domingo, 30 de octubre de 2016

Memoria

Por éstas fechas se cumplen los 80 años de la llegada a un Madrid asediado de los primeros brigadistas internacionales que, en un ejemplo rotundo de solidaridad, vinieron desde sus países a luchar -y a morir- en España en defensa de la democracia. Coreaban el no pasarán mientras, a toda prisa -del desfile por la Gran Vía al frente, que estaba inmediato-   corrían en auxilio de los milicianos que soportaban a duras penas el empuje del Ejército sublevado en la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria. En 1938 la República decidió repatriarlos con la esperanza de que los sublevados hicieran los propio con las tropas que Alemania e Italia habían enviado. Aunque ni así muchos evitaron la amargura y la rabia de saber que por las mismas calles que ellos desfilaron lo hacían las tropas de Franco en 1939, mientras se escuchaba el chotis Ya hemos pasao, que cantaba Celia Gámez.
Por ésta fechas también, y después de un año, parece que ya tenemos gobierno, que Mariano Rajoy y el PP también han pasao sobre el NO es NO del PSOE que, finalmente, ha quedado diluído en una vergonzante negación de los principios democráticos y un descarado apoyo a un sistema político que defiende intereses minoritarios, ocultos y ajenos a los de la mayoría social del país. José Blanco, uno más de los numerosos muñidores del aparato del PSOE que ha puesto en escena el guiñol mediante el cual se ha conseguido que todo siga como Dios manda -y, al efecto, ya es presidente del Comité Federal de su partido- opina que en ocho meses el PSOE estará como nuevo  y que tanto militantes como votantes lo habrán olvidado todo.
Aunque hay veces en que ni en ocho meses ni en ochenta años.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Crecimiento negativo

Hay frases que funcionan tan bien como frase que pocos se detienen en reflexionar sobre su significado: así ocurre con la famosa frase quienes desconocen la historia estan condenados a repetirla; tanto éxito tiene que, en sus distintas variantes, se ha atribuído -además de a Churchill, al que se le atribuyen todas las suyas y muchas ajenas- a Cicerón, Napoleón, Lincoln y Santayana (aunque éste último lo que parece que dijo es el país que no recuerda su pasado está condenado a repetirlo; tanto dá).
Pero el contenido último de la frase tiene gran parte de verosimilitud, ya que no es sino la expresión particular y aplicada a la historia, de uno de los fundamentos generales de la ciencia, que utiliza como herramienta fundamental el método del ensayo y error (método heurísitico) para contrastar hipótesis: en el momento que se olvida -o se niega- el error pocos progresos son posibles desde un punto de vista científico ya que, en vez de buscar alternativas, es fácil repetir la misma solución errónea que impide avanzar.
Este país intentó hace algo más de un siglo un método o sistema político -conocido como La Restauración- que, basado en una apariencia democrática, lo que en realidad pretendía era el mantenimiento de los privilegios e intereses de una minoría detentadora del poder, fundamentalmente económico; el accidentado final de ese sistema lo describía con crudeza pero analíticamente Ortega y Gasset en su revista España; imposible que sus palabras de entonces no nos parezcan como escritas ayer cuando habla del desprestigio radical de todos los aparatos de la vida pública o de una España oficial ajena a la ciudadanía, apuntando él mismo la solución: si nuestro pueblo ha perdido su fé en todos los institutos oficiales, hace falta que la cobre en sí mismo.
Por la misma época, en 1912, Benito Pérez Galdós también nos dejó por escrito sus reflexiones sobre la política de éste país en La fe nacional y otros escritos sobre España:

Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta.
...
Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos...
...
Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental.
 

 
Estremece, creo, pensar que ésta descripción de la situación en España hace cien años podría perfectamente ser la de hoy.
Podríamos intentar, utilizando el método científico (y partiendo del conocimiento de nuestros errores históricos), abreviar un poco los plazos y que no fueran lustros los necesarios para el progreso social de éste país; que desde las circunstancias actuales y con los métodos propuestos en los últimos años, no ya es que no avancemos, es que hemos retrocedido 50 años en cuatro. Otros tantos de políticas semejantes -según ya parece estar en condiciones de prometernos el PP, con el concurso del PSOE, los actuales restauracionistas, con algún coyuntural auxilio  regeracionista- y habremos llegado al comienzo del siglo XX no tardando; la uniforme aceleración del crecimiento negativo, según la neolengua que ahora se utiliza.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Sonrisas y lágrimas

Llevo ya tiempo intrigado por la(s) posible(s) causa(s) de las sonrisa(s) de los políticos, o, mejor dicho, en los políticos, ya que parece que el espíritu de la felicidad habite en ellos de forma permanente. Así es; ¿quién no se preguntó porqué sonreían Pedro Sánchez y Mariano Rajoy cuando éste último tuvo el gesto -malo- de evitar darle la mano al primero en la corta entrevista en la que aquél le transmitió su negativa a apoyar un gobierno del PP?, ¿quién no siente curiosidad por conocer el chiste que Moreno Bonilla acaba de contar a Susana Díaz -o viceversa- en la foto adjunta?, ¿están celebrando -por anticipado-  el buen fin del dificultoso Pacto de No Agresión entre Rajoy (¿Hitler?) y Fernández (¿Stalin?) para el reparto de España (¿Polonia?)?; por lo pronto, Moreno (¿Ribbentrop?) ya ha explicado que el PP había decidido retirar los tanques para facilitar las cosas a Díaz (¿Molotov?). 
Aunque, seguramente, algunos de los que lean ésto ya habrán llegado a una conclusión hace tiempo y sin tanto gasto en palabras: los políticos -en general- se ríen de todos nosotros;  en la película Sonrisas y Lágrimas que vivimos a diario se vé que la primera parte se la han adjudicado al completo a los políticos y la segunda a la ciudadanía.

martes, 18 de octubre de 2016

Resistir es vencer

Guillermo Fernández Vara, presidente del gobierno autonómico y secretario general del PSOE en Extremadura, continúa siendo uno de los principales defensores de permitir la investidura de Mariano Rajoy porque, a su modo de ver, aunque nadie en el PSOE quiere que Mariano Rajoy sea presidente, no discutimos eso, no discutimos si el presidente es Rajoy u otro, no hay alternativa, sino si lo es ahora o dentro de 55 días. Yo diría que, de forma subyacente, lo que se discute es si el PSOE tendría hoy más o menos diputados que tras la celebración de unas terceras elecciones; que, entre otras causas, el previsto desastre lectoral del PSOE en esas hipotéticas elecciones tiene mucho que ver con la posición abstencionista del señor Fernández Vara y de la actual gestora del PSOE.
Resistir es vencer, fué el lema que acuñó Juan Negrín -un socialista al que tampoco el PSOE trató muy bien- al final de nuestra  guerra civil; pocos dudan hoy de que si las democracias occidentales no se hubieran doblegado al expansionismo nazi en el Pacto de Munich de 1938 y las circunstancias internacionales hubieran permitido a la II República española resistir un año más, el resultado de la guerra civil no hubiera sido el mismo.
Por diversas razones, el PSOE no sólo es que puede resistir, es que debe resisitir. Y dentro de 55 días -no en Pekín, sino en España- veremos.

domingo, 16 de octubre de 2016

Técnicamente

Anda la gestora del PSOE decidiendo la forma de dar paso al gobierno del PP de Rajoy y cómo y -sobre todo- cuanto abstenerse para que ello sea posible; parece ser que por coherencia prefieren que todos los socialistas permitan a Rajoy formar gobierno, aunque, por otra parte, también parece ser que creen que, para conseguir el mismo resultado, la mancha mínima la produciría lo que ha venido en denominarse abstención técnica, es decir, la ausencia de 11 diputados del PSOE durante la votación de investidura. Las palabras técnico/a que derivan de la griega  téchne (arte) definen aquello perteneciente o relativo a las aplicaciones de las ciencias y las artes ó  la habilidad para conseguir o ejecutar cualquier cosa; sinceramente no veo qué arte, ciencia o incluso habilidad es necesario poner en práctica para que once diputados, omitiendo su deber de votar -ya sea en conciencia o siguiendo las directrices de su grupo parlamentario- se ausenten durante la votación de investidura para ir al retrete. Es más, tras tal despliegue técnico ¿quedarían impolutas la responsabilidad y la coherencia del resto de los diputados del PSOE y las del propio grupo parlamentario socialista?
Parece que en la gestora del PSOE han pensado -contra lo su portavoz manifiesta a menudo- antes en los intereses del partido y en su probable desastre electoral en unas terceras elecciones que en lo que sería bueno para España y para los españoles. Que ésto último, en ningún caso pasa porque el PP continúe gobernando para intentar salvaguardar el grueso de las políticas antisociales de sus años de mayoría absolutista; no debería ser necesario insistir en que la única coherencia esperable del PSOE es que se abstuviera de abstenerse ante esa posibilidad, es decir, que mantuviera el NO ante ella.
Tal vez en la gestora del PSOE, cuando hablan de técnica se estén refiriendo -sintetizándola- a la frase del filósofo y sociólogo alemán Theodor Adorno: La mentira, que una vez fue un medio liberal de comunicación, se ha convertido hoy en una más entre las técnicas de la desvergüenza con cuya ayuda cada individuo extiende en torno a sí la frialdad a cuyo amparo puede prosperar. Quien dice individuo, dice individuos.