jueves, 21 de diciembre de 2017

Traduciendo

No tengo la posibilidad de votar en las elecciones de Cataluña, pero sí podría, con un catalán que quisiera hacerlo, reflexionar hoy con él, ya que le han dejado todo un día para ello y yo, como español no residente en Cataluña, pero interesado en el asunto, no tengo limitación de tiempo; y mi reflexión general es que, tras meditarlo en conciencia, yo votaría lo que creyera oportuno, pero siempre procurando ignorar de forma consciente todos los mensajes de políticos que apelen  a la utilidad del voto; digo ésto porque desde ambos bandos -tanto de los denominados constitucionalistas como de los soberanistas- se oyen mensajes destinados no tanto a respetar el voto ciudadano como a dirigirlo como arma utilitaria contra el bando contrario. 
Esto no es nuevo, las dos últimas elecciones a nivel estatal adolecieron de la misma carencia democrática: acostumbrados como estaban PP y PSOE a los usos y limitaciones de un bipatidismo histórico, no supieron -o no quisieron, o un poco de cada- traducir el voto ciudadano a gobierno mediante los imprescindibles pactos y negociación entre todas las fuerzas políticas: de ahí unas segundas elecciones que supongo que pretendían que la ciudadanía votara finalmente como debía para que el gobierno resultante se formaran de acuerdo a la tradicional alternancia  entre los dos partidos mayoritarios; no pudo ser, seguramente éste bipartidismo ha muerto -como el anterior- de agotamiento o porque ya hay demasiados que se han percatado de la trampa en el trile (o bien tanto PP como PSOE ya no manejan la bolita con tanta soltura, o bien la ciudadanía ha agudizado la vista). De ahí que haya mencionado ésta carencia democrática -hay otras- producto de la incapacidad de los partidos de éste país en establecer las necesarias negociaciones con otros partidos -que implican, lógicamente, cesiones y pactos- para llegar a acuerdos de mínimos que permitan la formación de gobiernos de coalición, tal y como ocurre en la mayoría de las democracias esuropeas consolidadas. No creo que nadie deba asumir como ciudadano la traducción de lo que las urnas dictaminen, esa es la labor, precisamente, de los partidos políticos; no es obligación de la ciudadanía darles el resultado de cualquier elección ya traducido.

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