viernes, 29 de enero de 2016

Corrupción

El ministro de Economía de Japón, Akira Amari, anunció en una rueda de prensa y entre lágrimas su dimisión tras admitir que sus colaboradores habrían gestionado mal un dinero procedente de una empresa constructora; otra versión de los hechos que había ofrecido antes un semanario japonés, aseguraba que Amari habría recibido unos 93.000 euros por favorecer un contrato de esa empresa constructora. En cualquier caso el ministro declaró que cualquier cosa que dificulte la salida de Japón de la inflación debe ser eliminada, y yo no soy una excepción. Por lo tanto, quisiera renunciar como ministro para asumir la responsabilidad.
En éste país, Mariano Rajoy ha reconocido este viernes que la corrupción le ha hecho daño a este partido (al país parece que no), todos lo sabemos; hemos actuado (poco, tarde y mal), a lo mejor (podría ser) no hemos sido todo lo diligentes que hubiéramos tenido que ser pero es fácil hablar a toro pasado (indudable), y ha subrayado que el PP tiene las cosas claras: el que no haga lo que es debido, se va. Estas declaraciones de Mariano Rajoy fueron hechas inmediatamente después de  la gran redada -operación Taula- en la que fueron detenidos varios excargos del PP valenciano y que evidencia una corrupción sistémica dentro de ese partido.
Con los 93.000 euros que se apropió indebidamente el exministro de Economía japonés no habría habido ni para pagar la ronda de un día de la cúpula del PP valenciano, que, según Rajoy, con irse del PP, ya han cumplido (y el PP también). Con lo que él quería, ¡coño! (bis), a Alfonso Rus. Sí, el mismo que contaba los euros por miles y que luego traducía a pesetas, que se ve que le daba más gustito hablar de millones.
Por cierto, actuar después de que lo haga la Justicia  -cuando ya es notorio que ha pasado el toro- no es actuar con poca diligencia, si no con ninguna. Rajoy ha recalcado su voluntad de que estas cosas no se vuelvan a producir jamás en el futuro. Asunto arreglado.


El baúl de los dichos

Sí o sí.
La gloriosa época del pensamiento único que parece imponerse lo ha permeado todo, hasta la elemental proposición binaria de alternativas: sí o no. A primera vista, el sí o sí parece un procedimiento más cómodo, ya que podemos prescindir del esfuerzo mental que implica la elección, si no fuera porque pronto percibimos que el pretendidamente ingenioso sí o sí se trata en realidad de un trágala universal que, a diario, añade chulería a la imposición.

Hacer pedagogía.
No tanto por la pedagogía como por hacerla, como quien hace panes o ladrillos. Recuerdo que el presidente Zapatero también hacía acuerdos, no los planteaba,  firmaba, formalizaba y ni siquiera los construía; no, los hacía, con sus propias manos, de arriba a abajo.

Tolerancia cero.
Que debe ser distinta a la intolerancia, por cuanto que permite cuantificarla: debe existir la tolerancia 0,1, 1, 100... así hasta el infinito, que supongo equivalente a la tolerancia absoluta, (casi la paciencia de Job)...¿o será al revés?

Hoja de ruta.
Ni agenda, ni plan, ni esquema, ni proyecto: todo en una hoja -para ahorrar- tipo plano del tesoro; para no perderse y llegar al oro. Aunque, ¿quien necesita planos, mapas u hojas de ruta en un mundo con GPS, tabletas y teléfonos móviles?

Cordón sanitario.
Como lo de frente o agrupación en contra -antifascista, anticomunista...- queda muy antiguo, ahora se establecen -o quizá también se hacen- cordones sanitarios, como medio para aislar fenómenos supuestamente contagiosos o infecciosos, sobre todo en política. Y que dá impresión de asepsia, competencia y profesionalidad (aunque siga siendo el anti-algo de siempre).

Y así más, bastantes más... el seguidismo lingüístico simplista del inglés y, sobre todo, la tontuna y falta de formación tanto de los comunicadores de los medios como los de la clase política hacen que el baúl de los dichos de moda esté a rebosar...con la ventaja para esos comunicadores de que ya tienen el mensaje medio construído -y el receptor medio recibido-, a poco que inserten unos cuantos de ellos, sin rebuscar mucho en el baúl: los que sobresalen por arriba.

Para otro día el capítulo de los dichos políticamente correctos y la manía de la eliminación de los artículos determinados: en Casa Real, en Moncloa...; dentro de nada en calle (o de reiteralo por género: los unos y las unas).

Hablemos del gobierno

¡Gobierno, gobierno!, ¡tiene que haber gobierno, dá igual de quien! (siempre que sea del PSOE o del PP, claro); sorprendente unanimidad entre ex-presidentes y otros dinosaurios de la política española, aún de distinto signo político (una prueba más de que no eran tan distintos). Desde luego, es urgente que un gobierno comience a revertir las políticas injustas -a la par que ineficaces a muchos de los efectos que decían perseguir- de éstos últimos cuatro años de gobierno del PP, pero para eso, evidentemente, no dá igual cualquier gobierno; a ver si con las prisas nos vamos a poner nerviosos y conseguir otros cuatro años de lo mismo.
Y, por otra parte, es sabido que, recientemente, Bélgica estuvo año y medio sin constituir gobierno, en cuyo tiempo el crecimiento, el desempleo y las cuentas públicas de ese país evolucionaron incluso mejor que la media de la eurozona y, por supuesto, mejor que las de España, que sí tenía gobierno en esas fechas. Que me recuerda esas estadísticas que dicen que existen sobre los períodos de huelga de personal médico, en los que, al parecer, disminuyen las defunciones.

jueves, 28 de enero de 2016

El abuelo Cebolleta ataca de nuevo.

De la entrevista publicada en El País a Felipe González en la que éste mezcla bastantes obviedades con igual número de consejos disfrazados de reflexión política y basados -supuestamente- en su experiencia de gobierno, no ha dejado de llamarme la atención alguno que otro de éstos últimos. 
Afirma, por ejemplo, que a nadie le extrañará que a estas alturas de mi vida prefiera que haya un Gobierno con programa acordado para España, porque lo necesitamos, incluso si no es el Gobierno que más me guste a mí personalmente; que ya digo que me ha llamado la atención -¿acordado por quién?- por cuanto supone que si todos pensáramos igual, sobraban la elecciones: si anteponemos el hecho de que se gobierne el país a que se gobierne como yo creo -y crean conmigo una mayoría de ciudadanos- que debe serlo, cualquier dictadura valdría; es lo mismo que anteponer España a los españoles -el país a los paisanos- una idea que tiranos y dictadores de éstas tierras siempre han esgrimido como superior e incontestable. Y que, en definitiva, coincide con el lema de la Ilustración: todo para el pueblo, pero sin el pueblo, frase que tiene más sentido recordando el original francés: Tout pour le peuple, rien par le peuple (Todo para el pueblo, nada por el pueblo). Y si el abuelo Cebolleta contaba batallitas de la guerra de Filipinas, Felipe González nos quiere retrotaer al siglo XVIII; parece que poca confianza personal le ha quedado en los españoles y en la democracia tras 14 años de gobierno de éste país y 20 de jubilación política, en los que ha tenido tiempo de aburrirse en consejos de administración como el de Gas Natural, empresa a la que se vendió la pública Enagas durante su mandato; quizá nos podría amenizar con alguna batallita a éste respecto. Más que nada por matar el aburrimiento -el suyo- y que así dejara de enredar.

lunes, 25 de enero de 2016

¡¡Wilmaaaaa!!

Los mismos -en el PP- que hace no muchas fechas criticaban que en Venezuela -uno de sus temas favoritos- Nicolás Maduro intentara bloquear desde su presidencia las instituciones y la acción política venezolanas, son los que ahora declaran sin el menor empacho que utilizarán su mayoría absoluta en el Senado para bloquear una posible reforma constitucional que promovieran otros grupos políticos para intentar resolver el problema de las nacionalidades en España desde un punto de vista federal.
Sin embargo, si bien es cierto que una reforma constitucional exige una mayoría de tres quintos en ambas Cámaras (Congreso y Senado) y que el PP podría bloquearla, también es cierto que la formación de un gobierno que excluya al PP podría perfectamente legislar para revertir rápidamente las leyes de éstos últimos cuatro años en todos aquellos ámbitos en que los recortes -materiales e inmateriales- han afectado a la mayoría social de éste país: sanidad, educación, desempleo, dependencia, libertades...
Si Pedro (Sánchez) y Pablo (Iglesias) -sobre todo el primero- continúan perdiendo el tiempo en duelos dialécticos, finas ironías y debates internos en clave partidaria, ya va siendo urgente que alguien que pueda fungir de Wilma le de una colleja (a Pedro) para hacerle entrar en razón cuanto antes, que se nos están amontonando las rocas en la cantera. 
Además, de que es posible que un buen día, Dino (Rivera) -con alguna ayuda- cierre y le deje fuera de casa (gobierno), aporreando la puerta y de noche. Oscura.