
Cartas (notas) prescindibles, reflexiones al hilo de lo que sucede (principalmente en España)....
M.B.: «Osgood, he de ser sincera contigo. Tú no debes votarme».
V.A.: «¿Por qué no?.
M.B.: «Pues primero porque tengo una relación muy próxima con un cargo directivo de Bidafarma».
V.A.: «No me importa».
M.B.: «Y luego lo de mi hermana y su nombramiento como Directora del Conservatorio Superior de Danza».
V.A: «Me es igual».
M.B.: «¡Tengo un horrible pasado!. También soy culpable de la mala gestión del cribado del cáncer de mama de más de 2.000 mujeres».
V.A.: «Aunque seguro que ellas no, yo te lo perdono».
M.B.: «Estoy destrozando la Sanidad Pública».
V.A.: «Me haré un seguro privado».
M.B.: «No me comprendes, Osgood. (Se quita la peluca). Soy Moreno Bonilla».
V.A.: «Bueno, nadie es perfecto».
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V.A. (Osgood) : Votante andaluz
Que, no sé porqué, la vida política de este país me ha recordado un sueño, un mal sueño; vamos, lo que suele denominarse pesadilla. Y no es porque pese poco.
Podría coincidir (sólo en las conclusiones) en que en este mundo convulso, donde el multilateralismo y el orden mundial están en crisis, las sociedades democráticas atraviesan, atravesamos, una inquietante crisis de confianza. Y esta realidad afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones; porque si analizamos las premisas, el multilateralismo nunca existió realmente y el orden mundial está en crisis y en riesgo de implosionar víctima del propio éxito de un capitalismo global y salvaje.
Por lo demás, nada nuevo, mucho voluntarismo positivista como en los once discursos anteriores: los españoles somos un gran país; España está llena de iniciativa y de talento, y creo que el mundo necesita —más que nunca— de nuestra sensibilidad, de nuestra creatividad y nuestra capacidad de trabajo, de nuestro sentido de la justicia y de la equidad y de nuestra apuesta decidida por Europa, sus principios y sus valores. Lástima que nuestro sentido de la justicia y de la equidad coincida tan poco con el de la mayoría de los jueces y que los principios y valores europeos estén actualmente en mínimos históricos. Y que, en democracia, las ideas propias nunca pueden ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; que avanzar consiste en dar pasos, con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no correr a costa de la caída del otro; que España es, ante todo, un proyecto compartido: un modo de reunir —y de realizar— los intereses y aspiraciones individuales en torno a una misma noción del bien común; sólo es una dosis más de buenismo inane.