lunes, 26 de enero de 2009

Probabilidad

Se nota que las religiones llevan siglos de ventaja sobre el pensamiento agnóstico y/o ateo, sobre todo a la hora de elaborar los mensajes, esas ideas-píldora, tan eficaces en la transmisión de ideología. Así, el probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y goza de la vida no da, francamente, la talla. Además de que, como ha señalado con su clarividente mala leche Sanchez Ferlosio, la fe en Dios no da preocupaciones, si no que las quita -de eso se trata, de anestesiar en esta vida, a base de estar pensando en la otra- es que afirmar que probablemente Dios no existe es casi lo mismo que decir que probablemente sí existe, se afirma que ambas posibilidades pueden darse, dependiendo del pocentaje de probabilidad asignado a cada una de ellas, que no se menciona. Otra cosa hubiera sido decir Hay un 85% de probabilidad de que Dios no exista..., por ejemplo. Con muchas menos jugamos a la Lotería, y creemos en ella (aunque habitualmente constatamos que no nos toca el Gordo). Desde un punto de vista agnóstico hubiera sido más consecuente algo así como si fuéramos tan inteligentes como para entender a Dios no habría ningún problema en éste mundo, o bien los únicos que creen en lo que no entienden son los niños y los locos, y eso, porque los mayores y los cuerdos les estafamos sin pudor o también no creo que mis entendederas sean capaces de comprender la divinidad, de ser así, habría prosperado más en este mundo, sin tener que esperar al otro"(adaptación del aforismo marxista -de Groucho- yo nunca sería de un club en el que admitieran a gente como yo).

jueves, 22 de enero de 2009

Antisemitismo

Hace pocos días (22-01-2009) en El País, José R. Ayaso señalaba con acierto -y conocimiento- cómo los medios de comunicación confunden de continuo los términos hebreo, judío, israelí y sionista y matizaba igualmente el significado de la palabra antisemitismo y su utilización indiscriminada; sobre todo por parte de representantes de Israel ante las protestas y manifestaciones ciudadanas por los recientes acontecimientos en Gaza.
Unos días más tarde (4-02-2009), Enrique Krauze, tambíén desde las páginas de El País, aún reconociendo que criticar la reciente ofensiva israelí en Gaza no supone albergar prejuicios antisemitas, entra a exponer un argumentario del que deduce, como corolario, que en el alma de algunos españoles persiste soterrado e inconfesable, según sus palabras, el prejuicio antisemita. No tan soterrado e inconfesable, si son ciertos los datos que él mismo aporta de algunas encuestas referidas a España. Y ese aumento de judeofobia (término que el escritor y filósofo judío Gustavo Perednik considera más apropiado que el de antisemitsmo) en España seguramente responderá a algún motivo, ¿cual cree el señor Krauze que podrá ser?.
El Holocausto no debe suponer justificación para el abuso de la fuerza, ni el haber sido víctimas de la injusticia y el exterminio deben justificar su práctica en el rol opuesto, el de verdugos, aunque las víctimas sean menos de 6 millones. Entre los violadores existe un porcentaje significativo de personas que sufrieron abusos en su infancia, que fueron violadas. ¿Sería ésta una circunstancia eximente de sus delitos?. Y sobre la diferencia de sentido, es decir, que Israel nunca ha pretendido ni pretende el exterminio de la totalidad del pueblo palestino, pudiera deberse más a su imposibilidad práctica -como la Historia demostró en su caso- que a su deseo (¿soterrado e inconfesable?).
Por el camino, el señor Kreuze, intentando llevarnos a su terreno, teoriza sobre la posibilidad de que los islamistas radicales intentaran recobrar el territorio de Al Andalus después de siete siglos y se hace la pregunta retórica: ¿que haría España?. Pues, seguramente, lo mismo que los palestinos han hecho -con menos medios de los que nosotros tendríamos en ese hipotético caso- cuando sionistas internacionales consiguieron, veinte siglos después y con el pretexto teológico (en sus palabras) de recobrar la Tierra Prometida, instalarse en Palestina y crear un Estado judío. Es decir, defender nuestros derechos sobre la tierra que es nuestra hoy.



 http://elpais.com/diario/2009/01/22/opinion/1232578805_850215.html

 http://elpais.com/diario/2009/02/04/opinion/1233702017_850215.html

Crónica de un reventón anunciado

De entre los apuntes (Pecios) de Sanchez Ferlosio hoy en El País -algunos de ellos impagables- me gustaría glosar el dedicado a la vuelta a la normalidad como la expresión más profundamente representativa de nuestra socieda burguesa, liberal y acomodada. Efectivamente, todos, confesada o inconfesadamente, estamos deseando que escampe cuanto antes tras la crisis para poder volver a nuestra realidad, ya sea ésta buena, regular o mala: los potentados a seguir amasando fortunas (suponiendo que esto sea bueno, al menos para los potentados), la mayoría a seguir tirando entre atascos, hipotecas y obligaciones varias y los parias y exluídos a seguir malviviendo instalados en la precariedad (la habitual, la de siempre, sin azares añadidos).
Así pues los cambios -inevitables si analizamos racionalmente la situación- no es probable que vengan de mano de los dirigentes políticos -siempre empeñados en recomenzar soluciones definitivas, según otro de los apuntes- si no por la fuerza misma de los hechos. En esta crisis que comenzó como financiera, que ahora es ya económica y que es muy probable -sin pretender ser catastrofista- que se transforme finalmente crisis social, las medidas que se están tomando responden siempre a ese deseo general de vuelta a la normalidad, entendiendo por tal la vuelta a un sistema que -una vez convenientemente parcheado- retome el modelo de crecimiento económico sin límites, sin valorar convenientemente que se basa en los recursos limitados de nuestro planeta. Y a esperar que, más pronto que tarde, el globo reviente totalmente, a pesar de los parches.

https://elpais.com/diario/2009/01/23/opinion/1232665206_850215.html

martes, 25 de noviembre de 2008

Integrismos


El cardenal Ratzinguer, actual Papa, en su etapa como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe -la moderna Inquisición- dejó escrito que "un Estado agnóstico en relación con Dios, que establece el derecho sólo a partir de la mayoría, tiende a reducirse desde su interior a una asociación delictiva". Parece difícil que esta frase pueda ser sacada de contexto ya que es bastante explícita y autoexplicativa: cualquier Estado que se declare aconfesional y democrático es, para la jerarquía católica, una potencial -o real- asociación de delincuentes. Más recientemente –y más cerca- el cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española ha dicho que "el Estado moderno, en su versión laicista radical, desembocó en el siglo XX en las formas totalitarias del comunismo soviético y del nacional-socialismo". Tampoco desaprovechó este mismo cardenal otra ocasión para dejar caer que la justicia humana "necesita de la justicia y de la misericordia divinas".

Son sólo apuntes que muestran la desmesura y falta de respeto de la jerarquía católica para con el ordenamiento civil de la sociedad y que prueba, en definitiva, que el laicismo es para la Iglesia Católica –al igual que para otros fundamentalismos religiosos- un peligro mayor. Es comprensible. Si Estado ejerciera plenamente su soberanía en este aspecto, reduciéndose la religión al ámbito que le es propio y reconocido -la esfera privada- la Iglesia católica, al igual que otras religiones "oficiales", perderían el poder que tienen en este mundo basado en "vender" su supuesta interlocución con otros, también supuestos, mundos. Lo que ya no es tan comprensible es que después de más de dos siglos de la Revolución Francesa, sesenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y más de treinta de régimen democrático, en éste país se sigan abordando habitualmente las relaciones entre la Iglesia y Estado por parte de este último, en forma de sometimiento implícito, traducido directamente en normas, obligaciones y débitos para todos los ciudadanos, ya sean creyentes, agnósticos o ateos.

Seguramente por el carácter pendular o cíclico de la Historia -o simplemente retrógrado en el caso de la actual jerarquía de la Iglesia Católica- a veces parece que regresamos al siglo XIX en vez de dirigirnos al XXII. Desde luego, Manuel Azaña hace más de setenta años estaba en este aspecto mucho más cerca del Estado hacia el que se supone que tendemos, aunque sea asintóticamente.

lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Catecismo?


¿Se puede ser buena persona sin tener fe?. Sí.
¿Se puede ser persona en plenitud sin tener a Dios?. Pues eso es un poco más difícil.
¿Por qué?. Porque solo en Dios se descubre la plenitud.
¿Catecismo del padre Ripalda?. No, entrevista a Raúl Berzosa, obispo auxiliar de Oviedo, en el Diario de Burgos (Edición Digital)
Menos mal que podemos llegar a ser buenas personas, aunque no plenas. No sé que opinará el obispo titular.