martes, 12 de julio de 2011

Los rescatadores en Europalandia

Decía Bertrand Rusell que gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas. Respecto al Consejo para Asuntos Económicos y Financieros de la Unión Europea (ECOFIN), formado por el conjunto de los ministros de economía de los distintos países europeos, tengo la duda permanente de si son todos inteligentísimos -y por tanto dubitativos hasta la perplejidad- o ignorantes y por tanto seguros de que lo mejor es no hacer nada ante la crisis que nos consume. La verdad es que es una duda intrascendente: el resultado es el mismo; mientras deciden que hacer seguimos pagando entre todos -la única diferencia es cuando- el rescate a los bancos alemanes, coincidiendo con la respuesta a la pregunta retórica que se hacía el premio Nobel de Economía Joseph E. Stiglitz.

http://www.elpais.com/especial/35-aniversario/economia/_la_union_europea_no_esta_rescatando_a_grecia_sino_a_los_bancos_alemanes_.html

lunes, 11 de julio de 2011

Los empresarios no tienen quien les quiera

Aunque el sistema capitalista ha producido de siempre notorias desigualdades por el inevitable acúmulo de riqueza en una minoría basado en la explotación de la mayoría restante, se he valido casi desde sus inicios de la argumentación de que una vez ahítos los ricos, las migajas y las sobras alimentarían a los pobres mejor que un sistema basado en el reparto de la riqueza, que según los defensores del sistema capitalista sería más bien el reparto de la pobreza. Son tan bellas en su sencillez algunas fórmulas que todos estamos dispuestos a aceptarlas como verdaderas, por más que ésta se base en una premisa que reiteradamente se haya mostrado falsa: no existe el concepto hartura en el capitalismo, es como un mosquito chupando sangre, que a veces revienta, pero no por ello deja de chupar. Pero lo dicho, como la fórmula es tan bella estamos dispuestos de nuevo a creérnosla: parece que según algunas encuestas, la ciudadanía prefiere que gobierne el PP únicamente porque cree que un gobierno de derechas logrará que los empresarios que actualmente sabotean al gobierno de Rodríguez Zapatero, saquen finalmente su dinero y se animen a invertir, creando el empleo que nos haga finalmente salir de la crisis. Esperanza Aguirre llama a esto un Gobierno -del PP, naturalmente- business friendly, es decir, amigable con los empresarios, como si el actual gobierno no lo hubiera sido. Parece que continuamos siendo un país cuya idiosincrasia nos hace proclives a creer en milagros. O será la necesidad.

domingo, 10 de julio de 2011

Funcionarios y emprendedores

Según Rubalcaba "tenemos el mejor sistema para formar funcionarios, pero no emprendedores". Si esto fuera así sería una verdadera lástima, iríamos con un retraso histórico de más de un siglo. Además de que -no sé si por hipersensibilidad adquirida- parece que siempre que se contrapone la figura de un funcionario a algo o a alguien, surge el estereotipo del funcionario gris y fundamentalmente vago, es que tampoco creo que sea verdad que tengamos un sistema orientado a la formación de funcionarios. Y si lo tuviéramos sería de efectos irrelevantes: hace ya años que las administraciones públicas no se dedican a servir de núcleo central y soporte de las aquí prácticamente inexistentes políticas de Estado si no fundamentalmente a la persecución de objetivos políticos -es decir, a corto plazo- para lo cual la contratación y externalización de servicios ha venido en convertirse en la tónica general ya que permite obviar la costosa formación continua de los funcionarios en un mundo de tecnologías en perpetua evolución. En ese esquema, el funcionario -con suerte y sólo a partir de un nivel medio-alto- es mero coordinador de la consecución -del intento, en la mayoría de las ocasiones- de esos objetivos políticos que son cambiantes a corto plazo y cuya realización se encomienda a los servicios de empresas.

jueves, 7 de julio de 2011

El transporte por ferrocarril

El ministro de Fomento, José Blanco, ha propuesto cuestionar el modelo y la sostenibilidad de las infraestructuras del país. Antes parecía todo posible: Europa y el ladrillo se encargaban de financiar el milagro, ahora que "los mercados" están pendientes de si podremos delvolver el dinero que pedimos prestado, todo es difícil y costoso. Pero hay que ver el lado positivo: es muy probable que la situación actual nos fuerce finalmente a analizar la realidad económica de nuestro país, a construir sobre bases sólidas y a dejar a un lado para siempre esa idiosincrasia nuestra tan proclive a creer -y esperar que ocurran- en milagros. Para ello hay que ponerse cuanto antes a separar lo deseable de lo posible y a racionalizar nuestros presupuestos estratégicos en economía. Así, volviendo a las infraestructuras del país, y por poner dos ejemplos, espero que ya no sea planteable -ni políticamente siquiera- eso de que cada capital de provincia tenga un AVE y por contra, se potencie el transporte de mercancías por ferrocarril: la cuota para el tren en transporte de carga era del 4% en España en 2007, mientras en la Unión Euriopea era del 18%. Está claro que un estratégico impulso al transporte por ferrocarril -y más en un país con nuestra orografía y nuestras distancias- ahorraría costes a las empresas y mejoraría su competitividad al mejorar radicalmente su logísitica, además de reducir notablemente las emisiones de CO2. Es decir, promover inversiones para la mejora de la intermodalidad ferroviaria estaría plenamente justificado en cuanto a oportunidad, viabilidad y sostenibilidad: la ineficiencia ya no es gratis. Nunca lo fué, aunque parece que de eso nos enteramos ahora.

miércoles, 6 de julio de 2011

Servicios públicos

En buena lógica un sistema en el que unos pocos ganan muchísimo y una gran mayoría lo pierde todo parece que sólo debería funcionar en los casinos, en los que todo aquél que entra sabe -o debería- a lo que se arriesga persiguiendo un premio improbable. Pero si algo nos ha enseñado la crisis actual es que el capitalismo -no ya salvaje, absoluto- nos está obligando a todos a jugar  un juego en el que estamos obligados a perder de forma constante calidad de vida, y, en el tercer mundo, la vida misma. Hoy en El País, Gaspar Llamazares analiza el "modus operandi" mediante el cual se justifica el desmontaje de los servicios públicos y del sistema de pensiones de nuestro Estado del medioestar a base de calificarlos genéricamente de "inviables". Suponiendo que servicios públicos fueran deficitarios -que no es el caso en numerosas ocasiones- es que no creo que nunca se haya pretendido que los servicios públicos fueran un "negocio" para el Estado que sí parece ser lo que defienden aquellos que con reiteración alaban las bondades de la privatización como varita mágica para "mejorar" lo público, siempre y cuando ello signifique quedarse con todo aquello que rinda beneficios y hacer que el resto desaparezca . Y como primer mandamiento, servicios sólo para aquél "público" que pueda pagarlos.