jueves, 25 de agosto de 2011

La pantomima del voto

Resulta que Antonio Gutiérrez, presidente de la Comisión de Economía y Hacienda del PSOE en el Congreso, ha manifestado su oposición a la reciente propuesta del presidente del gobierno sobre la reforma constitucional que limite el techo de gasto del Estado. No sólo él, al parecer otros diputados del mismo grupo parlamentario muestran sus dudas y reticencias por distintos motivos respecto a la mencionada propuesta. Sin embargo, desde la dirección de ese grupo parlamentario ya se ha advertido que se exigirá, como es habitual, la disciplina de voto: es decir, que privadamente el diputado podrá opinar lo que crea conveniente, pero deberá votar lo que decida la dirección de su grupo político.
Como digo, esto es lo habitual; la teórica potestad de cada diputado se convirtió hace tiempo en un mandato imperativo en beneficio, no de sus electores, sino del partido que les incluyó en sus listas. La denominada disciplina de voto desvirtúa por completo la esencia de la democracia, por lo cual tanto las razones políticas como la forma de expresarlas y justificarlas parlamentariamente acaba siendo un mero trámite sin valor alguno: todo se podría decidir más rápidamente, con menor costo y parafernalia en las Juntas de Portavoces. Mantener la pantomima de ver a sus señorías apretar un botón para totalizar lucecitas de colores en un panel puede ser muy vistoso, pero mide exactamente la calidad de nuestra democracia.

Mártires



De dos personajes muy dispares he oído recientemente una exaltación del martirio: Muamar el Gadafi y Kiko Argüello. El primero, al plantearse a sí mismo el heroico dilema de victoria o muerte supongo que lo que pretende es transitar lo más suavemente posible desde su actual guardia pretoriana femenina a las huríes que le esperan en el más allá. El segundo, al proclamar el martirio como fase superior del catolicismo, supongo que ya se ve a sí mismo o a alguno de los 20.000 sacerdotes que dice que tiene el propósito de enviar a China como objeto de las más refinadas torturas comu-pitalistas por parte de hordas chinas, tema ideal para alguno de sus iconos pseudo-bizantinos. Ya Ambrose Bierce, en su Diccionario del Diablo, definía a un mártir como alguien que avanza hacia una muerte deseada siguiendo el camino de la menor repugnancia (reluctancia, dicen los anglosajones, que suena más fino). Pero, en fin, para mártires todos los que no deseamos morir tan pronto, imaginando cual será la siguiente tortura -china o no- a la que tengan a bien someternos los mercados.

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Dioses?

Así pues, el papa Benedicto XVI  opina que hay quienes “creyéndose dioses” desearían “decidir por sí solos qué es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto"; ¿no se estará refiriendo a sí mismo y a la jerarquía de la iglesia católica, por casualidad?. ¿El papa es el portavoz de Dios, o Dios mismo?...yo es que de teología entiendo poco.

jueves, 18 de agosto de 2011

Un deporte de hombres tuertos

Hasta hoy yo creía que lo de meter el dedo en el ojo (ajeno) no pasaba de ser una metáfora; Mourinho ha demostrado que no, que si de verdad se quiere molestar, se puede hacer realmente. En su personal opinión, -"yo estoy educado en la filosofía (sic) del fútbol, y el fútbol es para hombres"- meter su dedo en el ojo de alguien que provoque su irritación es algo viril y filosófico. Hace ya tiempo que creo que con estas "filosofías" el Real Madrid puede que venza -y aún le queda, para lograrlo con el Barça- pero nunca convencerá, parafraseando a un filósofo de los de verdad. ¿Donde está el caballero del honor que triunfa en buena lid defendiendo su color, el que cuando pierde da la mano sin envidias ni rencores, tal y como se menciona en el himno del Real Madrid?

miércoles, 17 de agosto de 2011

Rentable para algunos

Se nos asegura -incluso desde la portavocía del gobierno- que la JMJ va a ser rentable, teniendo en cuenta tanto el costo como los beneficios previstos. Dejando aparte el hecho de que no se trata tantode conocer el balance final si no de si no sería más oportuno -también desde el punto de vista pastoral y religioso- emplear esos recursos con fines humanitarios allí donde seguramente son más necesarios, es que, como casi siempre, en el mencionado balance coste/beneficio, unos suelen quedarse en un lado y otros en el otro: la famosa conclusión de que si usted se como un pollo y yo no, a efectos estadísticos y globales nos hemos comido medio pollo cada uno. Así, en el lado del coste y los inconvenientes -en el de los que ni olemos el pollo después de cocinado- estamos todos los ciudadanos -evangelizables o no- que utilizamos los servicios públicos de transporte y la infraestructura viaria en Madrid, y en el de los beneficios -los que se comen el pollo- están los empresarios del sector del comercio y la restauración y, con seguridad, los representantes políticos que, cada uno dentro de sus posibilidades, procuran arrimar el ascua papal a su sardina particular. O sea, que con independencia del cumplimiento de sus propósitos evangelizadores y ecuménicos, la JMJ parece que a efectos económicos será rentable, sí, pero sólo para algunos.