lunes, 30 de junio de 2008

Beneficios colaterales


Naturalmente, yo también me alegro de que España sea actualmente campeón europeo de fútbol. Además, y dado que la noticia de este suceso ha llenado el espacio informativo tal y como los gases tienden a llenar el espacio físico, me he ahorrado bastante de la dosis diaria de desastres. Así, a cambio de saber que la abuela de Iker Casillas hace unas rosquillas buenísimas y otras intimidades de los jugadores de la selección o de sus familiares, de cuantos nietos tiene Luis Aragonés y -por supuesto- de ver por vigesimoséptima vez los goles de nuestra muchachada en la eurocopa -a cámara lenta y con fondo musical de Vivaldi, Händel o Carl Orff, alternativamente- me he ahorrado saber la cantidad aproximada de niños muertos en el mundo en guerras desconocidas, de enfermedades evitables, o de pura miseria y hambre en el día de hoy. Igualmente han brillado por su ausencia noticias de llegadas de subsaharianos en cayucos -estarían todos en Mali, viendo la final, vía satélite- del penúltimo caso de pederastia, e incluso del lugar exacto al que ha trepado el euríbor: beneficios colaterales del fútbol, sobre todo cuando se gana. Y ya se sabe: ojos que no ven, corazón que no siente. Lástima que la semana que viene, cuando ya hayamos digerido nuestro eurocampeonismo futbolero tendremos que ponernos al día -no creo que el mundo pare de darnos disgustos- y establecer el nuevo recuento de las desgracias que pasamos por alto por falta de tiempo en las noticias. Y no tienen aspecto de serpientes de verano, a pesar de la época en que estamos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Ciudadanos de a pie


Está más que comprobado que el hecho inevitable de morir mejora muchísimo a las personas -sobre todo a las públicas- en este país. No sé si será por compensar el reconocimiento que en vida les regateamos o simple consecuencia de nuestro carácter extremoso y pasional. En lo referente a la figura de Leopoldo Calvo-Sotelo se ha añadido -al parecer- el que no existiera protocolo oficial sobre cómo tratar el óbito de un ex-presidente del gobierno.
En todo caso, el etnocentrismo propio de la clase política tiende a hacer que ellos -los políticos- se vean a sí mismos como inagotable manantial de salvadores de la patria. Sin duda Calvo-Sotelo asumió riesgos y tomó decisiones políticas que nos beneficiaron a todos. Seguramente se equivocó en otras. Ambas deberían ser asumidas por todos y merecer nuestro respeto si respondieron a su interés por salvaguardar los intereses de España.
Pero puestos a desarrollar emotivos panegíricos y por si existiera algún déficit de fechas conmemorativas -que parece que no- echo en falta algún día del año dedicado al recuerdo y homenaje del ciudadano de a pie de este país. Ese ciudadano que -por hablar de nuestra historia reciente- salió a la calle con posterioridad al 23-F o el 11-M, el que se manifestó contra la guerra de Irak o el desastre del Prestige, el que numerosas veces se ha manifestado contra el terrorismo de ETA o que el 14 de Diciembre de 1988 protagonizó una huelga general. Ese mismo ciudadano que a diario y año tras año ha contribuido -además de lo anterior- con su parte del trabajo de levantar este país. Porque de él es, realmente, buena parte del mérito de lo que hoy somos. Y sin recibir funerales de Estado a su muerte.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Volver a casa


Preocupado por la seguridad con que el papa actual ha recuperado el infierno -derivada de su infalibilidad en materia de fe y doctrina- y con la idea de formarme opinión antes de elegir mi destino para toda la eternidad, he decidido recurrir al auxilio de las nuevas tecnologías. Así, ante la pregunta inicial y decisiva ¿como se sabe que el infierno existe? planteada en Google, me he encontrado con el testimonio directo de Santa Faustina Kowalska que, según asegura, se dio un garbeo por los abismos del infierno conducida por un ángel. De los siete (para mantener la tradición bíblica, supongo) tormentos generales a aplicar a los condenados, la verdad es que todos me resultaron reconocibles como padecimientos de este mundo, incluyendo la compañía continua de Satanás (la televisión, el invento del maligno). Es decir, que he salido reafirmado en mi convicción de que el infierno, de existir, está en éste mundo, como ya defendían los cátaros siglos antes de que Sartre matizara que el infierno son los otros (y para convencerse de ello no hay más que reflexionar sobre la tenacidad con que todos nos dedicamos a hacer la puñeta a los demás, a poco que podamos). Como dice un personaje a punto de morir en una novela de Lorenzo Silva (El alquimista impaciente) No es que no crea en el infierno. Vaya si creo: he vivido allí. Por eso no me importa lo que me espera. Después de todo, será como volver a casa....

viernes, 21 de diciembre de 2007

¿Desigualdad, injusticia o hipocresía?

Cualquier ayuda en la concienciación del cambio climático como uno de los problemas a enfrentar debe ser bienvenida, incluso la de Al Gore. Igualmente, cualquier ayuda contra las muchas injusticias que aquejan a nuestra aldea global debe ser aceptada, incluida la de Bianca Jagger. Es justo y, sobre todo, necesario.
Sin embargo, creo que en la entrevista realizada por John Carlin a Bianca Jagger y publicada ayer el El País, en la que ésta última se mostraba indignada con los muertos de SIDA, con la esclavitud sexual, con los criminales de guerra en libertad, con la desforestación del Amazonas y con el mismísimo cambio climático, se podrían haber eliminado las referencias al placer con que –entre golpe y golpe de justa indignación universal- Bianca Jagger daba cuenta de un carnoso lenguado griglie o un delicioso postre de castañas glacé. Aunque sólo fuera por no excitar el apetito de los hambrientos del mundo. Igualmente se podría haber obviado el coste del menú para dos personas en el Santini Restaurant de Londres, 166 Euros: los ingresos de cualquier subsahariano para subsistir varios meses. Bien es cierto que a ninguno de ellos –hambrientos o subsaharianos- es fácil que les llegue la entrevista para que no tengan que padecer, sobre la injusticia que ya padecen, la hipocresía del primer mundo. Será cuestión de temperamento: a mí las injusticias me ponen mal estómago. No parece se el caso de Bianca Jagger que según el entrevistador mostraba una voracidad insaciable como deglutidora de injusticias mundiales. Para acompañar la ensalada, supongo.