jueves, 29 de septiembre de 2016

Señor X

Muchos -al menos los mayores de cuarenta años- recordarán aquella famosa entrevista que Iñaki Gabilondo realizó a Felipe González en Enero de 1995 en la que directamente le preguntó si él era el señor X (la cabeza) de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), lo que negó, asegurando no saber más que cualquier ciudadano sobre ese tema.
Más de veinte años después -parece que los fantasmas siempre acaban por  volver-  y entrevistado por el mismo medio -lamentablemente no por la misma persona- Felipe González ha manifestado nunca hemos tenido peor resultado en el País Vasco, a pesar de las cosas que hicimos, tá, pá, pá… que, lógicamente, ha disparado las especulaciones sobre las cosas que allí hizo el PSOE y sobre que significará tá-pá-pá. Para añadir a las numerosas interpretaciones e hipótesis planteadas, a mí se me ocurre que estaba pensando en la palabra tapar ó tapadera y que, en el último momento e inconscientemente, la convirtió en incomprensible onomatopeya para camuflar la presencia de los fantasmas: estoy convencido que con una o dos cañas más, el propio Felipe González nos hubiera despejado la X de la ecuación a Iñaki Gabilondo y a todos los españoles; más hubiera valido tarde que nunca.
Por cierto, Gabilondo le ha planteado también hace unos días una pregunta no menos directa: Señor Felipe González, ¿a este Partido Popular, con Rajoy a la cabeza, sin regeneración de ningún tipo, es al que el PSOE debe facilitar seguir gobernando?; las preguntas no respondidas son siempre inquietantes porque ello implica que intencionadamente se nos hurta la respuesta. Y eso, a veces, puede ser peor que conocerla.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Celestinismo

Creo que el celestinismo de Albert Rivera va a ser digno de estudio incluso por parte de sociólogos: ahora se está encargando de advertir a Pedro Sánchez -contra los partidos nacionalistas y Unidos Podemos, claro está- que no se puede sentar con quien quiere cargarse España. Tal cual: no ya hablar o negociar; ni tomar asiento. Ultimamente le veo como madre admonitoria, advirtiendo a un hijo en edad de merecer que no se le ocurra ni intercambiar miradas con ninguna lagarta manirrota, que muchas solo van por el interés.
Él, por su parte, sí debe considerarse buen partido -valga la redundancia- para formar incluso un trío amigable y con derecho a roce con PP y PSOE, e insiste en que a los dos  ya los hemos puesto de acuerdo y no lo saben, según él en base a la intersección  de  conjuntos que fueron sus pactos con PSOE y PP -despistados que son en el PP y en el PSOE- y a afeado especialmente a Pedro Sánchez que no quiera nupcias con el PP y sí con 44 -ignoraba el número-  partidos políticos, cuando ni siquiera se pone de acuerdo con los suyos; que ya digo, se le está poniendo aceleradamente cara de madre aconsejando a Sánchez: tú con quien tienes que casarte es con el PP, que es muy buen partido y dejarte de aventuras de picaflor del 44.
Concluyó un acto electoral en Galicia con un rotundo: somos la garantía de que aquí no habrá un referendum. Un poco más y se pone a sí mismo como garantía para evitar los divorcios. No sólo el del bipartidismo, sino todos. 

El caos

Frecuentemente la reflexión aforística de un poeta o la viñeta de un humorista gráfico nos resumen la realidad brevemente, casi en un gesto. Así cuando Paul Eluard nos certificaba que hay otros mundos, pero están en éste, cuando Juan Larrea nos advertía de que lo imposible se vuelve muy poco a poco inevitable (a veces no tan poco a poco), o cuando Andrés Rábago (Ops y El Roto) nos resume la tragicomedia -más bien tragedia últimamente- de la noticia diaria en unos trazos escuetos y rotundos.
Cuando leo que ahora el PP ha basado su campaña en Galicia obligando a elegir a la ciudadanía entre la propia corrupción del PP -que deben considerar perfectamente normal y poco digna de mención- y el caos que en su opinión supondría que el PP no obtuviera la mayoría absoluta y que se formara un gobierno alternativo de izquierdas -integrado por En Marea, PSOE y BNG-, no puedo dejar de recordar una viñeta de aquél hipocondríaco genial que fué Chumy Chúmez publicada como portada en Hermano Lobo antes de ésta sedicente democracia, el 2 de Agosto de 1975. En ella un enpajaritado -y enbigotillado- político del régimen (del anterior al actual) planteaba a la muchedumbre el mismo dilema que hoy plantea el PP -¿porqué será que no creo en las casualidades?- diciendo: ¡O nosotros o el caos!  a lo que la gente harta -también en aquellos tiempos el franquismo se presentaba a sí mismo como la única posibilidad para España y los españoles- respondía ¡¡el caos, el caos!! seguramente confiando en que pudiera ser posible conocer alguna alternativa al dictado de los de siempre; hasta ahí la esperanza, el político les informaba inmediatamente: es igual, también somos nosotros.
Ahora Rajoy remacha -por si alguien se despista- rogando por una mayoría absoluta de Feijóo y el PP para que a Galicia no le ocurra como a España, sumida en el caos, a su entender. Aunque seguramente se habrá abstenido de informar que el PP también es -y será- el caos para la mayoría de la ciudadanía -de millonarios hacia abajo- tanto en Galicia como en España. Eso es lo que han cambiado las cosas en cuarenta años.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Se puede, se debe

En contra de lo que ha manifestado Susana Díaz, con 85 diputados sí se puede gobernar España, sí es posible que el PSOE pactara un gobierno alternativo al PP; un grupo político que cuenta con cerca de un tercio de los diputados totales puede perfectamente establecer pactos programáticos de mínimos con grupos políticos afines aunque,  lógicamente, esos mínimos se reducirían cuantos más grupos políticos se unieran a un pacto de gobernabilidad. Y que se puede no es una suposición: eso es exactamente lo que ocurre en numerosos países europeos y también en nuestro país, ya que el PSOE gobierna así actualmente en las Comunidades Autónomas de Aragón (18 de 67 diputados), Asturias (14 de 45 diputados), o Valencia (23 de 99 diputados); en Castilla-La Mancha y Extremadura el PSOE gobierna también gracias al apoyo de Podemos. Claro está  que como no se puede gobernar ya es en clave bipartidista, por turno pero en exclusiva: esos días acabaron, afortunadamente. Y deberían recordar los barones y baronesas posibilistas -por ser educado- del PSOE que el Comité Federal de ese partido del 28 de Diciembre de 2015 -que no creo que fuera una inocentada, se ratificó la decisión posteriormente- autorizaba a su líder a intentar formar gobierno con la única limitación de no pactar con partidos independentistas.
Y aclarado el puede, vamos al debe (poder y deber son verbos que, a veces, se confunden): se debe intentar una alternativa a las políticas empobrecedoras -en todos los aspectos- del PP y que éste pretende reanudar en cuanto le sea posible y ésta vez -más sangrante- con el apoyo de partidos que se dicen de izquierdas: eso no sería responsabilidad de estado, como pretenden justificar los defensores del gobierno como sea, sino abuso de una parte y ceguera de otra.
Claro que se puede, pero, sobre todo, se debe.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Peor es meneallo

Peor es meneallo, amigo Sancho, concluía Don Quijote al percibir los estragos que el miedo había hecho en su escudero; pero hay quien es tenaz y no recuerda tan sabio consejo ante ciertos asuntos de desagradable olor; así el ministro de Asuntos Exteriores en funciones y diputado del PP por Alicante, José Manuel García Margallo, que ha afirmado desde Mongolia -no la revista, claro, el país- que a Rita Barberá, ante su previsible imputación, se le ofrecieron dos salidas, las dos únicas salidas posibles: dejar el Senado o abandonar la militancia del PP y también el Grupo Popular en la Cámara Alta. Una explicación como otra cualquiera y sin demasiados visos de verosimilitud; no eran las dos únicas salidas posibles y, desde luego, una vez consideradas esas dos soluciones, tampoco tenían porqué ser alternativas o excluyentes entre sí. Claro que, a renglón seguido, el propio Margallo nos ofrece la clave del porqué de la solución adoptada: el PP no tiene ya capacidad ninguna de exigirle nada ni de obligarle a nada porque ya está fuera de la disciplina del partido. Al parecer, que una dirigente del PP desde su fundación vaya a ser imputada por delitos que cometió desde cargos de responsabilidad representando a ese mismo partido es cosa que, desde el momento que esa persona ya no es militante de ese partido, le son totalmente ajenas. Y que esa persona continúe ocupando su sillón como parlamentaria en el Senado ya no es cosa del PP; pasado mañana ni la conocerán y se referirán a ella como esa persona de la que usted me habla. Nos informa Margallo de que Barberá, está sufriendo porque dejar un partido en el que ha militado 40 años es un desgarro sentimental muy importante y también porque considera que algunos militantes no le han dado un trato excesivamente cariñoso; quizá debería tener presente que en las bandas de delincuentes no hay amigos o compañeros, sólo compinches, que aunque el diccionario de la RAE los equipara, yo creo que no son lo mismo.
En fin, que creo que podrían en el PP dejar de intentar explicar el final del caso Barberá. Meneallo -sobre todo desde el PP- sólo contribuirá a continuar extendiendo el mal olor.