jueves, 21 de abril de 2016

Pitufos y arrepentidos

Aunque sospecho que la denominación sea reciente (Los Pitufos aparecieron en Francia en los años 60 del siglo pasado), el pitufeo es una de las formas más antiguas de blanqueo de capitales procedentes de actividades ilícitas, el omnipresente lavado de dinero. Básicamente  consiste en utilizar a muchas personas haciendo transferencias bancarias de escasa cuantía a distintas cuentas bancarias de personas físicas o jurídicas; éstas cantidades pequeñas hacen más difícil el seguimiento bancario por parte de los organismos encargados del control fiscal y monetario, de tal modo que se hace casi imposble seguir el rastro de múltiples transacciones que, además, evitan los filtros establecidos por parte de las autoridades para la transferencia de cantidades importantes, con lo cual un gran dinero B (de oscura procedencia) finaliza sus múltiples itinerarios reagrupado de nuevo en A,  igual de grande, pero limpio .
Lógicamente, éste procedimiento exige el concurso de muchas personas y es laborioso; existen alternativas más rápidas y radicales para el blanqueo de capitales. Pero se equivocan quienes le restan importancia al fijarse únicamente en su cuantía individual; tiene, para las socidades delectivas de tipo mafioso -el PP, según varios autos judiciales, sigue estos patrones en el manejo de sus fondos y el juez Ruz, por ejemplo, ya dió por acreditada la financiación ilegal del PP y el pago de sobresueldos en dinero negro- el importante efecto de aglutinar y reforzar a la organización -el partido, la familia- por el simple hecho de convertir a todos sus miembros -incluídos los tibios- en delincuentes; al igual que la mafia siciliana parece que exigía a sus integrantes el derramamiento de sangre en una ceremonia iniciática en la que se juraba ante la imagen ardiente de la Virgen de la Anunciación (que se quemaba en el transcurso del acto): si llego a traicionar a la Cosa Nostra, que mi carne arda como la de ésa santa mujer, a los cargos electos del PP, parece que su partido les exigía como prueba de sangre la del pitufeo. Fueron los menos los que se negaron a ejercer de pitufo; la fuerza de toda organización dedicada a la delincuencia, que por la propia naturaleza de sus actividades es oculta y clandestina se basa, sobre todo, en la unidad, la opacidad y la obediencia. Por eso son tan importantes los arrepentidos en la lucha contra éste tipo de delincuencia.

lunes, 18 de abril de 2016

Liberales de antes

La política es una labor de la inteligencia, afirmaba Manuel Azaña, y ésta sola afirmación, sin considerar el conjunto de su pensamiento político, nos hace pensar no tanto que Azaña fuera un precursor avanzado a su tiempo, sino que continuaría siendo un extraterrestre político en la España de hoy, como parece que fué en la que le tocó vivir.
Ortega y Gasset y Azaña compartían una misma raíz liberal pero con importantes diferencias entre ellos; Ortega creía y practicaba un liberalismo tradicional y elitista en el cual el individuo ha de enfrentarse a un poder excesivo del Estado incluso -sobre todo, dirían algunos- si éste se basa en la voluntad popular ya que el pueblo -las masas- es, desde su punto de vista, generalmente ignorante y voluble. Azaña cree en un liberalismo mucho más avanzado al asumir como prioridad, precisamente, el progreso e instrucción de las clases populares aunque ello suponga, evidentemente, la lucha contra oligarquías y fuerzas reaccionarias y oscurantistas que procuren impedirlo. Y cree, además, que ese es el único medio para el progreso de éste país como tal, tras siglos sufriendo una perpetura sangría a manos de una plutocracia corta de miras, egoísta y también ignorante. Tanto Ortega como Azaña dedicaron gran parte de sus esfuerzos a combatir una corrupción endémica y que casi se confunde con la idiosincrasia nacional; que el pensamiento de ambos intelectuales continúe estando tan vigente demuestra lo poco que en cien años hemos avanzado, pese a lo que algunos -y algunas- sedicentes liberales de hoy quieren hacernos creer.

miércoles, 13 de abril de 2016

Soria, Segovia, Canarias,Greenwich, Panamá

Para no tener vínculo alguno con la empresa UK Lines, muestra el señor ministro de Industria, José Manuel Soria, un gran conocimiento de la misma y sus actividades de hace más de veinte años. Sabe, por ejemplo, que es 100% británica, con sede en Londres y que ni él ni nadie de su familia ha sido accionista, socio o directivo de la misma. Sin embargo parece existir documentación que acredita que esa empresa fué fundada por su padre, Manuel Soria Segovia (a cuyo nombre figuraban el 50% de las acciones) y que él mismo fué secretario de esa empresa durante el período 1992-1997, lo cual parece mucho más verosímil en una persona tan olvidadiza que no recuerda que el meridiano de Greenwich no pasa por Canarias, su tierra natal (https://www.youtube.com/watch?v=poQ2eYgRSEY).

martes, 5 de abril de 2016

La herida

En términos médicos suelen diferenciarse las heridas limpias de las heridas sucias; las primeras son aquellas de las que se supone que presentan poco riesgo de infección bacteriana y las segundas como, por ejemplo, los abscesos, las heridas por arma de fuego o aquellas de las que se sospeche que están contaminadas, necesitan de un tratamiento especial que consiste en mantenerla abierta para poder limpiarla antes de cerrarla con seguridad. 
En este país siempre ha habido quienes, primero como vencedores de nuestra guerra civil y más tarde como herederos de esos vencedores, han pretendido cerrar -antes de limpiarla- una herida sucia por el absurdo procedimiento de negar la existencia de esa herida; que un juez -al que su intento de hacer justicia en éste tema le costó su expulsión de la judicatura- documentara la existencia de más de 100.000 desaparecidos en el transcurso de nuestra guerra civil no sirvió sino para reafirmar el negacionismo de quienes afirman -como hizo el presidente del gobierno recientemente- que no es cierto que miles de españoles ignoren que fue de sus antepasados después de ser asesinados y de desaparecer malenterrados en cualquier cuneta o fosa común. Remató el señor Rajoy sus manifestaciones sobre ésta cuestión afirmando que no cree que el Gobierno que preside pueda hacer nada para arreglarlo. Es evidente que  sin admitir previamente la existencia de esa ingente -al parecer, sólo Camboya bajo el régimen de Pol Pot nos supera- cantidad de desaparecidos durante nuestra guerra civil poco puede hacerse,  y ya previamente había expresado el señor Rajoy sus dudas diciendo que no tenía claro que fuera cierto. Lo que sí parece claro es que con lo que el señor Rajoy no tiene claro se podrían llenar  varias enciclopedias pero, en éste caso, tiene toda la apariencia de una manifestación interesadamente falsa y aún más cínica que aquella que hizo en su día negando la existencia del cambio climático basándose en lo que le había dicho -o lo que él entendió de lo que dijo que le había dicho- un primo suyo catedrático de Física. El negacionismo, se ha definido como el rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable y es, en esencia, una acto irracional que retiene la validación de una experiencia o evidencia histórica. Y habría que recordar al señor presidente del gobierno en funciones que el negacionismo del Holocausto, por ejemplo,  es considerado como una ofensa criminal en muchos países europeos. Para arreglar,  la impotencia de éste gobierno -y de los que vengan- al respecto, seguramente aquí también deberíamos comenzar por considerar un crimen la negación de la existencia de los desaparecidos en la guerra civil.