martes, 5 de junio de 2018

El orden

Hay ocasiones en las que el orden no importa (para sumar y multiplicar, por ejemplo), pero hay otras en que sí. En una entrada reciente de este blog me refería a las prioridades de M. Rajoy al explicarse -y explicarnos- los casos de corrupción que afectan a su partido; hoy, ante la directiva del PP, y durante la ceremonia en que ha comunicado su renuncia a la presidencia del partido, ha confirmado que no le entendimos mal: El PP debe seguir avanzando bajo el liderazgo de otra persona; es lo mejor para mí y para el PP. Es lo mejor para el PP y para mí. Y creo que también para España. Y lo demás no importa nada. Parece que en esta ocasión el orden sí importa; la prueba es que en las frases anteriores (conviene ver y oír el video) el propio señor Rajoy se autorectifica y finalmente coloca al PP antes incluso que a él mismo (aunque, de forma simultánea, su famoso ojo con vida propia hace de las suyas); eso sí, España al final, con no mucha seguridad y de forma accesoria, deduzco. Notable en alguien que presume de español y mucho español. Finalmente, todo lo demás que, claro, ya no importa nada. Por si alguien no se había percatado.
No se ha ido, lo hemos echado, ese fue el grito con el cual muchos españoles celebraron la salida de Alfonso XIII de España en 1.931; decididamente, no inventamos casi nada.

Un siglo

Es cierto que éste país lleva una hora de adelanto (en verano dos) sobre la que le corresponde a su posición geográfica, pero, a cambio, vamos con un siglo de retraso (en su posición histórica):
El presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco el general de división retirado Juan Chicharro Ortega -de conocida trayectoria antidemocrática y exayudante del rey Juan Carlos I- afirma que el recién llegado a la presidencia del gobierno, Pedro Sánchez, va a iniciar acciones para materializar la tarea emprendida hasta ahora de borrar todo vestigio de la España nacional, incluyendo actuar contra el Valle de los Caídos, contra la Fundación Nacional Francisco Franco y contra todo lo que recuerde a la España que surgió victoriosa de la contienda civil de hace 80 años y que propició bajo la égida del Generalísimo la mayor transformación social de la historia incluyendo a la propia Monarquía que recuerda que fué instaurada -no restaurada- por el propio Franco. Sería la primera vez que un gobierno del PSOE en éstos últimos cuarenta años realizara algo semejante,  respondiendo, según el general Chicharro, a los deseos de una España donde movimientos de carácter marxista aspiran al asalto al poder y destruir lo que tanto costó conseguir y sustituirlo por una dictadura –la suya– al más puro estilo bolivariano. Nada menos.
En ésta misma España, que sea noticia que ese mismo presidente del Gobierno prometa su cargo sin cruz ni Biblia, demostrando poco sentido cristiano del cumplimiento del deber -como los españoles que en este patio desestructurado aún mantienen viva la llama del amor a la Patria, el culto al honor, el espíritu de sacrificio, según el general Chicharro- o que también sea noticia que hable inglés para entenderse con un mandatario extranjero indica, ya digo, que en éste país estamos saliendo del siglo XIX y entrando en el XX.

domingo, 3 de junio de 2018

Argumentum ad crumenam

Vaya por delante que, ante la palabra experto, automáticamente, algo dentro de mí se pone en guardia; son numerosos los tertulianos expertos en casi todo -seguramente ellos quitarían el casi y yo el todo- y que tienen siempre opinión formada sobre cualquier tema. Comprendo que haya personas que bien por profesión, por afición o por devoción comprendan más profundamente que otras -y que yo, naturalmente- cualquier tema, pero no es habitual que estas personas sean solicitadas por los medios para dar publicidad a sus fundamentadas opiniones; los medios son más de recolectar instantáneas de opinadores todoterreno que rápidamente nos dan las claves -eso nos hacen creer-  de lo que sea y nos convierten, a su vez, en expertos sobrevenidos, si es que ya no lo éramos (es conocido que la mayoría de los españoles tenemos cualidades innatas para la ciencia infusa); los medios no suelen gastar ni el tiempo ni los recursos necesarios para profundizar en complejidades que quiten brillantez a la síntesis periodística y que parezan pesados y/o pedantes al ciudadano común.
Concretamente, los medios suelen recurrir a figuras populares (actores, deportistas, profesionales de éxito, etc.) para que opinen de cualquier tema ajeno a sus méritos o habilidades personales en el supuesto -confirmado de forma habitual- de que, con ese envoltorio,  convertirán esa información de poco valor intrínseco en mercancía vendible (para quien lo no sepa, ésta variante concreta de falacia lleva ya inventada mucho tiempo y hasta tiene donominación en latín: argumentum ad crumenam); se utiliza mucho en diversas actividades, y, cómo no, lo utilizan frecuentemente los partidos políticos, que fichan -temporalmente  o mediante un carguito- a figuras con eco mediático como una forma más de propaganda.
Como ejemplo de todo éste preámbulo, las declaraciones de Rafael Nadal sobre la actual situación política y algún comentario sobre ellas:
Tengo mi opinión, pero estamos en momentos complicados para dar según qué opiniones, porque cualquier opinión se toma mal para los dos lados, o para todos los lados, que ya hay muchos... Es difícil. (Pero no imposible, todos sabemos que a Nadal le van los retos, como puede comprobarse a continuación).
No creo que esta situación sea buena para nadie, en general. Cuando ocurren tantas cosas, tantos cambios, tantos problemas: ahora Cataluña, ahora cambio de gobierno, ahora… Pues qué pasa, que al final la confianza del ciudadano y de lo que vendemos como país, o de lo que el resto del mundo pueda percibir de nosotros, probablemente no sea la mejor ...Si me preguntas si me gusta todo lo que ha ocurrido, pues no. No me refiero a si me gusta que se cambie el Gobierno o no… No sé de qué manera van a poder gobernar los que entran; no sé con qué mayoría van a gobernar, o qué cosas se pueden hacer o no hacer... No sé, son situaciones o momentos complicados que vivimos en nuestro país, que hay que dejar pasar. (Parece que opina que la situación es mala, demasiados cambios, cosas y problemas que afectan a nuestra imagen como país ante el ciudadano y ante el mundo; aún así no sabe si le gustan o no los cambios, no sabe que cosas son o no posibles, no sabe si se puede gobernar sin mayoría...que, para ser opinante, declara no saber sobre bastantes asuntos (o cosas), pero tiene claro, como conclusión, que hay que dejar que esta situación pase. Y pasará, seguro, es inevitable).
A mi modo de entender, y no quiero ser imprudente, lo mejor sería votar, o a mí me gustaría votar. Entiendo que con todas las cosas que han ocurrido en estos dos últimos años, que no son pocas, creo que al ciudadano le gustaría votar otra vez porque a día de hoy no creo que nadie que pueda gobernar, que los ciudadanos nos podamos sentir totalmente representados porque hay demasiados, demasiados pactos y al final nuestro voto queda de una manera que no nos sentimos del todo cómodos por lo que está ocurriendo. No creo que sea solo un sentir solo personal, sino que también puede ser un sentir general. (No sé si habrá conseguido evitar la imprudencia, sobre todo deduciendo de su acuciante deseo de votar, que votar sería lo mejor para todos los ciudadanos -simpaticen o no con el partido político de ese nombre, supongo- pero sí ha dejado claro que no le gustan los usos parlamentarios que permiten que su voto sea utilizado y/o traducido en pactos, parece que ésto le incomoda casi tanto como los calzoncillos que persisten en desaparecer en la hucha; he creído entender que propugna la democracia directa no sólo para él, para todos).
En fin, que ya estoy impaciente esperando el día en que los medios recojan la opinión de Rafael Nadal sobre jardinería o cocina.
¡Ah!, para los interesados en la opinión de famosos, Belén Esteban también se ha lanzado, y coincide bastante con Rafael Nadal... nada, que va a haber que convocar elecciones ¡ya!...

sábado, 2 de junio de 2018

Efectos colaterales

Aunque está por ver lo que quiere -y, sobre todo, lo que puede- hacer en términos de política práctica el nuevo presidente del gobierno, existen ya beneficios inmediatos añadidos al cese como tal de M. Rajoy. 
Para empezar, muchos -creo- nos ahorraremos las maneras chulescas, ofensivas e indignantes del hasta ahora portavoz del grupo parlamentario del PP en el Congreso, Rafael Hernando si, como es previsible -quizá confunda mis deseos con la realidad- abandona su puesto; en una de sus últimas intervenciones durante la moción de censura cuyo resultado ha implicado el cese de su jefe, el señor Hernando, en su más depurado estilo de bravucón tabernario, no ha tenido en menor empacho en hilar toda una serie de mentiras -cualidad ésta que es difícil suponer que incluso él mismo desconociera- como medio de expulsar la bilis producida por la desagradable sorpresa de ser consciente repentinamente de la situación política producto de la moción del censura.
Una de esas mentiras -que creo que no se ha mencionado mucho- es su equiparación de las circunstancias del cese del presidente Suárez en 1981 con las del presidente Rajoy ayer: no existe equiparación posible; para empezar Suárez dimitió, su abandono no se debió al resultado de una moción de censura contra él.  Tampoco es plausible que ni siquiera propio señor Hernando crea -como afirmó- en la supuesta añoranza con que el recién censurado Rajoy será recordado  en el futuro, cosa que sí ocurrió con Suárez, más por deméritos ajenos -es éste un país en el que el dicho alguien vendrá que bueno me hará, se cumple con inexorable precisión- que por méritos propios. Y, desde luego, tampoco son comparables el valor, la altura de miras y la inteligencia de uno y otro.

viernes, 1 de junio de 2018

La realidad es diversa

El lema franquista para España: Una, grande y libre, es claro que respondía más a la propaganda que a la realidad; España, de siempre ha sido diversa, -desde los tiempos en que aún no existían naciones-Estado y la denominación oficial de éste país era las Españas- nunca fué una y ni siquiera la estructura represiva del régimen de Franco pudo transformar esa realidad, grande lo fué sólo en la idealización imaginada de un pasado imperialista -tan querido por la derecha- y libre una pura mofa para los españoles que vivían en un país que más era un cuartel o una cárcel: ni Una, ni Grande, ni Libre. Sin embargo esa querencia por lo monolítico, lo ya establecido, el pensamiento único, pervive y da cuerpo a todo el pensamiento conservador fundamento de la derecha política de tal modo que es la primera cuestión a indagar de aquellos que, vergonzantemente, no declaran su pertenencia a ella y que pretenden pasar por liberales, centristas, personas de orden o cualquier otra adscripción circunstancial e instrumental para ocultar la realidad de su pensamiento: somos los de siempre, la reacción al progreso natural del hombre en la Historia; con ésto en mente es más fácil establecer una cierta clasificación objetiva en términos políticos.
Así ocurre que ahora, cuando tanto el PP como Ciudadanos -ese partido regenerador al estilo Lerroux, que ya está necesitando de forma urgente una profunda regeneración de sí mismo-  se refieren a la alternativa política al gobierno del PP como un gobierno Frankenstein -en  realidad, el monstruo creado por Víctor Frankenstein no tenía nombre-  queriendo ridiculizar la diversidad de los grupos políticos que rechazan tanto las políticas del gobierno del PP como la evidente corrupción de ese partido, ponen de manifiesto quién es quién en el actual panorama político y cuales son sus prioridades y querencias. Además de que esa diversidad es producto de la realidad de la calle, del país, no se trata más que de sumar y restar diputados en el Congreso para decidir quien ha de ser el responsable de la formación del gobierno; esas son la reglas establecidas para ello y supone que una opción votada por una mayoría de diputados es también la que representa a una mayoría de ciudadanos: la esencia de la democracia.
Y es que, además de otros argumentos pertinentes utilizados en ciencias sociales para demostrar que la diversidad siempre es positiva, debería bastar con uno, prestado por la Biología: la biodiversidad es esencial para la supervivencia; la ausencia de diversidad es, en Biología, sinónimo de extinción. En política,  a poco que pueda, la derecha siempre impone esa ausencia de discrepancia: Franco instauró en España 25 años -algunos más- de paz; la paz de cárceles y cementerios. El PP ha pretendido retrotraernos de forma acelerada a aquellos tiempos; parece que ha encontrado la adecuada respuesta por parte de la ciudadanía: la reacción también tiene unos límites.