lunes, 4 de septiembre de 2017

Respeto

El artículo 37.4 de la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana, contempla como infracción leve las faltas de respeto y consideración cuyo destinatario sea un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en el ejercicio de sus funciones de protección de la seguridad, cuando estas conductas no sean constitutivas de infracción penal. Una infracción leve lleva aperejada una multa de entre 100 y 600 euros según el artículo 39 de la misma Ley; solo en el año 2016 se interpusieron en España 19.497 multas por este concepto con un valor de 3.006.761 euros.
Y ¿que puede constituir una falta de respeto hacia un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad?; las posibilidades son prácticamente infinitas -eso sin considerar que algún miembro sea especialmente susceptible de sentirse poco respetado- y la mencionada Ley está repleta de supuestos tanto o más ambiguos y dependientes del criterio de la parte representante de la autoridad, con lo cual los derechos y libertades reconocidos y amparados por las constituciones democráticas a que hace referencia el preámbulo de la Ley es, una vez más, una pura declaración formal carente en absoluto de contenido; lo que la Ley y sus supuestos interpretativos y discrecionales (a interpretación y discreción de la autoridad) permiten es, precisamente, un recorte cierto de los derechos y libertades que dice defender; no por nada es conocida como Ley mordaza. Con el agravante añadido de que sanciones muy graves (la celebración de espectáculos públicos o actividades recreativas quebrantando la prohibición o suspensión ordenada por la autoridad correspondiente por razones de seguridad pública, por ejemplo) pueden llegar a conllevar multas de hasta 600.000 euros por vía puramente administrativa, es decir, sin poder hacer valer la tutela judicial efectiva a que hace referencia el artículo 24.1 de la Constitución Española, y a la que que cualquier ciudadano tiene derecho.
Mientras llegue -si llega- la abolición de una Ley cuya intencionalidad es claramente la de reducir al silencio la posible manifestación y expresión del desacuerdo de la ciudadanía con situaciones injustas y/o abusivas, ante situaciones  como ésta, se le podría cantar al agente de la autoridad de turno el final la canción de Aretha Franklin, Respect (Respeto): un poco de respeto oh yeah (sólo un poquito); un poco de respeto (sólo un poquito). No creo que fuera considerado falta de respeto; pero por si acaso yo me limito a dar la idea (ya basante me arriesgo), que  no quiero perder 600 euros; aunque no estoy refiriéndome a ningún miembro concreto de la autoridad, seguro que eso también es interpretable.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Manipulación

Cada vez estoy más convencido de que el mal no es el mayor peligro para la humanidad; el mal siempre ha estado ahí, manejando los hilos de éste gigantesco guiñol, pero ocurre que el mal se ha percatado de que estar siempre a pie de tajo organizando y controlando maldades es muy cansado y parece que hace ya unos años decidió subcontratar la tarea a los tontos; los tontos son legión (ya lo dijo Einstein, dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo) y un tonto activo es tanto o más dañino que un simple malvado. No se puede explicar de otra manera la lista de algunos de los recientes presidentes de EE.UU., o presidentes de gobierno en España, por ejemplo.
Supongo que por esa misma razón -cansancio- en el PP se han decidido a dar un paso en éste sentido y subcontratar a los gestores de medios la tarea de la elaboración de posverdades y posmentiras -sin aclarar nunca qué es qué- y la de intoxicación informativa, en general. En el pantano pútrido en que parece haberse convertido información -desinformación, en general- de unos medios manejados por el gran capital de acuerdo a sus intereses económicos, siempre existen destacables tontos ilustres, con el cometido concreto de mantener a las masas entretenidas de acuerdo a la primera de las estrategias de la manipulación mediática enumeradas por Chomsky; en España, el ejemplo paradigmático -aunque hay donde elegir- es Francisco Marhuenda, director de La Razón -todo un oxímoron, su cabecera, visto el contenido- que aseguró en un programa de televisión que el comunismo dió en España un golpe de Estado en 1936; tal cual; no fueron unos militares los que se sublevaron contra la República en 1936, sino los comunistas, que, según él, se golpearon a sí mismos. 
Como es sabido por todos -por todos los que quieran verificar los datos, simplemente- en las elecciones celebradas en España en Febrero de 1936, el Frente Popular obtuvo  una mayoría ajustada en votos, pero que le permitiría a Manuel Azaña presidir un gobierno de izquierdas; los diputados del Frente Popular totalizaban 236 (por 156 del Frente Nacional y 54 de Centro) de ellos sólo 17 diputados por el Partido Comunista. Los candidatos comunistas siempre estuvieron en el último lugar de las listas del Frente Popular y los 17 diputados obtenidos, después de conseguir sólo uno en 1933, fueron el fruto de haber logrado incorporarse a esa coalición y no el resultado de su fuerza real. Claro que con menos fuerza contaba la Comunión Tradicionalista (carlistas) con 15 diputados o Falange Española que no obtuvo ningún diputado. Seguramento por ello decidieron -éstos sí- apoyar un golpe de Estado militar en Julio de 1936, para obtener por la fuerza lo que las urnas les habían negado.
Hay que decir que Francisco Marhuenda es profesor titular interino en la Universidad Rey Juan Carlos, donde imparte la asignatura Historia de la Cultura Comercial y Sociedad, no creo, por tanto, que ignore los datos mencionados -no debería, salvo que sea aún más tonto e ignorante de lo que parece, que es bastante-, por lo que es fácil suponer que estaba cumpliendo con su cometido de manipulador mediático, según Chomsky, es decir, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.
Claro que con ésta entrada del blog, lo mismo  estoy haciendo el caldo gordo a alguien sin desearlo. El mal está al cabo de la calle.

Rebotando

Es difícil que no sean conscientes -el gobierno, el PP- de que al hacer recaer todo  tipo de sospechas sobre la exclusiva responsabilidad de los Mossos en las actuaciones policiales posteriores al atentado terrorista de Barcelona, están reconociendo, casi explícitamente, que se trata de un asunto, de un territorio, en los que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (Ministerio del Interior, CNI, Policía Nacional y Guardia Civil) no tienen competencias, que les son totalmente ajenos, propiciando de éste modo el sentir de los catalanes -y el del resto de los españoles- de que Cataluña ya no es España. Pero nada más lejos de la realidad; si hubo deficiencias en la respuesta policial antes, durante o  tras el atentado, la responsabilidad es de todas las instituciones mencionadas, incluídos los Mossos, evidentemente, pero no únicamente.
Deja ello en evidencia la situación de descoordinación existente -desmentida en un primer momento tras los atentados por el ministro del Interior: dime de lo que presumes y te diré de lo que careces- y propiciada con carácter previo por exclusivas motivaciones políticas y que han tenido las consecuencias de todos conocidas; es probable que con una mayor coordinación las consecuencias hubieran sido las mismas ya que los terroristas actuaron, a lo que sabemos, con un plan alternativo y de última hora, pero no es menos cierto que la mencionada falta de coordinación supuso restar probabilidades de éxito a la labor de prevención policial. 
Y si tanto en el gobierno como en el PP son conscientes de que reproches públicos -a posteriori- a la labor de los Mossos no tendrá más consecuencia que aumentar en el tiempo -y en el espacio: crece el independentismo catalán incluso fuera de Cataluña- el número de catalanes favorables a la independencia, ¿por qué lo hacen?, ¿es eso lo que se pretende?
Yo pensaba que el 11-M había sido una lección para todos, pero, evidentemente, el hombre -y el homo hispanicus, tiene una habilidad particular para ello- es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra. No importa que el tamaño sea el de una roca; aquí rebotamos y tomamos impulso para darnos de bruces contra ella de nuevo, a ver si logramos partirla; ya escribió Antonio Machado: En España, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Cabras y cabrones

Es sabido que la cabra siempre tira al monte, y no sé qué señales habrá visto el señor García Albiol tras el atentado terrorista en las Ramblas de Barcelona, que ha vuelto a subirse a su particular monte -aunque compartido-, por el que lleva triscando desde antes de ser alcalde de Badalona, en 2011: el discurso xenófobo describiendo el peligro de  los que han venido a aprovecharse de nuestro sistema (sanitario, supongo; aunque los inmigrantes irregulares han estado -y continúan estando- excluídos de gran parte del sistema sanitario, suponiendo un problema cierto de salud pública para todos; los virus y bacterias no distinguen entre nativos e inmigrantes). Hay gente que ha venido a Catalunya porque se estaba muriendo de hambre, los trataban como perros y los mataban a palos; y ahora piden que nos adaptemos a sus costumbres, nos informa ahora el señor García Albiol.
Respecto a lo primero quizá fuera conveniente saber que el padre del señor García Albiol es oriundo de Vélez-Blanco (Almería), localidad que abandonó -imagino que para mejorar sus condiciones de vida, como la mayoría de los inmigrantes- y que se ganó la vida conduciendo un camión de limpieza en Badalona; que no sé si por ello sería él mismo el inventor del eslógan Limpiando Badalona. Supongo que para el señor García Albiol resulta difícil desprenderse de las medias verdades y falsedades sobre la inmigración; parece creer -y él mismo cree ser el ejemplo- en un populismo positivo, ya que asegura ser populista, pero en el buen sentido de la palabra. Que, pudiera ser: incluso para la palabra cabrón he encontrado dos acepciones buenas -o neutras, al menos- en el diccionario de la RAE: (1)persona experimentada y astuta y (2)macho de la cabra; aunque lo cierto es que ninguna de éstas dos creo que le cuadre al señor García Albiol. Respecto a lo segundo, es cuando menos una clara exageración, pero más creo que una pura y disparatada invención. Vivo en una calle en la que existe una mezquita y jamás sus asiduos han intentado convertirme -lo que sí hacen a menudo llamando a mi puerta los propagadores de la fé de los Testigos de Jehová o los del movimiento de los Santos de los Últimos Días (mormones)-  ni -y ya lo siento- a invitarme a alguna una de sus sabrosas comidas: dejan que mis propias costumbres den cuenta de mí, supongo. Lo de la adopción (impuesta) de costumbres se incluye, por sí sólo, en el más cutre de los argumentarios xenóbos y racistas.
Para rematar sus ilustrativas manifestaciones, el señor García Albiol nos informa de que el Islam es la única religión del mundo que mata en nombre de dios. Y nos lo dice alguien que se declara formalmente creyente en una religión que sancionó y bendijo la quema de herejes -mediante la Santa Inquisición- por exclusivas razones de fé o creencias personales; que promovió las Cruzadas para matar infieles -también herejes autóctonos, como los albigenses o, más recientemente, una Cruzada en éste mismo país, España, bendiciendo a quienes se levantaron contra un régimen político elegido democráticamente, provocando una guerra civil- todo ello, eso sí, en el nombre de Dios; que quemó a brujas (la mayoría simplemente curanderas); que fué la inspiradora de la matanza de la noche de San Bartolomé en la que murieron 3.000 protestantes franceses en una sola noche; que evangelizó -esclavizando simultáneamente, para mayor seguridad evangelizadora- a la población de todo un contiente (que pereció en su mayoría en el trancurso del proceso), etc. El reconocido teólogo español Juan José Tamayo, dijo que Saramago, ateo confeso, hizo la más bella definición de Dios que he oído o leído nunca: Dios es el silencio del universo, y el ser humano, el grito que da sentido a ese silencio. Pero mucho me temo que ese no sea el Dios del señor García Albiol, él parece estar más con el Dios de las Cruzadas.

Pena de tomate

Durante su última comparecencia parlamentaria para tratar sobre el tema de la corrupción en el PP, el señor Rajoy -presidente de ese partido y también del Gobierno- ni siquiera mencionó la palabra Gürtel -ese caso del que usted me habla- pero aprovechó, eso sí, para hacer un recorrido por Venezuela, Irán, y Cataluña, hasta llegar zizagueando a Lasa y Zabala, una vez repuesto el PSOE en su papel de oposición, que le debe resultar más cómodo que Podemos, a quienes el señor Rajoy no sólo ignoró en sus respuestas, sino que  -TVE mediante- les aplicó la pena de tomate (la damnatio memoriae de éstos tiempos).
¿Cree usted señor Rajoy, de corazón, que los ciudadanos le creen cuando dice que no sabe nada?, le preguntó directamente Iglesias a Rajoy. El silencio por respuesta; y eso que Rajoy es todo corazón: somos sentimientos y tenemos seres humanos
Y es que, como afirma Cristina Fallarás (La posmentira de Rajoy), no es ya que se mienta descaradamente desde el PP, es que les debe parecer legítimo hacerlo y, además, intentar acallar por los medios que sea -sin tapujos ni reservas- a quien les recuerde que mienten. Y, al final, sacar la lengua al público (a la ciudadanía, quería decir). Total...les van a seguir votando...