidad; creo que es lo que quiere la mayoría de la sociedad catalana. Que, digo yo, ¿no habría forma de verificar esa creencia suya?
Y ha rematado con una -repetida, para alargar el discurso- de sus acostumbradas obviedades vacías de contenido: aparcar las diferencias nos hace grandes, vencer al terrorismo desunidos no es posible; y (bis) las víctimas nos quieren unidos y los terroristas nos quieren desunidos, de ambas concluye: la grandeza de la democracia es su unidad frente a quienes quieren liquidarla.
Pues no, señor Rajoy, la democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder político al conjunto de la ciudadanía, precisamente al conjunto en la consideración de su diversidad, si el conjunto fuera uniforme no sería útil -ni necesaria- la democracia; así pues la grandeza de la democracia no es su unidad, sino la diversidad cuya convivencia social pretende organizar. Los que realmente quieren liquidarla son los que olvidan ésto último so pretexto de una mayor eficacia (para fines, en general, muy poco democráticos, todo hay que decirlo).

sábado, 26 de agosto de 2017

El humor, que no falte

Ramper (Ramón Alvarez Escudero) fué en sus inicios un showman circense que al final de su carrera artística actuó como  humorista  con un estilo muy personal e ingenioso -basado, a menudo, en palabras de doble sentido o juegos de palabras- que le hizo inmensamente popular, mereciendo elogios,  incluso, de Jardiel Poncela; sus últimos años (murió en 1952, con 60 años) fueron de penuria económica, con su figura y su carrera en el olvido. Cuentan que en el Madrid republicano asediado por las fuerzas de los militares sublevados en la guerra civil y durante una actuación suya, Ramper, recorría la pista echando serrín al público y pregonando: serrín de Madrid (se rinde Madrid) mientras portaba una fotografía enmarcada de Franco y decía: y a éste lo vamos a colgar; el público de un Madrid martirizado por el hambre y las bombas, aplaudía a rabiar.
Viene todo ésto a cuento de que a todas las desgracias indiosincrásicas de éste país -me he enterado recientemente que a los rusos les ocurre algo similar; son innumerables los chistes de la época soviética y de la actual-  no debemos añadir, afortunadamente, la falta de humor, sea del color que sea: todo lo contrario, tanto más crudo cuanto más cruda sea la situación violenta, angustiosa o dolorosa que se trate, por lo que es comprensible que el artículo El terror y la broma infinita de Juan Cruz en El País haya sido objeto de una amplia contestación en las redes sociales (pueden verse, también, los comentarios al pie del propio artículo). Es igualmente comprensible que a Juan Cruz le parezca que  las redes sociales son muy golosas y muy absorventes y dejan que las personas deduzcan en lugar de confirmar; que yo supongo que a él le parecería mucho mejor que todo siguiera como siempre, o sea, que todos estuviéramos esperando que alguna mente brillante -y grande- como la suya nos confirmara la realidad para que pudiéramos estar seguros de que lo es con absoluta certeza. Aunque me temo que eso ya va ser muy difícil: la increíble ductilidad de los medios ante el poder ha hecho que la ciudadanía que pretende informarse desconfíe cada vez más de ellos y que la auténtica opinión de la calle se haya refugiado en algo bastante más difícil de controlar y que -simultáneamente- informa, genera debate y obliga a deducir, como son las redes sociales en la actualidad.
Según el señor Cruz, reír es una mueca que, si carece de contenido, se queda en la sorda expresión de la tontería, contradiciendo lo científicamente aceptado en éste momento: reír es bueno siempre -al menos para los comunes mortales que podemos prescindir del contenido- pero, sobre todo, enfrentar la vida con humor es fundamental casi para poder seguir viviendo. Sin embargo, según él, mientras ríes no aprendes de lo que te está pasando; increíble que una mente confirmadora como la suya no sea capaz de desarrollar dos tareas al tiempo. O será que las de resto, las nuestras concretamente, son algo defectuosas y carentes de contenido, haciendo que nos riamos de las tontunas mesiánicas  de un muchacho de historia triste, alma de fanático y cara de ángel expresadas en un macarrónico árabe-andalusí; ¡lo que es oír -o leer- algo procedente de una mente confirmadora: el señor Cruz se sabe su historia, ha visto su alma y su cara le parece de ángel!, no como yo, que sólo he visto el original y algunos de los muchos memes basados en él que el humor e ingenio de presuntos desconfirmados ha producido.
Nos recuerda el señor Cruz que la madre de Rafael Azcona decía en las sobremesas de posguerra, cuando se reían en casa los amigos: ya pagaremos esas risas. Cabría recordarle a él que al propio Azcona no le hizo mucha mella esa admonición penitencista de su madre, ya que afirmaba: para mí, la risa es el mejor aliento. Es cierto que Azcona solía reírse con bastante contenido; todo será ir ensayando y adquiriéndolo.
Y, si quisiéramos ponernos trascendentes,  podríamos citar a Freud: El humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo.