miércoles, 31 de julio de 2019

Las normas

Sí, sé que coincidiré con muchos al afirmar que este es un país en el que abundan leyes, reglamentos y normas, redactados fundamentalmente para intentar hacer efectiva nuestra creencia de que una vez establecida la norma, la realidad se normaliza sola, es decir, que en virtud de un texto reglado -aún sin atender a su cumplimiento- los problemas se resuelven por sí mismos, al igual que el sospechoso de Gila confesaba su crimen, solo con reiterar alguien ha matado a alguien... Y también creo que coincidiré con bastantes reconociendo, a renglón seguido, que nuestro grado de respeto -no digo ya de cumplimiento- respecto a tal avalancha legislativa es mínimo, y que en nuestro inconsciente colectivo existe la arraigada creencia de que la ley está para saltársela; siempre y cuando, eso sí, no te pillen; en este país lo segundo es lo único realmente grave y punible (aunque, entre tal maraña legislativa, eso no es fácil que ocurra salvo que se sea muy torpe. O pobre).
Viene todo este preámbulo a cuento de un caso concreto, citado por Guillem Martínez (Complicación tecnológica: Mucha más. en CTXT) respecto a uno de los artículos de los Estatutos Federales del PSOE, el Artículo 53.2, donde se lee:  En todo caso, será obligatoria la consulta a la militancia, al nivel territorial que corresponda, sobre los acuerdos de Gobierno en los que sea parte el PSOE o sobre el sentido del voto en sesiones de investidura que supongan facilitar el gobierno a otro partido político. Por no mencionar el Artículo 88.a, que considera falta grave La privación a otras personas afiliadas, por acción u omisión, de sus derechos de voto, asistencia a los actos del Partido y participación en las actividades de militancia sin la previa resolución del órgano competente.
Pues bien, no sólo es que la consulta a la militancia no se haya realizado de forma efectiva -aunque se anunciara- por parte del PSOE, sino que cuando Unidas Podemos -los teóricos socios preferentes con los que se estaba negociando un acuerdo para un gobierno de coalición- puso en práctica una norma semejante de sus propios Estatutos, a Pedro Sánchez tal cosa le pareció una deslealtad hacia su persona, opinando, además, sobre la forma y el contenido de tal consulta. 
Yo creo que habría que redactar una ley -quizá mejor un reglamento anejo a cada ley publicada, no sé- sobre  las penas a aplicar a los que no cumplen las leyes. Y recitarla insistentemente al oído de los sospechosos, como Gila; a ver si así...

martes, 30 de julio de 2019

El plan portugués

Casi olvidado el esperpento de los dos fallidos intentos del candidato del PSOE, Pedro Sánchez, para ser investido como presidente del Gobierno, ahora ganan adeptos entre la izquierda los defensores del plan portugués ó solución a la portuguesa, (en plan dramático/marítimo hay quien lo denomina salvavidas portugués) es decir, la formación de un gobierno exclusivamente socialista con apoyos externos y puntuales de Unidas Podemos u otros partidos en función de los intereses de unos y otros en cada momento, o sea, una solución muy similar a la que ya en su día propuso el PSOE con la denominación de geometría variable; no es de extrañar, por tanto,  que en el PSOE el plan portugués goze de tan buena prensa (aunque, pensando mal, puede que sea éste otro obstáculo que deba salvar el PSOE para llegar finalmente a unas nuevas elecciones, acogiéndose a las predicciones del augur del CIS).
En teoría, esa solución presenta numerosas ventajas desde el punto de vista de la izquierda: en primer lugar evita unas nuevas elecciones en Noviembre en las cuales -además de una notable incertidumbre- la mayoría de los analistas preven un acusado descenso de Unidas Podemos y la posible conformación de una mayoría de derechas (PP-Ciudadadanos-Vox) como resultado de ellas y, en segundo lugar, previsiblemente permitirían la entrada en vigor de los fallidos Presupuestos generales de carácter social que ya aprobaron el PSOE y Unidas Podemos.
¿Por qué entonces, la conformación de la solución portuguesa no fué el Plan A tanto para el PSOE como para Unidas Podemos? Quizá se deba a que una fórmula muy parecida no haya funcionado muy bien el tiempo después de que el PSOE accediera al gobierno en Junio del año pasado (¡ay!, ¡lo fácil que el PSOE olvida las promesas que hace en tiempo de prometer!), pero para analizar lo ocurrido en Portugal quizá los números nos puedan ayudar, una vez más: la Asamblea de la República de Portugal consta de 230 diputados; la coalición de centro-derecha Portugal al frente (102) más el Partido Social Demócrata (5) (que también participa en la coalición Portugal al frente) no consiguieron alcanzar sumando sus escaños (107) la mayoría necesaria de 116 diputados; la izquieda es liderada por el Partido Socialista (86) y luego existen tres grupos más, el Bloque de Izquierda (19), la Coalición Democrática Unitaria (en la que se integra el Partido Comunista de Portugal) (17) y, finalmente el partido Personas-Animales-Naturaleza (1) que sumados todos ellos (121) si alcanzan la mayoría , incluso sin el concurso del último; así se llegó hace dos años al gobierno de la gerigonça (chapuza), (sobrenombre que hoy poco se atreven a repetir vistos los resultados), gobierno monocolor a cargo del socialista Antonio Costa; desde entonces los principales indicadores sociales y económicos -salvo la Deuda Pública- no han dejado de mejorar, fundamentalmente porque respecto a los últimos los portugueses decidieron ignorar las recomendaciones-mandato de la troika y aún así,  Portugal ha reducido su déficit fiscal hasta el 2,1% (cuatro décimas por debajo de la exigencia que hizo Europa, el FMI, el BCE y hasta la propia Administración portuguesa); por comparar, en España es actualmente del 4,3%.
Vayamos ahora con las diferencias entre Portugal y España por intentar prever los posibles inconvenientes de un plan portugués aplicado a España; en primer lugar, la composición parlamentaria: 
1º) En Portugal todos los partidos de centro-derecha (PPD-PSD / CDS-PP) se han coaligado y aún así no han conseguido la mayoría; en España la situación es similar respecto a la suma de sus diputados, pero en tres formaciones independientes (y, desde luego, en Portugal no existe nada parecido a Vox con representación parlamentaria)
2º) La proporción entre los partidos de izquierda es diferente a lo sucedido en España: el Partido Socialista portugués cuadruplica los votos de los siguientes partidos de izquierda considerados individualmente (algo parecido a lo que ocurriría de separar  a Izquierda Unida de Unidas Podemos en España) pero sólo los duplica si los consideramos en conjunto; en España el PSOE triplica los escaños -que no votos- de Unidas Podemos. 
Considero que ambos puntos tendrían su importancia en la aplicación en España de un plan portugués; también la tendrían otros no mencionados, como las variables nacionalistas (centrífugas y centrípetas) y finalmente también -pero no menos importante- el hecho de que Antonio Costa se ha mostrado como un empático e inteligente presidente de izquierda, con lo que ello implica respecto a ser consecuente con una determinada ideología; no creo que nadie se atreviera, sensatamente, a decir lo mismo de Pedro Sánchez; el Partido Socialista portugués no es el PSOE, aunque en las siglas de este último figure la O de obrero, nada menos. Resumiendo, el tamaño sí importa -me refiero a los números- y las circunstancias y las personas, evidentemente, también.

lunes, 29 de julio de 2019

Esperpento

Intentamos  disimular el ridículo espantoso de un candidato a la presidencia del gobierno de España que se presenta en el hemiciclo del Congreso de los Diputados no con los necesarios acuerdos previos para conseguir los votos que aseguren su mayoría -como debería- sino con un plan de fondo muy parecido a un a ver que sale si les asusto lo suficiente a todos; intentamos, ya digo, marear la perdiz con palabras como relato, posverdad -y otros alambicados conceptos de mucha prosopopeya y escaso contenido-  pero no creo que se haya conseguido, creo estos relatos ni siquiera han servido  para distraernos con el cómo de lo accesorio y todos hemos reparado, finalmente, en que ni por un momento hemos podido atisbar el fundamental qué de una solución para la gobernabilidad del país (es inimaginable que ese fuera el Plan A de Pedro Sánchez, si sale con barba San Antón y si no la Purísima Concepción, sin plan alternativo). El relato real es, sencillamente, que los que más se declaran por la estabilidad y la constitucionalidad son los que más lejos están de procurar la primera y hacer que se cumpla lo segundo.
En resumen, aunque Valle Inclán usó con maestría su fundamento teórico, ese que hace declamar a su personaje Max Estrella en Luces de Bohemia: El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada, el mérito último del advenimiento del esperpento como género literario reside en la propia y peculiar idiosincrasia de éste país: no se me ocurre ningún otro -quizá Italia, pero le faltaría el adecuado dramatismo de fondo- que pueda atribuírse ser en sí mismo un gigantesco y perpetuo esperpento, y con una clase política que, constituyendo su quintaesencia es, además, la mejor garantía de su continuidad mediante una continua práctica ejemplificadora; en definitiva,  el mejor ambiente para lograr que la ciudadanía confunda políticos con política y abandone toda esperanza de que vota para elegir representantes que defiendan sus intereses, de que la democracia ayudará a resolver sus problemas y para que, llegados a ese punto de generalizada renuncia y abandono social, sigan mandando y organizándonos la vida los que se han preparado concienzudamente para ello. Como Dios manda (y parece que siempre ha mandado).

jueves, 25 de julio de 2019

El póker, la pesca y el cuento de la lechera.

Reconozco no saber jugar muy bien -ni regular, siquiera- al póker pero el farol siempre me pareció su esencia, por lo que implica de conocimiento psicológico y grado de empatía con el adversario ó adversarios; lo cierto es que una jugada montada sobre una base tan  aleatoria lleva implícito un alto grado de riesgo y puede dar lugar a un gran éxito o a un gran fracaso (su quintaesencia sería el farol inverso, es decir, apostar muy poco teniendo muy buen juego con el objetivo de que el resto de jugadores suban la apuesta o, mejor, se lancen con un farol).
En la negociación para la conformación de un gobierno de izquierdas entre el PSOE y Unidas Podemos -que dejaron de ser secretísimas para convertirse en más que públicas- y suponiendo que los primeros han optado desde un principio por mantener su farol, no queda claro si su propósito final es, precisamente, el fracaso en la conformación de ese gobierno -y la consiguiente convocatoria de nuevas elecciones- con lo cual estaríamos ante una nueva variante de farol: el lanzado con la voluntad de perder la jugada y con el objetivo último de ganar algo más importante con posterioridad; algo así como el cebado en la pesca. En esa estrategia -en la cual, el adorno sería hacer recaer sobre Unidas Podemos la responsabilidad de la falta de acuerdo- el PSOE estaría confiando, supuestamente, en mejorar sus resultados electorales en una futura convocatoria; en el mejor de los casos, en una vuelta a un bipartidismo casi perfecto, que le permitiera ser autosuficiente en la formación de gobierno. 
Si ésta hipótesis es correcta -es la única  que veo plausible a la vista de los hechos, salvo una tremenda incompetencia a la hora de evaluar la situación política por parte del PSOE ó Unidas Podemos- debo decir que finalmente resulta, como todos los faroles, de altísimo riesgo; podríamos decir que de riesgo acumulado (doble) en éste caso: para empezar no creo que por parte del PSOE -ya sea su secretario general o quienes le aconsejan- exista un alto grado de conocimiento psicológico o empatía de con quien están jugando -recordemos como quedaron bastante descolocados cuando Pablo Iglesias se quitó de enmedio frustando uno de los pretextos del PSOE para que el acuerdo no resultara- pero ésto que, en definitiva,  sólo afectaría finalmente al mencionado adorno en un fracaso deseado y programado por parte del PSOE, también visualiza con claridad la debilidad estructural -una general falta de empatía- de una estrategia que tiene mucho de cuento de la lechera y que, finalmente, puede acabar con un PSOE mirando perplejo la leche derramada tras un inesperado batacazo electoral. Y que para los españoles significaría la continuidad de las políticas de estos diez últimos años; lo digo por el grado de gratitud a que el PSOE se haría acreedor por parte de los votantes de izquierda.

miércoles, 24 de julio de 2019

Regalo griego

Timeo Danaos et dona ferentes (Cuidado con los griegos que traen regalos, sería una traducción aceptable), fué la advertencia del troyano Lacoonte a sus compatriotas ante el caballo de madera que los griegos dejaron a las puertas Troya; cada vez coincido más con quienes muestran reticencias a que Unidas Podemos acepte colaborar en un gobierno de coalición con el PSOE, aún en unas condiciones que se ajustaran estrictamente a los números -ya sean votantes o escaños- de uno y otro. No entro ya -y doy por superada- en recordar la fase en la cual el PSOE, viviendo en su particular limbo bipartidista, consideraba que los votos de Unidas Podemos deberían ser suyos y continúe actuando como si realmente fueran votos subsidiarios para su uso discrecional; cuanto antes acepten la muerte del bipartidismo y atiendan a la pura aritmética, antes podrían aceptar la racionalidad como norma en los acuerdos necesarios para la conformación de una mayoría de izquierdas. Pero, una vez superada esa fase -accidental, pero fundamental- vendrían las auténticas dificultades que son tantas y tan variadas que habría que tener mucha valentía y capacidad políticas para afrontarlas y esa, en conjunto, es precisamente la que yo considero la dificultad global fundamental: no veo al PSOE con la suficiente altura de miras, con la suficiente idea de Estado -por mucho que presuman de ello- como para variar su sempiterna capacidad acomodaticia ante los poderes fácticos, su conocida metamorfosis entre lo que promete en la oposición y lo que cumple cuando gobierna; es muy difícil que el PSOE se aviniera a abordar  políticas realmente de izquierdas, abandonando su tradicional postura posibilista y garante de esa centralidad tan usada por ellos durante cuarenta años.
Realmente creo que para el PSOE actual -y eso se deduce claramente de lo visto en el debate de investidura- tendría más sentido una Gran Coalición con el PP que la formación de un Gobierno de izquierdas (con la ventaja añadida de que Rivera sería, por fin, líder de alguna oposición, y pudiera ser que rabajara lo esperpéntico de sus sobreactuaciones); para Unidas Podemos tendría la ventaja de evitar una previsible frustración perpetua al ver de difícil o imposible aplicación políticas sociales y tener finalmente que compartir con el PSOE su indudable lastre histórico al haber aceptado su cuota ministerial como un auténtico regalo griego.
En contra de todo lo expuesto estarían las graves consecuencias derivadas de una evidente falta de respuesta política a las necesidades de millones de españoles que continuarían soportando las políticas conservadoras de los diez últimos años, como hasta ahora (también durante el último año, salvo los ocasionales logros que Unidas Podemos pudo obtener de un reticente PSOE). En esas estamos pero, ya digo, no veo al PSOE con la altura política necesaria para sacar al país de ésta situación: su nivel real es el derivado de muchos años de práctica de la política con minúscula, el de sus capacidades para elaborar regalos griegos con variados envoltorios, que consiguen hacer deseables sin que los obsequiados sepan lo que llevan dentro, como caballos de Troya de variados tamaños y colores. En general vacíos, por cierto.